Mente abierta y curiosidad

El vínculo permanente que hay entre la curiosidad y la búsqueda de respuestas es indudable. Decir que es un motor impulsor para el liderazgo efectivo, es quedarse corto. Más bien es como tener un chip incorporado al cerebro, que multiplica nuestra capacidad funcional para responder a los estímulos externos.

Hay sobrados ejemplos a lo largo de la experiencia empresarial, en los que se manifestó siempre la buena concomitancia entre personalidades curiosas y flexibles de pensamiento. Lo contario a las que son cerradas y dogmáticas.

Veamos qué sucedió en una reunión de la junta directiva de una importante multinacional de la distribución de productos de consumo, en la que el CEO se enfrentaba (nunca mejor dicho), a los intereses con frecuencia dispares entre las diversas partes interesadas que conformaban tanto el consejo de administración como la junta directiva. Los llamados stakeholders.

En ese momento se estaba llevando a cabo una junta ordinaria del primer trimestre, en la que se ponían sobre la mesa un resumen de lo actuado en el ejercicio recién cerrado, pero especialmente se daba protagonismo a los planes y presupuestos para el nuevo año en curso.

Fue entonces cuando el CEO les preguntó a todos los miembros de la junta:

– ¿Alguna vez han querido saber por qué la curiosidad es tan importante en el desarrollo de una persona?

Ante el silencio de la sala, el CEO les dijo que existen cuatro razones:

  1. Hace vuestra mente más activa.
  2. Hace que la mente observa nuevas ideas.
  3. Abre nuevos mundos y posibilidades.
  4. Trae emoción a vuestras vidas.

Fue a partir de esta intervención, que las personas que formaban parte de la junta directiva, conformado por personalidades de gran trayectoria profesional y empresarial, de características multidisciplinares, si bien sabían el enriquecimiento que sus experiencias daban a la compañía, no dejaron de sorprenderse por la propuesta del nuevo CEO.

La junta empezó a mostrar sin ningún tipo de vergüenza, las diferentes curiosidades que le rondaban por la cabeza a cada uno de los integrantes. Como suele decirse coloquialmente: “el público (los miembros de la junta) se entregó de lleno”.

El resultado fue de un incremento muy destacado en el nivel de creatividad que iba surgiendo de manera espontánea, para poner sobre la mesa nuevas propuestas (algunas de ellas habían estado dormidas durante meses), con la finalidad de que también alimentara lo que el CEO les dijo en su ponencia: la continua necesidad que se imponía como líder para la creación de nuevas oportunidades.

 

¿Por qué relatamos esta historia que se produce ni bien entrados el siglo XXI?

Porque estamos viviendo en las últimas dos décadas y lo que nos va a tocar aún hasta el cumplimiento de esta complicada agenda 2030, procesos de gran transformación de las organizaciones y de los mercados. ¿Es que hay un culpable? ¡Por supuesto que sí! La velocidad a la que se expanden las NT’s.

Porque cuando se producen a ritmo trepidante, una serie de fusiones, absorciones, etc., de importantes empresas multinacionales, siempre encontraremos alguna característica que tienen en común las personas curiosas: es que siempre hacen preguntas y buscan respuestas en sus mentes. Mentalidad que no sólo está activa, sino abierta, en el sentido que le damos en el liderazgo.

Pero, además, cuando se están observando nuevas ideas gracias a esa curiosidad innata del ser humano, la mente también espera y anticipa otras nuevas ideas relacionadas con lo que se está estudiando, analizando, cuestionando, etc. Lo que llamamos en liderazgo “capacidad de anticipación”.

El proceso de reconocimiento de una nueva idea por parte de nuestra mente, hace que en breve ciertos datos, conceptos, hechos, etc., sean reconocidos porque ya hemos entrenado nuestra inteligencia para ello. Se mejora y facilita la capacidad de respuesta ante los retos y demás obstáculos a los que nos enfrentamos.

Cuando el CEO les explica que se abría un nuevo mundo y aparecerían posibilidades a lo mejor impensadas hasta ese momento, se están haciendo visibles cosas que normalmente no lo son. Gracias a la curiosidad empezamos a descubrir esos nuevos escenarios cuando somos capaces de ver desde otro ángulo, con luz nueva, alimentada también por la creatividad. Ambos atributos de un ser curioso y creativo, son ineludiblemente la base de la innovación.

