Líder visionario, pero no autista

¡Eres un visionario! Pues, ¡genial! Ya sólo te falta la otra mitad del camino: ser capaz de encandilar con tu visión a aquellos que te rodean.Una característica común de los grandes líderes, quizás señalada en exceso, es la visión. ¡Claro que sí! Pero no es suficiente con soñar despierto, hay que trasmitir, comunicar, comprometer y atraer.

Como casi todos los atributos de la personalidad, solo tienen sentido si pueden ser articulados de manera armonizada con el resto de cualidades que tenga una persona. Poco puede aportar un genio de las matemáticas, tímido e introvertido en un puesto de contacto con el cliente que lo que le exige es buen trato y representar adecuadamente la marca. De ahí que cada vez que escuchamos o leemos respecto a la visión, generalmente se falla en darle sentido de propósito, o sea, determinar por qué la visión es importante. O dicho de otra manera: cuál es su finalidad. Para los más cáusticos, la pregunta sería si tener una buena visión es de utilidad para la organización.

No es la visión per se (que por definición sí debe ser considerada como un factor relevante), sino la forma en que el líder efectivo convierte la visión en una realidad. Bajar de la teoría a la praxis. Experimentar con acciones la manera en que esa visión ha sido concebida.

Los líderes efectivos poseen una visión integrada con sus dotes de inteligencia social, adaptación al cambio y establecimiento de prioridades. Cuando nos detenemos en esta forma de focalizar, comprendemos también que debería ser un mecanismo normal que aplicásemos a diario, no sólo en momentos excepcionales.

El líder y las visiones compartidasLa visión no tiene nada de excepcional, por contrario, es un factor esencial y natural en el proceso de dirección y toma de decisiones. Por tanto, tiene que convertirse no sólo en una categoría típica de la personalidad del líder, sino en una herencia con capacidad de transformación de la cultura corporativa, ya que esa visión en particular de ese líder está transformando la organización y llevándola hacia la única posición que puede ser considerada de privilegio en el mangament actual: la capacidad de la empresa de estar solidificando un proyecto sostenible en el tiempo. Así de simple.

Beneficios hoy, sí…pero más importa desde la visión del líder,  la capacidad de la organización de generar beneficios sostenibles a medio y largo plazo. Este es el auténtico desafío del liderazgo y de la visión del líder.

En el momento en que el líder explica y transmite su visión al equipo, está haciendo una labor didáctica pero al mismo tiempo de capacitación para que cada persona pueda desde el aprendizaje de cuál es la nueva visión, estar muy atento a los cambios, ajustes, actualizaciones y demás aspectos que pueden hacer adecuar la visión a las nuevas circunstancias del mercado. La visión es una imagen en un momento determinado, pero lejos está de ser una mirada estática de las organizaciones, sino una continua dinámica de flujo de información y toma de decisiones.

Este es entonces el mecanismo de comprensión de cuál es la visión del líder y cómo repercute en sus equipos. Cómo la van transformando en la realidad (la meta) que están buscando. Cómo adecuan las estrategias a los objetivos perseguidos. O sea que, lo que el líder está haciendo es no sólo desarrollar una visión estratégica, sino articular por qué se establece la dirección de las acciones en determinado sentido.

Además, el componente emocional que la visión tiene en el personal (sus efectos) es una clara motivación e inspiración.

La visión es en esencia, una facultad creativa. Sabemos también (está más que probado) que la creatividad se dispara ante la ausencia de ataduras y en ejercicio de absoluta liberad de pensamiento y autonomía profesional. Claro está, que esta autonomía otorgada tiene que adherirse en todo y en parte a la filosofía y cultura establecida por la alta dirección. Que cuando hay cambios que hacer que afecten la manera de actuación que la empresa tenía en el pasado, o sea, transformación de su cultura corporativa, la visión es la correa de transmisión entre unas acciones y formas de hacer las cosas ayer y cómo deben ser implementadas hoy.

Hemos venido haciendo referencia desde esta tribuna a muchas investigaciones científicas en los ámbitos de la psicología social, competencias emocionales, etc. Investigaciones recientes sobre las habilidades que los líderes necesitan, establecen sin ningún género de dudas, la importancia que la mente tiene para las personas en cuanto a tener consciencia de sí mismas y lo que se valora con nota alta que es el autocontrol.

¿Qué hace un líder para modernizar la visión?

Existen muchas opiniones convergentes sobre la finalidad de un líder respecto a la organización y su personal. No son pocos los expertos que definen a un líder como una persona que establece objetivos en los que el personal cree y por consiguiente, logra seguidores y que a su vez compartan dichos objetivos. Cuánto más confiable sea el líder, mejor adaptabilidad encontrará en personas y equipos para alinearse en las directivas que tienen que implementarse.

