España está llamada a ser parte del Nuevo Orden Internacional

Es el Reto de España en el Nuevo Orden Internacional que Donald Trump está creando a golpe de martillo. Las apuestas del FMI le dan ventaja sobre UE, USA y Occidente. Aunque hay otros retos abiertos, como el Liderazgo Moral de Occidente: ¿qué pasaría si el nuevo Papa fuera negro o amarillo, africano o filipino? Y junto a ello, un 92% de la empresa española ya está en busca de nuevos mercados alternativos, nuevos horizontes para la hazaña del Reto del siglo XXI para la marca país.

En ocasión de una clase de física teórica que dictaba el genial Albert Einstein en la Universidad de Princeton, uno de sus alumnos, ante la cantidad de fórmulas que escribía en la pizarra explicando la “Teoría General de la Relatividad”, le dijo:

– Por favor… profesor, vaya más despacio, no podemos seguirle.

Einstein se dio vuelta y con la mirada por encima de sus gafas le respondió: ¡vuelva usted dentro de 20 años!

Efectivamente, transcurrieron veinte años más para que las diversas misiones Géminis de la NASA y finalmente las Apolo, constataran de manera indubitable la valía absoluta de las Teorías de la Relatividad, la de la Relatividad Especial como la Relatividad General.

Claro está, que, llevado esta anécdota al ámbito del liderazgo, no puede decirse otra cosa diferente a que solo a partir del desarrollo científico y tecnológico, se producen esos saltos cualitativos que en la historia de la humanidad se llama progreso. Lástima que cuando iniciamos el siglo XXI en la UE, no tuvimos ningún líder que estuviera viendo a 20 años vista lo que se nos venía encima.

Más lamentable aún, visto lo visto en Bruselas y el nivel de burocracia endémica que nos caracteriza, Europa, cuna de Occidente, está siendo seriamente cuestionada, no solo en cuanto al futuro del Viejo Continente en relación a si va a ser capaz de competir en condiciones frente a los colosos como China y Estados Unidos, sino, si vamos a seguir manteniendo y defendiendo con autoridad moral suficiente nuestros valores occidentales que arrancan, como dijo Julían Marías con su habitual brillantez, “Occidente nace en el Gólgota…cuando Jesucristo es crucificado”.

Por tanto, vamos a abordar hoy este auténtico dilema que tenemos en nuestras cabezas y que no estamos muy seguros que sea un problema que esté en la agenda de los líderes europeos. ¡Una pena! Aunque no deja de ser la confirmación que el liderazgo europeo no ha estado a la altura en lo que va de siglo respecto a lo que el mundo, que es bastante más grande y diverso, requería para poder estar en él con comodidad y sin estar hipotecando nuestro futuro como se ha estado haciendo.

Por tanto, nos estamos enfrentando desde España a tres retos:

  1. El Reto de España en el Nuevo Orden Internacional, donde las apuestas del FMI le dan ventaja sobre UE, USA y Occidente.
  2. El Liderazgo Moral de Occidente: ¿qué pasaría si el nuevo Papa fuera negro o amarillo, africano o filipino? Y cómo el Dogma de la Iglesia Católica se adapta a mayor velocidad con la que lo ha venido haciendo, al nuevo siglo XXI siguiendo la senda del Papa Francisco.
  3. La empresa española en busca de sentido internacional y nuevos mercados alternativos.

a) España y el Nuevo Orden internacional

A lo largo de la historia de la humanidad, los cambios de ciclos históricos se fueron manifestando por una sucesión de hechos que de manera aislada no presagiaban cambio alguno, pero concatenados a lo largo de varias décadas, dicha transformación económica, política y social iba tomando cuerpo.

En los últimos meses, cuando se ha ido agravando la situación de las dos guerras abiertas (Ucrania y Gaza), simultáneamente a que Donald Trump asumiera el pasado 20 de enero el Poder Ejecutivo en Estados Unidos, una pregunta que se hacen historiadores, investigadores y analistas de diferentes campos del conocimiento, es: ¿Nos enfrentamos a un declive definitivo de Occidente?

