Naturaleza de las relaciones interpersonales

Una de las claves por las que se considera que un líder está ejerciendo un liderazgo efectivo está directamente relacionada a cómo influye directamente en el nivel de relaciones interpersonales que se tienen en la organización que dirige. Es ese espejo en el que otros directivos deben verse para saber cómo ejercer con eficacia la dirección de personas.

Simon Baron-Cohen, es un psicólogo británico, que da clases de desarrollo de la psicopatología en el Departamento de Psiquiatría y Psicología Experimental de la Universidad de Cambridge en el Reino Unido, que afirma que “la empatía es como un disolvente universal. Cualquier problema sumergido en la empatía se vuelve soluble”.

Nos parece más que elocuente esta definición, porque en realidad es como el buen elixir para resolver cualquier tipo de conflicto, pero muy especialmente y lo que más importa a la dirección, es el evitarlos.

 

Comprender las emociones de otras personas es una habilidad clave en el lugar de trabajo

No lo miremos solo desde el ángulo de su servidumbre para la resolución de conflictos. Sin duda es importante, pero lo que debemos ver es en cuanto al valor que tiene para el día a día de una empresa, es desde la óptica de la creación de equipos más productivos y mejorar nuestras relaciones con compañeros de trabajo, jefes y la dirección. Ampliando el alcance, desde ya que también es clave en la relación con los clientes.

También es cierto que la mayoría de personas siente interés y además se siente capacitada para incorporar nuevos conocimientos, o sea, potenciar sus habilidades técnicas. Pero es también bastante mayoritaria la posición de que las personas no tienen esa predisposición para desarrollar sus habilidades interpersonales. Son muchas las personas que se sienten cohibidas al hablar de sus propios sentimientos, menos aún del de los demás.

 

No es desacertado pensar que somos criaturas emocionales

Constituimos un gran cúmulo de sentimientos desde que nacemos, por lo que es difícil para nosotros, como seres humanos, no ser emocionales, expresar nuestras emociones y también emocionarnos al percibir las emociones de los demás.

Sabemos que no es bueno reprimir nuestras emociones, aunque nos encontremos en situaciones en las que de alguna manera debemos gestionarlas especialmente bien, particularmente en los ámbitos laborales. Porque cuando se produce un desencuentro emocional con los demás, seguro que hay una gran carga de responsabilidad por el exceso de estrés acumulado, las responsabilidades, etc. Pero no es excusa para que el líder responsable de la dirección de personas, ayude a que factores estresantes de nuestra vida personal no se extienden a nuestra vida laboral.

Gestionar bien nuestras emociones (particularmente las negativas) en el lugar de trabajo a menudo se considera una medida de la eficacia del líder.

Esto nos lleva a otra cuestión, la que nos referimos casi sin darnos cuenta como una especie de mantra: tener “buen feeling”. Se ha desgastado más de la cuenta, porque se utiliza con diferentes propósitos y también diversos alcances. En cuanto a los primeros, en el ámbito laboral, es casi una regla no escrita pero de aplicación diaria, que todos los compañeros/as de departamento y/o equipo, tengan por objetivo personal agradar tanto a compañeros como a jefes, incluso algunas de las relaciones diarias derivarán en una real amistad; respecto al alcance, dependerá si la relación interpersonal se produce dentro de un grupo o se extiende a aquella que necesariamente debe tenerse con mandos intermedios, directores de departamento y la misma dirección.

En todo caso, es tal la importancia que se le ha asignado al tener o no química en todos los ámbitos de las relaciones humanas, más allá del trabajo, que es lógico que a veces se le esté exigiendo un alcance que en realidad no tiene.

Lo que sí es claro, es que, si bien pueden discutirse las virtudes de que en un grupo haya buen feeling entre sus miembros, si éste no existe o se encuentra dañado por alguna razón, puede afectar proyectos, trabajos, rendimiento personal y de equipo, etc. En definitiva, la buena convivencia, los espacios de wellbeing y ambientes laborales libres de tensiones negativas, exigen una dosis razonable de buen feeling.

