No hay que perder la alegría de vivir

Si nuestros lectores/as piensan que los autores caracterizados por escribir temáticas referidas al liderazgo y al Management no somos sensibles a cuestiones tan esenciales para la vida como es la alegría y la felicidad, pues se equivocan. Porque justamente en muchos ámbitos de la dirección de personas, de la manera en que se debe coordinar y supervisar equipos de trabajo, la forma en que establecemos una determinada estrategia, la manera en que estructuramos un nuevo departamento y/o función en una empresa para responder al nuevo modelo de negocio, etc., en todas estas incursiones que hacemos, no podemos obviar el poderoso sentimiento que es ese de sentirse alegre.

Alegría por lo que haces y también por las personas con las que compartes esos momentos. Sin duda, si la mitad de nuestra vida la empleamos en desplazarnos a los ámbitos de trabajo y permanecer una cantidad de horas enfrascados en proyectos, reuniones, tomas de decisiones y un largo etcétera, bien está que al menos intentemos hacerlo con alegría, con ese sentirse bien que tantos beneficios nos aporta a nuestra salud física y mental.

Nosotros estamos decididos a influir positivamente en este sentido – a pesar de que suene un poco ampuloso- en nuestros lectores/as en la búsqueda de motivos que día a día nos proporcionen alegría, por lo que creemos que hacemos diana en nuestra aportación de hoy insistiendo en que el principio de que te sientas alegre radica en tu actitud.

En ese convencimiento de que lo que tienes por delante en el día de hoy, lo vas a poder superar, si es que desde temprana hora te tiene preocupado/a un nuevo proyecto que involucra al departamento del que estás a cargo, y sobre el cual tienen grandes esperanzas la junta directiva que te tiene en buen concepto, por lo que tu responsabilidad está absolutamente entregada a no defraudar a nadie. Ni a tu personal ni a la alta dirección.

Si te formulas la pregunta ¿cuándo fue la última vez que sentiste alegría?, seguramente te afloran todas esas dudas, por ejemplo, las que te han surgido hoy frente al proyecto sobre el que están puestos los ojos de la empresa.

Tu responsabilidad parece que no da lugar a que sientas alegría, o que la consideres que es un obstáculo para lograr el éxito que buscas. Pesan más en ti los ojos que te están mirando que los propios que tú mismo pones en el trabajo. Y esto es obvio, que es un limitante para sentir alegría.

Pero la buena noticia que te damos es que puedes mantener ese nivel de responsabilidad y eficacia personal sin tener que esconder bajo la alfombra este noble sentimiento.

Te decimos que cuando te esfuerzas en cambiar el entorno, aunque sea en pequeñas dosis, es una fuente más accesible para encontrar alegría.

Esto proviene de la posición de muchos autores y expertos en la materia, aunque nosotros lo hemos tratado en nuestro libro “El Cubo del líder” y en decenas de artículos desde este Foro. La tesis consensuada es que es hora de que abramos nuestros ojos al mundo físico. Porque al hacer pequeños pero poderosos cambios a las cosas que nos rodean, podemos vivir vidas más felices y saludables.

Veamos a que nos referimos, porque pareciera que es algo excesivamente sutil, aunque te aseguramos que no por ello menos efectivo. Por ejemplo, si hay que exponer, el grado de avance de un proyecto en una reunión en la que participen todos los departamentos de la empresa, el relato que tiene que estar sujeto a la precisa realidad de lo sucedido, con datos y hechos, más las opiniones que correspondan, hay que provocar que la percepción que se tenga de lo que dices en la presentación, de un aire triunfal, de que está encaminado hacia el éxito, que transmites la alegría y también la seguridad que tanto los resultados como los plazos van a ser cumplidos. O sea, dar una sensación de alegría. Y te aseguramos que esta se transmite inmediatamente a los presentes.

Como se suele decir en la jerga de la logística sobre la capilaridad, que permite a las empresas depositar una mercancía en un punto determinado, ya sea como punto final de recogida o para su distribución en otros almacenes, la alegría si bien es un gran intangible tiene a nuestro entender esa capilaridad de impactar e influenciar las percepciones de las personas en nuestras relaciones interpersonales. Y muy especialmente, cuando en una situación de reunión interdepartamental como la de nuestro ejemplo, producir un nivel de influencia positiva, fomentar la asertividad, la colaboración y puesta a disposición de recursos a veces no previstos pero que emanan de la imagen segura, alegre y confiada que tú has representado.

Seguridad y confianza

No es ninguna exageración decir que de cómo se plantea un problema o la manera en que se detallan los avances, así como inconvenientes que el proyecto que estás liderando ha tenido hasta el día de hoy, de los tres elementos señalados, seguridad, alegría y confianza, es justamente la fuerza y convencimiento que te da a ti tu conocimiento y tu pericia, o sea, el soporte técnico que avala el sentimiento de seguridad y confianza. Pero automáticamente creció en ti algo más poderoso, que es la autoconfianza que te ha insuflado ese especial sentimiento que es que te sientas bien por cómo estás exponiendo las cosas, la manera en que llegas a las personas con una comunicación transparente y directa, no adornada superficialmente por una alegría hipócrita, sino por ese convencimiento de que tus gestos, movimientos y expresión de la cara, reflejan una especie de alegría del triunfo, de las cosas bien hechas, de la responsabilidad sobre tus acciones y del buen hacer en cuanto a la coordinación los miembros de tu equipo.

