Felicidad y mejor convivencia

Con frecuencia hablamos de la felicidad un poco refiriéndonos a ella como un tópico, como algo que cada persona en su interior cree como inalcanzable, casi como una quimera; pero podemos decirte que en realidad tiene mucho más de realidad de lo que piensas.  Y también, cuando se hace mención a que ‘a más felicidad de las personas se puede lograr una mejor convivencia social’, también vamos a decirte tres cuartos de los mismo.

Hay certeza en estas afirmaciones. La cuestión es en qué medida logramos la misma. O en qué espacio temporal, porque una cuestión es saber que podemos lograrlo en un espacio de tiempo que nos permita disfrutar de los beneficios y otra muy diferente, que sea un futurible inabordable e inalcanzable.

La felicidad no es algo inalcanzable, aunque depende qué es lo que crees que te hace feliz, porque por ahí pueden venir las sorpresas. Toda persona, lo exprese o no de manera explícita, o que, por contrario, jamás deje entrever algún tipo de emoción al respecto, igualmente tiene en su fuero íntimo las ganas de lograr, aunque solo sean unos niveles más o menos razonables, la felicidad.

Lo vemos como un derecho

Tenemos el derecho de sentirnos felices y cada persona tiene que poner mucho de su parte para que pueda lograr una felicidad media razonable a lo largo de su vida.

Especialmente para que nuestros lectores/as comprendan el alcance de lo que estamos diciendo, hay que tener en cuenta que, si nos referimos a las diferentes formas de conseguirla, o los diversos caminos que las personas por sus circunstancias particulares deben escoger, entonces vemos claramente que la felicidad es un proceso, es un camino, que debemos darnos cuenta que la tenemos delante y la mayoría de las veces no somos conscientes de ello.

En ocasiones anteriores, desde esta misma tribuna circunscribíamos nuestra visión al plano personal, aunque hoy la ampliaremos para darnos cuenta de hasta qué punto la felicidad personal, cuando se manifiesta de manera inequívoca en una sociedad, resulta mucho mejor ámbito para que las personas tengan una mejor calidad de vida y que vivan teniendo ese poderoso sentimiento al que siempre denominamos de “sentirse bien”.

Este enfoque no es nuevo desde el punto de vista de la investigación científica, ya que, por ejemplo, dos investigadores estadounidenses, Ed Diener, de la Universidad de Illinois del Departamento de Psicología y Louis Tay, de la Purdue University, Indiana, ya hace una década expusieron en un trabajo “A scientific review of the remarkable benefits of happiness for successful and healthy living” (Una revisión científica de los notables beneficios de la felicidad para una vida exitosa y saludable) que “el bienestar subjetivo refleja la felicidad de los ciudadanos e incluye si creen y sienten que sus vidas son deseables, satisfactorias y gratificantes. Es un indicador clave de la calidad de vida nacional (es decir, en qué medida las circunstancias de una nación son deseables), además de otros indicadores económicos y sociales. Es importante que las sociedades monitoreen el bienestar subjetivo porque refleja la experiencia de las personas sobre la calidad de vida debida a condiciones deseables como buenas relaciones sociales, prosperidad económica y salud”.

No se pueden definir mejor los fines que debe perseguir la alta política de cualquier país en beneficio de la salud de sus ciudadanos, porque indudablemente tanto la física como la mental tiene directa relación en un altísimo porcentaje a cómo nos sentimos.

Y ha habido muchas otras contribuciones científicas de gran interés en este sentido, que partiendo desde la felicidad individual abrían el camino a que los gobiernos y sus dirigentes comprendieran que de esta manera se logra una mejor calidad de vida colectiva.

Es el caso de Sonja Lyubomirsky (1966), profesora del Departamento de Psicología de la Universidad de California en Riverside, que sostiene que “la felicidad contribuye a una sociedad mejor, más sana y más fuerte”. Así de clara y directa es en sus conclusiones.

Cuando te sientes mejor, sin duda también mejora tu capacidad de ver el mundo que te rodea, de comprenderlo con mayor sosiego y no dejar que los avatares de cada día que nos llegan por miles de inputs de información por los medios de comunicación y las redes sociales, puedan aplastar este sentimiento de felicidad razonable que te has ganado a pulso.

Si algo nos apasiona, es profundizar en todas las investigaciones de profesionales del campo de la psicología que se han dedicado a estudiar el fenómeno de la felicidad. Pero es que, además, hemos profundizado cómo también la felicidad es posible dentro de los ámbitos laborales, ya que también se ha producido un avance importante en el tratamiento de manera seria y también científica, de qué representa la felicidad en las empresas.

Felicidad y liderazgo

En primer lugar, nos ha interesado este tema desde el punto de vista del liderazgo, especialmente en lo referente a la dirección de personas, ya que es algo de lo que habitualmente no se habla (como si fuera algo malo o que no queda bien hablar de ello), cuando en realidad si la gente estuviera mejor informada se daría cuenta de que la felicidad impacta en todas y cada una de las actividades humanas. Quizás de manera silenciosa o discreta, pero lo hace.