Cuando algunas nuevas ideas afloran, por ejemplo, en el mundo del management, habrá líderes y en general mentes que podrán tener la capacidad de ver debajo de la superficie normal sobre la que miran y observan todas las personas. Porque se necesita una mente curiosa para mirar y descubrir esos nuevos mundos y posibilidades.

Es interesante como en una cantidad de situaciones que se presentan en las organizaciones, por motivos, por ejemplo, de revisión de un procedimiento, justamente es esa mentalidad curiosa y expectante la que permite hacer visible y más importante aún, medible, una situación que permanecía oculta.

 

La insatisfacción lleva a la curiosidad

La historia moderna del liderazgo a partir de los años 50 del siglo XX, revela claramente cómo los mejores líderes tenían una tendencia natural a la curiosidad. Simplemente no estaban satisfechos con lo que sabían.

Actualmente, los líderes efectivos siguen contando con esos atributos que llevaban a sus pares y antecesores, a descubrir y aprender de manera constante. Buscando lo que no saben en un mundo cada vez más amplio al conocimiento, aunque con la limitación de que no puede abarcarse todo lo que una mente debería saber para gestionar al ritmo que la tecnología obliga.

Pero al poseer esa mente abierta, flexible y curiosa, están en constante búsqueda de lo que no saben, porque el liderazgo efectivo no está tan preocupado por el statu quo como por la capacidad de mejora a través de la innovación y el cambio. Para ello, la mente inquisidora y curiosa es esencial.

Los emprendedores y por supuesto los empresarios ya consolidados, cuentan con un valor añadido que suma a esa mente abierta y curiosa: el coraje para enfrentar el día a día, ya que lo que más emoción aporta a sus vidas cuando se les pregunta cómo es su día a día, es la respuesta común que dan: saber cómo empieza el día, aunque no necesariamente sepan cómo va a terminar. Esto implica riesgo, pero especialmente, saber gestionar y liderar sabiendo controlar ese riesgo inherente a la actividad empresarial.

Asumir el riesgo es la naturaleza propia de la actividad empresarial, pero sustentada por la curiosidad, creatividad, innovación, etc. que de manera constante tienen que aportar a sus vidas y empresas.

La mentalidad abierta típica de esta tipología de personalidad, no casa con personas aburridas ni rutinarias, porque están abiertas a aprender, desaprender y volver a aprender. Corregir, rectificar, ajustar, pero siempre mirando hacia delante.

 

No tomar las cosas como que están dadas y que no hay modificación posible

Cuando el líder se enfrenta con su equipo a un problema que la empresa debe resolver con cierta celeridad, en ningún momento va a considerar que las cosas hay que aceptarlas sin más de la forma que se presentan. Cualquier líder efectivo rechaza este tipo de actitudes. Lo lógico es profundizar y buscar soluciones que en personalidades creativas y curiosas les van a aflorar mucho más rápido y con mejores opciones de solución que aquellas personas, que como decimos, creen que lo que está dado es así sin posibilidad de cambio.

La importancia que tiene la curiosidad también influye de manera directa en los pasos que una persona da para mejorar y facilitar su desarrollo personal, porque una de las ventajas más importantes de ser una persona curiosa, es que transforma su mente desde la posición cómoda de la recepción automática de datos e información, a una en la que prevalecen la captación de nueva información, comprender los cambios de intereses de las partes, etc.

Nada hay dado ni concedido de manera irrevocable para una persona curiosa y creativa. Buscará siempre abordar las situaciones problemáticas de una manera positiva y constante en lugar de visualizar los temores asociados a una tarea.

Varios estudios realizados en el Greater Good Science Center, de la Universidad de California, Berkeley, parecen estar de acuerdo en que las personas curiosas tienen mejores relaciones interpersonales, porque se pueden conectar mejor, gestionan mejor el rechazo personal, al mismo tiempo que disfrutan y son más felices al relacionarse con los demás. De hecho, las personas en general son más fácilmente atraídas y se sienten socialmente más cerca de aquellas que muestran curiosidad.

Las investigaciones demostraron que aquellas personas que registraron altas dosis de curiosidad se mostraban más seguras de sí mismas y registraban menores índices de ansiedad en comparación con aquellos grupos que habían demostrado ser menos curiosos.

