Bases para un liderazgo certero

La necesidad del carácter bien aplicado, con naturalidad y sin estridencias, como esencia de la interrelación con las personas bajo su dirección, son las bases de un líder eficaz.

¿Alguna vez te has preguntado qué se necesita para ser un líder efectivo? Partiendo de la base de que un líder debe contar con ciertas cualidades y habilidades, que se adapte a situaciones muy diferentes, así como a comportamientos también distintos en respuesta a las interrelaciones con el personal, puede resultar realmente complicado de entender de manera simple lo que requiere ese líder al que se le considera que actúa con eficacia.

En aras de poder establecer un marco de referencia que sintetice estas necesidades que deben cubrir la personalidad del líder efectivo, la doctrina, más o menos coincidente en una mayoría de puntos, ha venido estableciendo lo que pueden perfectamente llamarse las bases para un liderazgo certero, que se basan en cinco pilares de apoyo para hacer efectiva la acción de liderar:

– Actitud: tener la actitud correcta es clave para ser un líder eficaz. Porque si una persona que está en posición de liderar personas, no comprende en todo su alcance lo que significa el liderazgo, es que tampoco va a tener clara la visión que hay que tener y aquellos valores que va a tener que compartir, e incluso formar, a las personas que de él dependan.

– Comprensión: tiene que tener la paciencia y la buena predisposición para no solo comprender los diferentes tipos de personalidad, sino también aprender de ellos, de manera de estar en condiciones de desarrollar un equipo diverso, teniendo en cuenta las necesarias diferencias que existen de una persona a otra en cualquier grupo humano. Es evidente, que contar con la cualidad de una buena comunicación, facilitará las relaciones interpersonales de los equipos y de los integrantes de cada uno de ellos con su líder. Saber adaptar y cambiar el estilo de comunicación y ser consciente de su propio comportamiento es de vital importancia.

– Relaciones: desarrollar relaciones efectivas con las personas de todos los niveles de la organización, comprendiendo bien las funciones y responsabilidades de cada equipo y departamento, especialmente de los roles que tienen los mandos intermedios.

– Equipos: no solo es cuestión de comprender qué hace que un equipo sea eficaz, sino saber coparticipar con él y las diferentes personas que deban asumir responsabilidades de decisión, para que todos sientan que están participando en el proceso de toma de decisiones, lo que ayuda a personas y equipos a sentirse escuchados y comprometidos.

– Desempeño: el papel del líder está ahí para garantizar que el equipo se desempeñe, estableciendo metas y objetivos claros como primer paso de la buena comunicación para entenderse en todas las acciones que compartan personas y jefes.

 

Ni mitos ni liderazgo infalible

Las personas cometen errores y los líderes también. Etimológicamente hablando, la palabra infalible significa que una persona nunca falla. Es evidente que la realidad es la que se termina imponiendo siempre en todos los ámbitos, pero también es cierto que es muy diferente según sean las circunstancias en las que ocurre en cada uno de ellos. Esto no puede excluir tampoco al liderazgo.

La clave es la lucha y la voluntad que ponemos en nuestras tareas y responsabilidades que ejercemos cada día. Nuestra actitud frente a la vida.

El liderazgo consiste en hacer las cosas y ayudar a las personas a alcanzar su potencial. Pero en ningún momento la doctrina habla de infalibilidad. Es más, cuando algún autor o experto se ha atrevido a siquiera aproximar algún concepto parecido en referencia al liderazgo efectivo, la crítica es contundente. Porque por más eficaz que se sea a la hora de dirigir personas y organizaciones, el error siempre aparece. La cuestión es cómo se gestiona.

¿Creen ustedes que las organizaciones que se esfuerzan para que las personas alcancen el máximo de su potencial están haciendo un buen trabajo? Esto depende. La cuestión radica en si están utilizando o no métodos que se han quedado un poco anticuados, lo que el liderazgo no perdona, ya que es una disciplina tremendamente dinámica y adaptable a los tiempos que corren. Y una cuestión vital cuando se debate sobre liderazgo, es admitir que habrá circunstancias inevitables en que se muestre la cara débil incluso del líder más efectivo.

De ahí que como en otros campos del conocimiento, surjan ciertos mitos que en definitiva lo único que hacen es agregar más confusionismo, porque no dejan de ser apreciaciones que distan, a veces muchas otras menos, de la realidad. Por desgracia, estos mitos impiden con más frecuencia de la que nos gustaría, que las personas calificadas puedan llegar a la cima.