Y en la propia Teoría de las Organizaciones ya se ha dado debida cuenta de ello, arrancando primero con el tema de la inteligencia emocional y cómo gestionar mejor las emociones, especialmente en los mandos intermedios que tienen personal a cargo, para que mejoren todas las relaciones interpersonales entre personas, equipos y departamentos, además, por supuesto, de las relaciones de todo el personal con la alta dirección.

Sonja Lyubomirsky ha dedicado la mayor parte de su carrera como investigadora, justamente al estudio de la felicidad humana. Y formula la pregunta “¿por qué es importante el estudio científico de la felicidad?”. Ella afirma que la mayoría de las personas cree que la felicidad es significativa, deseable y un objetivo importante. Y sostiene este punto de vista porque dice “que la felicidad es una de las dimensiones más destacadas y significativas de la experiencia humana y la vida emocional, que produce numerosas recompensas para el individuo y porque contribuye a una sociedad mejor, más sana y más fuerte”.

Es obvio que se traslade al plano macro social, porque la sociedad en sí misma no existe sin la sumatoria de todas y cada una de las personas que la componemos. Lo que sucede, es que tanto los líderes empresariales, pero especialmente los políticos, no lo tienen tan claro, como si de nuestra parte (personas y ciudadanos) primero debiésemos ser una fuente continua de cumplimiento de obligaciones, para que después sí aparezcan los derechos que nos corresponden como lógica contrapartida.

La cuestión es que entendemos y esto lo defendemos, que el derecho a la felicidad no debe ser una quimera, sino algo más simple, la buena relación en el día a día, la confianza en tus compañeros de trabajo, así como en los socios, el sentirse respaldado por tu familia, de la misma manera que sientes la satisfacción que tú también eres el respaldo familiar.

Cuando las investigaciones en el ámbito de la psicología clínica y en la psicología organizacional, han producido contundentes conclusiones sobre el alcance real que la felicidad tiene para las personas y su entorno, es que han estado muy centradas y circunscritas en los elementos más destacados que entran a forman parte de la felicidad.

Las investigaciones de Sonja Lyubomirsky, por ejemplo, pasan por tres planos:

1º) ¿Qué hace felices a las personas?

2º) ¿Es la felicidad algo bueno?

3º) ¿Cómo y por qué las personas pueden aprender a llevar vidas más felices y más florecientes?

Y a continuación, tanto ella como otros investigadores, se preguntan también, por qué algunas personas son más felices que otras. Tendrá que ver esto con el trabajo, la familia, su carácter que viene en el ADN, sus experiencias más o menos traumáticas, su entorno, etc.

Desde nuestro punto de vista y observación que venimos haciendo hace años en el comportamiento de las personas en los ámbitos de las organizaciones, podemos afirmarles que son muchísimos los factores que intervienen a lo largo de la existencia de una persona, desde sus propias acciones hasta la repercusión que tienen las de los demás (familiares, compañeros de trabajo, amigos, etc.). Es obvio, que según sean las circunstancias, pueden tener un mayor o menor nivel de impacto en su vida. Y con frecuencia, este impacto, cuando les resulta negativo, es que se debe a no gestionar debidamente un factor que les está afectando; sin duda tienen la sensación de que son infelices, o que eso de la felicidad les queda absolutamente lejano.

La cuestión es cómo se puede mejorar cuando a una persona le parece que la cuestión de la felicidad no va con ella, que es algo que lo ve muy lejos y que es también el momento en que ese sentimiento le produce más infelicidad aún. Aquí es el momento en el que entra también a contar entre todos los elementos que intervienen el carácter del individuo: como muy bien dice Lyubomirsky que “siempre me ha impresionado la capacidad de algunas personas para ser notablemente felices, incluso ante el estrés, el trauma o la adversidad”.

Digamos, que no se dejan avasallar al primer obstáculo, que lo miran, lo analizan con más frialdad que la mayoría de personas, y que tratan de neutralizar dicho sentimiento negativo surgido de un hecho concreto, o de una conversación que derivó en un conflicto que era del todo innecesario dentro del departamento, etc.

Por tanto, ante la pregunta que siempre está en el ambiente de por qué algunas personas son más felices que otras, la ciencia ha explorado los procesos cognitivos y motivacionales que distinguen a las personas que muestran niveles excepcionalmente altos y bajos de felicidad. O sea, el método es sencillo: qué diferencia a una persona muy feliz de una que no lo es tanto.

Cuando se analiza lo que se llama comparación social, o sea la persona que se estudia en su relación con compañeros y amigos, aspecto que también se le conoce como “la reducción de la disonancia” (cómo las personas justifican las elecciones triviales e importantes en sus vidas), entran en juego una variedad de factores que están condicionados en gran medida por el tipo de relaciones interpersonales que se tengan. Así como que también se suman factores como la autoevaluación (cómo las personas se juzgan a sí mismas) y la percepción de las personas (cómo las personas piensan sobre los demás). Pero muy especialmente, a una persona le preocupa cómo es la percepción que de ella tienen los demás. Si la ven confiable, correcta, sensible, empática, etc.