Jamás debes pensar que la alegría es agradable, pero es un poco ligera, no sustancial. Craso error.

Y te aseguramos que en el ambiente que seguramente se habrá generado en todo ese espacio de tiempo que has utilizado para presentar el estado actual del proyecto, las personas te estaban escuchando con atención y también estaban siendo convencidas ellas mismas de ese sentimiento intangible, una alegría que flotaba en el ambiente y que se contagiaba, que surgía de las cosas que se decían porque representaban algo que está en proyecto pero que ya tiene cuerpo y forma. La parte física a pesar, en principio, de la intangibilidad de la presentación, tomó forma, se hizo cuerpo en la mente de los presentes, por lo que fue posible que sintieran también satisfacción y alegría.

Si te preguntas “¿cómo las cosas nos hacen sentir alegría?” o ¿por qué las cosas tangibles nos hacen sentir alegría intangible?”, simplemente es que lo hacen. Este es el gran misterio al mismo tiempo que valor que la gestión adecuada de nuestras emociones y sentimientos tiene en nuestra vida en general, muy en particular, en nuestro desempeño laboral.

Esto nos lleva a otro punto interesante: que descubrimos que las personas cuando han sido testigos de una presentación como la referida, han comprendido la vinculación entre lo tangible y lo que no lo es, porque han comprendido que cuando estamos transportando al mundo físico en el que hablamos con datos y hechos sobre el avance de un proyecto, la imagen intangible que fusionamos a través de nuestros gestos y expresiones, es un recurso muy poderoso para que podamos crear vidas más felices y saludables.

También hay que tener en cuenta que en que diferentes estudios e investigaciones científicas aún se mantienen desacuerdos en cuanto a qué es la alegría, utilizando a veces las palabras “alegría”, “felicidad” y “positividad” de forma más o menos intercambiable.

Pero hay que tener en cuenta un matiz interesante: que cuando damos saltos de alegría por una cuestión que nos ha provocado una repentina emoción, se trata de una sensación de un momento determinado. Por contrario, la felicidad es cómo administramos todos los diferentes momentos en que nos podemos considerar razonablemente felices a lo largo de nuestra existencia. La diferencia es entonces eminentemente temporal.

Existe una cultura en la sociedad que aún hoy cree que estamos obsesionados con la búsqueda de la felicidad y, sin embargo, en el proceso, pasamos por alto la alegría. Podríamos también calificar o etiquetar este sentimiento como que no sabemos gestionar como debiésemos el presente…el hoy.

Saber vivir cada momento plenamente y disfrutarlo. Porque la sucesión de todos ellos nos lleva a ese camino de felicidad más o menos razonable de la que esperamos sea nuestra vida a lo largo de los años que nos toque vivir.

Un mundo que nos divide

Y por más que siempre se dice que todas estas cosas son placeres pasajeros, de hecho, son muy importantes porque nos hacen que recordemos de la humanidad compartida que se encuentra en el disfrute y goce de experiencias compartidas de un mundo físico.

De ahí que cuando, por ejemplo, en nuestro estudio que tenemos en casa, queremos tener determinados cuadros, mapas colgados de la pared, fotos, un orden determinado en los los libros que colocamos en sus estantes (sujetos o no a alguna clasificación que nos gusta), etc., forma parte de nuestro micro clima o entorno que nos hace sentir bien. Es nuestra zona de confort.

Cada momento de alegría es pequeño, con frecuencia muy efímero, pero estamos seguros que, con el paso del tiempo, la suma de las partes será más que el todo.

Lo que proponemos es que, en vez de estar continuamente pensando en una felicidad lejana, planificándola para el futuro, pero con dudas de que realmente llegue, es más efectivo para nuestro bienestar, para ese sentirse bien, no buscar tan lejos, sino encontrar en los pequeños momentos, abrazar la alegría y encontrar maneras de ponernos en el camino de ella más a menudo.

Debemos admitir que, en el interior de cada uno de nosotros, existe nuestra tendencia natural (una especie de impulso) a la búsqueda de situaciones no sólo de alegría, sino todos aquellos momentos y circunstancias (por ejemplo, en el trabajo) en los cuales hacemos todo el esfuerzo, ponemos lo mejor de nosotros mismos, para que nuestro micro entorno laboral esté libre de tensiones negativas y que, a pesar del estrés y la responsabilidad, sea un ambiente no tóxico y se respire libertad y alegría.

En el nivel más básico, el impulso hacia la alegría es el impulso hacia la vida.

 

Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y también autor del libro ‘El Cubo del Líder’.

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