¿Puede la UE competir con los grandes colosos tecnológicos?

Decir que los tiempos han cambiado al referirnos a las grandes corporaciones industriales de los años 50 y 60 del siglo pasado es, evidentemente, una tautología. Pero decir que las empresas de gran tamaño en la actualidad son las que se denominan tecnológicas, más que la aseveración de una verdad (tautología), pasa a ser un axioma.

Recordemos que, desde el punto de vista semántico, la tautología es una repetición innecesaria de un concepto ya expresado, por ejemplo, es una absurda tautología decir que “un clérigo viste el clérigo”. También nos referimos a ella como la proposición o fórmula que es siempre verdadera, cualquiera que sea el valor de verdad de los elementos que la componen. En cuanto al axioma es una proposición tan clara y evidente que se admite sin demostración. O sea que el valor axiomático de cualquier referencia sobre el gran tamaño de las organizaciones en cuanto a la exigencia para aquellas que son consideradas tecnológicas, es que piensen tecnológicamente y que sean capaces de desarrollar servicios tecnológicos personalizados para su negocio, que a su vez pueden convertirse en “nueva tecnología” que puede monetizarse aún más. Un círculo virtuoso que ha hecho, por ejemplo, de Amazon, pasar desde sus orígenes de vender libros a ser una especie de proveedor del todo, y que puede serlo porque solo ha adquirido esta posición gracias a su capacidad de innovación y generación de nuevas tecnologías.

Desde el punto de vista de los consumidores, no todo el mundo ve a los monopolios como algo malo, porque a nivel individual de personas y familias, siempre se piensa primero en los beneficios de contar con productos y/o servicios punteros, de mejor calidad y a buen precio, pero que especialmente satisfagan las apetencias (necesidades) de los compradores.

Pero esto también nos hace suponer (más bien verificar) que se dan otra serie de situaciones más allá de la demanda individual, que son ciertas y que no todas las personas vean a dichas comportamientos monopólicos de la misma manera, más bien, estarán decididamente en contra.

Por un lado, está la libertad de elección y si la misma es buena para el consumidor; también es cierto que, si bien los mercados muy activos son buenos para el crecimiento y desarrollo de una región, la cuestión es ver a qué coste, observando si ha invadido la capacidad de desarrollo de otras empresas que pierden oportunidades de seguir compitiendo de manera equitativa porque no tienen ese alcance económico y soporte financiero que las grandes tecnológicas actualmente poseen. De ahí, que se quiera o no, hay que regular, pero hay que hacerlo bien.

Un único proveedor que puede limitar la competencia o usar su posición para controlar otros mercados es malo. Pero aquí está la cuestión. Ese último punto tiene ramificaciones serias. ¿Y cuáles serán entonces las consecuencias de las ramificaciones legales? ¿Y las éticas? ¡Cuidado con cometer el error como ha sucedido en muchos países que las decisiones y los datos cotidianos de las empresas pueden verse comprometidos por el gobierno! Situaciones en las que se trata efectivamente de un monopolio propiedad del gobierno.

Si esto nos lo tomamos con el debido rigor, desde todos los estamentos que intervienen en el mercado de cualquier país (el gobierno que regula, las empresas que compiten y los consumidores que deben ser beneficiados para poder elegir en libertad), veríamos que ninguna empresa china debería tener permitido operar o vender en mercados que tratan a los monopolios en serio. Y esto no es así, porque es evidente que el poder económico chino, especialmente el de inversión, seduce hasta el más escéptico de los gobiernos.

Hemos visto situaciones en los últimos cincuenta años en que prácticamente toda una empresa está sindicalizada y su mano de obra está monopolizada de la misma manera. Esos sindicatos también pueden tener un poder político de mucho alcance que va mucho más allá del mandato de proteger a los trabajadores dentro de la empresa. Una cosa es que se defienda las conductas antitrust, y otra muy diferente, que se aplique un duro golpe a las empresas potencialmente monopolistas en un país, porque tienen todas las condiciones para su crecimiento y desarrollo, además de por los resultados demostrados hasta el momento. Pero entonces, en aras de la equidad habría que establecer los mismos estándares para calificar la conducta antimonopólica en otros lugares. Y esto sin duda afecta a corporaciones chinas.

No parece en Estados Unidos que el tamaño de las empresas individuales sea necesariamente una preocupación importante en el concepto de crear monopolios. En este país esta cuestión se ha abordado a partir de operaciones de grandes cadenas de supermercados que compran otras grandes cadenas de supermercados. Albertson’s ahora posee la cadena de supermercados Safeway además de otros grupos de tiendas minoristas. Y no es el único sector afectado, ya que también se han producido una serie de fusiones de grandes bufetes de abogados con las consecuentes discusiones sobre lo que implica crear monopolios en los negocios.

