En las organizaciones, con frecuencia se olvida en el frenético día a día que, para que las cosas salgan bien, debió haber previamente una combinación al estilo del mejor “chef” de una receta cuya combinación de ingredientes no falla: pensamiento preciso, esfuerzo equilibrado y pasión genuina. Y, como elemento fundamental de las emociones, la pasión termina convirtiéndose también en una especie de antídoto del esfuerzo. Todo lo puede y todo lo mueve.
Warren Buffett sostiene que el éxito se esconde tras las monedas de la inteligencia, la energía y la integridad. Es decir: cabeza, pasión y ética. No vamos a hablar de conocimiento y moral; pero sí resaltar qué hay tras la palabra pasión, que supone motivación; pero también muchas horas de trabajo, esfuerzo, tesón y foco. Porque, cuando se llega al éxito, la pasión y el esfuerzo son dos caras de la misma moneda.
Es casi un eslogan docente esa expresión que hemos escuchado desde estudiantes de que “si quieres tener éxito en la vida, tienes que trabajar muy duro”. También otras expresiones similares, tales como “si quieres triunfar tienes que saber, y para saber tienes que estudiar”.
En definitiva: trabajar duro implica de algún modo la garantía de poder llegar a la meta. La cuestión es si se justifica el sacrificio o si hay maneras de regular el esfuerzo y poder disfrutar de la vida por estar haciendo un trabajo que te gusta y que no requiere tanto sacrificio. En conclusión, hay que saber administrar el esfuerzo propio de todo quehacer con motivación y pasión por lo que haces.
¿Cuál es la probabilidad de que trabajando duro estemos muy cerca del éxito? Es importante; pero, como en Matemáticas: condición necesaria pero no suficiente. Esto implica que, si trabajas muy duro, existe la posibilidad de que puedas vivir bien. Aunque hay que sopesar cuánto sacrificio y tiempo estás dispuesto a soportar para alcanzar esa meta que aún hoy está lejana.
Cuando un investigador científico está catorce horas trabajando en el laboratorio, resulta evidente que es una tarea muy dura. Pero, ¿cabe otra posibilidad para que haya una mínima probabilidad de obtener resultados prometedores en la investigación? Seguro que no. Porque la propia esencia de la investigación requiere del proceso prueba-error y feedback.
¿Cuál es el problema con el trabajo duro?
Están los que opinan que trabajar duramente implica que no se tenga un momento de tranquilidad ni de alegría. Que el sentimiento tan especial que es la felicidad siempre se nos va postergando. ¡Y cuidado! Es cierto que, por determinadas circunstancias personales y laborales, a veces tarda años en llegar. Aunque es tan fuerte la pasión que hace que ese esfuerzo no decaiga, caso típico del investigador, pero que tampoco nos es ajeno en las organizaciones cuyos líderes efectivos son los primeros en llegar por las mañanas y los últimos en dejar la oficina. Les mueve la pasión a la que por supuesto, les nutre esa idea, ese pensamiento que se mira en el espejo de una visión, de cómo ven el mundo, de cómo interpretan el entorno y lo que creen que hay que hacer.
Claro está que tampoco es garantía de que siquiera nos aproximemos a la meta. Esto es lo que tenemos que tener claro y aplicar de manera inteligente independientemente del esfuerzo que estemos dispuestos a realizar. En otros términos: esfuerzo sí, aunque bien administrado.
Tampoco es cuestión de engañarnos a nosotros mismos diciéndonos que al seguir nuestra pasión no tendremos que esforzarnos en exceso. Esto es falso, pues el investigador apasionado no cesa en su esfuerzo, ni tampoco el líder efectivo “baja la guardia” porque sabe que personas y equipos dependen de él, así como el éxito de la gestión de la organización está condicionada en gran parte por su grado de responsabilidad y dedicación.
Lo que sucede es que incluso los líderes más destacados han tenido que aprender con los años cómo regular las fuerzas para no flaquear más adelante por cansancio físico y mental. Parece que lo importante no es cuánto haces, sino cómo lo haces. Esto conlleva esa administración de energía que tanto daño puede hacernos. O sea, que una primera solución para no entrar en ese bucle de cansancio mental y físico es aprender a ser eficaces en las tareas que tenemos por delante.
Esto implica cómo administramos el tiempo. Especialmente las interrupciones informales o aquellas que, si bien son formales, están alterando nuestra rutina porque no se han respetado como es debido los protocolos de comunicación interna y gestión de los documentos que forman parte del problema a resolver.
