Pensamiento visionario

No importa lo que seas. Importa lo que sueñes. Y que esa visión onírica intentes cada mañana hacerla realidad durante la vigilia. Porque el líder que sueña, es el líder visionario capaz de transformar su entorno.

En la autobiografía de Nelson Mandela de 1994, “Long Walk to Freedom” (Un largo camino hacia la libertad), comparte con los cientos de miles de lectores de todo el mundo cuáles fueron las dificultades, al mismo tiempo que su determinación y valor, para mantener vivo su sueño de libertad para su país, a pesar de sufrir el encarcelamiento durante 27 años. Su sueño y su visión fueron los que como gran líder político finalmente trajeran la libertad y el cambio social que el nuevo tiempo de la época exigía a un gran país como es Sudáfrica, para que saliera de un estancamiento histórico en materia racial.

Por eso insistimos una y otra vez más que hay que formar y capacitar a los nuevos líderes. Que sepan encontrar el camino, que aprendan a que, cuando las cosas no están saliendo bien, son los líderes efectivos los que en vez de buscar excusas o esquivar la realidad, ven la luz más allá de la oscuridad y donde el resto no se da cuenta que sí existe ese pasillo de luminosidad. Son los que ante la adversidad elevan su voz de esperanza y transmiten confianza en que puede lograrse superar todas las barreras que están inmovilizando al resto.

Desde esta tribuna nos hemos propuesto hace diez años, que teníamos un doble objetivo divulgativo: un newsletter semanal en el que se vertieran todas las novedades de la que nosotros hemos dado en llamar “nueva doctrina en el liderazgo” y sin duda muchos otros autores, expertos y críticos han seguido esta estela de opinión; fundamentalmente lo que sigue siendo la prioridad de nuestros estudios e investigaciones, es la implementación práctica y los avances genuinos que se logran con un liderazgo efectivo.

Sin el aporte doctrinario (el avance teórico doctrinario siempre surge de una investigación de situaciones concretas) no hay posibilidad de que cuando se lleva el liderazgo a la práctica se garanticen los resultados. Y esto es algo que está probado en cientos por no decir miles de casos empresariales, así como en el ámbito político y cualquier otro espacio en que el vocablo (concepto) liderazgo tenga aplicación.

Desde que la enunciamos por vez primera, la palabra liderazgo puede traer a la mente una variedad de imágenes que se nos presentan, desde un líder empresarial, pasando por uno que es líder en lo deportivo hasta el que ejerce su liderazgo en la política. Pero lo que les caracteriza como común denominador es que, en el ejercicio de sus respectivos liderazgos, los que realmente son buenos y destacan, es que lo que primero que hacen siempre es por los demás y después, recién para ellos mismos. No se ponen delante de nadie, sino que saben liderar desde atrás, aunque su influencia está y se ve en el mismo frente. O sea, en la línea de lucha por cumplir los objetivos propuestas, defender los valores en los que se cree y un largo etcétera.

Todos los líderes efectivos establecen cuál es la dirección a seguir, la discuten y comparten con sus equipos, al mismo tiempo que también transmiten una visión inspiradora porque tienen la certeza de que están construyendo algo nuevo. Y decimos construyendo en plural. La palabra nosotros por encima del yo.

Cumplir es ganar

En los planes del líder hay implícito un verbo: ganar. Da igual que sea un objetivo empresarial, deportivo o político. Ganar significa cumplir el objetivo deseado, lo que implica haber puesto los recursos humanos y materiales adecuados a ese objetivo previsto. Ganar como equipo, ganar como organización es la ganancia del líder, no la individual. Por lo que la figura del líder efectivo trasciende su propia personalidad transmitiendo la imagen visionaria e inspiradora a todo el personal, o en caso de un político, a todos sus seguidores además de los equipos de trabajo de ese partido.

Trabajan potenciando las habilidades de las personas, formándoles y guiándoles hacia la meta, indicándoles con prioridad los problemas a los que se enfrentan, al mismo tiempo que cuáles son los desafíos que tienen por delante. No hay reto sin que ofrezca un problema, pero no hay meta cumplida que no haya obligado a sortear un obstáculo o más en el camino.

Desde esta tribuna siempre hemos defendido que el pensamiento visionario y la gestión efectiva del cambio son los que nos ponen en el futuro, mientras que la gestión en sí misma es el proceso por el cual se mantiene el nivel de performance actual y aún se trata de mejorar. Esta última cuestión que evidentemente es de management, requiere de buenos gestores.