¿Cuáles son los avances más importantes en cuanto a la felicidad de las personas?

Las personas que se sienten verdaderamente felices interpretan los eventos de la vida y las situaciones cotidianas de una forma en la que parecen mantener su felicidad, mientras que las personas infelices interpretan las experiencias de manera que parecen reforzar la infelicidad. Por tanto, se da una especie de trampa, que, al caer en ella, en la negativa, la tendencia natural es reforzar esta posición, de la cual costará más salir.

O sea, que cuando nuestro ánimo está siendo invadido por sentimientos de infelicidad es que nuestra percepción de las cosas, la vida cotidiana y todo lo que nos rodea es ampliamente negativa, una visión escéptica y negacionista por naturaleza. Lo que no quiere decir que sea así realmente (para un observador externo de las mismos actos, cosas y circunstancias). El punto de mira que asume la percepción de la persona que lo sufre, por lo general, dista bastante del otro ángulo de miras del observador externo, dándose con frecuencia una brecha que, si no se cierra, le inhibirá a esa persona a elegir nuevos caminos que le conduzcan a la felicidad que aún no siente que haya encontrado.

En cierto sentido, la felicidad y el sentimiento tan esencial para nuestra vida de sentirnos felices, tiene un impacto definitivo en la percepción de la realidad que nos rodea, que puede convertirse en más buena o más adversa, en más flexible o más rígida, en más empática la relación con otras personas o más distante y que alimenta la desconfianza.

Es una fuerza centrípeta que condiciona no sólo nuestro ánimo y estado emocional en un momento puntal. ¡No! Va mucho más lejos aún: determina nuestra personalidad.

Por eso, cuando nos referimos a la personalidad de un familiar, amigo, compañero de profesión, jefe, etc., llegamos a decir con frecuencia eso de que “tiene una fuerte personalidad” o “es cambiante como el tiempo”, porque no marca su actitud la conducta de un solo día, sino su esencia como persona más o menos feliz. Además, esta felicidad o su carencia, también la transmite a su entorno, generalmente las personas que están siendo más afectadas por dicho comportamiento.

Sonja Lyubomirsky se pregunta si “¿es la felicidad algo bueno? ¿O simplemente se siente bien?”. Pero en realidad va mucho más allá del sentimiento (ese sentirse bien) y pasa al ámbito de la salud física y mental y la influencia, así como contagio que tiene en los subgrupos familiares, de amigos, compañeros de trabajo, etc.

La felicidad también influye en el nivel de creatividad de las personas, así como en su predisposición para ser más caritativas y serviciales. Pero un dato importante que surge de las investigaciones, es que las personas felices son más seguras de sí mismas.

Cuando afirmábamos al inicio “a más felicidad de las personas mejor convivencia social”, una preocupación que tengas por los demás y tu nivel de empatía, será un claro indicador que tu felicidad estará siempre condicionada por que los demás, más próximos o no a tu persona, también se sientan bien. Y este es el principio al que aludíamos, que sucede cuando las personas a nivel colectivo sienten que sus vidas son deseables, satisfactorias y gratificantes, porque sin duda de manera inconsciente han aplicado la teoría de la comparación social.

No es que quieres la felicidad a cualquier coste, sino que lo que te hace realmente feliz es cuando puedes compartirla, en el plano personal es básico y no menos importante, aunque por supuesto diferente, en el plano profesional.

Porque estarás rodeado de ambientes en los que también de manera inconsciente todas y cada una de las personas que terminan formando parte de tu vida diaria, también estarán sintiendo que la felicidad es significativa, deseable y un objetivo importante.

¿Seguro que será así? ¡Pues sí! Porque la han podido experimentar gracias no solo a la comparación sino al compartir, porque el significado cobra vida para ti y el resto cuando lo compartes; el deseo que ha entrado en una fase razonable de logros cumplidos, también lo compartes, en lo que le corresponde a los tuyos en el plano personal y a los que lo disfrutan en el compartimiento profesional; y finalmente, el objetivo es importante para cada uno de los actores de la escena de tu vida, porque con miradas y sentimientos diversos aunque convergentes, piensan bastante parecido en cuanto a lo que le piden a la vida y lo que esperan de ella.

Debes saber que las personas felices, le sacan justamente a la vida mucho más de lo que te puedas imaginar en cada día, en cada momento, en cada sonrisa, en cada intercambio personal de palabra, momentos compartidos y sentimientos, a veces dolorosos, también sentidos como propios.

La felicidad está como el amor en todas partes, aunque no está en la condición humana, lamentablemente, darse cuenta con tanto detalle sobre la importancia que adquiere en lo pequeño, lo imperceptible y lo intangible, pero cuyo valor siempre será inmenso para esos estados anímicos que te llevan a encontrar ese punto medio ideal de sentirse bien.

 

Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y también autor del libro ‘El Cubo del Líder’.

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