La importancia del equipo
Aquí entran en juego dos elementos básicos en las organizaciones: el primero es la capacidad de liderazgo, lo que incluye los mandos intermedios. El segundo es el nivel de cohesión de los miembros de los equipos y el grado de compromiso individual con la dirección.
Esta conjunción de factores hace que fluyan las ideas y la creatividad. Que facilite el nivel de compromiso, así como dedicación y esfuerzo de cada una de las personas que comparten equipo y/o departamento. Por consiguiente, si dejamos de mirar en solitario las acciones de cada persona y las vemos en conjunto, ese esfuerzo y trabajar duro queda relativizado por una eficacia de equipo y eficiencia global de la organización. El esfuerzo y pasión individual de cada persona mirándose en el espejo de su líder, termina reflejándose en esa imagen exitosa de la empresa en su conjunto.
Cuando las organizaciones quitan líneas de controles que son consideradas como excesivas, se produce una liberación de la creatividad y se incrementa la eficiencia global de la compañía. Los empleados y mandos intermedios se benefician del menor esfuerzo que implica tantos informes y rendición de cuentas. Pero también, en el plano emocional, porque sentirse útil y que se tiene una autonomía en el trabajo que se realiza, es evidente que energiza y ayuda al nivel de satisfacción del trabajo realizado, y, además, potencia el compromiso de cada empleado con la organización.
Pasión vs. Esfuerzo
No compartimos la posición extrema de que sólo con la pasión que apliques en tu trabajo el éxito llegará como algo natural. No es así. Sí es cierto que ayudará muchísimo a estar bien orientados en el camino del éxito, pero, una vez más, decimos que es condición necesaria pero no suficiente.
El éxito y las metas alcanzadas por hombres de la talla de Richard Branson, Steve Jobs o Bill Gates (por señalar algunos muy representativos) tenían que ver con su pasión, pero esencialmente estaban vinculados a su capacidad natural y visión del mundo que han tenido. Cómo se han anticipado al tiempo, a veces en décadas. Pero no es menor el esfuerzo y sacrificio que han realizado. La pasión en ellos es un factor que junto a sus talentos e imaginación de cómo veían el mercado o el futuro, no solo lograron el éxito, sino que impulsaron a muchísimas otras personas, así como líderes, a seguir esa estela de liderazgo indeleble.
Es interesante la combinación de pasión, inteligencia, esfuerzo, capacidad y responsabilidad que Warren Buffett señalara en una conferencia respecto a cuáles eran las cualidades más importantes en un directivo que “por lo general, uno busca tres cosas en una persona: inteligencia, energía e integridad. Y si las personas no tienen la última, ni siquiera se moleste con las dos primeras. Yo les digo: aquí todo el mundo tiene inteligencia y energía –de otro modo no estarían aquí. Pero la integridad depende de usted. Usted no nació con ella, no se puede aprender en la escuela”.
Es evidente que Buffett valora el talento por encima de la energía, porque ha matizado en más de una ocasión que sólo con las dos primeras (inteligencia y energía) podría matarle. Es una forma elegante de defender talento por encima de esfuerzo sin que esto implique que no haya que esforzarse. La cuestión es saber hacerlo inteligentemente.
El pensamiento justo y adecuado
Pensar en grande, te puede aportar avances pequeños. Pero pensar en pequeño, nunca te alejará de la casilla de salida. Por eso, líderes ambiciosos como Napoleón defendían siempre que “para pensar, hay que pensar a lo grande”. El genio militar y político francés no se andaba con chiquitas… ¡a la Historia nos remitimos!
No se estudiaba empresariales ni existían masters por esa época; pero su condición natural de líder le guiaba en su camino entendiendo que había que planificar, pensar, reflexionar, etc.
Cada vez hay más líderes empresariales, políticos, emprendedores, consultores, conferenciantes, coaches y un largo etcétera; pero sólo es una minoría la que destaca justamente por hacer las cosas razonablemente bien y con ambición global, pensando a lo grande.
Podríamos decir que es una minoría notable, porque se hacen ver y sentir por el buen criterio de las decisiones que toman; pero, muy especialmente, por la forma de pensar, los principios en los que se apoyan.
Es preferible ser cautos en la forma de expresar esta nueva explosión de liderazgo, que mucho tiene de propaganda (casi en su mayoría en el ámbito político) y poco de efectividad.