La evidencia actual apunta a una transformación significativa y un declive relativo, pero no necesariamente a un colapso repentino o absoluto. Para comprender mejor este planteamiento, iniciemos nuestra andadura de hoy haciendo un análisis de las perspectivas históricas y teóricas:

1º) Los patrones cíclicos

Teorías como las de Oswald Spengler y Misao Murayama sugieren que las civilizaciones siguen patrones cíclicos, y que Occidente está entrando ahora en un período de declive. Murayama, por ejemplo, predijo que la civilización occidental decaería rápidamente entre 2025 y 2050 debido a factores como el cambio climático y la inmigración a gran escala, mientras que la influencia de las civilizaciones orientales aumentaría. Es evidente que esta tesis se viene cumpliendo, ya que todo lo que queda al este de nuestra frontera occidental, crece a ritmos que en nuestro Viejo Continente nos son totalmente ajenos. Pero es que, además, muchos estudiosos comparten una posición doctrinaria fundada en que Occidente cumple con muchos de los requisitos de una civilización en declive, citando cambios culturales, cambios demográficos y la pérdida de poder global.

2º) En cuanto a los cambios geopolíticos y económicos

Hay dos líneas históricas convergentes que están dibujando el cambio de ciclo histórico: por un lado, el orden global, liderado por Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial (Pax Americana) se está erosionando claramente, ya que se enfrenta a la inestabilidad política interna y a una credibilidad internacional cada vez menor; en el otro lado la línea que converge es Europa, que en estos momentos se ve presionada a redefinir su papel político y de seguridad.

3º) El mundo está en transición de un orden unipolar a uno multipolar

Este panorama está representado por potencias emergentes como China y Rusia que están desafiando el dominio occidental. La pregunta que cabe formularnos como europeos debería ser: ¿es que en las últimas tres décadas los líderes europeos no vieron venir lo que hoy está ocurriendo, o peor aún, lo vieron, lo comprendieron y no quisieron tomar cartas en el asunto? Y este es un punto crucial de la nefasta gestión que se ha hecho desde Bruselas en cuanto a no haber sido capaces como UE de mantener esa posición, que cuando se firmó Maastrich nos había consolidado como la región de mayores posibilidades de bienestar del mundo, reflejado en una serie de indicadores económicos, sociales y tecnológicos.

Puntos de apoyo para la discordancia en cuanto a lo que el liderazgo europeo no ha hecho:

– Las sanciones y restricciones tecnológicas occidentales son menos efectivas, caso de las que la UE aplicara a Rusia, porque simultáneamente se está evidenciando que hay una disminución al apoyo global tradicional, y se vienen formando alianzas alternativas, lo que debilita aún más la influencia occidental.

– Los desafíos económicos, como el estancamiento del crecimiento y el aumento de la desigualdad, están alimentando las divisiones internas y la reacción política, especialmente en lo que respecta a la inmigración y las políticas sociales.

– Los analistas destacan que Occidente no es débil en términos absolutos; continúa creciendo económicamente y mantiene su influencia, pero su dominio está disminuyendo en relación con el ascenso de otras potencias.

Se prevé que la desigualdad dentro de las sociedades occidentales se acentúe

Esto nos va a conducir, lo decimos en tiempo futuro, no en condicional como les gusta decir a algunos políticos (nos podría conducir) a una mayor inestabilidad y a un alejamiento de las normas democráticas liberales. El mundo y la manera en que se nos presenta, nos está pronosticando un proceso de decaimiento gradual de la influencia occidental en lugar de un colapso drástico, con sociedades que se vuelven más autoritarias y menos equitativas. En otros términos: la creencia equivocada de que las democracias liberales al estilo europeo son las que tienen que operar a escala global, que es lo correcto, cuando la gran mayoría de gobiernos del orbe entran en alguna de las diversas categorías que señalan a gobiernos autoritarios y dictatoriales. Además, un factor esencial será la capacidad de Occidente para adaptarse a un mundo multipolar y colaborar con las economías emergentes, lo que será crucial para su continua relevancia.

