Síndrome de “miedo al fracaso”

Alguna vez se preguntaron si personalidades descollantes de la historia, como Napoleón, De Gaulle, Churchill, Kennedy, Julio César, Lincoln y un largo etc., tuvieron en algún momento de sus hazañas en campos de batalla o en los despachos del poder miedo al fracaso o la sensación de que lo que tenían entre manos no iba a funcionar. ¡Pues claro que no!

Fueron personalidades que, además de un fuerte carácter y una personalidad muy a prueba de contratiempos, creían firmemente en lo que hacían. Eso que llamamos en liderazgo determinación.

Pero si nos adentramos en las historias actuales de las organizaciones, incluso la política, también esa voluntad de “coronar la cima” es un atributo reservado a unos pocos líderes.

En la doctrina de la Teoría de las Organizaciones se ha hecho referencia a este fenómeno psicológico, que afecta a más personas en posición de liderazgo de lo que a los propios afectados les gustaría admitir. Se le conoce como el síndrome APS (Auto-Preemption Syndrome), que puede traducirse como “estado predeterminado de fracaso”, lo cual tiene mucho que ver con ese “miedo al éxito” o también “pavor al fracaso”, depende cómo se mire y qué filosofía de vida tenga cada uno.

Una advertencia a nuestros lectores/as: no confundir con otro síndrome que también hemos tratado en este Foro que es el llamado “síndrome del impostor”, que es cuando una persona, por ejemplo, es promovida a un puesto de responsabilidad y ve su ascenso con mucha preocupación, ya que tiene miedo a que cuando tenga que demostrar sus capacidades de liderazgo muestre a su vez ciertas debilidades técnicas y/o de dirigir personas que los demás piensan que tiene. Pero esto está en su mente, no en la de las personas de su entorno.

Pero volviendo al tema que nos ocupa, veamos, por ejemplo, cuál era la visión sobre el miedo al fracaso que tenía Barry Schule uno de los pioneros de Internet, que actualmente es presidente del consejo de administración New Tech Network, habiendo sido CEO de DFJ Growth y también presidente y CEO de AOL (America online Inc).

Cree firmemente que hay que erradicar esta especie de complejo si no se quiere llevar a la empresa a la pérdida de productividad. Para ello, hay que eliminar de nuestra mente el convencimiento del fracaso y no del éxito. Su diagnóstico en un caso concreto fue que el CEO estaba bajo el efecto del síndrome APS (Auto-Preemption Syndrome)

¿En qué consiste? Cuando una persona se convence a sí misma que algo es imposible de que llegue a buen fin, al éxito, lo que seguramente se está garantizando es un sonado fracaso. Es lo que coloquialmente también se conoce como una “profecía autocumplida” que es una creencia o predicción que, por la sola razón de que se cree en ella, se convierte en realidad. Es decir, se convierte en una fuerza impulsora que guía la conducta humana hacia el resultado deseado o esperado, generalmente negativo.

El ámbito del fracaso es toda una circunstancia que se va tejiendo y materializando. Suele ocurrir cuando quién debe tomar la decisión ya es una persona con trayectoria y prestigio, por lo que este background en vez de ser un elemento positivo e impulsor, se convierte en un exceso de prudencia por miedo a “comprometer” su nombre.

Y cuando se exagera en los contra y no en los pro, justamente por temor, siempre hay más de un 50% de probabilidades que finalmente las decisiones no se tomen, o cuando se hagan, sean tardías y lo más grave, inoportunas.

Esto se ha visto hasta en las guerras. En la Batalla de Anzio (enero de 1944) las tropas americanas por un exceso de prudencia del general responsable de la invasión en la costa italiana cuya misión era tomar Roma aún en manos nazis, hizo que ese desembarco fuera un fracaso y demorara aún más el avance para liberar territorios invadidos por los alemanes. ¿Cuál había sido el miedo al fracaso del general a cargo de la invasión? Que creía que los alemanes estaban escondidos y que no quería llevar a sus tropas a una trampa, cuando lo que había ocurrido en realidad, es que el ejército alemán ya había sido desplazado de esa región, y la demora producida por el temor al fracaso costó vidas humanas que de otra manera no se hubieran perdido, ya que, al haber quedados anclados en las playas de desembarco, otorgó a los alemanes 48 horas preciosas para reagrupar su fuerza defensiva.

Vacuna contra el APS (Auto-Preemption Syndrome)

Como siempre, cuando analizamos aspectos de determinadas bondades de la personalidad, surgen ejemplos en el mundo del deporte. Caso de una deportista que venció lo imposible, demostrando que podemos convertirlo en posible. En definitiva, no aceptamos un ¡NO! por respuesta. Pero nos referimos a nuestra respuesta interior.