Pero el buen liderazgo, que no es el que abunda, también ocurre en todos los ámbitos de la vida. El músico que compone y no sabe poner una nota en el pentagrama y requiere de un experto compositor que adecue su melodía al idioma universal de la música, pero finalmente la canción es un éxito porque hay algo natural que no se puede aprender; el niño que a los doce años le da a una pelota de tenis con tal precisión que se le empieza a entrenar en las divisiones infantiles y se ve en él un futuro nº1 del circuito de tenis internacional de los grandes campeones; en todos los casos de éxito en las acciones, las condiciones naturales son fundamentales.
Pero es que además dichos dones naturales se pueden educar y entrenar, como por ejemplo en el liderazgo, aprendiendo la técnica y especialmente la implementación de las acciones a medida que acumulan experiencia.
Pero en la gran mayoría de situaciones, los líderes, incluso los más efectivos, no han sido niños que han tocado el piano y dado conciertos a los 5 años, sino que se han ido formando, capacitando y aprendiendo. O sea, que el liderazgo se ha ido haciendo conforme también iban definiendo y consolidando su personalidad de líderes a lo largo de los años.
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Pensar es tan importante como trabajar
Sobre esta cuestión, es conveniente que referenciemos a Brian Scudamore (1970) fundador y CEO de 02E Brands, es un reconocidísimo emprendedor estadounidense, actualmente residente en Canadá, colaborador habitual de la revista Forbes y un pionero en actividades tales como remover todo lo que no sirve y ganar espacio.
Esto lo dice tanto para personas y familias como parra organizaciones. Es un convencido de que las personas que han abrazo el éxito han dedicado y lo siguen haciendo, una parte considerable de su tiempo a pensar.
Cuando afirma que “la mayoría de las personas ve el liderazgo como un deporte en dónde el éxito está determinado por el esfuerzo. En cambio, creo que al pensar en los negocios se parece más a la cirugía y me gusta pensar los lunes para actuar con la precisión de un cirujano el resto de la semana”, está dejando claro cuál es su filosofía de acción: para llegar a ésta última hay que planificar muy bien lo que hacemos. Para ello cree que es bueno no ir a la oficina alguno que otro día mientras pueda acomodar la agenda y dedicarse a reflexionar no sólo en su agenda de los próximos días, sino en general.
Porque Scudamore cree (nosotros también) que una parte de nuestro tiempo semanal disponible nos interesa (además es muy recomendable para aflojar tensiones) dedicarlo a pensar, pero no divagando, sino en profundidad.
Replantearse la dirección que está tomando ya sea mi trabajo, o la empresa que lidero o mi vida en general, no es una cuestión menor.
Es que en la mayoría de las ocasiones en las que hacemos el esfuerzo de reflexionar, nos quedamos subsumidos en los problemas del aquí y ahora, en vez de mirar un poco más allá de nuestro horizonte temporal. Levantar la mirada pensando en los que hemos logrado y sí sinceramente creemos que vamos en la buena dirección.
Aquí aparecen entonces las prioridades, cuestión a veces que nos atormenta porque por las circunstancias especiales en las que estamos viviendo (caso de que la organización está atravesando una crisis) nos es harto dificultoso señalar con precisión cuál es la prioridad (o cuáles) que tengo que poner por delante, si no quiero perder el control de la situación.
De ahí que es bueno alimentar la reflexión con preguntas tales como:
– ¿Estoy haciendo lo correcto?
– ¿Estoy tratando este tema con las personas adecuadas?
– ¿Es esto lo que más importa en este momento para resolver el problema?
– ¿Es esto lo que realmente necesita la empresa para adaptarse mejor a los requerimientos del mercado?
– ¿En qué cosas me considero solvente y en cuáles tengo dudas?
– ¿Hay alguna manera de dedicar más tiempo a las cosas que domino y controlo mejor?
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Acción y producción de ideas
Para este fin creemos necesario que las personas, especialmente los que tienen la responsabilidad de llevar un negocio adelante, deben de tener en cuenta algunas cuestiones básicas, tales como:
- La producción de las ideas.
- Bajarlas al papel.
En cuanto a si tenemos o no una “fábrica” de producción de ideas, esto es algo inherente a la fase creativa que todos llevamos dentro, algunos más desarrollados que otros.
Pero en todo caso, lo que debemos esforzarnos en hacer es reunir de alguna manera las ideas en un diario (puede ser un Excel) las cuales con seguridad iremos retocando día tras día o semana tras semana.