En el trabajo diario deja de ser ese intangible percibido por cada persona, a convertirse en un instrumento tremendamente tangible de mala convivencia con consecuencias en el nivel de rendimiento, o un auténtico motivador para vertebrar grupos humanos y especialmente los equipos A que exigen un alto nivel de conocimientos, formación y experiencia.

 

En los equipos A no hay tiempo que perder por cuestiones de afinidades personales

Será más una lucha que habrá que neutralizar de parte del líder, explicando cuál es el propósito de determinado proyecto que se le ha asignado al equipo, así como los motivos de la concurrencia de determinadas personas a pesar de que se conozcan las diferencias personales que existen entre ellas.

Es evidente, que además de la capacidad de dirigir personas que tenga el líder, en niveles de alta capacitación profesional y experiencia, las personas a pesar de las diferencias, se acostumbran a “comulgar con ruedas de molino”, tratando de lograr un mínimo de convivencia beneficiosa para todo el grupo. Por supuesto que se produce de manera casi automática de parte de cada persona, una especial contención, a veces autocensura, porque conocen cada miembro la importancia del rol que dicho equipo y/o departamento juega en este momento en la estrategia expansiva de la empresa, por lo que de que se mantenga esta línea de acción dependerá también que se mantenga el otro gran interés que es el desarrollo y crecimiento personal.

Si nos obsesionamos con que es imprescindible tener compañeras/os de viaje durante las ocho horas de jornada diaria, que sean complementarios, afines y demás atributos que conformen ese sentimiento al que referimos, tampoco sería una posición realista, porque las diferencias de opinión, criterios frente a determinada acción que debe realizarse, etc., son parte esencial de una diversidad enriquecedora que impulsa a equipos y personas a hacer las cosas bien.

Se produce una competencia sana, porque si bien puedan no tener entre todas las personas las mejores sensaciones, sí tienen claro la importancia de lograr unos mínimos de entendimiento, comprensión y flexibilidad. Es decir, todo aquello que hace que el trabajo en una organización esté sostenido por una filosofía colaborativa.

A veces por la búsqueda de una afinidad que no existe, se corre el riesgo de descuidar la complementariedad. Y esto va en detrimento de la productividad.

 

Hay que evitar conductas excluyentes

También es cierto que cuando el feeling es negativo o no todo lo positivo que se espera en determinado grupo, las personas por naturaleza son excluyentes y pueden sin mala intención, estar evitando conversaciones e incluso necesarias consultas para realizar una tarea, justamente por la incomodidad que se está produciendo entre una o más de ellas. Una vez más el líder deberá terciar para facilitar este tipo de comunicaciones mínimas que deban mantenerse entre miembros poco afines o peor aún, con química negativa.

Pero como todas las emociones que emanan de nuestro hemisferio derecho del cerebro, al contrarrestarse con el razonamiento crítico y analítico que reside en el hemisferio izquierdo, genera una dinámica importantísima que de manera natural (en relaciones normales entre compañeros de trabajo) tiende a buscar una cierta armonía en el diálogo y la complementariedad necesaria para realizar las tareas y asumir las responsabilidades asignadas.

 

Flujos de sentimientos y emociones

Estos flujos dinámicos de sentimientos y emociones van cambiando porque las circunstancias también lo hacen, por lo que el líder sabe que de tener que intervenir en algunos casos que han derivado en conflicto; no es justamente lo más idóneo torcer ese sentimiento que emana desde dentro de la persona pretendiendo corregirlo desde fuera, ya que puede herir susceptibilidades. Por contario, debe explicar la necesidad de compromiso de la persona que en ese momento es más escéptica, respecto a la relación con la otra a la que se enfrenta o al mismo grupo, poniendo siempre sobre la mesa el interés colectivo y por supuesto, la eficiencia global que se genera a la organización.

El ahorro de discusiones estériles, es una fuente de recursos no dilapidados que finalmente se valora cuando se ve la eficacia con la que han actuado los diferentes miembros de un equipo, amén de las diferencias que se sabía había entre dos o más de ellos.