 

Algunas bases para el liderazgo certero

1º) El liderazgo no es una condición innata

Eso de que ciertos dones han sido recibidos sólo por algunas personas privilegiadas por la naturaleza, es algo que aún hoy forma parte de uno los tópicos más comunes. Nada más alejado de la realidad.

Ya hemos sostenido en ocasiones anteriores, que cualquier persona que tenga la formación adecuada y se capacite en perfeccionar ciertas habilidades directivas, reunirá las mismas condiciones que aquellas personas que ya son refutadas como líderes.

La cuestión subyace en que cuando se tiene el potencial, el problema es que, a pesar de contar con dichas habilidades, se necesita tiempo, entrenamiento y no dejar nunca de formarse. Pero esto siempre ha llevado a considerar –equivocadamente- que dominando ciertas técnicas se puede liderar. No es así.

Una de las claves es que la persona que ya está mostrando signos claros de que es un líder en potencia (su bagaje de experiencia y conocimientos), le hace mostrar su predisposición y capacidad de ponerse en el lugar de los demás. Sensibilidad y flexibilidad. Empatía y comprensión.

Obviamente estos atributos corresponden al ámbito de las competencias emocionales. Y en esto hay que formarse y entrenarse, independientemente de ciertas características de la personalidad que le hagan más fácil la relación con el resto de personas.

 

2º) Todo líder tiene su forma peculiar de demostrar su carisma

En la medida que un líder esté trabajando sin perder de vista cuál es el propósito de su misión, entonces, dirigiendo sus acciones hacia una meta, le convierte en carismático. El carisma como su empatía y capacidad de relaciones sociales, son atributos de la personalidad, que pueden perfeccionarse.

Las personas carismáticas tienen una facilidad asombrosa para tratar con las personas, caer simpáticos, ser escuchados, al mismo tiempo que generan un seguimiento que les permite llevar a cabo cualquier iniciativa.

El carisma hace que los demás no duden en seguir al líder, porque se interesan por sus puntos de vista, visión y un gran porcentaje de seguidores si bien no pueden creer en la infalibilidad al 100%, si están seguros que su líder es una garantía para que las cosas se hagan bien.

El carisma es una virtud que sin duda facilita que se abran las puertas y que la palabra y opinión del líder sea considerada.

El magnetismo personal y contar con una atracción especial es sin duda un don con el que algunas personas adornan su personalidad desde que tienen uso de razón. Pero la capacidad innata no puede ser menos, de hecho, no es bueno, que la adquirida.

El desarrollo de la personalidad se produce a lo largo de toda la vida, a diferencia del carácter que es innato. Pero las acciones que van realizando desde su posición de líderes son las que finalmente cuentan a la hora de que sí se crea que es un ser carismático.

 

3º) Liderar es ejercer el control de manera indirecta, sabiendo delegar y empoderar

Cuando un líder está aferrado al sillón del poder, no preocupándose por crear las condiciones para que otros puedan crecer y prosperar, está limitando la capacidad de su organización para ser relevante y efectiva. Por contrario, el líder efectivo sabe que el éxito se basa en la confianza, el empoderamiento, la delegación, la colaboración y la voluntad de dejar de lado el poder y el estatus para sí mismos y estar al servicio de los sistemas que lideran.

En cambio, cuando se hacen de afirmaciones en referencia al poder como centro del ejercicio de liderazgo, lo primero en lo que uno piensa, es que como se está en posición de mando dirigiendo un equipo humano, sólo el hecho de tener la jerarquía formal otorga la posición de líder. Craso error.

Al líder efectivo no se le pueden atribuir ciertos abusos, como pueda ser manipular a las personas, ejercer cierto tipo de coerción para conseguir determinados fines, ejercer ciertos favoritismos en beneficio de unos pocos, etc. La única manera de que su liderazgo sea verdadero, es que las personas le sigan porque creen en él, es confiable, merece confianza en función de las decisiones que viene tomando, etc.

Siempre hemos sostenido junto a muchos otros colegas, que “un líder es alguien que se le sigue a un lugar al que no se iría por uno mismo.” Y la forma de ganarse adeptos en una organización o en un proyecto determinado, es cuando las personas respetan su forma de actuar, la palabra empeñada y hace que las personas trabajen en el cumplimiento de los objetivos fijados por la empresa para que pueda alcanzarse la meta.

Además, es imprescindible en el liderazgo efectivo que las personas tanto a nivel individual como de equipo, estén consubstanciados al mismo tiempo que comprometidos con la visión y la meta que tiene el líder.