En cuanto a b), pueden preguntarse que por qué insistir en escribirlas, si ya estaban clasificadas en un fichero. Lo que sí es de utilidad es ir ajustando (adaptando) las ideas (priorizarlas) en función de la posibilidad que le demos de implementarlas.
Es entonces el momento de incorporar algunos conceptos interesantes tales como el establecimiento de puntos de referencia o hacer mediciones creando las medidas para ello.
En cuanto al primero, nos referimos a una parte del proceso de planificación que es vital, como fijar algunos momentos en los que se debe valorizar y medir lo actuado (una manera de anticipar resultados) o de determinar si se está en el buen camino.
Obviamente, el líder experimentado no necesita tener todo esto escrito, aunque sí puede haber tomado algunas notas o efectuar consulta permanente a sus equipos.
En todo caso, tener en cuenta estas cuestiones nos parece interesante, especialmente para los jóvenes emprendedores que aún están experimentando el proceso de planificación y tienen muchas dudas sobre la implementación de las acciones.
En cuanto al segundo, la manera de medir (establecer el método) es diverso y debe adaptarse a cada necesidad organizacional. Lo que sí es claro, que el concepto nos parece fundamental para acostumbrar a los nuevos líderes a medir los objetivos en base al avance en la consecución de los mismos, sea en porcentaje, euros o cualquier otra unidad, caso de la incorporación de horas de equipos de trabajo.
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Liderazgo protector
Incluso hasta el más pequeño de los proyectos requiere una “palmadita en la espalda”, lo que implica apelar al sentido del liderazgo protector, cuando el líder efectivo está controlando las acciones emprendidas, verifica el grado de avance y está al mismo tiempo motivando al equipo para que visto los resultados, sigan en esta línea de trabajo. Es el momento en que es altamente conveniente recordarles que gracias al esfuerzo demostrado y haber tenido la perseverancia que la pasión da, los resultados son los esperados. Obviamente, que, aunque con frecuencia se pone en duda desde los equipos algunas decisiones que toma la dirección, la prueba final exitosa del proyecto evidencia que el pensamiento del líder y lo que él personalmente se esforzara en explicar a sus mandos intermedios, ha surtido el efecto esperado.
El control entendido como fuente de motivación
Así entendido, el control es vital para el rendimiento de las personas, ya que algunas personas (los líderes experimentados) dan estos pasos de control y supervisión de manera natural, casi sin darse cuenta.
Pero la gran mayoría de las personas necesita esa palabra de apoyo, ese referente que quiere oír de que la cosa marcha en el buen camino.
Cuando en una gran mayoría de situaciones, los miembros de los equipos necesitan ayuda y algún tipo de formación frente a lo que están llevando a cabo en ese momento, por ejemplo, un proceso que requiere métodos de trabajo desconocidos hasta hoy por la persona que tiene el encargo de hacerlo, es ahí en dónde serán muy importantes esas medidas y evaluaciones sobre el grado de avance.
El buen líder se presta a todas estas ayudas, porque una vez que el personal lo internalice como algo natural, al igual que su jefe podrá hacerlo de manera espontánea y sin prestar excesiva atención a los procesos de supervisión, que no significa que no los haga, sino por el contario, que ya domina el trabajo.
Cuando titulamos nuestra aportación de hoy “Pensar, esfuerzo y pasión para liderar” es que nos preocupa en este proceso imparable de disrupción tecnológica que está afectando todos los sectores de la sociedad, que se pueda perder esta perspectiva humana de la importancia de que nos esforcemos sabiendo que pensamos porque somos personas y no máquinas, por ende, tenemos sentimientos y nos mueve la pasión.
Los líderes deben transmitir a personas y equipos esa idea humanista que representa bajar al papel el pensamiento, hacer los esfuerzos que exigen la adaptabilidad a la disrupción tecnológica y jamás perder esa pasión que es la fuerza que mueve para llegar a la meta. Si contamos en el futuro próximo con líderes que estén en línea con estos principios, no podrá el determinismo tecnológico prevalecer sobre las personas, ya que solo lo hará sobre los procesos, esta es la gran diferencia que tienen que comprender los líderes que están actualmente en condiciones de tomar el relevo y ocupar posiciones de liderazgo.
Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y también autor del libro ‘El Cubo del Líder’; y Antonio Alonso, presidente de la AEEN (Asociación Española de Escuela de Negocios) y vicepresidente segundo de EUPHE (European Union of Private Higher Education).














