Liderazgo ético

En los últimos tiempos hemos asistido a una transformación excesivamente acelerada de la sociedad como consecuencia de la tecnología, que ha impulsado avances en la formas y métodos para hacer las cosas, además de haber impactado de manera que nunca hubiéramos imaginado hace dos décadas atrás, en el pensamiento. Sí… así de claro: en cómo pensamos.

Al mismo tiempo, hemos estamos siendo testigos de una auténtica transformación de las palabras y los conceptos, es decir cuál es el alcance de una expresión, y esto tiene que ver con lo que se produce inevitablemente con la evolución de cualquier sociedad como consecuencia de la mejora que las NT’s han introducido en ella: a lo que llamamos la evolución cultural.

La propia historia de una región siempre tiene prevalencia para esta transformación de dicha costumbre o historia arraigada, ya que habría que ver en cada circunstancia, por ejemplo, cuando llegó la fabricación en serie de automóviles, cuál fue la influencia de dicha tecnología en lo que en ese momento era la nueva forma de hacer las cosas. La pregunta entonces, que siempre ha surgido en cada época ante nuevas evoluciones sociales, es si lo novedoso podía sobre aquella (la historia y cultura de esa región), lo cual nos presenta un debate interesantísimo en el cual entra un elemento más propio de la filosofía, o sea más antiguo que los conceptos tecnológicos y de evolución social: nos referimos a la ética.

Es por ello que cuando hablamos de liderazgo ético, hay que desentrañar una serie de factores que están formando parte de este liderazgo, pero que indudablemente el componente temporal, o sea en el momento en el cual se produce esa acción de liderazgo, tiene una importancia decisiva en la manera en cómo se lidera, cómo se toman determinadas decisiones, y por supuesto, qué elementos se tienen en consideración para discernir lo que está bien de lo que está mal.

Inclusive, esto hay que llevarlo hasta los más mínimos detalles que componen las acciones de las personas, sus conductas y la forma de conducirse en la vida. Porque, en definitiva, esto se verifica en detalles que hoy día pueden parecernos insignificantes, por ejemplo, nadie se plantea si una mujer lleva una falda corta, pero en los años sesenta cuando se introdujo la minifalda fue una auténtica revolución cultural, en la cual había un gran contrapeso que era soportado por la moralidad de la época respecto a cómo debían conducirse las mujeres, lo que por su puesto incluía la vestimenta y la manera de llevarla.

Obviamente, ha sido en este caso, la transformación de una moral mal entendida como comprensión de las reglas de comportamiento de una sociedad, que finalmente dio paso a que la mujer se vistiese como quisiera, porque la realidad era y es hoy día, que en este aspecto ya no puede dictaminarse como si fuera una normativa de obligado cumplimiento.

O sea que vemos, como en cada momento en que se toma una decisión, sea en el ámbito empresarial o el de la política, hay un gran componente dentro de dicha decisión humana de lo que está bien o lo que está mal, de lo que es más aceptado o lo que es menos, especialmente, aquellas cosas que, si bien no están escritas, pareciera ser que influyen decisivamente en la conducta de las personas. A cómo debieran comportarse o cómo debieran hacerse determinadas cosas, porque hay una especie de juez anónimo que está resolviendo en cada momento, especialmente la asume esta posición la conciencia de los líderes que toman decisiones, qué cosas se ajusten mejor o cuáles no es conveniente hacerlas.

Por tanto, antes de hacer definiciones y ver qué es lo que dice la doctrina respecto al liderazgo ético, lo que primero que tenemos que tener en consideración, es las acciones que realizamos diariamente. Cuánto tienen en sí mismas de componentes éticos y morales, y cuándo corresponden a la propia esencia de la acción que se está tomando. Este es el punto crucial para determinar una media de comportamiento en las acciones de los líderes responsables que tienen que tomar decisiones.

 

Acciones individuales y la ética

Para que comprendamos bien los diferentes componentes que forman parte de nuestras acciones diarias, vamos a poner, por ejemplo, el caso de un director general que tiene que tomar una decisión que agrade tanto al personal de la organización como a los accionistas, ya que ante éstos últimos debe rendir cuentas en la junta directiva.

