Líderes, equipos y estrés

Una de las preguntas que con más frecuencia se ha escuchado en los ámbitos doctrinarios del liderazgo, especialmente en el de la psicología organizacional, es si definitivamente el estrés había que considerarlo como una fuerza motivadora. Centrando bien el tiro: cómo convertir el estrés en una fuerza impulsora para el equipo.

El establecimiento de prioridades

Las personas tenemos serios problemas en el establecimiento de prioridades, convirtiéndose lamentablemente muy a menudo en fuente de conflictos, cuando no deberían serlo por la propia entidad del problema.

La cuestión es que un problema que no es tal, puede convertirse en uno auténtico, sencillamente por la mala gestión del tiempo que hacemos, tanto a nivel personal como laboral. Y el mal uso que hacemos del tiempo es un claro generador de estrés. Y a este déficit de gestión del tiempo, debe sumársele el fenómeno que más está afectando a personas de todas las condiciones en los últimos años: la incertidumbre.

Es una mala combinación, por lo que tendremos todos los indicios de que algo puede estallar en cualquier momento, y este algo se materializa en un nivel de estrés dañino para la persona y el entorno.

 

Transformando incertidumbre

Si existe un rasgo que puede caracterizar a la sociedad actual, es su altísimo poder estresante. Qué decir entonces de una situación como la que estamos atravesando en los últimos años en Europa, en el que este escenario negativo afecta a personas y organizaciones. Digamos, que el nivel de estrés de cualquier miembro de una empresa, así como en el ámbito público, se ha disparado.

Pero la pregunta es: ¿Podemos hacer algo para menguar el efecto perjudicial de tanto estrés y convertirlo en un factor de motivación personal? Y a continuación: ¿Pueden las organizaciones capitalizar este factor, haciendo que se convierta en un elemento dinamizador de la productividad?

Ambas tienen una respuesta positiva. Pero para que así resulte, deberían analizarse cuáles son las causas del estrés en una situación concreta, fuere personal u organizacional, para a continuación, buscar la neutralización, o la eliminación, así como la canalización del factor estresante hacia conductas y acciones favorables a las personas y su entorno.

Dependerá entonces de la capacidad de respuesta de cada individuo y de su entorno laboral más próximo, para que los factores estresantes terminen siendo factores motivacionales. Esta cuestión es la clave de una convivencia pacífica e incluso reconfortante para un grupo humano, a pesar de que las condiciones del otro entorno, el externo, no le sean propicias, como es la situación actual de crisis global en la que estamos inmersos derivada de dos Guerras, más la inflación que está costando controlar, más la incertidumbre sobre la escalada del conflicto en Oriente Medio, más un largo etcétera. Hay motivos sobrados para generar estrés.

 

El estrés es básicamente un proceso de motivación

Sin duda los factores externos tienen una incidencia fundamental, pero de la manera en que establezcamos internamente un mecanismo de adecuación a los diferentes retos y problemas a los que nos enfrentamos, no podremos hacer la conversión referida.

La motivación debe interpretarse como un proceso que potencia, al mismo tiempo que dirige la conducta (la acción humana) hacia un objetivo. En cambio, las emociones son experiencias subjetivas: sentimientos que acompañan los estados emocionales.

Es evidente, que esto relaciona el estrés con las emociones, pero no puede extraerse de esta relación la conclusión de que el estrés sea considerado en sí mismo una emoción, aunque cada uno puede experimentar diferentes emociones como consecuencia del estrés, por ejemplo, enojo, ira, desasosiego, etc.

 

El Proceso Cognitivo

El proceso cognitivo es el proceso mental por el cual una persona hace una evaluación de una determinada situación. Puede ser una valoración primaria, en la cual reconoce si es buena o mala, si representa una amenaza o un desafío, etc.

En una segunda valoración, la secundaria, se pregunta cómo va a enfrentarse a ella. Cuáles serán los métodos a utilizar, teniendo en cuenta los recursos con los que cuenta, sean intelectuales o no.

Entre estos recursos cuentan: su estado de salud física, su condición anímica, su relación familiar, su entorno de amistades y laboral, así como también aspectos materiales, como sus recursos financieros, solvencia, etc.