Los ciudadanos estadounidenses están acostumbrados a que grandes cadenas de tiendas departamentales como Macy’s (de venta minorista como es en España El Corte Inglés), hayan comprado y absorbido otras cadenas de tiendas de la competencia. Una cosa es la creación de un monopolio y otra muy diferente es desalentar la competencia.

¿Cómo nos protegemos de la dependencia de los gigantes tecnológicos?

Si ponemos en la línea de tiempo el verano pasado, ¿qué es lo que ocurrió que mereció una especial atención de gobiernos, empresas y particulares? Se produjo un apagón tecnológico global que afectó a múltiples sectores, desde las aerolíneas hasta los bancos y los medios de comunicación, que puso de manifiesto nuestra dependencia de un número reducido de proveedores de software.

Llegó a paralizar desde viajes hasta finanzas antes de que los servicios comenzaran a volver a estar nuevamente online, después de horas de interrupción, lo que evidenció los riesgos del cambio que ha dado el mundo hacia tecnologías digitales e interconectadas. ¿La causa de este gran desaguisado? Una actualización fallida de software de la firma global de ciberseguridad CrowdStrike. Obligaron a emisoras y canales de televisión a salir del aire y dejaron a los clientes sin acceso a servicios como atención médica o banca.

La aceleración de este proceso de dependencia de gobiernos y empresas de unas pocas empresas tecnológicas se debió a la pandemia de 2020-2021. Estos colosos tecnológicos durante las últimas dos décadas de consolidación de su expansión y capacidad de seguir creciendo más allá de cualquier expectativa prevista anteriormente, y muy especialmente su capacidad de influencia que tienen en las sociedades del orbe, explica por qué un problema de software tuvo repercusiones generalizadas.

¿Qué nos demostró? Hasta qué punto somos dependientes de un número muy reducido de gigantes tecnológicos, conocidos en la jerga del sector como Big Tech o los titanes de la tecnología. Este término se refiere a las mayores empresas de TI del mundo, especialmente a las cinco grandes empresas tecnológicas estadounidenses: Alphabet (matriz de Google), Amazon, Apple, Meta (antes Facebook) y Microsoft. Pero aquí no acaba la lista, ya que a ese grupo también se pueden añadir Nvidia y Tesla, formando los Siete Magníficos.

Si consideramos en el contexto global, empresas chinas como Baidu, Alibaba, Tencent y Xiaomi (BATX) también se incluyen en este grupo debido a su relevante poder de mercado e influencia tecnológica.

Otros elementos que inciden en la conducta anti mercado libre

La competencia desleal es otro tema crítico, aunque no llega a tener el mismo nivel (por volumen) de impacto que la dependencia señalada a aquellas corporaciones. También es cierto que hay una realidad de sobre-concentración tecnológica de China, lo que nos alerta sobre un fenómeno global que seguirá creciendo.

¿Cómo queda configurado el escenario en el presente?

Las Big Tech tienen un doble impacto en la economía y la sociedad: es evidente que tienen la capacidad real de aportar avances significativos en tecnología e inclusión financiera, facilitando la cooperación y el acceso a herramientas avanzadas; las consecuencias directas de su poder y alcance pueden generar inestabilidad financiera, competencia desleal y riesgos de privacidad, circunstancias que plantean a los gobiernos y también a organismos internacionales desafíos importantes que requieren una regulación y supervisión adecuadas para equilibrar sus beneficios y disminuir todo lo que se pueda sus desventajas, incluido el daño a las pequeñas y medianas empresas tecnológicas.

¿Pueden los mercados digitales europeos dominar a las grandes tecnológicas de Estados Unidos?

¿Qué es lo que ha provocado la economía digital? Sin duda, ha puesto en el centro de atención la regulación antimonopolio, y las empresas tecnológicas cada vez más dominantes (como Amazon, Google, Facebook (Meta), Apple y Microsoft) han reavivado las preocupaciones sobre monopolios privados en la concepción clásica de los movimientos económicos y legales antitrust que nos retrotraen a la época de corporaciones como la Standard Oil y AT&T.

Pero la aplicación hoy día de las regulaciones antimonopolio en el mundo digital es mucho más compleja que en los mercados tradicionales que, obviamente no habían atravesado la última barrera que la transformación digital ha impuesto ahora a escala global. Una vez más, la tecnología lo puede todo, transforma las formas y el fondo, o sea, procesos tanto industriales como administrativos y de distribución, lo que obliga a nuevos modelos de negocio para empezar a afrontar la disrupción que cada vez es más acelerada.

