Mejorar la autoconsciencia

Desde ese mismo instante en que te preguntas “¿quién soy yo?”, te surgen dudas que a veces te hacen cuestionarte sobre si tienes, como se dice coloquialmente, “bien puestos los pies sobre la tierra”.

Los psicólogos Shelley Duval y Robert Wicklund propusieron esta definición:

“La autoconsciencia es la capacidad de concentrarse en usted mismo y en cómo sus acciones, pensamientos o emociones se alinean o no con sus estándares internos. Si es muy consciente de sí mismo, puede evaluarse objetivamente, controlar sus emociones y alinear su comportamiento con sus valores y comprender correctamente cómo le perciben los demás“.

Otra importante personalidad en este campo del conocimiento es Tasha Eurich, psicóloga organizacional, investigadora y autora superventas del New York Times, cuando afirma que “esta es la realidad: pensar en nosotros mismos no está relacionado con conocernos a nosotros mismos”.

Su contribución doctrinaria tiene el mérito de haber introducido en el frío y duro mundo de los negocios el fundamento científico en el comportamiento humano con un enfoque pragmático del desarrollo profesional.

Durante su carrera, de más de 15 años, ayudó a miles de líderes en todo el mundo a ser más conscientes de sí mismos y exitosos. Ha ayudado a directivos y empresas de todos los sectores incluyendo algunas de la lista Fortune 100, tales como T-Mobile, KPMG, Walmart, Vail Resorts y HCA Healthcare.

Su pensamiento y técnica son una auténtica bocanada de aire fresco en el panorama del estudio del comportamiento de las emociones, muy especialmente el ámbito del autoconocimiento y de toma de consciencia de quiénes somos y por qué actuamos como lo hacemos.

Cuando afirma que “si dedicamos demasiado tiempo a analizar lo que hay en nuestro espejo retrovisor, seguramente nos estrellaremos contra un poste de luz”, nos está advirtiendo de cuánto pesan en nuestras vidas algunas acciones del pasado de las cuales nos arrepentimos, al mismo tiempo que nos están siendo una carga muy difícil de llevar como para mirar hacia delante y seguir nuestro camino.

Este es el punto crucial en el cual las personas tienen que ser conscientes del necesario cambio que deben realizar en sus vidas. Pero no necesariamente todas reaccionan igual en darse cuenta cuál es el momento… cuál la oportunidad, que en una gran mayoría de casos (lamentablemente), se dejan pasar, ya sea por temor, sentirse poco preparado para afrontar el reto, etc.

De ahí que tener una mejor autoconciencia es la llave a poder tomar decisiones tanto oportunas como correctas

¿Podemos encontrar beneficios inmediatos fortaleciendo la autoconsciencia? Sin duda, tiene una variedad de beneficios, aunque las particularidades de cada uno dependen de cada persona. Veamos algunas de las formas en que se manifiesta la autoconsciencia:

– Tenemos la sensación de poder influir mejor en lo que nos propongamos.

– No nos asustan tanto los resultados que podamos obtener, porque hemos insuflado más confianza a nuestra actitud.

– Conociéndonos mejor sabemos también qué nos conviene más en cuanto a la toma de decisiones, aquellos puntos fuertes a potenciar y los otros débiles que deberemos neutralizar.

– Autoconocimiento en sí mismo es contar con la confianza en nuestro pensamiento y actos.

– Podemos comprender mejor el entorno, ampliar el punto de vista de las conversaciones que tengamos con los demás, eliminando prejuicios y tópicos, centrándonos en múltiples perspectivas que también son aceptables.

– Es una poderosa herramienta intangible para gestionar mejor las emociones.

Respecto a la autoconciencia que es la capacidad de vernos a nosotros mismos con claridad, de entender quiénes somos, cómo nos ven los demás y cómo encajamos en el mundo, le estamos dando tanta importancia a comprender quiénes somos como cuál es nuestra sensación (positiva o negativa) de nuestro proceso de adaptación al entorno, casi siempre hostil. Y este es un punto crítico, ya que las investigaciones hasta la fecha señalan claramente que la autoconsciencia:

– Que, si bien no siempre nos gusta lo que vemos en nuestro entorno, haber desarrollado un buen nivel de autoconsciencia nos otorga fuerza para la acción y poder en nuestro pensamiento.

– Nos da una satisfacción personal, porque nos reconfortamos a nosotros mismos que vamos comprendiendo mejor lo que somos, lo que hacemos y los por qué lo hacemos.

– Cuando nos sentimos fortalecidos por la autoconsciencia que nos aflora por los poros, nos permite construir relaciones interpersonales más sólidas.

– Pasamos a ser personas más creativas, sensibles y especialmente mejoramos en la comunicación con los demás.