Cada vez que haga la apreciación secundaria de los recursos que tiene, para afrontar las diferentes situaciones en circunstancias en las que le son favorables todas aquellas cuestiones referidas (salud, amigos, trabajo, solvencia, etc.), su control sobre la situación, independientemente de cuál sea el factor o factores desencadenantes de estrés, será mucho mayor que el de aquellas otras personas que tienen ausencia total o carencia de algunos de dichos recursos.

Aquel proceso cognitivo de diagnóstico preciso de la situación y de ser consciente de qué recursos van a utilizarse para afrontarla, en primer lugar, bloqueará o eliminará el factor o factores desencadenantes del estrés personal, para después canalizarlo hacia un valor motivacional del cual dependerán a su vez, la capacidad de transformación de los mismos u otros factores de estrés del resto del grupo, o de un equipo muy concreto de trabajo.

En todo caso, permitirá situaciones de control de estrés ambiental muy favorables que lleven a la organización, a preocuparse más en cómo orientar y dirigir el talento y la motivación, que es muy diferente a invertir un tiempo que es escaso, en cómo resolver los problemas de tal o cual grupo de personas.

 

Factor educacional, aprendizaje y estrés

Es indudable que, a mayor desarrollo educativo de una comunidad determinada, los valores motivacionales y la conducta estarán determinados por un aprendizaje continuo. Y aquí entran todas las herramientas que los expertos en estrés ambiental han ido introduciendo para disminuir y neutralizar los factores estresantes, para que se adaptan mejor los procesos de respuesta cognitivos a las situaciones adversas, lo que se llama “reestructuración cognitiva”.

Esto implica una acción determinada frente a aquella circunstancia, lo que se llama “modificación de conducta”, sin dejar de considerar los aspectos biofísicos y psíquicos que pueden alterarse en mayor o menor grado, como resultado de la respuesta a una presencia de aquellos factores estresantes.

Jean Piaget decía, que “el conocimiento deriva de la educación en sí misma y de la propia experiencia”. En el ámbito organizacional, el valor experimental equivale a muchas horas de conocimiento teórico, y cuánto más formado y preparado está un grupo humano, mejor podrá reorientar las energías y acciones diarias hacia los procesos de mejora continua que beneficien a la organización, pero también a sus miembros.

 

El compromiso como factor motivacional

El grado de compromiso de una organización con su personal debe ser simétrico en cuanto a esfuerzo con el grado de compromiso que las personas tienen con aquella. La falta de simetría, en la mayoría de los casos, provocada por la organización, no ayuda a que las personas puedan controlar mejor los factores de estrés y pone en serio riesgo los factores motivacionales individuales y de equipo.

Comprometer es participar, compartir objetivos y filosofía, saber que se va en determinada dirección, y que la tensión que se siente en el ambiente, es un estrés positivo que está siendo canalizado, por cada uno de los integrantes de un equipo en aras del éxito de su misión.

El líder de un equipo, así como el líder de una organización, deben liberar de ataduras que limiten las habilidades y predisposición de las personas en sus respectivos puestos de trabajo, porque es la vía más corta para que salga a relucir el talento humano, buscando cómo hacer mejor un determinado procedimiento, en beneficio de un equipo, de un departamento y de la empresa en su conjunto.

El liderazgo orientado a la creación del talento, es decisivo en cualquier organización cuya meta sea la excelencia. Las empresas más competitivas cuidan que sus ambientes de trabajo y las relaciones entre equipos y de éstos con la dirección, se desarrollen dentro de un marco de ambiente cordial, relajado y de apoyo recíproco entre todos los miembros.

Un estado saludable de la comunicación interna en todos los niveles de la empresa, en particular en el seno de los equipos de trabajo, fomentará aquellos niveles de compromiso y participación que exigen las circunstancias para ser competitivos.

El factor motivacional derivado de una energía potencial generada por mantener “el nervio” necesario para afrontar las tareas y responsabilidades diarias, es haber transformado aquel estrés dañino en una fuerza aglutinante positiva que incrementa el rendimiento de las personas y la eficiencia operativa global de la organización.

