¡Sin miedo al fracaso!

La Historia contemporánea relata que un hombre fracasó en los negocios y cayó en bancarrota en 1831. A pesar de ello, siguió luchando en la política aunque fue derrotado para la legislatura de 1832. Sufrió un golpe personal fuerte al morir su prometida en 1835. En 1836 se vio afectado por lo que hoy llamamos estrés, como consecuencia del exceso de trabajo y responsabilidades.

Fue vencido en las elecciones de 1836 y también en las parlamentarias de 1843,1846, 1848 y 1855. Tampoco tuvo éxito en su aspiración a la vicepresidencia en 1856, siendo derrotado en 1858 en las elecciones para el Senado. Pero tenía y mantenía un claro propósito en su vida. Este hombre obstinado fue elegido presidente de Estados Unidos en 1860. Se llamaba Abraham Lincoln y en 1863 abolió la esclavitud.

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Monumento a Abraham Lincoln en Washington (Estados Unidos)

La sensación que una persona tiene al estar segura y convencida del propósito que se ha fijado en su vida, no sólo es de gran utilidad práctica para el desempeño profesional en los ámbitos de trabajo en los que se mueve, sino que también puede ayudarle a vivir más tiempo, no importa cuál sea su edad. Así lo afirma la investigación científica publicada en Psychological Science, una revista de la Association for Psychological Science (Asociación para la Ciencia Psicológica). El investigador principal, Patrick Hill, de Carleton University, en Canadá, señala que “la búsqueda de una dirección en la vida y el establecimiento de objetivos generales para lo que se quiere lograr en realidad, puede ayudar a vivir más tiempo, independientemente del momento en que encuentre ese propósito”.

El equipo de investigadores de las universidades de Carleton (Canadá) y del Rochester Medical Center (Nueva York), contaron para su investigación con los datos de más de 6.000 participantes del estudio Midus de EEUU a quienes realizaron un seguimiento durante 14 años.

El objetivo del estudio se centraba en cuál era la percepción subjetiva de tener o no tener un propósito en la vida. Se tuvieron en cuenta, además, otros factores que la psicología estudia en cuanto a emociones, así como las relaciones interpersonales positivas o negativas.

A lo largo del tiempo que duró la investigación, fallecieron 569 participantes, los cuales estaba probado que tenían menos relaciones positivas al vincularse con otras personas. Pero además, y muy importante, les caracterizaba un común denominador: el bajo concepto de la importancia que significaba en sus vidas tener realmente un propósito. En cambio, los que sobrevivieron durante ese tiempo en calidad de participantes, sí tenían un claro sentido de su vida.

Algunos estudios confirman que las personas que afrontan la vida con optimismo viven mucho más que aquellas que ven tanto su presente como su futuro con escepticismo.

Estudios anteriores también han llegado a conclusiones similares sobre tener o no un propósito en la vida, siendo consecuencia directa la disminución del riesgo de mortalidad por encima y más allá de otros factores que son conocidos para predecir la longevidad.

Un propósito vital

Puede hacerse, pero es más probable que sean factores que estén entrelazados, ya que tener un sentido de propósito es probable que no pueda separarse de un espíritu positivo que cada persona tenga sobre su vida en particular, que influye de manera decisiva tanto en el bienestar físico como el emocional a largo plazo.

Entonces, ¿cómo se puede crear un sentido de propósito dentro del  turbulento mundo en el que vivimos hoy día? La mayoría de las personas reconocen que hay aspectos intangibles en sí mismos, tales como los deseos, la propia imaginación, las emociones y sentimientos diversos que permanecen reprimidos o latentes.proposito-2

Las experiencias personales y familiares, además extendidas a toda su trayectoria laboral, están impregnadas de todos los principios y valores que con frecuencia resultan en una definición limitada o, en algunos casos, bastante reducida, de lo que una persona realmente es o pretende ser.

Por ejemplo, cuántas personas que han sido y siguen siendo exitosas en sus trabajos y también en las relaciones interpersonales pero se sienten vacías o con un espacio necesario por llenar. Ante situaciones de este tipo, que son muchas en términos del análisis que estamos haciendo sobre los propósitos, es normal que se pregunten si han estado siguiendo un camino equivocado, a veces replanteándose algo tan serio como si de verdad su compañero de viaje en la vida ha sido la elección adecuada. Esto pone de relieve su anhelo de un sentido significativo de propósito en la vida. Porque los que lo tienen, pueden compartir algunos temas comunes.