Profundicemos en nuestro ejemplo haciéndonos espejo de situaciones que se han dado repetidamente en los últimos años, especialmente en momentos de crisis, como la Financiera Internacional de 2008-2009 o la más contemporánea que fue la pandemia. Situaciones que era habitual que se diesen, caso de determinada alianza estratégica de una empresa con otra que facilita la incorporación de líneas de producción automatizadas con robótica e inteligencia artificial, que es el punto fuerte que esta nueva compañía pueda aportar, aunque se trata de una organización de menor tamaño pero que cuenta con esa tecnología en condiciones muy favorables para que dicho acuerdo se firme.

Además, hay que tener en cuenta en nuestro caso, que hay otras organizaciones interesadas en el mercado en poder llegar a algún tipo de alianza con esta tecnológica. Pero el CEO de la organización más antigua y también mayor en tamaño, con una trayectoria y solvencia financiera, toma la decisión de impulsar esta estrategia, porque es consciente de la carrera que se está librando en el mercado para contar con estas nuevas tecnologías.

Entonces, este CEO se va a encontrar con el dilema moral de sopesar la cuenta de explotación en los próximos dos o tres ejercicios, frente a la estructura de personal que se verá afectada de manera inmediata por la pérdida de un 15% de puestos de trabajo, especialmente en la planta fabril, aunque también afectará a puestos de administración.

Obviamente aquí hay también otro componente en la decisión, que tiene que ver con el horizonte 2030, las opiniones de los inversores y accionistas, así como la del público consumidor en general, que conoce la marca y sabe que detrás de ella, hay un componente de responsabilidad corporativa para con el medio ambiente, para que se hagan acciones que sean conducentes a preservar la biodiversidad, a que los productos no sean contaminantes, a que no se utilice agua en exceso en los procesos industriales, etcétera, etcétera.

Pero observemos que toda esta descripción que hemos realizado está fuertemente influenciada por una ética de responsabilidad corporativa, que desde ya no es que esté excluida del liderazgo ético, sino que debe formar parte de él, pero es el CEO quién tiene que cuidar la cuenta de explotación y que va a afectar las posiciones de puestos de trabajo, especialmente personas que van a ser indemnizadas y enviadas al paro.

Entonces el planteo constituye otra parte de ética dentro de esa acción que se toma, que está influenciada por el impacto que va a provocar en la comunidad de esa región y en la sociedad en general por la importancia de la marca, como consecuencia de la rescisión de contratos de decenas de personas que ya no van a pertenecer más a la empresa. A lo que hay que sumar el agravante, de que ese pueblo, por ejemplo, como ha ocurrido en muchas regiones españolas en que la empresa que hace un tremendo ajuste de plantilla por circunstancias de mercado, sigue siendo la acaparadora en cuanto a la oferta de trabajo de la región. Situaciones en las que se ha dado que un 80% del pueblo depende de manera directa de esa empresa e indirectamente afecta al otro 20% de la población por las diferentes actividades que siempre se producen alrededor de la actividad de una importante organización.

Entonces vemos qué es lo que pesa más en la decisión del CEO de esta compañía, si es la del horizonte 2030 y la forma de actuar respecto de la biodiversidad y el clima, desde ya que estas cuestiones, en este momento le va a preocupar muchísimo menos que la acción de dejar en el paro a un porcentaje, por ejemplo, del 15% de la plantilla.

Por tanto, se produce otro fenómeno que es cómo pesa en la decisión final y la manera en que se va a comunicar para que no vaya en contra de la valoración que hagan inversores y consumidores en cuanto a la calidad y responsabilidad de las decisiones empresariales que toma la empresa. Pero, además, que puede afectar los proyectos empresariales en el futuro que, aunque no atenten contra la biodiversidad, el clima, etc., igualmente se le haga responsable a la organización y su directiva, desde el punto de vista social, porque lo que la comunidad en general espera es que la organización produzca un beneficio social para la región (su contribución) más allá de los beneficios de la cuenta de explotación.