 

Construyendo una motivación óptima

La investigación científica en el ámbito de la psicología organizacional no ha tenido ni un respira en las últimas décadas, especialmente a partir de la entrada en este siglo. Y existen estudios que nos arrojan luz sobre esta pregunta que nos formulamos: ¿Se puede construir una motivación óptima?

Al respecto, una de las experiencias más motivadoras que pueden tener los empleados es progresar en una tarea significativa, es lo que sostiene Teresa Amabile, doctora en psicología y experta en la aplicación de esta disciplina al ámbito social y organizacional y profesora de Harvard Business School.

Amabile y sus colegas solicitaron a más de 200 empleados de siete empresas de las industrias tecnológica, química y de productos de consumo, que escribieran entradas en un diario de manera de poder describir eventos en el trabajo y calificaran sus propios sentimientos de motivación intrínseca, motivación extrínseca, creatividad y colegialidad, entre otras cuestiones. También recogieron calificaciones periódicas de la creatividad de los trabajadores de parte de sus colegas.

“Pudimos observar cómo los eventos que estaban ocurriendo impactaron su motivación intrínseca y su creatividad”, dijo Amabile.

Se producía una relación directamente proporcional en su creatividad (notaban un incremento en la misma) en relación a una mayor motivación intrínseca. Del mismo modo ocurría para otros estados deseables como la productividad, la colegialidad y el compromiso con el trabajo.

¿Y qué fue lo que estimuló la motivación intrínseca? Amabile y su equipo descubrieron que el precursor más poderoso era la sensación de progresar en un trabajo significativo. Y destaca especialmente una observación, que pude parecer que no tenga importancia, pero en realidad es decisiva: se refiere a los pequeños pasos, en palabras de Amabile “casi triviales” pero que pueden “resultar en un gran avance”.

Otros estudios llevados a cabo en Estados Unidos nos revelan que el estrés es un factor en 7 de las 10 principales causas de muerte en todo el mundo, y el lugar de trabajo contribuye de manera importante (Quick & Henderson, 2016).

También, una encuesta de la Asociación Estadounidense de Psicología encontró que el 31% del personal se sentía estresado durante su jornada laboral.

La Asociación Estadounidense de Psicología, en un artículo de 2018, identifica algunas posibles causas del estrés, a saber: salarios bajos, cargas de trabajo excesivas, pocas oportunidades de crecimiento y desarrollo, trabajo que no es atractivo o desafiante, falta de apoyo social, no tener suficiente control sobre decisiones relacionadas con el trabajo y demandas conflictivas o expectativas de desempeño poco claras. Por tanto, es importante gestionar estos factores estresantes, ya que, si se permite la entrada de estrés negativo, además de los efectos sobre la salud se traduciría en una reducción del rendimiento. ¿Eliminar el estrés de su vida? ¡Sí es posible!

Todo el mundo se enfrenta al estrés, de una u otra forma. A veces la persona ni se percata de ello. Pero lo que sí es seguro, es que la manera en que se nos manifiesta a cada uno nos está definiendo un poco (por no decir bastante) nuestra personalidad.

Aquello en lo que insistimos al tratar la IE (inteligencia emocional), la famosa frase de Epictetus: “Lo importante no es lo que le suceda a una persona, sino cómo reacciona”.

Un tremendo generador de estrés negativo es el descontrol en nuestras reacciones. No nos referimos a que una persona esté “pegando” gritos. Sencillamente, cuando en su mente y en su percepción de la realidad, esté enfocando mal la razón de cuáles son sus problemas.

 

El estrés polariza posiciones

El estrés es como esa opinión que se polariza y enfrenta posiciones distintas (en el deporte, política, etc.), ya que por un lado están los que son superados y derrotados (se entregan) porque no pueden vencerlo o se sienten incapaces de hacerlo; en cambio ya son cada vez más los que han aprendido la lección de que usar el estrés como factor motivante les empuja hacia grandes logros (los realicen o no, lo importante es la actitud).