Cómo focalizan

Se caracterizan por tener una personalidad que no está demasiado preocupada por su propio interés ni tampoco, lo ponen siempre por encima de los demás. Este es el caso de los ególatras, que los hay en el trabajo y en todas partes. En realidad utilizan sus energías mentales y creativas para servir a algo más grande que ellos mismos. Comparten un proyecto, por ejemplo, la creación de una nueva startup, que no sólo es un motivo de orgullo de llevar a cabo un proyecto empresarial, sino que también está dando sentido a todos los esfuerzos pretéritos, porque ahora sí son manifiestamente visibles sus respectivos propósitos en la vida.

¿Existen algunas reglas para aprender de este tipo de personas que tienen claro su propósito?

La diferencia entre imitar y emular es palmaria, porque el que emula aprende de las personas que admira por su trayectoria y conquistas laborales o empresariales, pero quiere seguir su camino con su propio sello, como una denominación de origen, que es distinta. El imitador en cierto sentido es un fraude, porque no tiene la capacidad para hacer lo que esa persona que admira ha hecho.

1º regla: aprender de las opciones y sus consecuencias.

En tantos años que los autores hemos compartido con empresarios y profesionales de éxito, se saca una conclusión clara de que todas esas personas que abrazaron carreras exitosas han estado en armonía consigo mismos.

Que en la medida en que no se correspondía ese propósito que perseguían con las circunstancias que finalmente sucedían, el nivel de seguridad en sí mismos, confianza en el proyecto, empatía hacia los grupos de trabajo, etc. se resentían porque se había producido desde el inicio una brecha entre lo propuesto y lo que realmente podía darse. De ahí que concurran simultáneamente dos elementos fundamentales en el líder efectivo: que su pensamiento llevado a la acción se diferencia muy poco de la realidad que finalmente ocurre. La percepción que se tiene del entorno es muy próxima a lo que éste es de verdad.

Las investigaciones en la psicología clínica y especialmente en la social, ya que el campo de prueba de las organizaciones son espacios inmejorables de estudio, evidencia que cuando el líder no tiene un claro propósito termina por malograr no sólo su proyecto personal sino contaminar el de otras personas. En cambio, el líder que tiene clara su meta y así transmite a su personal y equipos de trabajo, logra lo que los expertos llamamos un buen indicador de su propósito de vida. Este indicador puede estar afectado por experiencias negativas del pasado, que el líder debe transformar como lecciones de aprendizaje.

El líder efectivo enseña a los miembros de sus equipos o departamentos a tener siempre una meta en la organización, pero que no sea divergente con el propósito que cada persona persigue en su vida. Esto implicará que a nivel individual tendrá que adaptar determinados sueños que no son realizables a las circunstancias que sí se pueden dar persistiendo en los objetivos de equipo y adecuándose a ellos de manera tal de sentirse cómodo, para que representen al menos un propósito claro que tendrá tiempo de ajustar o modificar más adelante.

2º regla: la dirección de nuestras acciones y la conducta

Es la dirección o la forma de dirigir que tiene el líder, la que influye de manera más directa en la conducta y comportamiento del personal. Pero, además, esa influencia puede ser decisiva a la hora de contribuir a los propósitos de la organización y a los personales propios.

Esto se debe a la misma naturaleza del liderazgo, porque la esencia del líder efectivo es comprender la motivación de las personas. En cuanto éstas comprenden y están de acuerdo con la meta y objetivos fijados, incrementan su compromiso con la organización, porque previamente el ejercicio de ese liderazgo efectivo propició incentivos que consiguen que las personas transformen sus esfuerzos en satisfacción por haber contribuido al logro de los objetivos organizacionales.

Estas acciones pueden tener impactos y consecuencias diversas: por ejemplo, algunos procedimientos organizativos sencillos como la asignación de determinados recursos para modificar o actualizar algunas herramientas de trabajo diario en los puestos de trabajo; podrían darse acciones que salgan de lo operativo y se centren en el establecimiento de nuevas metas y objetivos, lo que lleve a establecer nueva planificación o incluso cambios importantes en la estructura organizacional.

En tiempos en los que está de moda hablar de geometría variable en el ámbito político, vamos a apelar también a algunos elementos geométricos para ser más gráficos en la importancia que el propósito tiene para personas y organizaciones. No es una línea recta, sino discontinua. No es un círculo que siempre se vuelve una y otra vez a la casilla de salida. En realidad es una nube de puntos en el espacio, al que toda persona tiene la misma opción de unirse con el fin de alcanzar la meta. La cuestión estriba en que a pesar de los fracasos que se tengan (como el presidente Lincoln) cada paso y punto que una de su destino le lleva un poco más adelante que el momento anterior ya experimentado.

Artículo coordinado por José Luis Zunni director de ecofin.es en colaboración con Salvador Molina presidente de ECOFIN, Javier Espina Hellín miembro de ECOFIN Business Schools Group, y Ximo Salas, miembro del ECOFIN Management & Leadership de ECOFIN.

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