Liderar cuando flojean las fuerzas

Si cree que eso de caer en una depresión por motivos de su frustración en su experiencia emprendedora no va con usted porque tiene todo muy bien atado, le decimos que se equivoca y puede pasar en breve a engrosar las listas de la estadística, que justamente es muy negativa para una gran mayoría de emprendimientos en el primer año de vida.

Según los propietarios de negocios exitosos y también los que han tenido una mala experiencia, llegan a la conclusión, que, en cuanto a las razones para estar satisfecho con lo realizado, se basan en haber establecido las metas y haber contado con investigaciones precisas, además de tener esa personalidad de no darse jamás por vencidos y demostrar por activa y por pasiva su pasión por su trabajo.

Cuando aquellas razones son negativas, se basan generalmente en no haber contado con los recursos suficientes, o más coloquialmente hablando, que ha habido falta de dinero. También pudo haber ocurrido que se haya estado en el mercado equivocado, falta de investigación, malas asociaciones, marketing ineficaz y no ser un experto en ese sector de la industria. Aunque parezca mentira, muchos cometen algunos o todos estos errores descritos.

A veces, de las encuestas a antiguos propietarios de empresas, surgen explicaciones que ilustran la aventura – nunca mejor dicho- a la que se enfrentaron, porque no estaban debidamente preparados. Y si el dinero se acabó es porque dejó de llegar. Las preguntas que se haría cualquier asesor externo es ¿por qué se acabó el flujo de efectivo? ¿Se debió a una mala gestión de los costes o a que las ventas no fueron lo suficientemente altas? También puede haber ocurrido que haya habido una incapacidad de obtener financiamiento o financiamiento adicional necesario para sostener un negocio, especialmente en los primeros días, hasta que un negocio pueda comenzar a generar ganancias.

Desde ya, que todas estas circunstancias hacen que una persona, por más capacitada que sea, en esta ocasión se haya equivocado y comprometido su futuro, que no quiere decir que no vuelva a intentarlo. Y esta es la gran diferencia conceptual que queremos marcar hoy, digámoslo de otro modo: la filosofía de vida de un líder auténtico, aunque haya fallado en determinada ocasión, no le privará de volver a intentarlo capitalizando todo ese aprendizaje que ha obtenido de esa experiencia fallida. Pero los errores que un líder haya cometido (casi todos los líderes efectivos han pasado por situaciones similares), no le han hecho privar de su futuro y salir cuanto antes de ese valle de depresión del cual se piensa (la gran mayoría) que no se sale.

 

¿Por qué se puede salir del valle de la depresión?

¿Significa quizás que, si cae en ese valle en el que nadie quiere caer, que no podrá salir de él? Lo importante que tiene que hacer mentalmente es prepararse, porque caerá en él tarde o temprano. Hay líderes que por más que quisieron evitar la caída (y eran experimentados), terminaron cayendo. Pero la diferencia con ese emprendedor primerizo, es que supieron al menos construir una escalera de subida.

¿Está seguro de que usted tiene la suya? Porque siempre, esté en el momento de la vida que esté, se estará fijando objetivos y la manera de cumplirlos, porque más allá de ellos, tiene una meta. En otros términos: tiene que cumplir eficientemente cada uno de los objetivos si quiere alcanzar la meta. Tiene la ilusión. Se fija una meta y espera alcanzarla. Es consciente de que hay obstáculos en el camino pero que está decidido a sortearlos.

También que habrá agujeros en los que pueda caer, o que cuando lo haga, esa situación termine convirtiéndose en un valle enorme, que mire por dónde mire habrá distancias para Ud. inalcanzables como ese horizonte que está vislumbrando ahora.

 

Crecer como persona

Es por ello que cuando se establece una meta que no es realista a los ojos de las personas de su entorno, lo que parecía factible se convierte en poco probable en el primer año, y dependiendo de la gestión, casi imposible hacia el segundo, lo que hace que esté condenado a permanecer en ese valle. Pero, aunque parezca extraño, esa meta inalcanzable se convierte en un desafío constante que le hace crecer como persona. Crecer desde la fatalidad y cuando escasean al máximo las oportunidades, forja el carácter de todo líder.

 

La fuerza y la motivación

La mentalidad positiva y una actitud determinante, es la que le hará encontrar un rayo de luz en ese panorama que ve todo negro. Se siente en el hoyo, pero más potente es la fuerza y motivación que siente para construir la escalera que le saque de él. También es cierto que muchos que han caído en esa situación, no pensaron lo suficiente, cometieron errores en las previsiones, y por supuesto que las cosas hubieran sido muy diferentes si hubieran pensado detenidamente antes de actuar.

Sin duda, también se adquieren habilidades cuando se cae en ese valle de depresión, especialmente tomar consciencia de quién es y encontrar un nuevo sentido de propósito.

Por tanto, por todas estas situaciones descritas, es sabido que, en algún momento, tiempo después de haber iniciado una actividad, sea fundando una empresa en su trayectoria como reconocida persona en los negocios, o incluso, recién iniciada como emprendedor su primer startup, puede encontrarse anímicamente o más bien caer, en ese valle.

No es un tema baladí, sino que ha sido motivo de estudio por diversos expertos del amplio campo de conocimiento del liderazgo, muy especialmente a los estudiosos de la psicología social. Pero hay personalidades emprendedoras que siempre nos llaman la atención, que nos ilustran por cómo han gestionado sus éxitos y especialmente cómo salieron airosos de sus derrotas. Uno de ellos es Chris Heivly que ha sido cofundador de MapQuest y vendida a AOL por 1.200 millones de dólares, quién cree que con más o menos proximidad, cada nuevo empresario fundador pasa en algún momento a través de lo que él llama “un lugar de desesperación” (a place of despair) y como muy bien dice, “alguien que ha estado de ese lado (en esa situación)” sabe que hay ciertas cosas que puede hacer para pasar a la otra orilla de ese valle.