Es por ello que la regulación de los gigantes tecnológicos se ha convertido en una prioridad en todo el mundo, especialmente a partir de que el escenario actual tiene un nuevo actor esencial que es la inteligencia artificial (IA). También nos encontramos los europeos con un factor importante en nuestra contra: estas empresas son en su mayoría estadounidenses y la responsabilidad de la supervisión a menudo se percibe como insuficiente en Estados Unidos.

¿Cuál es la secuencia de la intervención legal de un estado en circunstancias monopólicas?

Que siempre las medidas aplicadas, es obvio que se producen después del hecho, y requiere de una doble identificación: si realmente se produce una conducta monopólica dentro de un mercado claramente definido como de una conducta anticompetitiva que perjudica a los consumidores; cualquier mercado digital a escala global y de rápido crecimiento puede no ser fácil de definir e incluso detectar, lo que facilita que se tienda a producir una concentración corporativa sin implicar necesariamente una conducta anticompetitiva explícita. Hay que considerar también que los gigantes tecnológicos a menudo ofrecen servicios gratuitos o productos cada vez más avanzados, lo que dificulta demostrar el daño a los consumidores.

Se crean líneas rojas no solo difíciles de detectar, sino generadoras de posiciones políticas con frecuencia que atentan contra la filosofía del libre mercado.

En la Unión Europea se ha abordado esta cuestión con la Ley de Mercados Digitales (DMA) por sus siglas en inglés (Digital Markets Act), una nueva regulación que impone obligaciones y prohibiciones a las empresas que alcanzan determinados umbrales en función de su tamaño, como su facturación y número de usuarios. A estas empresas se las ha categorizado como “guardianes” de servicios digitales críticos y, hasta la fecha, entre los guardianes de la DMA se encuentran Amazon, Google, Facebook (Meta), Microsoft, Apple, ByteDance y Booking.

Se les ha impuesto determinadas prohibiciones que incluyen la “autopreferencia”, que se refiere a la práctica de plataformas como Amazon y Google Search de dar preferencia a sus productos sobre los de los competidores. Si bien las obligaciones de la DMA van desde la interoperabilidad hasta la portabilidad de datos, estas medidas suelen imponerse a las empresas solo después de una investigación antimonopolio y una constatación de conducta monopolística. La DMA complementa la ley de competencia en Europa (el marco de la DMA) para garantizar la competencia y la equidad en los mercados digitales.

La DMA amenazó con multas de hasta el 10% de su facturación anual. Estas leyes marcaron un paso revolucionario hacia el fomento de la competencia en la industria tecnológica, un objetivo que también persiguen otros países del continente.

¿Por qué el sector digital?

Algo que nunca había ocurrido a escala global era que las políticas sobre la competencia de los gobiernos de todo el mundo se hubieran centrado con tanta insistencia en regular el mismo mercado. Esto ha sido consecuencia directa del poder de empresas como Apple y Alphabet que en los últimos años han afirmado su poderío en el sector digital, porque lo que en los hechos ha sucedido, es que efectivamente poseen un control monopolístico sobre las tiendas de aplicaciones, los servicios de pago móvil y varias otras plataformas digitales.

¿En qué aspectos se materializa su dominio? En que todas estas grandes corporaciones tienen capacidad más que suficientes para ahogar la competencia a través de una variedad de medidas, tales como:

– fijar precios para las empresas más pequeñas.

– crear términos y condiciones severos para que los desarrolladores introduzcan sus aplicaciones en grandes plataformas digitales.

– celebrar acuerdos exclusivos con proveedores para garantizar que los competidores no tengan acceso a los mismos recursos.

En los hechos, los gigantes tecnológicos tienen la capacidad para determinar qué empresas tienen éxito y quiénes no en la industria. ¿Y tiene esto consecuencias en el mercado y la economía? Desde ya que cuando la competencia disminuye también lo hace la innovación, ya que las pymes no pueden introducir ideas novedosas debido a su poder limitado. Además, el control monopolístico limita la elección de los consumidores, ya que los usuarios se ven obligados a utilizar tiendas de aplicaciones y servicios de pago específicos.

En definitiva, si tenemos un sector digital monopolista perjudica tanto a los consumidores como a la industria. Por tanto, los gobiernos, los reguladores y las autoridades de competencia se han centrado en reducir el poder de las grandes empresas tecnológicas.