Si bien Occidente viene experimentando desde que iniciáramos el presente siglo, un declive relativo de su influencia global y cohesión interna, que ha sido directamente motivada y condicionada cada acción política por factores económicos, políticos y demográficos, lo que sí está claro es que este declive no es necesariamente definitivo ni terminal. Las sociedades occidentales aún poseen recursos sustanciales, capacidades tecnológicas y alianzas globales.

En el futuro, es probable que Occidente sea un actor menos dominante, aunque aún significativo, en un orden mundial más multipolar y competitivo. Y para que esta transición conduzca a una renovación o a un mayor declive depende de la capacidad de Occidente para adaptarse a las nuevas realidades y abordar sus desafíos internos. Y tanto para la capacidad de adaptación como para las medidas políticas que deban abordarse para enfrentar los retos, se requiere un poderoso e imaginativo liderazgo efectivo.

¿Cuáles son los principales factores que contribuyen al declive de la civilización occidental?

Hemos sostenido en más de una ocasión desde este Foro, que los factores que contribuyen a un cambio de ciclo histórico no son hechos aislados, sino todo lo contrario, o sea, una sucesión de hechos, algunos con una relación directa con los procesos de cambio y otros que han influido muy indirectamente, pero puede decirse que convergen para la transformación de aquel ciclo.

Lo que todo el mundo señala y que hay un acuerdo tácito en el diagnóstico, es que uno de los principales factores que contribuyen al declive de la civilización occidental, y que a su vez está interrelacionado con otros, es el aumento de la desigualdad económica. La brecha entre ricos y pobres se está ampliando, lo que genera inestabilidad social y la erosión de la clase media.

Esto se debe en parte a políticas financieras que favorecen a los tenedores de activos y medidas de austeridad que afectan desproporcionadamente a la gran mayoría que representan las clases trabajadoras tradicionales. Pero si hablamos de interrelación, esta desigualdad tiene también un “padrino” muy severo, que corresponde al “estancamiento del crecimiento”, ya que las economías occidentales luchan por mantener los niveles de crecimiento anteriores, lo que socava la prosperidad y la confianza pública en las instituciones.

Como un auténtico entrelazamiento cuántico, aparece otro factor que se interrelaciona, y cuyo peso es descomunal, especialmente para las decisiones que tienen que tomar los Bancos Centrales y los gobiernos en cuanto a las políticas monetarias y fiscales: es claro que nos referimos al endeudamiento imparable y creciente. ¿Por qué es insostenible? Porque los niveles de deuda pública y privada han alcanzado máximos históricos, lo que aumenta la vulnerabilidad a la que estamos sometidos tanto las ciudadanías como las empresas en el mundo frente a las crisis económicas, cada vez más complejas y también que surgen de la noche a la mañana.

Circunstancias que alimentan la inestabilidad y la incertidumbre, pero que a su vez limitan la capacidad de invertir en el crecimiento futuro. Es obvio, que se interrelacionan también factores sociales y demográficos, tales como las presiones poblacionales, que según algunas predicciones un aumento proyectado del 45% en la población mundial actúa como un acelerador de tendencias negativas, sobrecargando los recursos y los sistemas sociales.

Una consecuencia directa que estamos sufriendo los europeos es la migración masiva, ya que grandes oleadas de migrantes, a menudo huyendo de conflictos o desastres, ejercen presión sobre las sociedades occidentales, provocando reacciones políticas negativas y tensiones sociales. ¡Pues sí! Esta presión externa genera una tensión política interna, de la cual se aprovechan los diferentes partidos europeos con posiciones doctrinarias diametralmente opuestas para afrontar con un mínimo de eficacia el problema.

