Ser honorable, primero como persona, después como líder

La forma en que nos conducimos en la vida, cómo actuamos tanto a nivel personal como en nuestro entorno laboral, las reacciones que tenemos y lo que transmitimos con nuestras palabras y gestos, son todos elementos que las demás personas van a utilizar para hacer un juicio (aunque no sea su intención) de cómo somos como amigos o jefes o la relación que fuere. Una auténtica valoración de nuestra personalidad. Una categorización.

Siempre, a lo largo de la historia, ha habido tanto hombres como mujeres que demostraron un carácter especial que se forjaba con sus valores y principios en los que creían; pero que, a pesar de las dificultades a las que se enfrentaban, trataban de ser coherentes y aplicarlos hasta el final, más allá de sus propios intereses personales. Desde ya que nombres como Nelson Mandela o Mahatma Gandhi son más que representativos de lo que el honor significa para las personas que dignifican al ser humano.

¿Es quizás que los grandes hombres de la historia tuvieron valores muy diferentes al común de los mortales? En realidad, todo ser humano tiene en su interior esa alma buena y también la mala. Es nuestra naturaleza. Pero la auténtica diferencia es cómo establecen las prioridades sobre el resto de personas de su entorno, o de ciudadanos cuando están en una posición de liderazgo y poder.

Nos referimos a ese tipo de valores que nos es habitual que sobre ellos pensemos todos los días: la igualdad, la libertad, la justicia, el respeto por la vida y la voluntad de actuar en apoyo de estos valores. Sin duda, son líderes honorables no solo por lo que han representado como figuras históricas, sino por el ejemplo que han dejado casi imposible de igualar.

Pero tenemos que ser más próximos a nuestra realidad cotidiana, y desde esta tribuna vamos a seguir influyendo en la construcción (al menos lo intentamos) de un liderazgo que sustente su permanencia como ejercicio efectivo de su técnica y habilidad, soportada por el inexcusable uso de principios que, con un carácter moderno y renovado, mantengan esa categoría de honorable, que lamentablemente en la actualidad está un poco fuera de modo, salvo como siempre sucede, de honrosas excepciones (valga la redundancia del uso de la palabra honor).

Nos preguntamos entonces, si en tu caso, querido lector/a estás en posición de liderazgo, ¿te consideras un jefe o un líder honorable que actúa con valentía en función de tus ideales? Por tanto, estás convencido que tienes todas “las papeletas” para ser aceptado, seguido y respetado por las personas a las que diriges.

También deberías preguntarte si estás preparado para este desafío diario de adaptación al cambio, y en caso que tengas alguna dificultad por la complejidad que dicho cambio implica, te preguntamos entonces: ¿crees que estás en la dirección correcta por dónde debes empezar? ¿Crees que tus subordinados mantienen en ti el nivel de confianza que tenían en el pasado? ¿Hay elementos en tus últimas actuaciones que les puedan hacer dudar?

La piedra sobre la que se basa el carácter de una persona honorable (también un líder) está en la integridad de su carácter. O sea, debe tener un profundo sentido del honor hacia sí misma. Y en cuanto a la integridad como valor primordial de la conducta, tiene el poder de alinear tres elementos esenciales para categorizar a un líder de honor: lo que transmite a los demás en cuanto a sus principios y lo que cree; lo que dice y promete que va a hacer; lo que finalmente hace.

Los líderes honorables siempre cumplen con lo prometido, y cuando los resultados no son los que se habían planificado, acepta su responsabilidad y trata de hacer lo imposible por mejorarlos. Especialmente esta mejora estará dirigida a que no haya desmotivación en personas y equipos.

Llegados a este punto, entra también a formar parte de esa escena entre líder y personal, el significado de lo que se está haciendo, las responsabilidades asumidas y muy especialmente cuál es el sentido de propósito. Porque cuando se tiene claro la dirección que se está asumiendo en las decisiones que se toman, el tener un propósito a nivel de organización y en lo que respecta al plano personal de cada empleado, es un elemento motivador y que otorga estabilidad y seguridad, lo que redunda en compromiso de la persona con la dirección.

Cuando el líder demuestra tener esa profunda convicción de que se está haciendo lo correcto, siempre estará obligando a que se le emule, o sea, que se actúa en consecuencia. Ese dicho tan coloquial de que “todos siguen al líder” solo funciona cuando la creencia de unos y otros (líder y personal) están alineados.

