Liderazgo de opuestos

¿Ser o no ser? No hace falta ser Hamlet para llegar tan lejos. Nos pasamos toda la vida decidiendo entre opuestos: subir o bajar, salir o quedarse en casa, vacaciones en la playa o en la montaña, ser del Madrid o del Barça, de izquierdas o de derechas, negacionista o realista.

En nuestra cultura occidental siempre nos ha atraído aquello de los opuestos. Esta en nuestra método científico, en la filosofía y hasta en la lingüística estructural de Ferdinand de Saussure. La dicotomía es una metodología de conocimiento, de toma de decisiones y conformación de la personalidad de cualquier líder.

Pero no más que en la cultura oriental, en la que su filosofía se basa esencialmente en ellos. Lo bueno y lo malo, lo hermoso y lo feo, la bondad y la malicia, etc. El Yin y el Yang sirve para abanderar países como Corea, pero también para explicar el mal en el mundo o las disfunciones sexuales en la cama. Es el mundo de los opuestos en la búsqueda del equilibrio universal.

Si nos adentramos en el mundo de los negocios, también encontramos opuestos, por ejemplo resultados positivos o negativos, directivos carismáticos y directivos tóxicos, recursos propios o ajenos, integrar negocios (verticalizar) 0 apostar por el oustsourcing.

Desde ya que en el ámbito del liderazgo también convivimos a diario con términos cargados de contenidos positivos y negativos.

Y si tomamos como punto de partida en cualquier organización los de signo positivo, o sea, obtener beneficios, podemos ampliar el alcance del término beneficios.

¿A qué nos referimos?

A que no sólo lo utilizamos en sentido estrictamente contable y financiero, sino en otros aspectos; por ejemplo, en cuanto cómo están funcionando los equipos de trabajo; cómo son las relaciones interpersonales entre miembros de diferentes equipos y/o departamentos, así como la relación que mantienen con la dirección; cuál es el tipo de liderazgo que se está ejerciendo en la organización y un largo etcétera.

Pero es que nuestro estilo de vida y la cultura occidental, tanto en los negocios como en la vida, nos enfrenta siempre a una dualidad, tal como ser ganadores o perdedores; haber sido exitosos en el último lanzamiento de producto o por el contario haber fracasado, etc.

Los opuestos son parte de nuestra esencia humana y caracterizan sin lugar a dudas todas nuestras acciones.

La cuestión no es cerrarse a aceptar o rechazar determinados comportamientos como si fueran una especie de “black box”, sino de aprender a convivir con toda la gama de formas de actuar, comportamientos y conductas de personas, líderes y organizaciones.

No debemos generalizar ni tampoco estigmatizar a una persona o a un jefe, por una acción aislada que no fue satisfactoriamente gestionada o por algo que se haya dicho en una reunión.

Tendemos a simplificar demasiado, aunque debemos aprender a utilizar las categorías que hacemos de manera flexible, sin rigidices que puedan afectar relaciones personales y la cohesión de equipos.

Tal simplificación se produce cuando se tiene a utilizar un “tópico” o también un “prejuicio” sobre determinado acto, persona, grupo, etc.

Es por ello que, con la finalidad de aproximar a nuestros lectores a una manera sencilla de comprender mejor las virtudes de un liderazgo efectivo, vamos a hacer unas consideraciones:

La mentalidad que se siente ganadora dice, por ejemplo, que a lo que se enfrenta (crisis) o también tarea (nuevo proyecto) puede que sea difícil, pero es posible. Lo cree de verdad.

– En cambio la mentalidad negativa o perdedores potenciales en la acción que supuestamente vamos a emprender, prefieren pensar que lo que tienen entre manos es posible pero demasiado difícil.

Esto no implica que existiendo una opinión positiva (la de los ganadores) y otra negativa (la de los perdedores) se vaya a interrumpir o suspender la implementación de la o las acciones previstas. ¡No!

Lo que queremos significar es que, cuando en un momento dado se presentan este tipo de situaciones, generalmente se manifiestan en reuniones informales dentro de un equipo y/o departamento, las posiciones pueden estar encontradas por motivos técnicos (asignación de recursos, situación del mercado, etc.).

Pero lo que el buen líder se esforzará en lograr de su personal es que finalmente prevalezca una posición positiva, no por imperativo legal, sino por convencimiento que haga sobre todos y cada uno de los miembros de los equipos.