Factores Políticos e Institucionales

Cuando las ciudadanías de los diferentes países pierden la confianza (algunos hablan de pérdida de fe) en las instituciones, es como un cáncer que socava la legitimidad y la eficacia de la buena gobernanza. La relación entre gobernantes y gobernados está sostenida por una tenue (con frecuencia, imperceptible) línea que hace de fiel de la balanza una tensa situación para la toma de decisiones políticas de los gobiernos o del proceso decisorio en las organizaciones privadas. Es imprescindible que haya un equilibrio entre las normativas legislativas que regulan las actividades económicas, sociales, culturales y en general de convivencia, con los intereses de las poblaciones en las que dichas regulaciones impactan.

Se ha producido un auge sustancial del populismo y el autoritarismo, ya que a medida que las sociedades se polarizan más, se observa una tendencia hacia respuestas populistas, y en ocasiones autoritarias, ante las amenazas percibidas, incluyendo controles migratorios más estrictos y la reducción de las libertades civiles. No menos importante es el impacto negativo de la corrupción política en el mundo, que erosiona la confianza pública y que se siga creyendo a rajatabla en el Estado de Derecho. Y esta puesta en duda de lo que entendemos como el germen de una justicia social ecuánime, es altamente peligrosa y fácil de violentar cuanto más débiles sean las estructuras orgánicas de una nación y la consabida falta de seguridad jurídica.

Factores Culturales y Psicológicos

También hemos debatido en contribuciones anteriores, que uno de los factores cruciales que puede convertirse en un auténtico demoledor de motivación social e individual, es cuando no se le presta la debida atención a la psicología social y a la individual, cuestión que por fin hizo despertar a los líderes mundiales durante la Pandemia de 2020-21, cuando se dieron cuenta el grado de importancia que asumía la salud mental en circunstancias extraordinarias como fue el Covid-19.

A nivel individual, una persona puede sentirse mal por dos motivos: el que está atravesando en el trabajo, lo que a su preocupación se le suma la de otros tantos empleados (psicología organizacional) que también están atravesando un período de inestabilidad que se ha instalado en la empresa y del cual no están muy seguros de cómo la dirección va a gestionar la salida de la crisis.

Esto ocurrió durante la Pandemia en cientos de miles de situaciones en todo el mundo. Pero en conjunto, millones de empleados a escala global dependen de un salario, lo que genera un impacto en la psicología social cada vez que las poblaciones advierten cierta incapacidad de los gobernantes de enderezar la nave cuando se requieren tomar las medidas políticas adecuadas y oportunas, o sea, liderazgo con vocación de futuro.

Entonces un creciente pesimismo y la pérdida de la creencia en las personas que dirigen la organización, a su vez, en las que gobiernan ese país, invade la mente y el espíritu de las personas. Terminan resignándose y finalmente, se produce esa necesaria acción que una persona hace cuando debe reducir, por ejemplo, su nivel de vida, lo que afecta también en su dignidad, pero cuando esto se convierte en un elemento recurrente en la vida de millones de personas, lo que se ha instalado en esa sociedad es la llamada “filosofía de resignación”, que se inicia cuando un día se acepta resignar una cosa, otro día otra y al fin de un período los ciudadanos terminan aceptando como algo normal lo que ocurre, o sea aquella filosofía que debería ser desterrada automáticamente por el propio progreso y desarrollo humano.

Pero no se queda ahí la cosa: se cuestiona en definitiva la superioridad que tiene el “timón de mando”, que llega al punto de que se está poniendo en cuestión (crítica habitual) en el valor de la propia civilización occidental, a veces atribuidos al liberalismo excesivo, otras al modelo proteccionista, otros a los modelos colectivistas que aún no han dejado de ejercer influencia en países que han quedado atrapados en sus garras.

