Virtudes como gratitud y paciencia

¿A que pocas veces has reflexionado sobre qué es la gratitud? Y es seguro que tampoco te habrás puesto a pensar en la paciencia. Por supuesto que no lo has hecho.

Veamos primero el caso de la gratitud, que, por lo general, la damos por sobreentendida y como si nos costara expresar este sentimiento a la persona que debemos agradecerle. Porque la gratitud es una emoción positiva que implica estar agradecido y está asociada con varios beneficios para la salud mental y física.

Cuando una persona experimenta este sentimiento de agradecimiento y se lo hace saber a quien se lo transmite, no solo está transmitiendo gratitud, sino que se siente agradecido con ella misma en su fuero más íntimo, por alguna cuestión en particular de la cual se ha visto beneficiada, no solo económicamente, sino espiritualmente, caso de un reconocimiento.

También ocurre cuando se trata de agradecerle a una persona en concreto por lo que ha hecho por nosotros, lo que exige que los sentimientos de proximidad, calidez y empatía se muestren sin reservas para que la personas que nos ha dedicado tiempo y esfuerzo (a veces sacrificio personal) sea recompensada al menos también espiritualmente a través de unos sentimientos claros que debemos dibujar en nuestra cara, expresar con nuestros movimientos (comunicación gestual) y, muy especialmente, dejar claros en nuestras palabras justas y merecidas.

Tomar una dosis diaria de gratitud

Por eso no estaría de más la siguiente receta: toma una dosis de gratitud desde tu interior todas las mañanas. No te preocupes por las contraindicaciones, porque lo único que puede causar son cambios en la perspectiva, sentimientos de abundancia, disminución de los síntomas de miedo y ansiedad

En realidad, la gratitud es uno de esos componentes emocionales que nos ayudan a renovar nuestra energía y a traernos a veces sin proponérnoslo, más cosas que nos brindan satisfacción y alegrías. Cuanto más agradezcamos lo que tenemos más recibiremos, porque existe una fuerza invisible de atracción hacia aquello que caracteriza la generosidad y bondad del ser humano. En otros términos: la maldad requiere casi una planificación para ejercerla y la gratitud es un acto espontáneo, casi inconsciente de las buenas personas.

¿Por qué será que nos cuesta conjugar el verbo “agradecer”? Coloquialmente cuando decimos “es de bien nacido ser agradecido” refleja en el fondo la tremenda carencia de gratitud que en general existe en las personas. Pero no en aquellos mil millones de ciudadanos del planeta que están bajo el umbral de la pobreza. ¡NO! Estos inmerecidos condenados del mundo, son siempre los primeros en echar una sonrisa y mostrar unos ojos grandes y llenos de vida a pesar del hambre que puedan estar pasando.

La ingratitud del desarrollo

La ingratitud es más de las sociedades desarrolladas, en las que parece que no hay tiempo para dar unas gracias en el momento oportuno. Las sociedades cuánto más frías son por su grado de desarrollo, más les cuesta a sus ciudadanos expresar sentimientos de gratitud. Aunque en realidad existe una paradoja que es que la gente exitosa tiene un sentido de gratitud y los más desposeídos de la tierra tambiénLos polos opuestos se tocan una vez más. O sea, lo que queda en medio, una gran mayoría de personas que tienen ciertas reticencias a la hora de agradecer o cualquier otro gesto que sea una expresión clara de gratitud.

No es la felicidad las que nos da la gratitud, sino es justamente cualquier manifestación de agradecimiento la que nos hace en definitiva poder gozar de una felicidad razonable.

Robert Holden, uno de los psicólogos norteamericanos más leídos con sus obras sobre la felicidad, dice que: “el verdadero don de gratitud es que cuanto más agradecido eres, más presente te vuelves”. Significa que tu presencia se nota y también tu ausencia. Que realmente importas.

La virtud que demostremos al ver la belleza y lo bueno en otras personas, así como las posibilidades de acometer determinadas acciones, será proporcional al nivel de gratitud que abracemos cada día. Algo así como dar y recibir.

DeepakChopra (1946) es un médico indio de Nueva Delhi, experto en la espiritualidad y poder de la mente, que afirma que “la gratitud abre la puerta al poder, la sabiduría y la creatividad del universo. Y tú abres la puerta mediante la gratitud”. Nos estimulan estas palabras a abrir nuestras puertas del alma a los demás. Los gestos y actos de gratitud están imbuidos de paz y concordia. Las batallas de las personas terminan cuando la sensibilidad, la compasión y especialmente la gratitud aparecen en escena.