Nos ponemos en la mente de este CEO, y no hay duda que el dilema ético que se le plantea es de gran calado, y hay que ver desde la teoría de las decisiones cuál de los componentes éticos referidos tiene finalmente más peso y por qué.

Si la decisión de prescindir de un 15% de puestos trabajos en un período de seis meses, puede explicarse de que no es una decisión diabólica y falta de toda ética que persigue perjudicar a los trabajadores y a la región, dada la influencia que la empresa tiene económica y socialmente, sino que justamente la transmisión del mensaje debe ser todo lo contrario, explicando que este sacrificio que se está haciendo hoy y que se ve forzada la compañía a hacerlo, es en beneficio a muy corto plazo de la región, e incluso de los propios trabajadores que hoy pasan al desempleo, pero que la organización ha previsto esta circunstancia y va a facilitar una transición personal a cada empleado para que no afecte la economía familiar y por supuesto, en suma, la de esa comunidad.

Entonces, el componente ético que aparece y se comunica, es que se mantiene la fuente de trabajo para un 85 % de la plantilla, que se harán unas inversiones para que se pueda recolocar dentro del plazo esos seis meses a esas personas que quedan fuera, ya sea en otras actividades o transferirlas a otros sectores vía formación, proceso sobre el cual la empresa se tiene que hacer cargo. O sea, cuando existe un liderazgo ético, no hay que ver la superficie, sino explorar en profundidad cuáles son las exactas razones del recorte de plantilla.

¿Es solo satisfacer los intereses de los accionistas e inversionistas? ¿O por contario, es el único camino para que no sea traumático para toda una plantilla y la economía de una región? Porque cuando se toma esta decisión que afecta en el corto plazo a un porcentaje menor de la plantilla, también se está tomando otra, que es la de salvar el proyecto en cuanto a que la empresa seguirá siendo competitiva en el mercado y teniendo una influencia económica y social decisiva en la región.

Entonces, cuando se lleva a cabo la acción de manera no traumática, este es uno de los componentes fundamentales del liderazgo ético actual, en el cual los grupos que toman decisiones porque es conveniente determinada acción estratégica, tienen que considerar fundamentalmente estas partes componentes de la decisión que afectan a personas, que también tienen consecuencias directas económicas y sociales en la región dada la contribución que hacen a esa economía regional, pero también al futuro de la misma, porque si bien puede haber una crisis coyuntural en el cual hay una recolocación y apoyo de la organización, hay que explicar que esto termina siendo un beneficio de la empresa a la propia comunidad. En términos de dos o tres años más será altamente competitiva, y lo más importante, pudiendo estar en otros mercados, con capacidad para seguir expandiéndose, etc.

Si lo miramos desde una óptica práctica, toda acción humana, sea consciente o no quién la ejercite, tiene un componente ético y moral.

 

Ética de los negocios

La doctrina ha venido investigando en profundidad en años recientes nuevos modelos de liderazgo ético. Unos de los exponentes que nos interesa destacar hoy es Max H. Bazerman, que es profesor Jesse Isidor Straus de Administración de Empresas en la Escuela de Negocios de Harvard y autor (con Don A. Moore) de “Decision Leadership: Empowering Others to Make Better Choices” (Liderazgo en decisiones: empoderar a otros para que tomen mejores decisiones) (Yale University Press, 2022), que afirma “en mi opinión, los líderes que responden a preguntas éticas deberían guiarse por el objetivo de crear el máximo valor para la sociedad. Yendo más allá de un conjunto de reglas éticas simples (“No mientas”, “No hagas trampa”), esta perspectiva –arraigada en el trabajo de los filósofos Jeremy Bentham, John Stuart Mill y Peter Singer– proporciona la claridad necesaria para tomar una amplia variedad de decisiones gerenciales importantes”.