Lo primero que uno debe de tener en cuenta, es ese momento en que empieza a sentir el agobio de un exceso de responsabilidad, tanto del proyecto como de su personal, le lleva a preguntarse si finalmente lo que está en sus manos funcionará.

Esta circunstancia, que se produce con más frecuencia de lo que Ud. puede imaginarse, algunas personas lo sobrellevan mejor que otras. Y la duda, que es lícita, puede detenernos en el tiempo, pero no demasiado. Como siempre hemos sostenido desde esta tribuna siguiendo la doctrina de Herbert Simon, uno de los padres de la Teoría de las Decisiones en las organizaciones, se puede decidir bien o mal, pero lo que no se puede hacer, es no tomar decisión alguna.

Pero si las conversaciones con el equipo y socios hacen que esas dudas se conviertan en una tensión muy fuerte, no es el momento de replantearse el proyecto y la estrategia que ya ha sido suficientemente estudiada: cuidado con esto, porque se puede estar en el valle y caer en esa sensación de derrota, creyendo que no se llegará a nada, no por el valor del negocio en sí, sino porque se está apoderando de esos responsables de conducir al equipo y organización a la meta fijada, una pérdida en la focalización de los problemas a los que se enfrentan. O se está notando, que las facilidades que se tenían meses atrás para focalizarlos adecuadamente se están perdiendo. Éste es el auténtico meollo de la cuestión.

Chris Heivly describe, como lo haría un biógrafo, que “aquellos de nosotros que tenemos muchos kilómetros de recorrido a nuestras espaldas” saben que antes o después ese valle es inevitable.

En el caso de ser la primer startup en la trayectoria profesional, tiene que tener más cuidado que nunca, porque como Heivly afirma con gran sentido del humor, que “si Ud. es un emprendedor que inicia su primera startup y piensa que esto no va con Ud. y que realmente será una excepción su caso, porque lo tiene todo perfectamente calculado, planificado y no tiene más que limitarse a implementar, el valle le va a dar con seguridad una patada en el trasero”. Sabemos que justamente de todas las primeras startups, sobreviven antes de los dos años poco menos de la mitad.

Es normal que los emprendedores que sienten tal pasión por lo que tienen entre manos, crean que su startup despegará sin problemas y que todo el trabajo será cómo gestionar el crecimiento futuro del que se está seguro se tendrá.

En algunos sectores como las nuevas tecnologías, incluso de tipo exponencial: la experiencia lo demuestran. Pero gestionar los primeros meses o primeros años puede que sea el auténtico valle del cual, algunas compañías no salgan nunca.

 

Por eso es importante tener en cuenta:

1º) Hacer un buen diagnóstico de lo que está sucediendo, porque es la única manera de controlarlo

Esto pertenece al ámbito de la reflexión, que de ninguna manera está reñida con la planificación estratégica y el Business plan. Es escucharnos a nosotros mismos, tratando de componer las piezas de un puzle que están condicionadas por cómo adecuamos nuestras posibilidades al entorno cambiante.

Los buenos líderes, que tienen una perspicacia natural, se dan cuenta sin que nadie tenga que advertirles, que algo está sucediendo, porque han cambiado simples rutinas diarias, como el descanso, las comidas, etc.

2º) Recurrir a la persona de confianza

Recurrir a alguien que no esté formando parte del equipo, ni sea socio, sino una persona en la que Ud. confía y que ya ha “atravesado alguna vez” el valle. Este recurso no es un asesoramiento, sino la forma de empatizar con alguien que puede poner en orden aquellas dudas, los problemas para focalizar adecuadamente, etc.

3º) Si Ud. no puede reconocer que los valles existen y no se prepara para ello, su empresa por sí sola no lo hará

Chris Heivly es muy directo afirmando: “Es mejor echar el cierre porque Ud. es incapaz de ver otra cosa más que el valle”.

Y los emprendedores, el espíritu emprendedor, básicamente está sustentado de una confianza en sí mismo y el proyecto, que supera la media del resto de mortales en cuanto a enfrentarse a la adversidad.

Si es un emprendedor nato, si tiene espíritu de buen líder, sabrá evitar esta decisión que truncará no solamente su proyecto empresarial, sino proyectos de vida de todo un equipo que ve como se diluyen las ilusiones por no haber sabido liderar el paso del valle.

Si no ve más que ese desierto, sumido en las peripecias que una crisis, por ejemplo, como las consecuencias del elevado coste de la energía derivado de la Guerra de Ucrania, esto debilita las fuerzas impulsoras iniciales, tanto en el plano financiero y económico como –y lo más grave de todo- en el estado emocional de todo el equipo, y puede que aquella decisión sea la correcta (suspender el proyecto o liquidar la organización), aunque la experiencia emocional –en este caso negativa- le servirá para iniciar otra startup o ser cofundador de otra compañía. De esto ya hay muchos ejemplos, ya que de cada nueva startup hay otras (a veces tres o cuatro anteriores) oportunidades perdidas.

Pero el impulso emprendedor no debe detenerse. Hay que moldear políticas que favorezcan la creación de nuevas empresas y hay que formar a la gente tanto técnica como emocionalmente en el aprendizaje de lo difícil que es a veces, más en épocas de recesión, salir del valle.

Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y también autor del libro ‘El Cubo del Líder’

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