Y en cuanto al precio que se paga por no respetar un valor, o muchos valores, siempre termina siendo muy elevado. Tienes que estar dispuesto a asumir las consecuencias de las acciones que, aunque sean con frecuencia desagradables, también tienes que estar mentalizado a pagar un precio para defender las actuaciones emprendidas. Esta es la alícuota diaria que se paga por mantener ese prestigio de ser una persona honorable.

Martin Luther King Jr. afirmaba que “les digo que, si un hombre no ha encontrado algo por lo que esté dispuesto a morir, entonces no está preparado para vivir”.

De ahí que él sabía, que cada día que avanzaba más en favor de la lucha de los “Derechos Civiles” de Estados Unidos, más cerca estaba de ser objetivo de los que se oponían a sus logros, especialmente la movilización sobre Washington de casi 300.000 personas, algo insólito para aquel año 1963. Porque era un líder honorable que creía y no tenía miedo de ir en contra de la mayoría para tomar una postura.

Porque no era una obsesión personal de poder, sino una necesidad vital para terminar con la discriminación y el apartheid que se realizó contra la raza negra en aquel país. Y también sabía, que la importancia de los acontecimientos y el papel fundamental que él había tenido en esta lucha, no iban a tener un significado real en la sociedad hasta pasado un tiempo. Pero su honorabilidad anteponía esta lucha y la mantuvo hasta que fue asesinado en 1968.

Ralph Waldo Emerson (1803–1882) que fue un escritor y filósofo estadounidense que contribuyó decididamente al movimiento del “Nuevo Pensamiento” de mediados del siglo XIX, afirmaba que “el propósito de la vida no es ser feliz… sino útil, honorable y compasivo. Marcar la diferencia entre sólo haber vivido y haber vivido bien”.

Sus pensamientos son sencillos pero directos, nos llegan al alma… alimentan nuestro espíritu en momentos en los que la frivolidad se ha apoderado de nosotros… de la sociedad en su conjunto. Emerson nos dice que “toda la vida es un experimento… y cuanto más experimentes, harás lo mejor” o también que “escribe en tu corazón que cada nuevo día es el mejor día del año”, dando especial prioridad a la experiencia y al pensamiento positivo, dos valores que están completamente afectados en el presente.

En cuanto al positivismo en las actitudes y acciones, la sociedad está bastante condicionada por posiciones ideológicas más que por las auténticas razones humanistas que Emerson señala, tales como la compasión o saber que estamos haciendo el bien en la vida y entregados sólo a la rectitud en nuestras tareas y responsabilidades.

¿Qué es, en definitiva, ser honorable?

Muy sencillo: más allá del valor que todo el mundo le atribuye a la palabra, ya que a quién no le gusta ser considerado una persona honorable, vinculada a una forma noble y digna de ser, la calificación se ajusta a una conducta irreprochable, al mismo tiempo que ejemplar.

¡A que ahora te va resultando familiar el término! Justamente porque es todo aquello que en la vida diaria dejamos entrever por la forma en que actuamos y nos relacionamos con los demás. No es necesario recibir una medalla de honor el Congreso para ser honorable, sino ejercitar ese comportamiento diario sabiendo que se está actuando bien.

Que no se oculta la baraja ni se guarda un as en la manga. Simplemente porque esa forma de conducirnos en la vida es la que nos obliga a aborrecer lo que se oculta, lo que se esconde detrás de una declaración en la que no creemos y tampoco compartimos, etc.

La conducta cuando es impecable y no acepta atajos ni medias tintas, es la que conforma el carácter de los hombres y mujeres. Muy especialmente cuando ese carácter (no por hablar más alto sino más claro) determina un tipo de liderazgo y una manera de hacer las cosas.

Algunas recomendaciones sencillas para conocer mejor qué es el honor

1º) No es una cualidad aislada, sino que convive junto a otras. No tiene que ver con un estado especial de la persona ni con haber cumplido con determinada meta. No se puede cuantificar ni cualificar de esta manera. Sólo tiene que ver con tener un agudo sentido del bien y del mal.

2º) Lo que va conformando ese carácter honorable se fundamenta en la integridad y la honestidad. Sin zonas grises ni ambivalencias. O se es honorable porque está constituida la personalidad por una suma de acciones y respeto a principios honorables, o no se está en carrera hacia esa conducta que determina lo que es honorabilidad a lo largo de la vida de una persona.

3º) Ser conscientes de nuestros actos y apelar de manera continua a nuestra consciencia, no para que no tengamos remordimientos, sino para ser perfectamente lúcidos respecto a lo que hemos hecho bien. Cuando no estemos satisfechos por los resultados obtenidos o que pudiésemos por error o alguna circunstancia que se nos escapa, estar perjudicando a otra persona, rectificar inmediatamente, con la condición de advertir, explicar y hacer comprender qué es lo que se ha hecho mal y cuáles las razones por las que hay que acometer nuevamente esa acción.