Lo que falta decir es que la simplicidad en nuestra vida, el que no queramos complicar las cosas sino hacerlas siempre más fáciles para los demás (los seres queridos y las otras personas que nos rodean), tiene a su vez el poder de cambiarnos la vida a mejor. Y en este punto, comprender también el tremendo poder que tiene la gratitud. Nos hace personas más positivas y al mismo tiempo más productivas en todos los ámbitos en los que nos movamos: trabajo y personales.

Si tenemos que dar las gracias, esta acción no tiene que ser difícil en absoluto. Por contrario, las palabras tienen que expresarse de manera sincera mostrando que nuestra gratitud se manifiesta a su vez en unas pequeñas acciones que hacemos en beneficio de esa persona.

Todos podemos tener un mal día, pero ese amigo que nos dedica tiempo para ayudarnos a comprender que no todo está perdido, que hay una solución para afrontar nuestro problema, finalmente tiene que recibir nuestra gratitud y nuestra promesa de ayuda en momentos en los que él lo necesite. Por todo ello es conveniente que tomemos consciencia de todas aquellas cosas buenas que recibimos, los que en las religiones se refieren como dones.

Un método que es de utilidad para que sepamos valorar la gratitud, es identificar de manera clara y precisa aquellas cosas por las que cada día debemos dar gracias. No tiene por qué ser un bochorno pensar en agradecer, levantar la mirada al cielo y respirar profundo como en un acto de humildad frente a la naturaleza que nos permite estar disfrutando de su oxígeno, belleza y vida.

Lo cotidiano en nuestra vida es lo realmente profundo porque nos condiciona este camino que transitamos en nuestra existencia. Cuántos más agradables sean los días por las pequeñas cosas que disfrutamos, más armonía y felicidad tendremos en nuestra vida. El agradecimiento como verbo y la gratitud como atributo, son tanto un medio como un fin en sí mismos. Y esto se da pocas veces.

La paciencia

“La paciencia es uno de los tres mayores tesoros que poseo, junto con la compasión y la simplicidad” (Lao-Tse), y por supuesto, nunca le faltaba razón en su visión de las cosas, en la interpretación del mundo que hacía. Porque si algo le preocupaba, era la relación de las personas con el mundo, más que el mundo en relación con éstas.

Movernos en el mundo actual requiere dos cosas: hacerlo con agilidad, adaptándonos al entorno lo mejor que podamos y tener una percepción bastante realista del medio en que vivimos y trabajamos. No cumplir con estos requisitos nos genera estrés y hace que nos impacientemos. Y esto es malo si no lo gestionamos adecuadamente.
Tendemos a no tener demasiada paciencia cuando estamos haciendo un trámite en una oficina pública o si nuestra pareja llega tarde a nuestra cita.

Pero, sea cual sea la situación, perder nuestra paciencia no va a mejorar ni cambiar nada. Los retrasos se producen en el transporte público, en los trámites o en nuestras expectativas de ascenso en el trabajo. Esperar cualquier mejora requiere paciencia. Para evitar generar ese estrés dañino y negativo, debemos darnos un respiro a nosotros mismos y a los demás.

No queremos significar que haya que aceptar todo lo que nos sucede con resignación, sino que debemos procesar con un aire de realidad qué cosas exigen nuestra paciencia y templanza, así como cuáles no deben alterarnos en lo más mínimo.
Mientras la dosis de realidad que le impregnamos a nuestras vidas esté muy próxima a lo que realmente sucede en nuestro entorno, mejor será el bienestar personal y de nuestros seres queridos. La paciencia es la capacidad de soportar una larga espera con calma o afrontar los problemas sin complejos y sin frustración, cuando las cosas no salen como queríamos.
También paciente es la persona que se mantiene firme ante la adversidad, sabiendo gestionar las circunstancias de su vida de manera tranquila y sin sobresaltos.

No sólo su actitud le ayuda a tolerar diferente tipo de situaciones, sino que no se queja de ellas constantemente, porque ha asumido un pensamiento positivo que es el que regula su conducta. Sabe cuándo necesariamente tiene que esperar…darse un respiro ante una situación que, sabe también que inexcusablemente va a mejorar.

En este sentido, Friedrich Von Schiller, poeta, dramaturgo, filósofo, historiador y editor alemán del siglo XVIII, dice sobre la paciencia que “solamente aquellos que tengan la paciencia de hacer a la perfección lo trivial, podrán adquirir el hábito de ejecutar lo difícil con facilidad”.

