Métodos outdoors para mejorar el liderazgo

Se trata de alimentar el espíritu, no la capacidad de liderazgo. Si nuestras emociones y sentimientos están en línea con un espíritu fortalecido por nuestras actividades deportivas y/o de esparcimiento, automáticamente se ampliarán y mejorarán no sólo las capacidades de liderazgo, sino nuestra manera en que reaccionamos frente a las cosas, personas o conflictos.

No hay límites en la capacidad humana de superación de problemas; por ejemplo, como el exceso de estrés o haber salido de una situación personal muy traumática.

Nuestra mente y toda nuestra esencia humana están en un viaje permanente hacia estadios que busca para mejorar sus condiciones de vida. Es inevitable. Naturaleza de supervivencia y superación, que nos ayuda a descubrir de lo que somos capaces

Para poder llevar a cabo este descubrimiento de lo que realmente estamos habilitados y capacitados, solo tenemos que recurrir a la madre naturaleza. De ahí el éxito de los programas outdoors, en los que se pretende una capacitación especial para, por ejemplo, mandos intermedios de una organización.

El comportamiento humano se estudia en las ciencias de la conducta tanto a nivel de la psicología individual como la social. Por tanto, la capacitación en ciertas habilidades que las organizaciones le piden a sus niveles de responsabilidad, perfectamente pueden encontrarse cuando un programa de actividad en la naturaleza combina el proceso formativo per se con las emociones que produce estar sentado frente a un lago o nadar en él, o también practicar piragüismo.

El propio aire que se respira nos aporta una sensación de libertad que no tenemos en las oficinas ni siquiera cuando se sale a tomar un café, porque los gases de los vehículos nos obligan a respirar aire contaminado.

El sentimiento de libertad parte desde el simple mecanismo de respiración profunda que se hace en un entorno si no salvaje, de naturaleza pura.

Cuando se mezclan actividades deportivas, como el senderismo y otras acuáticas, se produce una unión entre la teoría y la práctica en lo referido a la tan cacareada política de comunicación interna, transparente y directa que se pregona en las organizaciones.

Al convertirse el método de outdoor en una disciplina que libera mente y espíritu, facilita la combinación de esas habilidades al aire libre netamente deportivas con las de teoría y práctica en comunicación interpersonal, ciencias del comportamiento, asesoramiento y cómo ser un mejor líder.

Qué se saca en limpio de estas reuniones de coaching al aire libre

Desde ya que no es una exageración afirmar que ayuda a fortalecer las responsabilidades morales y éticas del liderazgo. ¿Por qué? Porque al actuar en el medio ambiente libre y natural, está fomentando la práctica de actitudes de liderazgo; por ejemplo, cambios que deben hacerse en materia de packaging a fin de actuar en consonancia con lo que se pregona en la empresa por el cuidado del medio ambiente.

La educación outdoor no es una moda, sino una necesidad que, habiéndose aplicado en ambientes estudiantiles de bachillerato, universitario y postgrado, mejora las capacidades innatas de cada persona porque logra un proceso facilitador en cuanto a la incorporación de nuevos conocimientos y prácticas que deben adquirirse con un fin determinado.

El grupo sigue siendo un buen equipo

En varias ocasiones hemos diferenciado lo que es un grupo humano de un equipo en una organización. Obviamente, en este tipo de aprendizaje libre y natural, una vez más habrá que apelar al sentido de equipo no conformándonos con que sólo sea un grupo humano con ideas totalmente distintas unas personas de otras.

Claro está que, si en esta reunión de coaching y aprendizaje se hace para personas de diferentes organizaciones, tendremos un grupo humano, no un equipo. Pero esto ocurrirá hasta la llegada, recepción y acreditación. Porque una vez que el coach se haga cargo de todos ellos, su principal misión será hacerlos sentir como equipo. Objetivos comunes, propósito también compartidos.

Una de esas características para hacer sentir a las personas como que ya están formando parte de un equipo, es que acepten compartir un protocolo, por ejemplo, médico, para realizar una travesía.

Además, la orientación que se debe dar para las actividades tipo kayak y escalada también requieren unos mínimos en cuanto a exigencias que deben cumplirse para sí y para el resto de participantes. Un error en un comportamiento compromete el de otra persona o personas.

Cuando se establecen estas pautas de comportamiento, se está haciendo una facilitación al aprendizaje del curso y, al mismo tiempo, la incorporación de ciertas habilidades que hasta el momento se desconocía; por ejemplo, no tener miedo a enfrentarse a determinado desafío, lo que introduce una habilidad especial para el día a día al regreso a sus respectivos puestos de trabajo en cuanto a cómo enfrentarse, por ejemplo, a los conflictos.

Objetivo de un encuentro de este tipo

Preparar a los que van a ser en breve líderes de organizaciones (actualmente son mandos intermedios) en una mejora sustancial en sus capacidades de análisis de situaciones, en la manera que planifican y, más importante aún, cómo implementan las acciones.

Es fundamental destacar que los procesos formativos al aire libre aumentan las llamadas habilidades blandas, ya que las duras (técnicas por formación, capacitación y experiencias) se les supone que son las adecuadas. Es obvio que si no fuera así, la empresa no invertiría en esta mejora hacia habilidades para liderar mejor y de manera más efectiva.

Que nos dice la ciencia al respecto

Que pasar tiempo en espacios naturales beneficia la salud mental. No es un eslogan, sino que, a nivel de los propios funcionarios públicos en diferentes países, se está reconociendo el impacto positivo; por ejemplo, que los lagos y las frentes de agua pueden tener en el bienestar de las personas.

Esto no es ir en contra de los que quieren veranear en la playa. Porque las vacaciones son un elemento muy diferente a lo que estamos tratando. Y la playa no parece acorde con la investigación, el lugar más apropiado para las actividades de aprendizaje al aire libre que estamos tratando.

Pasar tiempo cerca de espacios naturales, como senderos a la orilla del río, puede mejorar la salud mental, especialmente para los habitantes de la ciudad.

Algunos estudios han demostrado que la presencia de agua, sea un río o un lago, llegan a puntuar mejor en cuanto a la contribución del bienestar psicológico que cuando se hace sólo en un ambiente natural que no esté provista de estos manantiales naturales.

Estas investigaciones han demostrado que permanecer un día o varios, según sea el caso, en este tipo de hábitats con agua, las personas pueden ser más felices, reducir los niveles de estrés y mejorar la calidad de vida. Esto lleva a que les sea más fácil ser sociables y preocuparse por los demás. Lo que los estudios hablan de un ‘altruismo espontáneo’.

Mente sana en cuerpo sano

La ciencia está interesada en comprender cada vez más los beneficios emocionales y psicológicos de pasar tiempo en espacios azules naturales.

Si bien se necesitan aún más estudios para comprender en su totalidad el impacto beneficioso para la salud mental, las perspectivas que abren este tipo de investigaciones son muy interesantes para la ciencia; y, en el ámbito que nos movemos de las organizaciones, también fundamentales para crear espacios de convivencia cada vez más favorables para la psique y la mejora en las relaciones interpersonales, de los empleados con la empresa y de construir auténticas comunidades exentas, en un elevado porcentaje, de esos niveles de estrés que son dañinos para la salud individual y grupal.

Artículo coordinado por José Luis Zunni, director de ecofin.es y vicepresidente de Foro ECOFIN, en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN, y Antonio Alonso, presidente de la AEEN (Asociación Española de Escuela de Negocios) y secretario general de EUPHE (European Union of Private Higher Education).

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