4º) La honorabilidad requiere fuerza de espíritu. No es para débiles. Pero, además, saber que se está haciendo lo correcto es justo la raíz de la fortaleza.

5º) La verdad por delante. La honorabilidad es incompatible con las medias verdades y mentiras a secas. Ser honorable no es esquivar ni eludir la verdad, sino aceptarla como es y asumir la responsabilidad por nuestros actos.

6º) La corrección de un comportamiento es el único camino a que se transite hacia estadios de ecuanimidad y justicia. Ser correcto y ser conscientes en cada instante de nuestro tránsito en la vida, hacia lo que está más o menos próximo a la corrección que pretendemos, es lo que nos garantiza en definitiva ser personas de principios, abrazar la verdad, tratar de ser lo más justos que podamos y aferrarnos a la verdad. Como puede observarse y hemos dicho más arriba, no es una sola cualidad sino la sumatoria de varias.

Cuando flaqueamos frente a la verdad

Cierto es que cuando flaqueamos en cuanto a la verdad, estamos derrotando al honor. Jamás puede ser sustentado fuera del ámbito de la verdad, una conducta que pretenda hacer el bien ni amparada en principios que no sean garantes de acciones que se mueven en un marco de libertad. Ninguna limitación a nuestro libre pensamiento puede pretender ser honorable.

El ser auténtico es otro elemento esencial de la personalidad para que pueda alojar una conducta que con el tiempo sea considerada honorable

La vulnerabilidad es una virtud de las personas honorables

Nos hemos referido en una cantidad de ocasiones desde esta tribuna, al valor que entraña la autenticidad en la característica de un líder efectivo. Y desde ya, que es una categoría de personalidad de primer nivel, que es entrañable y duradera. Es un buen hábito que los líderes deben adoptar.

Por ello, cuando un líder está demostrando vulnerabilidad, es que puede estar sometido a ataques emocionales que va a sufrir generalmente en solitario. Pero a pesar de esta contingencia que es real, con los suyos, en vez de aparentar inviolabilidad de su temple y carácter, es bueno que muestre sus flaquezas, que es humano y que su actitud como consecuencia humaniza al resto.

Que no se esconde en su atalaya de líder, sino que baja al rodeo, que se interesa por los problemas habidos y especialmente cuando afecta a una o más personas. Que cuando comparte dolor y preocupación, se transmite este sentimiento y se buscan soluciones rápidas, porque no hay una imposición dictatorial para corregir algo que está mal hecho, o las consecuencias de una acción inoportuna, etc., porque lo que sí es válido para los demás es que su líder está demostrando que hay que asumir responsabilidades y mostrar los sentimientos. Esto no solo humaniza, sino que es un multiplicador de motivación.

Cuando un líder da ese paso en el que muestra a los demás una parte más humilde y humana de sí mismo, está asegurando que de dicha vulnerabilidad se irradie una fuerza de acción. Esta noción tiene para la psicología organizacional varias interpretaciones y aplicaciones: una de ellas es la idea de que el acto mismo de exponer el verdadero yo fortalece inherentemente el carácter y ofrece una valiosa mejora personal; la otra, cuando se actúa con este nivel de humildad y transparencia tiene un impacto emocional en los demás, que entonces le considerarán más favorablemente y fortalecerán su base de apoyo.

Porque de lo que se trata al demostrar vulnerabilidad, es que no por ello ha perdido el honor, más bien lo ha reforzado. El líder vulnerable no deja de ser efectivo, más bien, lo contrario. De sus acciones, el personal le considerará como arriesgado y valiente que no es lo mismo que temerario; también lo verán como próximo y accesible, que no acobardado que se queda en su zona de confort; desde ya que honesto en sus actos y palabras, que en el tejido del día a día construyen toda la prenda que abriga la honorabilidad; no menos importante, que se le considere sensato, que tiene buen criterio y que está muy pendiente de los demás, de sus logros, como de sus errores, priorizando siempre al resto de personas sobre sus intereses individuales.

 

Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y también autor del libro ‘El Cubo del Líder’; y Antonio Alonso, presidente de la AEEN (Asociación Española de Escuela de Negocios) y vicepresidente segundo de EUPHE (European Union of Private Higher Education).

, , , , ,

Descubre el mejor bono sin depósito casino en España, visita este sitio restaurantedonmauro.es y empieza a ganar hoy mismo.

Pin It on Pinterest

Share This