La paciencia no es la cualidad que cultivaremos más en nuestra sociedad. Como en matemáticas, la relación entre la paciencia ciudadana y en general de todas y cada una de las personas que componen nuestra sociedad, es directamente proporcional a la dinámica social imperante. Para que no quede duda alguna: sociedades muy evolucionadas, modernas y dinámicas (caso de la española), el nivel de paciencia (si lo midiésemos en un termómetro) sería directamente proporcional a su capacidad de transformación; sociedades menos desarrolladas generarían que el mercurio subiese muy lentamente, porque la capacidad de adaptación al cambio y los procesos transformadores condicionarían también una respuesta más lenta de la ciudadanía para llegar al límite de la paciencia.

Ya en el plano personal, ser impacientes (alta temperatura) nos trae sufrimiento e insatisfacción porque no nos permite disfrutar el presente, al estar siempre pendientes del día de mañana. O sea, la maldita incertidumbre que se ha instalado en nuestras vidas. Estamos pensando constantemente en el futuro y cuando éste llega, tampoco baja esta temperatura a la que aludimos, porque rara vez nos satisface, ya que inmediatamente como reacción a lo que estamos experimentando en ese día de mañana que ha llegado, es pensar en el siguiente. O sea…volvemos una y otra vez a pensar en el futuro.

Pero ¿qué es en realidad la paciencia? Es la actitud necesaria que asumimos para vivir el aquí y ahora. Aprovechar al máximo (sacarle todo el partido que podamos) al presente. Para esto, es necesario estimular actitudes que nos ayudan a focalizar mejor cada uno de los momentos que estamos viviendo.

Con frecuencia, lo que aprendemos y en quiénes nos convertimos en el proceso de espera (cuando estamos asistiendo a la transformación social y el impacto en nuestras vidas), es incluso más importante que lo que estamos esperando. Por aquello que hemos explicado en más de una ocasión en nuestras contribuciones sobre liderazgo, que el proceso que tenemos que atravesar para llegar a nuestra meta, es más importante para desarrollar plenamente nuestra personalidad y conformar el carácter que los objetivos que estamos persiguiendo. 

Nos parece una excelente descripción sobre la paciencia la que hace Mandy Hale al afirmar que “podría decirse que uno de los conceptos más difíciles en la vida que debemos comprender es el arte de esperar pacientemente. . . Pero a veces, lo que aprendemos y en quién nos convertimos en el proceso de espera es incluso más importante que lo que estamos esperando. . . Todos estamos esperando algo. Una respuesta. Una contestación. Una reacción. Una segunda oportunidad. Un correo electrónico…

Si todavía lo estás esperando, significa que aún no estás listo para ello… sea lo que sea “eso”, ¡así que deja de mirar a la espera como un castigo y comienza a verlo como preparación! A veces, los momentos que se pasan esperando algo son incluso más importantes que el momento en que sucede algo. Y no todos los deseos están hechos para hacerse realidad. Algunos deseos solo están ahí para enseñarnos cómo esperar. Que estos deseos no nos traigan una bendición instantánea, sino una lección de por vida”.

En otras palabras, ¿cómo nos sentimos durante todo este tiempo que llamamos “espera”? ¿Estamos en paz? ¿Podemos aceptar la situación tal como está, siempre y cuando no haya nada que podamos hacer para cambiarla?

¿Somos capaces de replantear el contexto y producir algo positivo? Eckhart Tolle, escritor alemán, lo dice sencilla pero contundentemente: “cuando te lavas las manos, cuando te preparas una taza de café, cuando esperas el ascensor, en lugar de dedicarte a pensar, estas son oportunidades para estar allí como una presencia alerta y tranquila”.

¿A quién no le ha tocado alguna vez esperar varias horas en un aeropuerto? Es algo frecuente. Pero hay que aprender en este tipo de situaciones, a desaprender los sentimientos negativos asociados con la “espera”. ¿Qué podemos extraer de esta situación? La comprensión es simple: siempre hay una oportunidad de transformar una situación potencialmente “inactiva” en algo constructivo o, al menos, positivo.

Es en este tipo de circunstancias cuando una lectura puede ocupar todo nuestro espacio vital, o simplemente revisar la agenda, o si nada de eso nos tranquiliza, sí es bueno intentar una breve meditación, hacer un ejercicio de respiración profunda, viviendo con gran consciencia este presente que nos hace sentir vivos y conectarnos con nuestro ser interior en el que debemos buscar la paz y la armonía.

Es en estos momentos en los que la quietud… la calma… la paciencia… se convierten cada una de ellas en nuestra maestra.

 

Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y también autor del libro ‘El Cubo del Líder’.

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