La confianza entre el líder y los seguidores abre un mecanismo de comunicación bidireccional, que se convierte en una herramienta clave para alcanzar y cumplir los objetivos comunes.

Visiones personales

Una ejercitación habitual en la formación en liderazgo, es solicitar a los asistentes que describan cada uno de ellos por escrito y después se comparta cuáles son sus respectivas visiones sobre el liderazgo personal. Debe aclarárseles que la imagen que tienen que formarse debe ser una representación bastante próxima a la realidad de ese futuro que se quiere alcanzar. Tanto para sus desarrollos personales como sus respectivas contribuciones a la organización en los puestos de trabajo que cada uno tiene.

Comprender la importancia de este mecanismo es esencial para que siga siendo la visión uno de los pilares básicos del buen liderazgo, ya que los que se estén formando podrán centrar su atención en lo que más importa a personas y organización: desarrollar de manera eficaz su carrera profesional al mismo tiempo que ir describiendo que tipo de líder se quiere ser.

Asumir una posición de liderazgo en el que la principal preocupación subyace en que personas y equipos tengan claro qué representan, por qué están llevándose a cabo determinadas acciones y se sientan reconocidos al mismo tiempo que motivados, en hacer el máximo esfuerzo por deshacerse de los tópicos del pasado, abordar el presente sin tapujos y planificar el futuro enfrentándose a los retos de hoy.

En síntesis: quiénes se forman en liderazgo trabajan fundamentalmente sus habilidades directivas y competencias emocionales, porque tienen que lograr el mismo nivel de inspiración en los demás, que el que han logrado a nivel individual. Y en este punto radica la clave del compromiso que se requiere en la organización, para que sea constructivo para personas y empresas.

¿Cuándo y por qué un líder inspira confianza?

En todas las organizaciones existen personas que parecen inspirar confianza a los demás. Pero también se les considera muy responsables, que realizan un trabajo duro y son defensores de un colaboracionismo profesional que beneficie a los equipos.

Aunque sucede también, que algunas de estas personas, a pesar de que compartan la misma visión, parece que les afecta más el cambio y la innovación. En realidad pueden compartir una misma visión pero se enfrentan cada una de esas personas de manera distinta ante los retos y especialmente la adversidad. Por ello, es materia del líder, no sólo crear confianza, sino hacer que se esfuercen en desarrollarla. Que puedan incluso encontrar sentido a situaciones que han vivido en las que los resultados negativos les estén curtiendo la piel de futuro líder, que tiene que dar por descontado que la adversidad, lo inesperado y las diferentes dosis de incertidumbre conviven con nosotros.

No en vano se ha prodigado la doctrina del liderazgo en los últimos años en cuanto a la importancia de encontrar significado en los errores, resultados negativos y la capacidad de aprendizaje que ello significa, acortando tiempo y distancia, porque la posición psicológica derivada de situaciones adversas para cada persona es sin duda el refuerzo de su personalidad, especialmente, la corrección de sus prioridades como consecuencia de haber revisado y adecuado sus propios principios y valores.

Cuando esto sucede en personas que están a las órdenes de un líder efectivo, además de estar formándose en el estilo de liderazgo que da resultado hoy día, que hemos abordado en innumerables ocasiones en cuanto a formas de actuar y pensar transversales, lo que se ha producido es un fenómeno de incremento de la confianza colectiva e individual porque se ha ido tornando ese liderazgo que ejerce el líder efectivo no sólo en creíble, sino en transformador de la cultura y motivador e inspirador para adecuarse al cambio, pero muy especialmente, para propiciarlo.

El cambio puede que lo veamos pasar o que participemos de él. Si somos partícipes de la propia transformación porque comprendemos muy bien por qué hay que hacer determinadas cosas, caso por ejemplo de la revolución y transformación digital que nos afecta a todos, tendrá una consecuencia directa en la visión, pero afectará de manera total a la credibilidad y confianza en la capacidad de liderazgo de la organización. Una vez más, la visión es el atalaya desde el cual se debe inspirar y motivar, siendo más fácil cuanta más confianza y credibilidad se haya impulsado desde todas y cada una de las acciones del líder efectivo.

Artículo coordinado por José Luis Zunni, director de ecofin.es y vicepresidente de Foro ECOFIN, en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN; Javier Espina Hellín, miembro de ECOFIN Business Schools Group, y Ximo Salas, miembro del ECOFIN Management & Leadership de ECOFIN.

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