¿Te has preguntado por casualidad cuántas veces eres consciente de que te has levantado después de haber tenido una caída? Obviamente, no nos estamos refiriendo a que has tropezado en la calle y perdido el equilibrio. ¡No! Nos referimos a ese otro tipo de caídas: las de nuestro ámbito emocional, porque nos duele, nos provoca estrés, nos hace dudar sobre cómo encarar nuestras acciones futuras, nos crea ansiedad y, en cierta forma, nos hace acobardar sobre nuestra capacidad de reacción y salir de ese mal momento.
Porque lo que te aseguramos que realmente va a contar en tu vida es ¡cuántas veces te levantas, no cuántas caes!
Asume que los problemas forman parte de la vida y debes saber gestionarlos
Es importante que comprendas que lo que de verdad conforma tu personalidad es cómo reaccionas, con qué fuerza te levantas cada vez.
¿Conoces alguna persona que jamás haya tenido que enfrentarse a un problema? ¡Por supuesto que no! Los problemas forman parte de la vida. Están inseparablemente entrelazados entre los hechos y sucesos que vamos encadenando a lo largo de nuestra existencia. Esto es así desde que el mundo es mundo.
¿Pero qué es lo que te proponemos hoy?
Que analices cuando algo que te ha sucedido, que para ti haya sido, como suele decirse, un palo. Da igual que sea reciente o que tenga ya varios años, porque lo que nos interesa de ti hoy es que pienses sobre cómo reaccionaste, qué es lo que hiciste y si sacaste algún aprendizaje de ello. Esta es la cuestión a la que te estamos “forzando” para que hagas un ejercicio de reflexión. ¿Por qué te ha sucedido una cosa (o más) y cómo has reaccionado ante ellas?
Puede que una nueva caída, en caso de que hayas tenido una reciente, te afecte de tal forma que te quite fuerzas, por eso la clave está en cómo haces para que esta nueva reincidencia no te desinfle y te deje sin voluntad para doblegar las circunstancias a las cuales te estás enfrentando.
Lamentablemente, son muchas personas que, a la primera de cambio, producen sin quererlo ese desinfle que te estamos refiriendo. Como si no tuvieran ganas de levantarse de la cama después de una gran resaca de la noche previa.
A tal punto pueden influir (éstas circunstancias) en tu capacidad de reacción, que puedes entregarte sin más, sin pelea, dejando que las cosas se arreglen con el paso del tiempo, por aquello de que el tiempo lo cura todo (se olvidan las cosas o se pierde esa perspectiva del momento), lo que le quita peso al problema, pero en realidad sigue estando ahí. Es un engaño que te has hecho a ti mismo.
En muchas situaciones a las que las personas se enfrentan y que son especialmente duras, en realidad tienen justificación y son así porque se deben a haber vivido un suceso traumático. Pero los seres humanos poseemos una capacidad de adaptación muy fuerte que nos permite sobreponernos ante la adversidad y, en muchos casos, salir fortalecidos de la misma. ¡Observa lo que te decimos! CAPACIDAD DE ADAPTACIÓN… y esto, a pesar de soportar el golpe.
Lo bueno es que es bastante frecuente que en estas situaciones que nos son adversas las personas encuentren un camino de salida (les sale el carácter que incluso ellas mismas desconocían) para decir basta y dar un giro a ese mal momento. O sea, que también les invade una fortaleza que no formaba parte habitual de su conducta y de sus reacciones. Por sorprendente que pueda parecer, muchas de estas personas descubren nuevas habilidades que desconocían por completo que poseían o que podían desarrollar.
La hipótesis de la adversidad
Los que postulan la que se llama “hipótesis de la adversidad” son los que defienden que las personas necesitarían en su vida adversidades, problemas e incluso sucesos realmente traumáticos, para alcanzar así los máximos niveles de fortaleza y desarrollo personal. O sea, que no eres un hombre o una mujer íntegra y cabal si no te has enfrentado en algún momento de tu vida a un problema importante. No compartimos esta posición, pero sí aceptamos que los problemas a los que nos enfrentamos van forjando nuestro carácter.
Porque justamente es en los momentos extremos en los que las personas se enfrentan a diversos tipos de problemas cuando nacen esas habilidades que hasta ese momento estaban dormidas. O sea que, según los defensores de esa posición, ninguna persona sabe lo que es capaz de soportar hasta que se expone a ello, hasta que vive una determinada situación, pues es probable que, al no haber vivido algo parecido, nunca haya tenido la oportunidad de descubrir dentro de sí misma estas fortalezas ocultas.
