Liderar y el poder de las preguntas

Las sociedades modernas y evolucionadas siempre están buscando respuestas a las preguntas que van surgiendo en su camino evolutivo. Tratan de no quedarse atrás, dada la velocidad a la que el cambio social se produce.

La ciencia política, así como la económica, nos proveen de los marcos de referencia adecuados en los que dichas sociedades deben moverse. Como el arquitecto hace el diseño de un edificio, la economía y la política, como ciencias eminentemente sociales, también hacen de “arquitectas” y “urbanistas”.

Para que la dinámica operativa de los movimientos sociales sea posible y se haga con eficacia, requiere a su vez de una regulación normativa (el derecho positivo vigente en esa comunidad) y de una buena gobernanza que gestione la cosa pública y facilite (no ponga trabas) a la iniciativa privada, así como el emprendimiento de las personas. Porque solo con personas se crean empresas, mecanismo necesario para que se genere riqueza. No existe otro. Los gobiernos no la generan; a lo sumo, ordenan y propician cómo deben ser las reglas de juego para que pueda haber crecimiento, y cuando este se da, que sea justo, equitativo y ordenado.

Pero este proceso constructivista permanente (nunca se detiene) y necesita de dos instrumentos claves: el liderazgo efectivo y un capitalismo avanzado.

Lo que sí hemos venido experimentando, especialmente en el último lustro, es que se van acumulando las preguntas sin respuestas, porque se han producido cambios en los marcos de referencia a nivel macro social y macro económico con dos características: las que no podían compararse con experiencias pretéritas, porque eran absolutamente nuevas; las que tampoco dejaban un tiempo mínimo para una respuesta adecuada de parte de los gobiernos, ante la presencia de elementos y formas desconocidos hasta entonces. Es evidente que, para las segundas, nos referimos al impacto del Covid-19 que tuvo en sociedades, gobiernos y organizaciones de todo tipo y tamaño, con un efecto demoledor y lamentablemente en todo el orbe.

Con la destrucción de cientos de miles de empresas, cuya consecuencia directa fue que esos millones de puestos de trabajo de las organizaciones que cerraban jamás iban a ser repuestos, al menos en el corto plazo. No hubo respuestas adecuadas de parte de los gobiernos hasta al menos pasados unos meses, porque ni siquiera había habido preguntas que se formularan. Eran escenarios totalmente nuevos, que nos forzaban a replantearnos todo.

Incluso, las preguntas que aún hoy están sin resolver, una vez pasada ya la pandemia y la etapa post-pandémica, es porque a pesar de la incorporación de las nuevas tecnologías y una preocupación por implementar todos los avances que la innovación tecnológica nos brinda, así como de haber experimentado con resultados bastante dignos las políticas de choque (caso de las vacunas) en tiempo récord, igualmente se produce un desajuste (desacoplamiento) entre las reales necesidades de las personas y el acceso a los recursos para poder ajustar sus vidas a las nuevas realidades. Como suele decirse, “el día que tenía todas las respuestas… me cambiaron las preguntas”. Esto suena más a un cambio de paradigma, a una nueva visión de la realidad para poder entenderla.

Y entonces, ese desajuste referido se produce por partida doble: por un lado, comprender nuevos marcos de referencia para saber si las respuestas que teníamos hasta el día de hoy siguen siendo válidas; en segundo lugar, empezar a formularnos nuevas preguntas que naturalmente van a ir surgiendo ante nuevas realidades. Uno de los aspectos distintivos entre la gobernanza y el liderazgo, es que la primera es el proceso de tomar y hacer cumplir decisiones dentro de una organización o sociedad.

Es el proceso de interacciones a través de las leyes, las normas sociales, el poder o el lenguaje estructurado en la comunicación de una sociedad organizada sobre un sistema social; en cuanto al segundo, el liderazgo es el conjunto de habilidades gerenciales o de las directivas que un individuo tiene para influir en la forma de ser y actuar de las personas o en un grupo de trabajo determinado, haciendo que este equipo trabaje con entusiasmo hacia el logro de sus metas y objetivos.

 

Dónde se encuentran con más frecuencia la falta de respuestas

– Sin respuesta clara respecto al objetivo fijado

Cuando no se define con claridad cuál es el objetivo que se ha fijado tanto una organización privada como un gobierno, termina pesando en la falta de respuestas que exigen empleados y ciudadanos respectivamente.

En el ámbito privado, se termina pagando con una caída de los beneficios, y lo más grave, en comprometer el futuro de esa empresa, pudiendo convertirla en un proyecto inviable; en el ámbito de la política, la falta de respuestas claras (explicaciones convincentes a la ciudadanía sobre medidas que se están tomando), deriva en una pérdida de confianza hacia medidas adoptadas, sumada a una pérdida de credibilidad hacia los responsables políticos de turno.