En definitiva, se produce un debilitamiento de la voluntad y la resiliencia colectivas. No faltan tampoco algunos teóricos que señalan un “déficit de empatía”, por el que argumentan que la disminución de la empatía y la solidaridad social está contribuyendo a un proceso más amplio de “descivilización”, a nosotros nos gusta denominarlo “un proceso de deshumanización” que puede afectar instituciones, gobiernos y organizaciones. Del liderazgo efectivo en los ámbitos políticos y privados dependerá, como en la física, al principio de acción siempre hay uno de reacción, lo que implica fomentar y poner todos los recursos disponibles para que haya una contrapartida: un proceso de humanización en todos los ámbitos. Y esto es algo que seguimos defendiendo desde hace más de una década desde esta tribuna

Factores Ambientales y de Recursos

Es un hecho que existe un agotamiento de recursos y degradación ambiental como consecuencia de la sobreexplotación de los recursos naturales, la destrucción del hábitat y la pérdida de biodiversidad, que amenazan seriamente la sostenibilidad de los sistemas económicos y sociales actuales.

A este flagelo hay que sumarle el cambio climático, ya que los fenómenos de alteraciones y catástrofes nunca antes vistas, evidencian que son cada vez más severos y perturban las economías, impulsan la migración y exacerban las vulnerabilidades existentes.

Factores geopolíticos

Se produce un declive relativo de la influencia global, especialmente nuestra Unión Europea, ante el auge de China y el resurgimiento de Rusia, junto con el fin de los imperios coloniales occidentales, que han disminuido el poder geopolítico relativo de Occidente. Una falta clara de liderazgo que ha impedido que tengamos una capacidad de adaptación, lo que, sumado a la falta de voluntad para responder eficazmente a los nuevos desafíos globales, como el cambio tecnológico y las dinámicas de poder cambiantes, debilita aún más el liderazgo occidental.

España tiene que liderar y puede contribuir a hacerlo, el cambio geopolítico transversal que se está produciendo.

Somos la cuarta potencia de la UE, e independientemente de que el gobierno español haya recibido críticas en los últimos días sobre el viaje del presidente Sánchez a China, lo que hay que tener en cuenta es que somos una potencia muy particular, abierta a un espacio geográfico, político y económico de 750 millones de hispanoparlantes y ser una especie de “Commonwealth a la española”.

Nadie está en mejores condiciones que España y sus empresarios, para liderar este movimiento transversal, más aún con los datos de los últimos días que confirman el tremendo crecimiento que están operando países como Brasil y Argentina, que serán los pilotos del crecimiento en dicha región. España tiene la obligación y el derecho de defender

sus inversiones desde México hasta Argentina, lo que le otorgará más fuerza aún para equilibrar sus relaciones comerciales y diplomáticas con Oriente, especialmente China. Más aún, cuando hay que dar un mensaje claro al mundo de que somos capaces de relacionarnos con todos los mercados y no por ello perder nuestras raíces occidentales.

A diferencia de lo que opinó el vicepresidente J. D. Vance,

de Estados Unidos en relación al viaje de Sánchez, afirmando que “las relaciones con China era como ponerse una navaja al cuello” (una auténtica bravuconada),  justamente tanto la Administración Trump como los burócratas de Bruselas, deberían apoyar a España ya que ningún miembro del gobierno español ha dicho que vamos a salirnos de la OTAN, o que estamos en contra de Estados Unidos, porque muy por contario, lo que se busca es también negociar. Y vaya si España tiene un espacio suficientemente grande como es todo el continente americano para que sus negocios sean prósperos. Porque si hay algún político que piense que ir a China como país para ampliar nuestros horizontes es reducir nuestra presencia en América, es que sencillamente está perdido o no comprende nada de la realidad de lo que España significa en todo el Hemisferio Occidental.

