El fracaso nos hace más fuertes

Lo que no te mata, te hace más fuerte. A mí me lo decía mi madre con cierta frecuencia. Y servía para todo: para tomar una comida que no me gustaba o para ir al colegio un día de lluvia que no apetecía. Lo que quizá no sabíamos ni mi madre ni yo es que la famosa y repetida frase pertenecía a un filósofo llamado Friedrich Nietzsche.

Sin miedo al fracaso. Es un eslogan fácil de repetir, pero difícil de digerir. Sin embargo, hoy que es el día internacional contra el suicidio (10 de septiembre), hay que recordar otro principio del acerbo popular cristiano: “todo tiene solución en la vida, menos la muerte”. Con palabras de Don Quijote: “Para todo hay remedio si no es para la muerte (El Quijote II 43 y 64).

Dicen los estudios científicos que el fracaso al principio de la carrera conduce a un mayor triunfo a largo plazo para aquellos que lo intentan de nuevo. Es un informe de 2019 de investigadores norteamericanos de la Kellogg School of Management de la Universidad Northwestern que parecen confirmar que “la tasa de desgaste aumenta para aquellos que fracasan al principio de sus carreras”, según el investigador principal Yang Wang. “Pero los que la sobrepasan, en promedio, se desempeñan mucho mejor a largo plazo, sugiriendo que si no te mata, realmente te hace más fuerte”.

El foco de su investigación se centró en un grupo de científicos y sus carreras profesionales. Un estudio que puso métricas a lo que durante siglos hemos sabido y trasmitido a través de refranes, sentencias y frases hechas; pero que los modernos estudios psicológicos lo ha bautizado con el nombre de origen médico: la resiliencia.

Aunque siempre podemos cantar con Siniestro Total aquello de: “Lo que no puede ser no puede ser y además es imposible”.

El rafting del liderazgo

Imaginemos que un grupo de amigos está planificando unas vacaciones en una zona boscosa, con ríos de montaña ideales para hacer rafting, y lo más importante para todos los integrantes, que van a estar a no menos de cien kilómetros de distancia de cualquier población, es que les garantiza la tranquilidad que buscan.

Pero hay que planificar bien, cuál es el equipo idóneo que hay que llevar, desde tiendas hasta algunos alimentos enlatados, así como el tipo de calzado y demás prendas de vestir utilizadas en este tipo de aventuras.

También es cierto que se puede recurrir a personas de la región acostumbradas a recorrerlas y que no necesitan ni de mapas ni GPS porque lo tienen en su cabeza.

En las conversaciones previas que tiene el grupo para planificar el viaje, surgen la lectura de mapas que indican zonas de aguas lentas y profundas y otras con rápidos y un cauce plagado de rocas con profundidad variable. En uno de dichos mapas se puede observar que estos rápidos presentan unos giros inevitables porque una vez dentro no hay manera de salir más que atravesándolos.

¿Cómo puede el equipo de amigos asegurarse del éxito de la expedición al internarse en aguas turbulentas y gestionar cualquier problema inesperado que surja del desafío al que han elegido enfrentarse?

Con las herramientas adecuadas y los diversos equipamientos para este tipo de aventuras, algo sí es seguro desde el inicio: si se superan los obstáculos y no se producen accidentes ni inconvenientes por menores que sean, se sentirá el sabor del triunfo en cada uno de los integrantes y lograrán una sensación de seguridad que hace sentir bien a cualquier persona. ¡Pero cuidado! Que por más exitosa que haya sido la internada en zonas salvajes y bajado con éxito el río que no perdona, no es comparable con los rápidos a los que nos ha hecho enfrentar el Covid-19.

El rafting diario en las organizaciones

Sin duda, el Covid-19 nos ha forzado a una especie de rafting diario en nuestra actividad profesional. Porque no todos los días nos nutrimos de mapas ni elementos especiales en nuestro particular equipo de trabajo diario, ya que se supone que lo dominamos y que sabemos a lo que vamos a enfrentarnos. Pero, cuando nos vienen dadas situaciones como la crisis generada por la pandemia en 2020 y su prolongación hasta el presente -porque aún no la hemos derrotado y sigue imponiendo sus consecuencias en todos los ámbitos sociales y económicos- entonces son muchos los minutos de ese día a día referido en el que necesitamos una especie de mapa que nos guíe.