No tener una respuesta nos genera incertidumbre y desconfianza, se ve claramente en una relación de pareja:  es algo inherente a nuestra condición humana.

Es más, cuando existe una gran confianza entre los/las que conforman esta pareja, no tendrán dificultad alguna en dar respuesta a todas las preguntas. Siempre habrá respuesta a cada interrogante que se les presente, y cuando no es así, juntos lo buscarán.

Esto no es igual en el ámbito político, ya que una vez que la inseguridad corroe a una sociedad porque percibe una falta de sensibilidad hacia cuáles son los problemas y requerimientos que la ciudadanía plantea, se cae en el descreimiento hacia esa clase política gobernante, y cuando se pierde el crédito, en política es muy difícil de recuperar.

Por ello, los buenos consejeros políticos de presidentes y primeros ministros, siempre les aconsejan que den la cara, que expliquen el porqué de tal medida, o por qué se está estudiando una revisión a determinada ley que es vieja y requiere una adecuación a nuevas circunstancias, etc., porque es la única manera en que no se pierda ese crédito ciudadano que en general en todos los países, es muy frágil, y con una vida muy limitada.

– Los pros y contras del capitalismo avanzado gestionado ineficazmente

Stephen Butler, que es profesor de la University of Prince Edward Island, Canada y del UCL (University College de Londres) sostiene en un trabajo “The Impact of Advanced Capitalism on Well-being” (El impacto del capitalismo avanzado en el bienestar) que “es un sistema macroeconómico y macrocultural que ejerce una profunda influencia en el bienestar individual, habiendo generado una gran prosperidad desde la Segunda Guerra Mundial, que ha aportado beneficios sustanciales para el bienestar, proporcionando niveles de libertad personal y política, así como infraestructura, salud y prestaciones sociales sin precedentes en la mayor parte de la historia de la humanidad”.

Como suele decirse coloquialmente, “una de cal y una de arena”, ya que también afirma, y lo compartimos, que los crecientes niveles de desigualdad dentro de los países que han experimentado un capitalismo avanzado, sumado a las crisis recientes, que han llevado al estancamiento a determinadas regiones, incluso en los países más desarrollados, han provocado auténticas limitaciones económicas en cuanto a las oportunidades para las personas, a la que hay que agregar una mayor inseguridad e inestabilidad para una gran mayoría de ciudadanos.

Todo esto lleva a la manera en que impacta el modelo de capital avanzado en el bienestar, ya que la evidencia empírica hace que pueda convertirse en muy perjudicial para dicho well-being, derivado de aumentos en la inestabilidad familiar y la inseguridad laboral que caracterizan a las sociedades desarrolladas que se han enfrentado a crisis largas, como es el caso de la Unión Europea en el último año y medio, creando factores estresantes específicos en todos los estados miembros.

También Stephen Butler nos señala que existe un segundo dominio de conflicto que involucra procesos de socialización específicos que promueven el éxito, el estatus y la autoimagen, junto con la necesidad de desarrollar una identidad impulsada por el mercado.

Llega a la conclusión en sus investigaciones, que el modelo encuentra un amplio apoyo para los factores estresantes específicos de capitalismo avanzado, pero variable en cuanto a los procesos de socialización específicos del modelo capitalista.

Nos parece interesante su búsqueda a través de esta investigación, porque si bien ambos dominios se han estudiado por separado (estresantes específicos y socialización), rara vez se han investigado las interacciones entre dominios. Stephen Butler está convencido que para abordar las vulnerabilidades que el capitalismo avanzado crea para el bienestar, se deben hacer recomendaciones para beneficiar el ajuste, incluida la mejora personal, el aumento de la estabilidad de los vínculos interpersonales y el tratamiento de las desigualdades sociales.

 

Tener siempre la respuesta adecuada no significa responder a lo que se pregunta

¿Es necesario tener una respuesta preparada para cada ocasión? Este procedimiento es anti-liderazgo y más propio de un mando intermedio mediocre que quiere ascender en la jerarquía de la estructura organizativa. En el ámbito político, vemos a diario que muchos políticos (no todos) tienen una especie de vademécum mental que les ayuda a responder rápido y sin comprometerse demasiado. Pero tanto en el caso de la empresa como en el del responsable político, la cuestión es que las respuestas comprometen. Y este es un elemento que diferencia al líder efectivo del que jamás lo será.

Cuando se ejerce la trampa de responder en función de una horquilla de respuestas aprendidas de memoria, aunque no se haya reflexionado demasiado en ellas, antes o después, ese líder organizacional o político, caerá con sus propias reglas. Será el comienzo de su desprestigio personal.