Y si los grandes de la economía mundial presionan con aranceles primero, como hace Trump, para negociar después, no somos menos los españoles porque representamos la UE. Hay que mirarlo así y no del modo alarmista como se ha visto en días recientes.

b) El liderazgo moral de Occidente y la tensa espera de un nuevo sucesor de Pedro en el Vaticano

Veamos cuál es el contexto de la muerte del Papa Francisco, que falleció a los 88 y su fallecimiento ha generado una importante reflexión y especulación sobre su significado más amplio, especialmente dada la inestabilidad mundial actual y los precedentes históricos. Ante hechos de tal impacto social como es la muerte de un Papa, a veces no se reflexiona del por qué de esta fuerza que tiene el jefe de la Iglesia Católica, que preside una organización de 2.000 años de historia y que en el mundo hay aproximadamente 1.406 millones de católicos. Este número ha aumentado ligeramente en los últimos años, pasando de aproximadamente 1.390 millones en 2022 a 1.406 millones en 2023, según datos del “Annuario Pontificio” 2025 y el “Annuarium Statisticum Ecclesiae 2023”.

Siempre renacen teorías ante un evento histórico como es la muerte de un Papa, en la que se le pretende buscar casi una causalidad a los acontecimientos mundiales que en ese momento están ocurriendo. Hay quiénes han señalado la existencia de un patrón, tal como sucedió con las muertes de los papas Pío X (1914) y Pío XI (1939) coincidiendo con el estallido de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, respectivamente.

Ahora, con la muerte del Papa Francisco ocurriendo en medio de numerosas crisis internacionales, algunos sugieren un vínculo simbólico o profético entre las muertes papales y grandes hitos históricos. Sin embargo, este patrón es en gran medida casual. Como señalan los analistas, “el tiempo no es causalidad” y tales asociaciones caen en la falacia lógica de “post hoc ergo propter hoc” (“después de esto, por lo tanto, a causa de esto”), asumiendo que, dado que un evento sigue a otro, debe ser la causa, lo que es falso, ya que afirma que un evento causa otro simplemente porque ocurre antes. En otras palabras, supone que la relación temporal entre dos eventos implica una relación causal. Y es evidente que las muertes de Pío X y Pío XI coincidieron con puntos de inflexión en la historia mundial, no porque sus respectivos papados impulsaran la violencia global, sino porque ambas conducciones de la Iglesia, como todo lo demás, existieron dentro de las corrientes de la historia que en ese tiempo formaban parte del relato.

Contexto Global Actual

Si somos rigurosos en nuestro análisis histórico, la muerte del Papa Francisco se produce en un momento de considerable incertidumbre para Occidente, con conflictos persistentes y que se han enquistado, en las que afloran obvias perturbaciones económicas que no solo han mantenido las características de la inestabilidad e incertidumbre, sino que las han incrementado, todo lo cual nos presenta desafíos a las instituciones tradicionales y una exigencia de un liderazgo a la altura.

Algunos consideran su fallecimiento como un símbolo de una era cambiante, sobre todo porque fue una destacada voz progresista a nivel mundial. Sin embargo, no hay evidencia directa de que su muerte desencadene o marque un cambio fundamental en el ciclo histórico de Occidente. Más bien, coincide con tendencias e inquietudes existentes.

Pero sí es cierto que no puede dejar de considerarse que un nuevo Papa y especialmente, si no fuera europeo el elegido, significaría que todos esos entrelazamientos a que referíamos más arriba que se iban dando (hechos y sucesos en los ámbitos políticos, económicos, sociales, culturales y especialmente geopolíticos) podría abrir un claro camino de esperanza para reconducir al alicaído mundo occidental. A que desde la Iglesia y siendo por historia una de las instituciones claves en la creación de Occidente, se promueva una defensa de los valores occidentales que también deben ser defendidos por el resto de instituciones de nuestro hemisferio.

Sabemos que nunca estarán mejor protegidos que bajo la tutela de la Iglesia Católica. Pueden verse sombras y luces, es evidente que así siempre ha sido y será. Pero el momento actual del mundo pasa por la defensa a ultranza de nuestro modo de vida y cultura occidental, no significando esto que todos los ciudadanos occidentales tengan que ir a misa los domingos, sino que encuentren en su liturgia y “principios liminares”, tanto la vocación como la capacidad para afrontar con éxito esta paso del umbral de este nuevo ciclo histórico al que estamos asistiendo.