El pensamiento visionario es patrimonio de líderes efectivos que traen el futuro al presente para que todo el proyecto (empresarial, político, cultural, etc.) sea sostenible y beneficioso. Porque esta visión especial del líder es la que brinda beneficios colectivos no medibles en cuentas de explotación (tarea de los gestores) y que contribuyen a una determinada comunidad, región o a todo un país. Cuando hablamos de en qué contribuye determinada marca de un producto de consumo masivo a la sociedad, terminamos descubriendo que detrás de cada venta unitaria hay un esfuerzo colectivo de contribución medioambiental, de apoyo a través de mecanismos de inclusión a colectivos desfavorecidos, etc.

Al mismo tiempo, cuando hablamos de los beneficios de una decisión política, nos referimos a la contribución al interés general, por encima de intereses particulares, cuestión básica de la política de cualquier gobierno y que justamente de la amplitud de cobertura y beneficios de esa medida, se hablará en el presente y en los años venideros. Ha habido siempre en los países, leyes que marcaron un antes y un después en la evolución social y económica.

Pero no es necesario detenernos en casos límites y que forman parte de la historia, sino en la normativa que día a día se va tejiendo en una sociedad a través de sus representantes a fin de que se acuda a ordenar cuestiones económicas, sociales, etc. que lo requieren. Esto es liderar efectivamente y no batallas estériles en el ámbito político partidista que tan bien (o tan mal) reflejan los debates en los parlamentos.

Por tanto, la regla primera es que se tiene que percibir con claridad cuál es la necesidad sobre la que hay que establecer una normativa y legislar acorde con aquel interés general.

Hoy en día, a los líderes empresariales y políticos se les exige un gran esfuerzo; por ejemplo, en cuestiones de sociedades (países) y organizaciones (empresas) más cuidadosas con el medio ambiente. Es por ello que el esfuerzo del liderazgo en lo que se conoce como ESG (acrónimo en inglés que significa medio ambiente, sociedad y gobernanza) es la medida que la sociedad toma sobre lo que una empresa (marca) hace por ella, en lo que contribuye de verdad, más allá del nivel de satisfacción del consumidor que compra ese producto.

En el ámbito político, el ciudadano de 2022, que es en términos generales una persona informada, también exigirá al gobierno una política en este sentido de respeto medioambiental. Por tanto, cuando se tienen en cuenta de parte del líder político y empresarial las realidades objetivas a las que se enfrentan y especialmente a la buena comprensión sobre el futuro inmediato que está a la vuelta de la esquina, es que nos estamos refiriendo a lo que llamamos pensamiento visionario patrimonio casi exclusivo de los líderes efectivos

Patrimonio exclusivo de los líderes efectivos

No por repetirlo una vez más de que la visión del líder efectivo es un valor que se le atribuye casi por encima de otras cualidades que el liderazgo exige, pierde ni actualidad y menos su esencia. Porque esa visión es la que en realidad les hace anticiparse a su tiempo, ser muy pragmático y tener la tenacidad de promover siempre el cambio. Pero, para más INRI, no solo inspiran a sus equipos y personas, sino que terminan influenciando en el cambio a todo el mundo. Por lo que aquello que parecía futuro inalcanzable se convierte en un presente real, que todos pueden tocar y al que también todo el mundo (incluyendo la competencia) quieren llegar. Es imponer ese valor diferencial en cómo se hacen las cosas y los caminos que se trazaron para cumplir los objetivos. La diferencia no solo está en la meta, sino en los procedimientos.

Desafíos emergentes en oportunidades

El pensamiento visionario y la influencia sobre el cambio son dos elementos esenciales para convertir los desafíos emergentes en oportunidades de crecimiento que pueden definir el futuro de una organización. Y es este el punto en el que hay que bajar al papel dicha visión para explicar los pasos estratégicos que hay que dar para lo cual se elabora un plan, que gracias a esa visión transmitida desde el buen liderazgo efectivo, permite que todo el mundo pueda alinearse y comprometerse. Entonces, esto dentro de la normativa de una organización termina siendo una capacidad operativa que cada día se hace más eficiente.

Es la hora de compartir pensamiento visionario

En toda la etapa COVID y desde mediados de 2021 en la que se empezó a denominar etapa Post-Covid, hemos defendido siempre que sin duda había llegado un tiempo para un nuevo liderazgo. Hemos cruzado diversos umbrales que las sociedades de los países se han ido fijando, tal es el umbral 2020 que cuando nos referíamos a él no sabíamos que se desencadenaría un factor como la pandemia que impactaría tan negativamente en la salud mundial y en la economía. A pesar de ello, lo cruzamos y ahora estamos pensando en otros umbrales como el 2025 o el 2030.