Y ahí es el punto en el que entra entonces el líder efectivo, el que ante la dificultad siempre encuentra ese recodo de río en el cual el equipo de excursionistas puede detenerse a descansar y pensar en la siguiente etapa que puede ser aún más difícil.

Lo que venimos a decir es que cuando se llevan a cabo programas de capacitación y entrenamiento para nuevos líderes, cuestión de la que somos ya veteranos defensores y conocedores de esta materia, habrá que, como hacen los estudiantes de piloto en los simuladores de vuelo, simular situaciones que se van a ir presentando y no esperar a que nos la imponga a cada rato el coronavirus, que siempre ha estado un paso por delante.

Las consecuencias del impacto del Covid-19 aún se siguen sufriendo y seguiremos organizando como podamos los despojos materiales (organizaciones enteras y sus activos) y lo más preciado del activo social y organizacional, las personas, también vienen adaptándose lo mejor que pueden a este impacto que ha dejado millones de víctimas en todo el mundo y cortado carreras personales, porque se produjo un seísmo de dimensiones no conocidas hasta la fecha.

Por tanto, las organizaciones que cuenten con líderes suficientemente capacitados y experimentados para transmitir y formar en la capacidad de resiliencia a empresas y personas, es posible que, como el grupo de excursionistas, estén contando con un mapa (el que está en su cabeza) que los demás desconocen, razón por la cual sufren estrés generado por tanta incertidumbre. Y estas personas necesitan que el líder se comunique con ellos y les señale el camino.

Sabrán estos líderes efectivos cuál es el sitio y el momento para deslizarse por una pendiente para un particular rafting en la oficina (valga la metáfora) porque da la sensación que nos estamos encontrando cada jornada con recodos de río desconocidos, que no figuran en los mapas, y, lo peor de todo, con una carencia de líderes capaces de guiarnos en este tipo de circunstancias, especialmente en el liderazgo político.

Desde los desafíos cotidianos hasta los eventos traumáticos con un impacto más duradero, caso del Covid-19, cada cambio afecta a las personas de manera diferente, trayendo una avalancha única de pensamientos, emociones fuertes e incertidumbre. Pero la buena noticia es que las personas generalmente se adaptan bien con el tiempo a situaciones que cambian la vida y que son estresantes, en parte gracias a la capacidad de recuperación y adaptación a circunstancias que les son nuevas.

Líderes que saben liderar el cambio

Cómo lidiar con el cambio es no sólo saber anticiparse a los retos y problemas, sino a tener siempre las capacidades de resiliencia, que son muy útiles para lidiar con cambios de cualquier tipo, tanto positivos como negativos. Saber conectarse y comunicarse con los demás (comunicación abierta, directa y transparente) es importante en tiempos de cambio. Y si algo enseña el líder efectivo a su personal e inculca como necesario cambio en la cultura corporativa, es la flexibilidad, que es probablemente la habilidad de resiliencia más importante para hacer frente al cambio y a cualquier trauma que suframos, porque nos facilitará el proceso de adaptación.

Tampoco es cuestión de seguir el camino que estamos viendo sigue todo el mundo, por aquello de que seguir la corriente es un valor seguro para darnos contra el muro. Generalmente la elección de caminos en reacción a emociones y percepciones influenciadas por situaciones de estrés e incertidumbre nos llevarán no por el camino real, sino por senderos desconocidos.

Es importante mantenerse al día con lo que está cambiando, tener información de primera mano, estar monitoreando de manera constante el entorno (el mapa de los excursionistas de nuestro ejemplo) de manera de poder hacer planes realistas sobre cómo adaptarse y llevarlos a cabo. Obviamente, esa comunicación a la que aludimos más arriba se convierte en pieza esencial de este liderazgo efectivo e integrador, porque la manera de ayudar a la resiliencia del personal en momentos de crisis de esta magnitud, es cohesionando e integrando equipos, personas y departamentos de manera transversal y sin limitaciones. Hay que tener en cuenta que los sentimientos y emociones en momentos de crisis están exasperados.