Como su nombre lo indica, los “principios liminares” son aquellos que se consideran básicos o fundamentales y que establecen las reglas de funcionamiento de una estructura, como puede haber sido el tratado de Maastrich para la creación de la Unión Europea, o las bases de un movimiento económico y social que a finales de la Segunda Guerra Mundial se dio en llamar “el Estado del Bienestar”. Porque “liminar” significa la frontera, que algo está en el umbral entre dos estados o situaciones posibles. Y creemos convencidos, que en este momento de auténtica deriva geopolítica en la cual las naciones del mundo y los bloques políticos económicos quieren marcar su territorio (nunca mejor dicho), Occidente tiene las columnas de apoyo más fuertes en la Iglesia Católica para la recuperación de los principios y valores que nos caracterizan como civilización. Occidente con un buen liderazgo va a prevalecer.

Por tanto, si bien el fallecimiento del Papa Francisco ocurre durante un período de inestabilidad y también alineándose con las teorías especulativas sobre el declive de la civilización occidental, estas conexiones son en gran medida simbólicas o casuales, no determinantes. El papado, al igual que otras instituciones, está sujeto a las fuerzas generales de la historia en lugar de ser un impulsor de cambios trascendentales.

Pero sin duda ha formado parte de las transformaciones trascendentales que hemos vivido en los últimos cincuenta años, caso de la caída del “Muro de Berlín”, en que simultáneamente a la primera ministro Margaret Thatcher, Lech Valesa, que fue cofundador de Solidaridad, el primer sindicato independiente en el Bloque del Este y Premio Nobel de la Paz en 1983, el presidente estadounidense Ronald Reagan, estuvo sin ningún género de dudas como una cuarta pata de esta mesa que contribuyó decididamente a la caída de la URSS, el papado de Juan Pablo II.

Pero ojo al dato: no habrá cambio de relevancia en el destino de Occidente si no tomamos la iniciativa en las decisiones más importantes, caso de la inteligencia artificial y todo el proceso de adecuación y especialmente responsabilidad que Occidente tenga, en particular Europa, en la disrupción tecnológica, pero fortalecida por las columnas de apoyo que son los valores de nuestra civilización judeo-cristiana que no olvidemos que es responsable del Renacimiento y la Ilustración. Ambos son dos períodos históricos clave que, aunque separados por un tiempo, compartieron una visión común: el valor de la razón y el progreso humano.

El Renacimiento (siglos XV y XVI) fue un movimiento artístico y cultural que se originó en Italia, caracterizado por un renacer del arte y la cultura clásicos, y por una creciente atención al hombre y al mundo natural. La Ilustración (siglos XVII y XVIII), por otro lado, fue un movimiento intelectual y cultural que promovió la razón, la ciencia y el progreso, buscando iluminar la sociedad con la luz de la razón y la ciencia.

Y para los que persiguen el enfrentamiento entre la fe y la razón, basta estudiar la historia de la doctrina de la Iglesia, por ejemplo, el fructífero período del Papa polaco Karol Józef Wojtyła (Juan Pablo II) del que emanaron encíclicas clave como “Redemptor Hominis”,Laborem Exercens”, “Sollicitudo Rei Socialis”, “Centesimus Annus”, “Veritatis Splendor”, “Evangelium Vitae”, “Ut Unum Sint”, y “Fides et Ratio”.

Ellas abordan temas como la redención, el trabajo humano, la justicia social, la moralidad, la vida humana, el ecumenismo y la relación entre fe y razón.  Juan Pablo II, en su encíclica Fides et Ratio, enfatiza que la fe y la razón son dos alas que permiten al espíritu humano elevarse hacia la verdad. Considera que la razón busca comprender la verdad de las cosas, mientras que la fe ofrece la verdad última sobre el mundo, el hombre y Dios, apoyada en la revelación. Según él, la fe requiere el entendimiento racional y la razón debe aceptar lo que la fe presenta como necesario.