La forma en que reaccionas es más importante para ti que el problema al cuál te enfrentas
No decimos con esto que estamos desmereciendo el problema que hayas tenido o que estás teniendo. ¡Para nada! Pero debes admitir que un problema, cuando nos estremece y sacude de verdad, tal es su impacto, que lo que nos debe preocupar de verdad no es tanto la naturaleza del mismo como la manera en que reaccionamos ante él. Esto no significa que ignoremos el problema y su gravedad o lo que significa para nosotros. Lo que realmente importa es que cuando tú llegas a enfrentarte a un obstáculo duro que te ha hecho detener como si chocaras contra un muro, tal imposibilidad aparente de superarlo te hace crecerte psicológicamente para alcanzar una fuerza mental y anímica que también desconocías sobre ti mismo.
¿Cómo puedes hacer para levantarte después de haber tenido más de una caída (fracasos)?
Vivimos expuestos al peligro todos los días, aunque casi no somos conscientes de ellos, porque si no nos sería muy atormentadora la vida. Basta ir por la calle o conducir un coche. Estamos siempre con un riesgo potencial de sufrir un accidente. Pero no por ello vamos a estar todo el día pensando en ello. Salimos sin más, sea al trabajo, al cine o de montañismo. Las cosas pueden suceder. De hecho, suceden, y entonces veremos cómo respondemos ante cualquier cosa que represente una amenaza.
Pero no nos estamos refiriendo hoy a estas cuestiones que entran más en la ley de probabilidades de que ocurran, y muy especialmente en la manera prudente en la que debemos tener de conducirnos en la vida.
Nos estamos refiriendo al otro tipo de peligros al que nos sometemos a diario; por ejemplo, un problema con un vecino por un desperfecto en la comunidad en la que vives, cuando no un problema en el trabajo por decisiones que se tomaron en tu departamento que te afectan, o un problema de salud de uno de los tuyos que tienes que atender y quitarle tiempo (como es lógico) a tu jornada laboral, y un largo etcétera.
Lo importante una vez más es cómo encajamos la nueva situación, incluyendo ese golpe que hemos recibido (metafóricamente hablando) por la mala noticia que debemos atender y ante la que debemos reaccionar. Pero ¿cómo reaccionamos? ¿Nos dejamos sobrepasar por el problema de entrada? ¿Nos entregamos sin más? ¡Pues no! Debemos hacerlo (nuestra reacción) con una visión que se acople a la nueva realidad y tratar de ajustarla cuánto nos sea posible a la solución, aunque sea al menos momentánea.
En tu vida diaria no siempre estás preparado para el impacto del problema o el infortunio que se te presenta. Te caes sin haber previsto que ibas a caerte, por lo que lo primero que debes advertir ahora que estás concentrado leyendo estas indicaciones es cómo debes estar alerta ante nuevas caídas posibles, que seguro vas a tener, porque, como hemos dicho, la vida, en definitiva, es una cuestión de probabilidades. Que nunca hayas tenido hasta ahora un problema en el trabajo no significa que no vayas a tenerlo jamás. Y lo que te instamos hoy es a que levantes ya mismo. Que no importa la naturaleza del problema o lo fuerte que para ti fue la caída. ¡Debes levantarte! ¡Es que tienes derecho a una nueva oportunidad!
De la misma manera que para levantarte del suelo cuando te has caído por un resbalón te apoyas con cierta inseguridad y quieres ver que tus pies están bien colocados en el suelo, que sientas que estás pisando fuerte porque no quieres volver a experimentar la misma sensación, quieres que una vez experimentada la mala noticia de a lo que te están enfrentando -volvemos al asunto del trabajo -, también necesitas saber que estás pisando en base sólida y que vas a buscar una solución, una vía de salida al problema.
También, de la misma manera que cuando te has caído al suelo puede haber cerca una mano de otra persona que te la tienda para ayudarte a que te levantes, frente al problema en el que te encuentras sumido es posible (si no, debes buscarla) que haya una mano próxima que te tienda esa ayuda de manera desinteresada. Que sientas que se preocupa por ti y quiere ayudarte de verdad. Es importante que examines todos los puntos de apoyo a los cuales puedas aferrarte y agarrarte bien para levantarte con seguridad y seguir andando (seguir con fortaleza y determinación enfrentándote al problema).
Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y también autor del libro ‘El Cubo del Líder’.