También nos indica que, durante siglos, los filósofos han discutido sobre lo que constituye la acción moral, teorizando sobre lo que debería hacer la gente. Pero mucho más contemporáneamente, han sido los especialistas en ética del comportamiento en las ciencias sociales los que han ofrecido explicaciones basadas en investigaciones sobre lo que la gente realmente hace cuando se enfrenta a dilemas éticos.

Y aquí es, teniendo en cuenta la visión de Max H. Bazerman, que entran en juego otros elementos básicos en cuanto a la determinación de si algo que hacemos es ético o no. ¿Cuáles son dichos elementos? Científicamente está demostrado que los procesos ambientales y psicológicos pueden llevarnos a adoptar comportamientos éticamente cuestionables, incluso si violan nuestros propios valores. Este punto es crucial, especialmente cuando lo queremos analizar en el ámbito de las decisiones de políticas gubernamentales. Porque desde ya que la decisión cuando es tomada por una alta instancia política, no se libra atendiendo a las razones de la jerarquía de la institución que la tome, de su componente ético y cómo se percibe por la ciudadanía.

Otras de las observaciones interesantes que surgen de la investigación científica en cuanto a la ética, es que, si nos comportamos de manera poco ética por interés exclusivamente personal, con frecuencia no somos conscientes de que lo estamos haciendo, lo que nos lleva a un fenómeno conocido como ceguera motivada.

Esto es mucho más común que se de en las organizaciones y en las decisiones que se toman de lo que nos imaginamos. Porque es habitual que trabajamos formando parte equipos. También lo es que nos creamos que nuestra contribución a dicho grupo es mucho más importante de lo que en realidad es nuestro valor añadido. Es casi natural esta forma de ver y percepción personal. Pero también está demostrado científicamente, que los ejecutivos inconscientemente pasan por alto irregularidades graves en sus respectivas organizaciones, si este tipo de conductas les beneficia a ellos o a la organización. Y este punto, en el que prevale el interés personal por sobre el del grupo, es contradictorio con la afirmación de que “siempre me preocupan las cuestiones éticas” o “que me esfuerzo en que nadie salga perjudicado”.

 

¿Podemos definir entonces qué es el liderazgo ético?

El liderazgo ético, es definido por una cantidad de autores, “como un liderazgo que demuestra y promueve una conducta normativamente apropiada a través de acciones personales y relaciones interpersonales”.

Esto nos lleva a que también podamos definirlo al liderazgo ético como que se preocupa por colocar a personas en puestos de gestión y liderazgo que promuevan y sean un ejemplo de conducta ética y apropiada en sus acciones y relaciones en el lugar de trabajo.

¿Quieres convertirte en un líder empresarial?

Pues entonces debes aprender que el liderazgo ético es fundamental para que lo logres. Y sin duda, será toda tu responsabilidad la de esforzarte en que, en dicho ámbito laboral, se modele un comportamiento ético de todas las personas, dando tú, por supuesto, el ejemplo. Y esto es así, porque ocupar una posición de responsabilidad y poder de decisión exige integridad y un comportamiento ético que son las claves de todo líder efectivo.

 

El liderazgo ético tiene muchos beneficios

Los líderes éticos pueden ayudar a crear un ambiente positivo para los empleados y la organización. Los ambientes de trabajo positivos ayudan a los empleados a sentirse valorados e incluidos en el lugar de trabajo.

Es incuestionable a esta altura del partido, no reconocerle al liderazgo ético que también puede implicar la gestión de la conducta y la colaboración de los miembros del equipo. ¿Puede hacerse de manera informal? Por supuesto que sí, pero desde ya que de manera formal para lo cual es conveniente que la organización cuente con un manual o una especie de código de conducta escrito. Las consecuencias directas se verán en las relaciones interpersonales, ya que cuando los miembros de la plantilla se llevan bien entre sí, esto consolida la formación de equipos más potentes y cohesionados.