Si no se cuenta con las herramientas adecuadas para luchar contra el estrés, es probable que con bastante facilidad una persona se rinda a la primera de cambio. Pero justamente en cuanto se dispone de alguna de ellas (herramientas, métodos, etc.) se observa que en general, se puede hacer una buena gestión del estrés.

 

La visión de cuál es realmente el problema

Primero tenemos que ser capaces de hacer un autodiagnóstico, porque tenemos tendencia natural a echar balones fuera (la culpa es de otros: empleados (si uno es el jefe), compañeros de equipo, mujer, hijos, etc.

¿Sabe usted una cosa? Que si usted es una de esas personas que de entrada está “echando balones fuera” es un candidato claro a padecer estrés de manera constante y tendrá serias dificultades para “erradicarlo” de manera definitiva de su vida.

 

Lo que no hay que hacer: negar el problema

Lo peor que uno puede hacer para enfrentarse a un problema, es negándolo. Da igual que sea uno inherente a una cuestión de negocio, o corresponda a un conflicto interpersonal en el equipo. Porque tanto en materia de estrategia de Business como de ciertos enfrentamientos personales derivados de un conflicto, ambas situaciones pueden corregirse a tiempo y que no pasen a mayores.

Claro está, en los negocios y en las relaciones humanas dentro de la organización, los detonantes son claros. Explotan y entonces se actúa. Mejor aún: los líderes efectivos no dejan que eso ocurra, o sea que lleguen a un momento en el cual se conviertan en incontrolables.

 

El problema no lo generan los demás

Ahora bien, sigamos entonces con su creencia o autodiagnóstico de que el problema está generado por los demás y no por usted mismo. Le atribuye su falta de éxito en lo que está acometiendo, o simplemente un grado de incertidumbre elevado que le invade porque no siente que el equipo le esté acompañando, en su convencimiento de que alguien (o varios) están equivocándose en lo que hacen o no están siendo eficaces como debieran (el equipo) y usted cree que es la llave a la solución de todos los problemas.

Este sentimiento tan habitual, especialmente en directivos que tienen responsabilidades y personal a cargo, tiene un doble efecto: cada día se multiplica aún más su dosis de estrés porque le está generando sentimientos y percepciones negativas. Sentimientos, en cuanto a lo que ve sobre los demás; percepciones, porque le está llevando a tener un panorama (la manera en que se focaliza) que no se ajusta del todo a la realidad.

Es evidente que cuando focalizamos mal, puede haber un error en el diagnóstico al considerar nuestro entorno, las variables externas a las que tenemos que enfrentarnos, etc. Pero el factor interno, nuestra confianza en el equipo y nuestra capacidad de resolución de los problemas a los que diariamente nos enfrentamos, puede también verse mermada y nos influya en la toma de decisiones.

 

Preocuparse de manera proporcionada

Por eso una primera regla que enseñamos a las personas con responsabilidades y a quiénes el estrés les está afectando en el plano personal y en su capacidad para tomar decisiones, es aprender a equilibrar aquellos factores que le preocupan (a los que atribuye culpa de su estrés). Inmediatamente, considerarlos en su justa proporción, o sea, que debe aprender a restarle importancia a dichos sentimientos, focalizando en lo que realmente importa y ayudándose a usted mismo a saber cuáles son sus prioridades, en la implementación de las acciones a tomar, el grado de compromiso que le exigirá al personal, las responsabilidades compartidas con el equipo, etc., a fin de que este ejercicio de equilibrar las fuerzas que integran diariamente sus pasos (acciones, tomas de decisiones, etc.) se vean de una forma más democrática.

Usted puede ser el líder y máximo responsable, pero cuánto más actúe en solitario asumiendo toda la responsabilidad y no entre en la variante de un liderazgo moderno y efectivo, por ejemplo, compartiendo éxitos y fracasos, distribuyendo y delegando tareas, así  como responsabilidades, compartiendo información clave y formando a personas y equipos para que estén en condiciones de enfrentar el cambio, no se producirá esa democratización a la que aludimos, lo que le mantendrá seguramente con el puño firme y en alto como diciendo “soy el que manda” pero con un nivel de estrés que le pasará factura.