Para ello, deberá transmitir con claridad la visión que no deben perder y que el líder tiene muy clara.

El positivismo tampoco garantiza que algo salga bien, sólo que facilita el ambiente de trabajo porque todo el mundo está con un elevado nivel de predisposición.

El líder efectivo no expulsará del equipo a una persona que está pensando en negativo, sino que tratará de llevarle a su terreno, explicando por qué debe cambiar su criterio y juicio que está haciendo sobre las acciones que hay que realizar.

Es evidente que, cuando la primera impresión que tiene una persona en un equipo es negativa, porque su conocimiento e información le hace dudar sobre las acciones que van a realizar, está viendo problemas y no posibilidades.

El líder trata siempre de convertir los obstáculos en oportunidades y así hacérselo comprender a toda la plantilla.

En la medida que ese “perdedor” al menos por una hora en esa reunión que estaban teniendo, se transforma en ganador, contagia el espíritu “deportivo” al resto.

Se logra un mayor crédito sobre la confianza que el líder merece porque le ha convencido no coercitivamente, sino que lo ha hecho haciéndole comprender las ventajas de lo que están haciendo.

Porque los líderes y personalidades ganadoras hacen que las cosas sucedan y no que se deje al libre albedrío para que las cosas se den como puedan darse. Algo así como se dice coloquialmente de que “suceda lo que tenga que suceder”.

Si nos adentramos en aspectos más íntimos del liderazgo: los que caracterizan cómo se conduce el líder en su vida (nos interesa tanto el aspecto profesional como personal).

De ahí que señalamos la cuestión de la creencia, sea en una acción, una opinión o lo que fuere. Nada puede sostenerse sólo con aspectos técnicos por más ajustados que estén a la realidad, si no se cuenta con la convicción de las acciones que tienen que emprenderse.

O sea, la actitud, frente a determinado trabajo y/o responsabilidad.

Ello lleva también a que las personas, al ver al líder tan confiado en sus decisiones e implementación de acciones, “beban” de esa confianza, fortifiquen también la confianza colectiva del equipo y tengan una visión más clara del entorno.

Por ello, algunos aspectos característicos de un buen líder, son las emociones que no ocultan, por el contrario las muestran.

También el nivel de cuidado y protección de su personal, ya sea en cuanto a los recursos que necesitan para realizar sus trabajos como propiciar el ambiente típico de wellbeing libre de tensiones y en el cual todos quieren estar, disfrutando del espacio y los momentos que comparten cada día con sus compañeros.

Esta es la protección del ámbito emocional no tangible, ya que las tareas que tienen un grado de materialidad (son tangibles) directamente relacionada con los recursos, resultados, etc., obviamente también deben ser tenidas en cuenta, en función de las necesidades y distribuidas de manera equitativa y justa.

Algunas reglas para ganar y no perder:

1º) Las personas hablan a tus espaldas por tres razones:

– Cuando no están a tu nivel.

– Cuando no tienen lo que tú tienes.

– Cuando tratan de copiar tu estilo de vida pero no son capaces de hacerlo.

2º) Muchos de los problemas que nos suceden en la vida se deben a dos razones:

– Actuamos sin pensar.

– Nos quedamos pensando sin actuar.

3º) El manejo de los tiempos es esencial para señalar el camino del éxito, de ahí que:

– Si hay depresión: estamos tomando en consideración un exceso de pasado.

– Si hay estrés: estamos excediéndonos en la consideración de nuestro presente.

– Si hay ansiedad: estamos cargando nuestra mente y emociones con un exceso de futuro.

4º) La ambición puede enturbiar nuestro camino del éxito.

De ahí que hay que tener cuidado en las metas realizables de aquellas imposibles.

Como señalaba el maestro a su pupilo explicándole cómo debía actuar de cara el futuro: “Por más que subas en una escalera interminable y quieras tocar las estrellas… el momento en que te detengas y mires hacia el cielo… las estrellas estarán tan lejos como antes (cuando las veías desde el suelo). Pero la caída será mucho más fuerte porque, como verás, el suelo está mucho más lejos”.

El deseo de llegar a las estrellas es la ambición. El de llegar a los corazones es sabiduría. Esto es lo que debe procurar hacer un buen líder.

Artículo coordinado por José Luis Zunni, director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN, y Antonio Alonso, presidente de la AEEN (Asociación Española de Escuela de Negocios) y secretario general de EUPHE (European Union of Private Higher Education).

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