Las personas que logran un buen nivel de autoconocimiento parece que según los estudios realizados hasta la fecha.

– Serán menos proclives a mentir o engañar.

– Descartan cualquier acción ilegal, como sea robar o estafar.

– Adquieren un mejor desempeño en el trabajo.

– Estarán en mejores condiciones de ser promocionadas de su puesto actual a posiciones de más responsabilidad.

– Será más fácil para ellas tener personal a cargo y saber coordinarlo y dirigirlo.

– Serán más eficaces en sus tareas diarias y contribuirán mejor a la rentabilidad de la organización.

 

Las investigaciones de Eurich y su equipo

Después de muchísimas horas de investigación, entrevistas en profundidad y el análisis de todos los estudios más relevantes hasta la fecha, encontraron que, de cientos y cientos de personas que habían participado en el estudio, sólo fueron 50 individuos los que cumplieron con los criterios que exigía el análisis para que los resultados fueran próximos a la realidad.

Pero sorprendentemente no encontraron ningún patrón siquiera similar, ya sea por industria, edad, género ni ninguna otra característica demográfica.

 

La metodología era simple

Eurich y su equipo llevaron a cabo un estudio muy sencillo, en el cual relacionaban la introspección con factores tales como la felicidad, el estrés y la satisfacción laboral.

Naturalmente, las personas que practicaban la introspección, se suponía que estarían en mejores condiciones que los que no la hacían. Pero los datos de la investigación contaron la historia exactamente opuesta.

Las personas que practicaban la introspección estaban más estresadas y deprimidas, menos satisfechas con sus trabajos y sus relaciones. Tenían un menor control de sus vidas.

Pero lo que sorprende a los investigadores que Eurich lideraba, y esto les producía gran confusión, era que las consecuencias negativas aumentan cuanto más practicaban la introspección. O sea, que las personas que en su creencia que se hacían un bien haciendo introspección, terminaban en situaciones emocionales peores al momento en el cual habían decidido mirarse hacia su interior.

La tesis de cuando sostiene que la realidad es que pensar en nosotros mismos no está relacionado con conocernos a nosotros mismos, en principio puede parecer curiosa y desconcertante. Pero es que cuando pensamos en determinadas circunstancias y situaciones que nos suceden, nos surge la pregunta más elemental que siempre nos hacemos al practicar la introspección: ¿por qué?

Ese eterno victimismo que cada uno de nosotros debe combatir con todas sus fuerzas, a fin de no quedar atrapado en la tela de araña en la cual miremos nuevamente por el espejo retrovisor en vez de dar el pertinente salto adelante.

Eurich cree (y este es otro aspecto fundamental de su tesis) que desafortunadamente, cuando preguntamos “¿por qué?”, la sola formulación no nos guía hacia la verdad sobre nosotros mismos. Por el contrario, nos alejará de ella.

Son muchas las razones por las que se da esta situación en nuestra conducta diaria, pero Eurich señala principalmente dos:

– La primera razón por la que no deberíamos preguntarnos por qué, tiene que ver con el descubrimiento que han hecho los investigadores, respecto a que no importa cuánto nos esforcemos, porque no podremos profundizar nuestros pensamientos, sentimientos y motivos inconscientes, de la manera que nos gustaría que fuese.

– La segunda de ella, es que debido a que mucho está oculto en nuestra conciencia, terminamos inventando respuestas que se sienten (se perciben) como verdaderas, pero en realidad a menudo están muy equivocadas.

De ahí que Eurich sugiere (esta es su sencilla pero importante contribución) que en vez del “¿por qué?” preguntemos “¿qué?”, para eliminar ese victimismo, con frecuencia inconsciente que nos invade. De esta forma, ante un reto, o frente a una situación de crisis, en vez de decir “¿por qué esto me ha sucedido a mí nuevamente?”, se diga “qué es lo que tengo que hacer para poder controlar la situación?”.

En vez de tratar de averiguar en nuestra mente buscando la respuesta a un por qué, es más efectivo decidir qué hacer, lo que implica la inmediata acción que está predeterminada por nuestra actitud frente a la vida. Lo que configura nuestra conducta, en definitiva, lo que describe tal cual es nuestro carácter. Y esto es cómo actúan y cómo piensan los líderes efectivos.

No piensan todo el día en la autoconsciencia, porque la tienen muy aprendida, y justamente el valor que les otorga para su liderazgo diario, es estar excesivamente atentos y pendientes a todas esas variables internas de la organización que concurren en cada jornada y por miles, sin prácticamente darles demasiada importancia, porque es como una alarma que solo se activa ante un problema; en cuanto al entorno, obviamente estarán mirando de reojo como para advertir con tiempo cualquier factor que pueda influir sea hoy o mañana en las decisiones que se tomen.

 

Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y también autor del libro ‘El Cubo del Líder’.

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