Shannon Kelly casi se muere a causa de una enfermedad cardíaca. Cuando tenía 13 años corría sin dificultad un kilómetro y medio, pero de pronto empezó a perder velocidad y no sabía por qué. Su madre murió de una cardiomiopatía hipertrófica; por tanto, le hicieron análisis confirmándose su mal y le dijeron que probablemente necesitaría un trasplante.

A los 35 años no podía hacer una cama sin perder el aliento. Tenía que dormir casi sentada sobre unos almohadones para poder respirar. Los médicos ya no podían hacer nada más por su corazón: la única salida para vivir era un trasplante.

Finalmente se sometió a la operación. Al salir del hospital pudo subir ocho tramos de escalera sin detenerse. Fue entonces cuando decidió fortalecer su cuerpo y empezó a practicar ejercicio y volver a asistir a sus clases de tenis. Jugó tenis en 2008 para personas con trasplantes e intervino en un triatlón femenino: 800 metros de natación, un recorrido de 19,3 kilómetros en bicicleta y una carrera a pie de 3,4 kilómetros.

Ya había empezado a correr cinco kilómetros por día. En 2009 solicitó que le anotaron junto al número de participante en el brazo “Gracias, familia del donante”. Acabó el triatlón en el puesto 93, pero para ella era como si hubiese sido la primera. Estaba eufórica.

En la actualidad, lo único que le importa es sentir que su corazón es un regalo maravilloso y ella afirma que le corresponde mantenerlo en forma y cuidarlo.

¿Puede pensarse que padece el APS (Auto-Preemption Syndrome)? Justamente lo contrario: es una personalidad con capacidad automotivadora, que no conoció nunca –incluso aunque no se hubiese operado- esa sensación de derrota del CEO citado por Schuler.

Este mecanismo que nos lleva camino del éxito (al menos a intentarlo), es una voz interior que gobierna nuestra determinación para tomar una decisión, asumir el riesgo y estar convencidos de que podemos salir airosos de la acción que emprendamos.

El miedo al fracaso, visto desde la óptica de la psicología, es lo que se conoce como un miedo irracional, pero que además se caracteriza por generar un sentimiento que es persistente, que cuesta erradicar de la mente en cuanto al fracaso per se, pero peor aún, en cuánto va a significar el fracaso en caso de darse, para la carrera y futuro de la persona que lo está padeciendo.

Este miedo puede tener diversas causas. A veces puede surgir como respuesta a una situación específica. En otros casos, puede estar relacionado con otro problema de salud mental, como la ansiedad o la depresión. Pero no debemos olvidar que también puede estar relacionado con el perfeccionismo.

¿A qué se debe que se de en este tipo de personalidades? Una persona que es perfeccionista fija sus logros y expectativas mucho más alto de lo que realmente puede conseguir. Espera que los resultados estén acordes también con dichas expectativas creadas. Pueden experimentar un miedo persistente de no estar a la altura de esos estándares, que con frecuencia son poco realistas.

Desde ya que a ninguna persona le agrada fracasar. Una cosa es cuando se dice que después de cometer varios errores y haber fracaso en diferentes circunstancias, un líder de la categoría de Richard Branson, diga que ha experimentado el éxito, o que éste no habría llegado a su vida sin una serie de fracasos previos.

En la mente de un líder como Branson no existe el miedo al fracaso, sino la obsesión por encontrar las alternativas en la toma de decisiones que le hagan cambiar la dirección del camino que había elegido. Y no tiene ni miedo ni complejo alguno en pasar a la acción. Puede más el deseo de garantizar el crecimiento y el éxito que el peso de esa frase tan manida de “qué pesará si fracaso” o “qué pensarán los demás si esto que estoy emprendiendo fracasa”.

Para la persona que sufre este miedo al fracaso, representa una amenaza psicológica tan importante que su motivación para evitarlo supera su motivación para triunfar. Y tiene una consecuencia directa: su miedo le hace estar saboteando inconscientemente sus posibilidades de éxito, de diversas maneras.

Evitar la acción por miedo al fracaso puede llevar a la persona involucrada a que le provoque sentimientos como decepción y frustración. No menos importante también, que sienta tristeza y que pase finalmente a estar arrepentido.

Obviamente, ninguna de estas emociones es agradable; y, lo peor de todo, es que pude hacer que su personalidad de cara al futuro vuelva a comportarse así en otras circunstancias similares. O sea, que pase a ser un problema estructural de su personalidad, no puntual.

 

Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y también autor del libro ‘El Cubo del Líder’.

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