El destacado médico y coach español Mario Alonso Puig dice: “Las preguntas que nos hacemos o nos dejamos de hacer son las que orientan nuestro caminar. Recordemos que toda pregunta es una llamada a observar y a fijar nuestra atención en algo determinado. Lo que es importante saber, es que donde va nuestra atención, también van nuestras emociones y se hace más real para nosotros. Esto quiere decir que el tipo de emociones que experimentamos a lo largo de la vida, tiene una estrecha relación con el tipo de preguntas que nos hacemos. Si yo, por ejemplo, al enterarme oyendo la radio, viendo la televisión o leyendo un periódico, de algunas de esas cosas que a veces ocurren y que tanto nos consternan, me lleno de ira, de resentimiento y de frustración, es porque tal vez ante lo sucedido, me he hecho una pregunta que ha desencadenado dichas emociones”.

Jorge Wagensberg Lubinski ​(1948-2018) fue un profesor, investigador y escritor español, licenciado y doctorado en Física con premio extraordinario por la Universidad de Barcelona, donde fue profesor de Teoría de los Procesos Irreversibles en la Facultad de Física desde 1981 hasta 2016, tiene un pensamiento que viene como anillo al dedo: “Cambiar de respuesta es evolución. Cambiar de pregunta es revolución.”

Sin duda, los procesos evolutivos se deben, en todos los ámbitos del conocimiento, a una evolución en la manera que tenemos de ver o un problema o un reto, la forma en que lo hemos enfrentado hasta ahora y cómo tenemos que hacerlo para que mañana mismo, nuestra acción (la respuesta que demos) se ajuste a la nueva realidad. Esto pertenece al ámbito de los buenos gestores, a la acción de corrección y ajuste, por ejemplo, cuando se ha producido un feedback de parte de los equipos que están trabajando en un proyecto. Digamos que su alcance es ordinario.

En cambio, si los elementos que entran en juego (factores muchas veces incontrolables), esencialmente externos, nos colocan en una posición más débil, de duda respecto a cuál debe ser nuestra respuesta, entonces no basta con cambiar el punto de vista de mira, sino lo que tenemos que plantearnos, es cuál es la nueva realidad que nos está afectando y que reglas de comportamiento se han roto.

Si es así, se ha producido una revolución, o sea, tenemos forzosamente que elevar la mirada en el horizonte, contar con nuevos parámetros y marcos de referencia, sea para ver lo mismo de antes, pero con nuevos conocimientos científicos y tecnología gracias a la innovación. Cuando es algo totalmente nuevo sobre lo que no tenemos ni control ni conocimiento como para dar una respuesta adecuada, cuando esto ocurre, necesitamos volver a preguntarnos con nuevos elementos en consideración, estamos saltando de un marco de referencia conocido a otro que nos es extraño. Cuando a su vez, este nuevo marco exige nuevas teorías que nos permitan explicar el fenómeno, nos adentramos en terreno desconocido que tendremos que experimentar. Hemos atravesado el umbral de un nuevo paradigma.

Saber formular buenas preguntas y saber hacerse las preguntas adecuadas en nuestra vida personal, social o laboral

Tener claras cuáles son las preguntas adecuadas es un clarísimo indicador de que estamos queriendo avanzar. Queremos abordar a pesar de las dificultades, el crecimiento personal y profesional. En caso de que erremos en nuestra elección de las preguntas que se ajustan a lo que estamos enfrentando, puede implicar que nos estaquemos y caigamos en un bucle que se retroalimenta así mismo y nos atrapa sin darnos opción de salir, al menos en el corto plazo.

 

Saber responder adecuadamente

Nuestro mecanismo cerebral crítico y analítico es el que hace que nos formulemos preguntas cuando nos encontramos tratando de resolver un asunto, no solo por el interés que ponemos en resolverlo de manera correcta, sino porque en toda acción que emprendemos, aunque seamos el mejor líder efectivo, siempre nos aflorarán dudas sobre la marcha, cuestiones que no teníamos previstas y que aparecen, o simplemente porque se produce algún fenómeno extraordinario asociado.

Pero cuando nos hacemos las preguntas adecuadas estamos dando signos de interés, que tienen además la ventaja de delimitar un poco qué tipo de acción debemos hacer, cómo debemos llevarla a cabo y especialmente el cuándo. Esto tiene por objetivo que no malgastemos energía de acción y pensamiento en determinadas acciones, que por más proactivas e impulsadas por una energía nunca antes vista, por no haber ajustado bien la respuesta que debíamos dar al asunto, termina teniendo un efecto adverso.

Siempre hemos ponderado desde esta tribuna la mente abierta y especialmente la que mantenemos alerta. Esto implica tomar consciencia clara sobre el presente, por lo que las preguntas terminan siendo liberadoras de nuestra mente, nos la mantiene activa, y en caso de no realizarlas porque las dudas nos han hecho retroceder en el planteamiento que debemos poner en marcha, entramos en esa fase a la que referimos como que las personas están trabajando de manera automática e incluso sin razonamiento.