¿Cuál es el fundamento teórico sobre el que se establecen las DMA en la UE?

Como solemos hacer desde el Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y desde el Foro Ecofin, es dar prioridad en los análisis que hagamos a cuál es la posición de la doctrina al respecto de cualquier movimiento que se produce en el ámbito de las organizaciones privadas y también en las regulaciones que emanen de las instituciones públicas de referencia, como es el caso de la Comisión Europea.

De ahí que citemos a la Dra. Giovanna Massarotto que es una experta internacional en derecho antimonopolio, derecho de propiedad intelectual y regulación económica en el campo de la tecnología de la información. Tiene un doctorado de la Universidad Bocconi de Milán, donde investigó y enseñó derecho de la competencia como profesora adjunta. Actualmente es investigadora académica en el Centro de Tecnología, Innovación y Competencia (CTIC) de la Facultad de Derecho Carey de la Universidad de Pensilvania y afiliada al Centro de Tecnologías Blockchain de la UCL (UCL CBT).

Nos parece de gran interés la investigación que hace sobre los orígenes de las características centrales de la DMA examinando tres escuelas europeas importantes de política económica: la Escuela Histórica, la Escuela Austriaca de Economía y el Ordoliberalismo.

“El ordoliberalismo es una corriente de pensamiento económico que tuvo su origen en la Alemania de Weimar (1918-1933). Se desarrolló en un período en el que este país enfrentaba una profunda crisis económica debido a las secuelas devastadoras de la Primera Guerra Mundial, seguidas de la hiperinflación, el impacto económico de la Gran Depresión en 1929, y el posterior auge del nazismo. Los pensadores que adscribieron a esta escuela consideraron que la concentración del poder económico por parte de los monopolios de la época fomentó la ascensión de los nazis y en último término dinamitó la democracia en el país (Jones, Sufrin y Dunne, 2019, p.27)”.

Por supuesto que no podía dejar de mencionar al más influyente exponente de esta corriente que fue Ludwig Erhard, político y economista alemán, “cuyas ideas ejercieron una influencia sumamente significativa en la economía de la posguerra en Alemania Occidental” y fueron decisivas para producir el fenómeno tanto económico como social al que se llamó “milagro alemán”.

Esta escuela de pensamiento más filosófico que económico según la opinión de Giovanna Massarotto, sostenía que era el estado el que tenía que garantizar a través de un marco legal (marco legal y enfoque de la DMA) para asegurar el orden económico. Este concepto “filosófico dinámico” evolucionó a través de diferentes vertientes y a lo largo de al menos tres generaciones de académicos.

“Los ordoliberales compartían la creencia de que los monopolios debían evitarse, incluso mediante una regulación estricta (ámbito de aplicación de la DMA a las empresas reguladas) para garantizar la competencia como base de la libertad económica”.

Para que nuestros lectores/as recuerden los que fueron los prolegómenos de lo que es hoy el mercado único de la UE, tuvo que apoyarse el necesario progreso que buscaba la Alemania destruida que había quedado de la Segunda Guerra Mundial, en un fundamento que era la “economía social de mercado”, que hoy perfectamente la asociamos con el “estado de bienestar europeo”. Se producen las reformas económicas de Alemania Occidental de 1948 que desmantelaron la economía dirigida nazi y marcaron el comienzo del legendario “milagro europeo” de los años 50.

La competencia era un medio necesario para desempoderar a las grandes empresas y preservar la libertad humana y económica. Porque la esencia de la economía social de mercado era justamente la de garantizar la equidad y la competencia en los mercados.

¿Cuál es la diferencia con las teorías económicas predominantes en Estados Unidos por la misma época?

La economía neoclásica estadounidense centró su atención en el concepto de utilidad y la toma de decisiones basada en el consumidor. Influyó decididamente en las principales escuelas antimonopolio de Estados Unidos como Harvard y Chicago. Estas escuelas desarrollaron herramientas analíticas para evaluar la competencia, como la definición de mercado, el estructuralismo y el estándar de bienestar del consumidor, que siguen siendo válidos hoy en día. La filosofía económica (nunca mejor dicho) fue que la competencia debe evaluarse principalmente en términos económicos, en lugar de términos éticos o filosóficos.

¿En qué situación coloca el despegue tecnológico chino y estadounidense a la UE?