 

Curiosidad y motivación

Los líderes efectivos saben perfectamente cómo dirigir personas aprovechando ese deseo que tienen casi todas ellas de satisfacer su curiosidad. Unas más que otras, pero, en definitiva, todas tendrán motivación suficiente para aprender, al mismo tiempo que ser constantes en la búsqueda de respuestas.

El líder no debe estar dando facilidades y tiempo que la empresa no puede malgastar, solo a personas pasivas y receptivas. Al menos, el núcleo principal de sus equipos más próximos, deberán estar formados por personas altamente capacitadas en aspectos técnicos, especialmente motivadas hacia las zonas que no son precisamente confortables: experimentación, análisis, estudio, etc. La característica común seguirá siendo que sean personas preferentemente con una alta dosis de curiosidad.

Por contrario, la desmotivación viene generada porque hay personas que están realizando tareas aburridas o porque no sienten motivación alguna que les facilite el aprendizaje. Lo sienten como algo obligatorio e incluso, en algunas circunstancias, de abuso de parte de la empresa.

El líder sabe que las personas quieren aprender porque sienten curiosidad, porque prevalece su voluntad de hacerlo, independientemente de su mejora económica, recompensas, etc.

Además, cada vez que una persona está solucionando un problema al cual ha tenido que enfrentarse y lo ha solucionado debidamente, no hay duda que se dispara su autoestima.

 

¿Cociente de curiosidad?

El CQ (Curiosity quotient) significa cociente de curiosidad y tener lo que algunos expertos llaman una mente hambrienta de nuevos conocimientos. Este tipo de personalidad con un elevado CQ es más inquisitiva y está abierta a nuevas experiencias.

En el mundo del management y el liderazgo, un CQ alto es una cualidad esencial para una gestión y liderazgo de calidad.

Existen algunas evidencias que nos están sugiriendo que el CQ es muy importante cuando se trata de gestionar cuestiones complejas, porque las personas con mayor CQ suelen ser más tolerantes con la ambigüedad.

Cuando una personalidad está definida entre otros atributos por sofisticación, pensamiento positivo, coherencia, actitudes prudentes y sutiles, se está envolviendo en una categoría que le permite resolver problemas complejos. En segundo lugar, la CQ exige mayores niveles de inversión en formación y training, porque el intelecto necesita conocimientos y experiencias aplicadas. Estos aspectos son muy comunes en los campos formales de la educación.

Tener el conocimiento y el know-how (la aplicación práctica del mismo) es lo que da el nivel de experiencia y capacitación. Es evidente que el CQ tendrá un papel relevante en el ámbito de las organizaciones en el futuro próximo, ya que de cara al horizonte 2030, si algo no podrá decaer en los componentes de la personalidad para seguir desarrollando una carrera de éxito, es la curiosidad y el afán por la innovación continuada.

Las organizaciones son un campo de prueba de las relaciones sociales y es mucho más fácil formar y mantener relaciones satisfactorias y significativas cuando se demuestra una actitud de apertura y genuino interés. Esto ocurre en el plano personal, cuando se sabe que una de las razones más frecuentes por las que las parejas buscan consejos o terapia, es porque se ha aburrido uno de sus miembros con el otro. La curiosidad ha desaparecido. Por tanto, entre dos personas se ha alimentado cierto resentimiento, a veces hostilidad, falta de comunicación y ningún interés por compartir tiempo en común.

Las personas curiosas reportan relaciones y matrimonios más satisfactorios. Las parejas felices describen a la otra u otro integrante, como que comparten intereses y son muy receptivos.

 

Las personas curiosas actúan facilitando las relaciones

Las personas curiosas siempre están inclinadas a actuar de manera que permitan que las relaciones se desarrollen más fácilmente. Y esto fuera de la relación de pareja podemos extrapolarlo a las relaciones interpersonales en un grupo humano de cualquier empresa. Aportan a las relaciones ese factor motivador que provoca cierto interés y también contagio del resto de personas de un equipo y/o departamento.

Las personas que tienen esta virtud son entusiastas y enérgicas. No rehúsan la conversación y están interesadas en los que las otras les pueden decir o si es el caso, aportar. No tienen propensión a expresar inseguridad en lo que hacen ni en lo que dicen. Carecen de timidez y ansiedad en comparación con personas menos curiosas.

Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y también autor del libro ‘El Cubo del Líder’.

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