O sea, que más allá de la propia evolución que siempre ocurre y que nos obliga a ajustar los presupuestos y los objetivos que nos fijamos, se nos presentan siempre factores excepcionales, caso de una pandemia, que nos obligan no solo a cambiarlo todo, sino a imprimir una rápida aceleración de dicho cambio para poder no solo adaptarse empresas y gobiernos a la nueva realidad, sino a poder sobrevivir como sociedad al tremendo impacto que dicha excepcionalidad ha producido.

Este tipo de momentos son los que exigen un liderazgo a prueba de bombas. Las organizaciones que van a prosperar son las que están dispuestas a empoderar a su personal para que en todos los niveles de la organización se asuma un rol de responsabilidad en la acción y toma de decisiones. También es hora que en la política se asuma con responsabilidad el necesario compartir de pensamiento visionario, porque lo único que vemos a diario son rencillas, disputas y cuestiones que provocan crispación y tiempo perdido cuando lo que se requiere es unificación de criterios que no es lo mismo que todo el mundo piense igual, para afrontar los retos presentes y futuros con solvencia y capacidad de anticipación.

No vemos una clase política que pueda influenciar el cambio, más bien todo lo contrario, o sea, atrasarlo como suele suceder y es la sociedad civil a través de personas y organizaciones, las que siempre dan la respuesta que una comunidad necesita.

Lo vemos con los precios de la energía, que es una cuestión no solo inherente a responsabilidad del gobierno español, sino de la propia capitalidad europea que desde Bruselas tiene que actuar decididamente en esta cuestión. O lo vemos también en el espacio mundial geopolítico y geoestratégico en el que siempre y de manera recurrente, tanto China, como Rusia o Estados Unidos, se posicionan primero y después aparece Europa. Qué es esto sino falta de un liderazgo efectivo y por supuesto una escasez tremenda de ideas y soluciones.

Los errores evitables en el liderazgo

Desde finales de la Segunda Guerra Mundial, y especialmente una vez iniciada la Guerra Fría entre las dos potencias hegemónicas supervivientes a los campos de batalla, el pensamiento dominante en la ciencia política era que todos estábamos inmersos en una lucha de ideas que respondía a una u otra ideología. Comunismo vs. capitalismo. La cuestión es que en nombre de la ideología se infligieron en todo el mundo mucha muerte, dolor y sufrimiento.

Pero desde que llegó la pandemia a nuestras vidas, y especialmente 2021, nos ha recordado que la gobernanza guiada solo por la ideología sin ninguna preocupación por los resultados morales es una trampa peligrosa y mortal. Y esto es lo que el liderazgo efectivo debe evitar, más aún, debe combatir.

Solo con una visión anticipada del futuro (pensamiento visionario) podrán los líderes políticos mundiales burlarse de que solo con la ideología se puede predecir cómo va a funcionar un país en el futuro. Y esta es la diferencia estructural básica del pensamiento político actual que por fin (por necesidad de supervivencia de partidos y políticos) tiene que doblegarse ante la realidad objetiva y dejar de seguir nutriéndose en ideologías obsoletas que no responden ni por asomo al tipo de liderazgo que las sociedades actuales requieren.

Pero lo veremos muy pronto durante estos días cuando por fin se despejen las sombras y dudas que afloran en el conflicto ucraniano. Creemos que prevalecerá la cordura, pero tanto los de un lado como los del otro, buscando siempre la referencia a los países ex Pacto de Varsovia o los miembros de la OTAN, si su visión de liderazgo (ese pensamiento visionario en el que insistimos) se mantiene por encima de esas ideologías ancladas en mediados del siglo XX, se abrirá entonces al necesario pasillo de luz que el planeta y sus habitantes necesitamos.

Un error garrafal en Ucrania puede acelerar a que el Armagedón estará tocando a nuestras puertas. Y esto es algo a lo que la humanidad no se puede enfrentar. De un liderazgo con pensamiento visionario depende. De una moral de liderazgo nutrida de la realidad objetiva y no de la ideología, también depende. La elección no ofrece ni dudas y menos aún, una segunda oportunidad.

Artículo coordinado por José Luis Zunni, director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN, y Antonio Alonso, presidente de la AEEN (Asociación Española de Escuela de Negocios) y secretario general de EUPHE (European Union of Private Higher Education).

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