Si bien es claro que la Iglesia como institución tiene un peso específico tremendo porque como dijimos hay 1.400 millones de católicos en el mundo, más lo tiene aún para la influencia tremenda que ejerce sobre el mundo en general, católicos y los que no lo son, ya que el peso de su doctrina en la búsqueda del bien social, la justicia y la libertad, no es en nada equiparable a ninguna otra causa en la lucha por la dignidad de los hombres y mujeres del mundo, así como por la defensa de los derechos humanos.

c) La empresa española en busca de sentido internacional y nuevos mercados alternativos.

Los empresarios españoles siguen manteniendo un fuerte espíritu exportador y no les intimida la fuerza competitiva de los grandes países exportadores, porque están en buenas condiciones competitivas para tener presencia en todos los mercados. Y esto debido a la evolución positiva de nuestra economía y a pesar de un escenario global cambiante.

Estas son algunas de las conclusiones que, en materia de internacionalización, destaca la última edición del estudio International Business Report (IBR) de Grant Thornton (publicado en agosto de 2024) un informe que analiza las previsiones y preocupaciones de este tipo de organizaciones tanto de nuestro país como a nivel global.

Pero es que este estudio resalta que dentro de la UE es España el país que más espera aumentar sus exportaciones en los próximos doce meses, posición que sostienen cerca de la mitad (48%) de las compañías de nuestro país, que representa unas perspectivas 11 puntos superior a la media europea (37%) y dos más que el porcentaje global (46%).

Los mercados que busca España para nuevos negocios

España, en su estrategia de expansión y diversificación empresarial, está enfocando sus esfuerzos en varios mercados internacionales y sectores emergentes, tanto a nivel nacional como exterior:

– Enfoque en mercados internacionales

Unión Europea: es el principal destino para la internacionalización de las empresas españolas. El 93% de las empresas ya opera en este mercado y el 55% espera expandir su presencia en los próximos cinco años.

Estados Unidos: se consolida como un mercado estratégico. El 50% de las empresas españolas ya tiene actividad allí y el 35% prevé incrementarla. Además, es el mercado más citado para iniciar actividad entre quienes aún no están presentes (17%).

Latinoamérica: el 69% de las empresas españolas tiene presencia y el 41% planea aumentarla, destacando especialmente México como destino preferente.

Resto de Europa: el 74% de las empresas ya operan en otros países europeos y el 37% planea expandirse aún más en la región.

– Sectores emergentes y de mayor potencial en España

España también busca liderar y desarrollar nuevos negocios en sectores emergentes y de alto potencial, entre los que destacan:

– Energías renovables (solar, eólica, etc.)

– Tecnología y digitalización (automatización, inteligencia artificial, ciberseguridad)

– Comercio electrónico y logística asociada

– Turismo (especialmente rural y de experiencias personalizadas)

– Alimentación saludable y agricultura urbana

– Servicios de salud y tecnología médica

– Formación y educación online

– Moda sostenible y productos eco-friendly

– Videojuegos y entretenimiento digital

– Servicios de bienestar y mindfulness

– Tendencias en internacionalización y diversificación

El 81% de los directivos de empresas en España afirma que está explorando nuevas oportunidades internacionales a través de nuevos mercados, canales y alianzas, en respuesta a los desafíos económicos actuales.

Además, el 92% de las empresas está revisando sus cadenas de suministro, buscando diversificación y seguridad, lo que impulsa la búsqueda de proveedores en mercados alternativos y la exploración de alianzas estratégicas.

 

Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y también autor del libro ‘El Cubo del Líder’; y Antonio Alonso, presidente de la AEEN (Asociación Española de Escuela de Negocios) y vicepresidente segundo de EUPHE (European Union of Private Higher Education).

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