Es natural, que una de las tareas más arduas, pero más importantes en el liderazgo efectivo, sea la formación en liderazgo, pero muy especialmente en cuanto a la visión y retos que tiene la organización, de todos los que ya apuntan como futuros líderes. Entonces, como hay puntos en común, la derivada natural es seguir al líder, que es lo contrario de manipular personas o aplicar medidas coercitivas creyendo que de esta forma se ejerce el liderazgo.

 

4º) Los líderes efectivos gestionan bien sus emociones

Los grandes líderes siempre se han conectado al resto de personas, dentro de sus organizaciones y fuera de ellas, en un nivel humano que requiere el uso de emociones como la empatía, la compasión y la felicidad.

Pero las emociones son tan diversas como diverso es el día a día en las organizaciones. Tareas que se realizan y conviven en paralelo a problemas operativos que surgen y conflictos que hay que gestionar. Pero en todos los aspectos que podemos analizar, de los miles de acciones humanas que ocurren en cada organización, se trata en definitiva de situaciones en la que varias personas realizan tareas, intercambian diálogos referidos a las cuestiones operativas y de relación con clientes, lo que dibuja un escenario de comunicación constante entre personas y terceros.

Este es un escenario habitual en las empresas, en dónde hay situaciones ordinarias que se resuelven o personales que afloran y también hay que resolver. En todo caso, el líder es imposible que pueda controlar y gestionar todas las emociones colectivas. Bastante tiene con gestionar sus competencias emocionales adecuadamente.

Pero su capacidad en el campo emocional y haberse curtido para ello durante años, le facilita afrontar todas las situaciones personales que se van presentando de manera regular, con calma y buscando siempre lo mejor en defensa, simultáneamente, de los intereses organizacionales y de las personas.

Muchas veces se nos dice que los problemas personales hay que dejarlos en la puerta de entrada de la oficina, pero esta no es una posición realista, ya que esa persona que está acarreando el peso de un problema terminará afectando su trabajo y especialmente la relación con los demás compañeros.

Es por ello, que el líder efectivo que gestiona razonablemente sus emociones, es el que tiene la capacidad para ayudar a gestionar a los demás las suyas propias. Así de sencillo. En aras del mejor entendimiento de personas y equipos.

De ahí a decir que tiene el control total hay un trecho. Con lo que sí cuenta es con la experiencia y habilidad para aplicar en todos los casos en los que debe ayudar a su personal, las mismas recetas que se está aplicando a sí mismo, lo que le permite lograr una respuesta satisfactoria como media de sus intervenciones para ayudar a las personas que lo requieran o las que él considere que necesitan una charla. Una conversación a tiempo es el mejor antídoto contra las posibles desavenencias que pueden derivar en un conflicto mayor.

 

5º) Las personas no siempre dicen la verdad de lo que está ocurriendo

Tal vez lo hacen. Sin embargo, dada la naturaleza del poder y la autoridad, es ingenuo creer que las personas de base, mandos intermedios, jefes de equipos, etc., puedan animarse a revelar y transmitir la verdad fácilmente, de manera coherente y sin prejuicios. Y como esto el líder efectivo lo sabe, ¡qué es lo que hace al respecto! Les ayuda mediante la búsqueda activa de un tipo de comunicación que, de la tranquilidad y confianza a sus subordinados, que no van a ser castigados por decir algo inconveniente.

No sólo el líder debe animar a los demás para que le informen sobre cuestiones que no están funcionando como debiera o errores que se han cometido. Lo importante es hacerles comprender la importancia que de ello se deriva, especialmente si se sabe algo a tiempo y no se esconde, se pueden evitar costes innecesarios porque las actitudes que hagan diferir por miedo las malas noticias, cuestan dinero a la empresa.

 

6 º) Los líderes también tienen miedo

Cuando alguien dice que no tiene miedo en su posición de liderazgo, no puede menos que responderse que al menos no está diciendo toda la verdad. El miedo no sólo es algo que va en la naturaleza humana, sino que también es necesario como reacción frente a la adversidad y no menos importante, prepararnos para asumir el cambio que se nos viene encima.

El secreto de los líderes experimentados es evitar que el miedo invada la organización y contamine a su personal. No es que él no lo tenga, lo que sucede, es que se esfuerza en identificarlo de manera de poder tomar decisiones respecto a cómo enfrentarse a lo que está causando ese temor.

¿Qué es lo que va a hacer? ¿Eludir el miedo y la explicación a las personas y equipos? O, por el contrario, reaccionar como es debido instando al personal y formándolo en la manera que deben dar respuesta al desafío. Es claro, que ésta última es la actitud del líder efectivo.

Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y también autor del libro ‘El Cubo del Líder’.

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