 

Liderazgo ético y eficaz

El liderazgo eficaz y el ético son dos caras de la misma moneda. Están indisolublemente vinculados. La eficacia lleva a la organización al cumplimiento de objetivos y alcanzar una meta, mientras que la teoría del componente ético en el liderazgo se preocupa por si la visión o el objetivo es éticamente la adecuada, que goza de solvencia en su planteamiento y que beneficia a toda la comunidad. Lo que decíamos más arriba, que anteponíamos a los beneficios de la cuenta de explotación la contribución social derivada de las acciones de la empresa.

 

Escollos éticos

Los psicólogos pueden ayudar a mejorar la calidad de la educación señalando las formas en que las personas caen presa de puntos ciegos éticos.

Ann E. Tenbrunsel, que es profesora de administración de empresas y directora de investigación del Institute for Ethical Business Worldwide de la Universidad de Notre Dame, explica que las personas tienen cuatro puntos ciegos:

– Ilusiones éticas:

Las personas generalmente creen que son más éticas de lo que realmente son. Según su posición doctrinaria, para entender por qué las personas tienen esta ilusión, es importante entender lo que sucede durante las tres fases de la toma de decisiones.

Ajusta muchísimo la descripción de por qué sucede este fenómeno, haciendo esta aclaración: “a medida que las personas predicen cómo actuarán en determinadas situaciones, su “yo debería” (o su yo ético) es dominante. Pero cuando realmente toman una decisión, sus “yoes deseados” toman el control y el interés propio gobierna. Luego, al recordar sus acciones, deberían reafirmar su dominio y ven su comportamiento como más ético de lo que era”.

Esta discrepancia entre predicción y comportamiento se debe a que las predicciones se basan en un razonamiento abstracto, mientras que las preocupaciones sobre la deseabilidad y la viabilidad pasan a primer plano en el momento de la toma de decisiones.

– Desvanecimiento ético: La forma en que las personas formulan una decisión juega un papel clave en cómo la ven. Cita un estudio en el que se multaba a los padres por recoger tarde a sus hijos de la guardería, pero que en realidad aumentó las recogidas tarde. En lugar de hacer lo ético, los padres reformularon la decisión como una decisión financiera y decidieron que unos minutos extra de trabajo valían la multa de 10 dólares. Es un claro ejemplo de desvanecimiento ético o la incapacidad de ver que una situación requiere una solución, en este caso un juicio ético.

– Sistemas de recompensa peligrosos: “El cerebro es bueno prestando atención a lo que se le incentiva a hacer”, sostiene Tenbrunsel. Además de las recompensas finales, las recompensas sociales (como la inclusión en grupos poderosos) también pueden hacer que las personas hagan cosas que normalmente no harían.

– Ceguera motivada: “Tendemos a no ver el comportamiento poco ético de los demás cuando no es lo mejor para nosotros hacerlo”, es la observación de Tenbrunsel. Los entrenadores, propietarios de equipos y aficionados pueden pasar por alto el uso de esteroides por parte de los atletas profesionales, por ejemplo. Eso que decimos coloquialmente de “hacer la vista gorda”.

Y la pregunta que se formula es: ¿Cómo evitar estos escollos? “El primer paso es reconocer que no somos tan éticos como nos gustaría ser, como pensamos y aspiramos a ser”, lo que compartimos porque si hacemos un análisis profundo hacia nuestro interior y vemos cómo vamos componiendo a medida que pasa el tiempo, nuestros principios y valores, para que no nos sorprenda cualquier día una carga de consciencia que nos haga decir que no nos reconocemos, que nos somos la personas que creíamos que éramos, y esto, puede conllevar en ambientes laborales a personas que tienen gran responsabilidad en la toma de decisiones, a empezar a tomar como norma, apartarse de sus viejos códigos éticos que aplicaban, porque se sigue creyendo equivocadamente que actúan con ética, cuando en realidad está muy cuestionada la forma en que lo hacen.

Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y también autor del libro ‘El Cubo del Líder’, y Antonio Alonso, presidente de la AEEN (Asociación Española de Escuela de Negocios) y vicepresidente segundo de EUPHE (European Union of Private Higher Education).

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