 

Abrir el juego poderoso remedio anti-estrés

Cuando el líder efectivo abre el juego y comparte información, responsabilidad y el éxito en los logros, se produce un nivel de empatía y compromiso transversal y vertical entre todos los miembros, que no da lugar a pensamientos sobre quién me genera el estrés, sino en cómo puedo hacer que todas las personas de los diferentes departamentos y equipos reduzcan su nivel de estrés (haciendo un ambiente más agradable, caso del wellbeing), o cómo puedo formarles para que se den cuenta que el estrés que tienen es positivo y que debemos aprender a canalizarlo como un auténtico motivador de todas las acciones que emprendamos.

 

La risa remedio infalible

La prestigiosa revista internacional “Selecciones del Reader’s Digest” ha mantenido (aún mantiene) durante décadas, una sección que se llama “La risa remedio infalible” que recibe los aportes de personas de lo más diversas, que relatan anécdotas risueñas de la vida diaria, que siempre han despertado un interés adicional para los lectores, un rato de esparcimiento, entre lectura y lectura de tanta información útil que este medio brinda mes a mes.

Nos parece un homenaje sencillo a Reader’s Digest de nuestra parte, por eso hemos “tomado prestado” el título de esa sección ya que tiene mucha más importancia de la que usted puede creer, en la lucha por eliminar el estrés de su vida.

Una regla que a muchos parece demasiado “vulgar” (en esencia no lo es teniendo en cuenta los efectos terapéuticos que tiene en las personas), es tratar no solamente de mantener un nivel de relación amable entre todos, sino provocar risa en el sentido de saber darle lugar a las bromas (bien entendidas), comentarios jocosos, eso que se dice de tener una “sonrisa a flor de piel”. No la imagen del rostro duro e insensible como de enojo permanente, como si de ello se fuera a concluir que cuanto más serio el aspecto, mejor las soluciones que se tomen.

Pues, justamente, es al contrario: cuánto más sonrisa, ambiente de felicidad, rostros distendidos y esa imagen de que una persona a unos cuantos metros de distancia al cruzarnos la mirada esboza una sonrisa y un gesto de complicidad, es parte de la liberación del estrés negativo simplemente con estas acciones tan naturales en el ser humano, pero que un mal uso o peor aún, una mala concepción de lo que deben ser las relaciones laborales y profesionales, ha metido en la cabeza de muchos líderes (menos mal que esto poco a poco está desapareciendo) la creencia de que ambientes silenciosos en donde no vuela una mosca, es la expresión de la seriedad de la organización.

Pero la empresa, los espacios comunes, no son una consulta médica en la cual todo el mundo tiene que hablar en voz baja. ¡No! La risa, el intercambio de gestos alegres, una comunicación gestual libre de ataduras, forma parte de un ambiente “limpio” de estrés.

Eliminar el estrés de su vida es posible, pero le aseguramos que no depende de nadie más que de usted mismo. Empiece hoy a darle un giro a su manera de llevar el día a día, que no tiene enemigos a la vista (incluyendo su mujer e hijos) que sean culpables de cómo usted se siente. Cambie en enfoque. Proporcione la importancia de las cosas que le afecten y priorice debidamente sus acciones, para lo cual debe tener un claro sentido de la realidad. Tal cual es, no la que usted cree que es.

Finalmente… deje de mirar con seriedad como si fuera usted más importante y riguroso. Una sonrisa es el mejor motivador para las grandes negociaciones. Pueden no hablar ni una palabra de inglés o de chino, pero cada vez que los mandatarios de China y Estados Unidos, o de China y algún estado de la UE se han reunido para firmar acuerdos, observe los gestos en el momento de la firma, el apretón de manos de protocolo y las miradas con una sonrisa que es el mejor sello del éxito conseguido.

Y recuerde: la sonrisa y el estrés son incompatibles. ¡De usted depende elegir!

Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y también autor del libro ‘El Cubo del Líder’, y Antonio Alonso, presidente de la AEEN (Asociación Española de Escuela de Negocios) y vicepresidente segundo de EUPHE (European Union of Private Higher Education).

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