¿Está la Unión Europea capacitada para lograr una influencia mundial? La evidencia nos dice que en cuanto a impulsar la innovación tecnológica, la UE aún está muy rezagada. Europa alberga 7 modelos de IA de vanguardia, mientras que China cuenta con 20 y Estados Unidos con 109. En semiconductores, la UE depende de Asia entre el 75 y el 90% de su suministro. Y si tenemos en cuenta el tamaño de las organizaciones, las 7 principales empresas tecnológicas de la UE son 20 veces más pequeñas que sus homólogas estadounidenses en términos de valor total de las acciones.

¿Está influyendo el tipo de regulación? Existe una corriente crítica que es la que sostiene que la situación actual es consecuencia de “la disyuntiva entre los objetivos de la UE de fomentar la innovación, por un lado, y garantizar el uso responsable de la tecnología, por otro”.

O sea que, si se dictaron en la UE normas de seguridad para proteger a los ciudadanos europeos de los riesgos que las tecnologías críticas y emergentes suponen para el derecho a la privacidad, la libertad de expresión y la protección contra la discriminación, debemos ver la otra cara de la luna: la que sostienen los defensores de la industria que consideran que esto está creando un entorno restrictivo para la innovación tecnológica. Sin embargo, antes incluso de que la UE introdujera reglas basadas en la tecnología, la industria tecnológica europea iba por detrás de la estadounidense.

Se observa que la disyuntiva también puede producirse entre el objetivo de la UE de impulsar la innovación frente a una misión que también se han fijado las autoridades europeas, que es la de proteger las industrias dependientes de la tecnología, desde las empresas de IA hasta las infraestructuras públicas.

Sin duda, es factible que los estados miembros de la UE puedan importar tecnologías críticas y emergentes a bajo precio para fomentar el crecimiento y el cambio tecnológico. ¿Sería esto suficiente? Podría darse la situación que todo nuestro espacio económico-político se convierta en mucho más dependiente, lo que puede convertirlo también en más vulnerable a las interrupciones en el flujo de productos, servicios o datos. De ahí que Bruselas haya tomado la decisión de proteger sus industrias invirtiendo en el desarrollo de tecnologías críticas y emergentes para de esta manera, poder crear una capacidad de crecimiento a medio y largo plazo.

El proceso de digitalización en todos los sectores de la economía, ha impulsado transformaciones importantes en los procedimientos tradicionales, ya que cuando se producen flujos de trabajo digitales consecuencia de haber transformado los anteriores procedimientos clásicos, esto permite a las empresas optimizar las operaciones, mejorar las experiencias de los clientes y desarrollar nuevos modelos comerciales.

Esta transformación ha impactado en todo tipo de organizaciones tradicionales, ya sea en comercio minorista, el mayorista, los sistemas logísticos y especialmente de transporte, así como medios de comunicación. Al mismo tiempo, las organizaciones también están teniendo nuevas oportunidades para aprovechar las plataformas digitales, la computación en la nube y el análisis de datos para mejorar la eficiencia, personalizar las ofertas y explorar flujos de ingresos innovadores.

La creciente importancia de los datos y el análisis en la toma de decisiones

Una clara característica de la gestión actual es el grado de importancia que las diferentes empresas, independientemente de su tamaño, le dan hoy día a los datos y el análisis en la toma de decisiones. El Big Data se suma a otros dos elementos esenciales, como son el aprendizaje automático y el modelado predictivo, porque brindan a las empresas uno de los elementos más cotizados: información fidedigna sobre su nicho de mercado, entorno, competencia, etc.

De esta manera, con información y buena gestión se pueden tomar decisiones más acertadas, optimizando las diferentes acciones en ámbitos de los clientes, pero, además, poder estructurar nuevas estrategias corporativas a partir de un eficiente análisis de datos, lo que coadyuva a una mejor capacidad de adaptación a los continuos vaivenes del mercado, así como dar la mejor respuesta en línea con lo que siempre es objetivo esencial: la satisfacción del cliente.

Mejor acceso a la información, los recursos y los servicios

El acceso a la información, los recursos y los servicios, impulsado en gran medida por los avances tecnológicos, también ha creado nuevas oportunidades de crecimiento al nivelar el campo de juego para las empresas y las personas.

Hoy en día, existe un mayor acceso a una variedad de conocimientos, investigaciones y recursos educativos. Como resultado, las empresas pueden innovar y competir de manera más eficaz.

 

Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y también autor del libro ‘El Cubo del Líder’; y Antonio Alonso, presidente de la AEEN (Asociación Española de Escuela de Negocios) y vicepresidente segundo de EUPHE (European Union of Private Higher Education).

, , , ,

Descubre el mejor bono sin depósito casino en España, visita este sitio restaurantedonmauro.es y empieza a ganar hoy mismo.

Pin It on Pinterest

Share This