La consecuencia directa es que por lo general la persona terminará por desmotivarse, pensar o que no eran necesarias esos cuestionamientos para resolver las actividades y/o problemas que tenía por delante, o que no estaba capacitada para hacerlo, lo que sin duda llevará a un impacto negativo en cuanto a la valoración que haga de sí misma y a una pérdida de puntos respecto de los que le valoraban de otra manera.

 

¿Qué diferencia hay entre el sesgo por falta de respuestas y el sesgo de respuesta?

Desde el punto de vista demoscópico, el sesgo de falta de respuesta se centra en lo que ocurre cuando las personas que reciben la encuesta deciden no responder. El sesgo de respuesta se refiere a construcciones sociales o de la encuesta que pueden afectar a la calidad real de las respuestas de la encuesta. Este desvío en la respuesta se origina debido a un elemento de la investigación que hace que el resultado sea distinto a los hechos o las opiniones reales de los participantes de la muestra.

Fuera de la mecánica demoscópica, en la vida diaria, y muy especialmente en el ámbito de la toma de decisiones, nos encontramos también con este fenómeno: aquel que responde a la ausencia de respuesta frente a un hecho, o aquel otro en que ciertos pensamientos, incluso prejuicios, puedan coadyuvar a deslucir la calidad de la respuesta que necesitamos darnos.

Esto que se produce se conoce como “sesgos cognitivos”, que en realidad son esos atajos que nuestra mente trata de atravesar para ir más rápido durante el proceso de toma de decisiones, pero que en realidad puede inducirnos a un error de percepción de esa realidad, convertirnos a nosotros mismos en víctimas del atajo que hemos usado, que nos quitan del camino (nos alejan) del pensamiento racional.

Por tanto, esta tendencia natural a sacar conclusiones más rápido de lo que nuestra mente consciente puede analizar con toda la información disponible, puede distorsionar la realidad cuando nos enfrenamos a ella y desviar el foco de atención.

 

El cuestionamiento como herramienta y el poder de las preguntas

Sabemos que muchos inventos y desarrollos de la historia surgieron por la casualidad. Casi siempre por haberse formulado una pregunta ante lo que se creía una cuestión irresoluble en ese instante. Lo que debemos comprender es que, si fuésemos conscientes de los beneficios que nos aportan las buenas preguntas, también las que se hacen en el momento oportuno, esto nos ayudaría a hacer un esfuerzo en la mejora en cuanto a la calidad de preguntas que debemos hacer a la hora de preguntar. Y esto no solo mejoraría la calidad de la toma de decisiones en un proceso decisorio, sino es sin duda el camino directo a la innovación. Nos permite abrir un ramillete de nuevas posibilidades.

Un buen ejemplo de ello fue el de Edwin Herbert Land, que fue un científico e inventor estadounidense. Estudió química en la universidad de Harvard. En 1928, desarrolló el primer filtro polarizador sintético. Pero su mayor impacto en la industria se debió a una pregunta que le formulara su hija. Estando de vacaciones con la familia, sacó una fotografía de su hija de tres años. La niña quiso verla al instante, cuestión por entonces imposible, pero ante la insistencia de ella por qué no podía ver la fotografía, Edwin Land, hizo suya la pregunta y se cuestionó por qué no era factible, y qué es lo que haría falta para que la fotografía instantánea fuese una realidad. Poco tiempo después, revolucionó la industria de la fotografía con la cámara Polaroid.

Nuestra especie es curiosa y es la curiosidad, a veces desmedida, la que también nos ha llevado al crecimiento y evolución de las sociedades que hoy disfrutamos. Los seres humanos avanzaron siempre por la incorporación de nuevas tecnologías a su vida, desde la elaboración de herramientas en el neolítico hasta la Revolución Industrial del siglo XVIII. Pero las preguntas seguían formulándose, y adentrados ya en la recta final del primer cuarto del siglo XXI, cada vez nos hacemos más preguntas y de manera más frecuente, porque el avance social derivado de la disrupción tecnológica exponencial a la que estamos expuestos, nos obliga a hacerlas.

La cuestión es tener en cuenta siempre que el poder de las preguntas nos exige formularnos las que sean correctas.

Y el liderazgo efectivo se trata, en todos los ámbitos, pero especialmente en el político, de dar respuesta a las preguntas, y que los máximos responsables sepan hacer también las preguntas correctas, para que no se produzca como ocurre en la demoscopia, un error que lleve al desajuste en las acciones que deben acometerse.

Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y también autor del libro ‘El Cubo del Líder’, y Antonio Alonso, presidente de la AEEN (Asociación Española de Escuela de Negocios) y vicepresidente segundo de EUPHE (European Union of Private Higher Education).

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