Hay que dar tiempo para que el que esté más afectado (eso el líder lo sabe), de forma natural se abra a nuevos espacios de confianza porque se le está pidiendo desde la dirección un compromiso y esfuerzo por el cual debe obviar diferencias y buscar puntos de encuentro.

Que más allá del beneficio para equipo y empresa, se ganará en tranquilidad y a veces también en satisfacción, porque ninguna persona que se precie como normal y equilibrada, le gusta estar en disputa permanente o con un estrés exagerado no por el trabajo en sí, sino por lo que pueda opinar otra persona o qué cosas pueda decir al resto, etc. La controversia es mala consejera de la productividad empresarial en departamentos y equipos.

 

Cuando se abren esos espacios de confianza, aflora ese feeling mínimo que hace posible las cosas

Porque es un mito que la química personal sea algo mágico que surge y que las personas no podemos tener ningún control sobre ella. No, es también el resultado de nuestros prejuicios: la química que percibimos es en parte una fabricación nuestra, un subproducto de nuestras rabietas.

De ahí que el líder tenga claro, que cuando la química personal se utiliza de manera inadecuada, a veces para justificar comportamientos inadecuados (respuestas verbales fuera de lugar o agresivas), lo único que produce es una resta en vez de una suma en la relación.

Nunca se construirá nada porque justamente sumar exige ser abiertos, flexibles y generosos con las personas. Nos llevemos mal o bien, lo que prevalece es cuánto aportamos al equipo y a la empresa. Y si se parte de una quiebra en la relación, antes o después el resultado también se resentirá. Pero no menos importante, es el resentimiento que invade la autoconfianza, compromiso y otros valores esenciales que deben preexistir entre compañeros.

 

Descubrir a las personas que se lo merecen

¿A cuántas personas buenas sin querer les hemos dado la espalda? ¿A cuántas no les hemos dado el tiempo suficiente para que se expresen? Ya no se trata de prejuzgar o de conducirnos por la vida a golpe de tópicos. Lo que es una especie de deporte nacional es poner etiquetas a las personas, cometiéndose a veces graves injusticias.

Pero esa persona que creíamos desde nuestro punto de vista, que no valía la pena conocer, o peor aún, que no entendíamos que virtudes le había encontrado su jefe, resulta que, en los hechos, cuando tuvimos que relacionarnos con ella, ha sacado lo mejor que podía esperarse de un compañero de equipo, al mismo tiempo que nos ha obligado también a sacar lo mejor de nosotros mismos, al darnos cuenta del error con el que la habíamos considerado.

 

Los líderes efectivos tienen una intuición muy desarrollada para descubrir talentos

Y esto lo logran hacer por su pericia detrás de personalidades aparentemente complejas ante las cuales sentíamos rechazo, porque así la química nos lo indicaba. Tremendo error.

También el líder experimentado sabe diferenciar entre lo que es la buena o mala química de su personal y la capacidad de los mismos. De esta manera, se ayuda a integrar a aquellas personas que parecía no podrían formar parte de un grupo, o que serían fuente de conflictos.

La dirección de personas debe priorizar en todo momento una posición asertiva que se esfuerce en aceptar la diversidad evidente entre caracteres, pero que trabaje para conciliar dichas capacidades y experiencias en un proyecto común.

Por más que la química sea buena, también tendrá matices y diferencias inherentes a cada personalidad, por tanto, entre los compañeros/as no es bueno pretender atraer a su forma de conducirse en la vida, a sus gustos, apetencias y ambiciones, a las otras personas, ya que esa química para que no se convierta en negativa, debe ser complementaria, aunque diferente, flexible, aunque asimétrica, en suma: la forma en que conectan las personas es tan diversa como la vida misma.

Por tanto, el liderazgo efectivo debe perseguir esas conexiones y aceptar desigualdades haciendo comprender el enriquecimiento que eso conlleva.

Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y también autor del libro ‘El Cubo del Líder’.

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