Nuevamente, la comunicación sobre esto es importante. La resolución de problemas individualmente y con otros puede ayudar a todos los integrantes de esos equipos y/o departamentos, a adaptarse al cambio.

A la mayoría de nosotros no nos gusta el cambio y, a menudo, tenemos sentimientos fuertes al respecto, generalmente negativos. Es importante encontrar formas de expresar estos sentimientos y como dicen los psicólogos clínicos y sociales, poder descargarlos, pero explicando cuál es el problema que se está padeciendo, sino no hay posibilidad de ayudar.

Resiliencia

De ahí que si el líder efectivo se interese por problemas, por ejemplo, familiares, que está teniendo uno de los miembros de un equipo, será un antídoto contra las energías negativas que se le generan a esa persona que no puede gestionar ni controlar.

Pero también otra buena noticia: debemos estar absolutamente persuadidos (tener la seguridad) de que se puede hacer frente a los cambios que se están produciendo en este momento de una etapa sui generis de tipo post-Covid, o que mejor deberíamos llamarla Covid maduro por lo de estar esta pandemia en su ciclo de máxima presencia a escala global, para lo cual deberemos forzosamente adaptarnos a cada uno de los ciclos futuros venideros de este coronavirus. Y eso se puede hacer más aún cuando el líder efectivo marca el camino. Hasta las vacunas tendrán que adaptarse.

Y esta capacidad de adaptación y limitación del sufrimiento psicológico es lo que llamamos resiliencia y forma parte ineludible de la capacidad del buen líder de formar y comunicar debidamente a su personal, las implicancias de lo que se está produciendo en la empresa, los cambios que se han visto obligados a hacer y la situación que a partir de este otoño se seguirá dando mediante un trabajo híbrido entre online desde casa y presencial en la oficina.

Todo ello ha modificado el panorama empresarial a nivel mundial, porque grandes empresas multinacionales aún están esperando el regreso del personal a sus oficinas, cuestión que se ha ido demorando hasta el presente como consecuencia de las variantes Covid que son más contagiosas aún.

Los seres humanos son bastante adaptables. Por eso hemos sobrevivido como especie durante siglos, aunque la cosa se pone cada vez más difícil, especialmente en cuanto depende de la capacidad destructiva del hombre cuyas consecuencias están a la vista con el cambio climático.

Pero en el día normal de una persona que a esta altura de septiembre se reintegra a su trabajo, necesita encontrar un propósito y significado en los cambios que están ocurriendo a nuestro alrededor y la manera que le están afectando en su trabajo y vida personal. Tener la fuerza moral de reconocer que muchos de ellos pueden ser positivos y que incluso pueden mejorar la calidad de nuestras vidas. Ser capaz de ver el panorama general es importante, comprender la visión del líder y cuál es la misión que tiene la empresa en este momento para superar la adversidad, por más cuesta arriba que se le ponga. Si se tiene una visión completa al menos no incurrirá en lo que con tanta sabiduría profetizó Ortega y Gasset: “No por culpa del árbol debe dejarse de ver el bosque”. Despejar la visión y ver bien lo que tenemos delante ayuda a generar más capacidad de resiliencia, porque se comprende lo que ocurre.

Los cambios que están ocurriendo a nuestro alrededor continuarán y probablemente se acelerarán. Tener consciencia de que muchos de estos cambios pueden ser solo temporales porque las cosas seguirán cambiando, no es menos importante que también tener consciencia de algunos de ellos que tendrán un gran impacto en nosotros, pero saber además que no todo cambiará y no todos los cambios tendrán un efecto generalizado en nuestras vidas. Culpar a otros por estos cambios o culparnos a nosotros mismos no ayudará.

Por qué perder podría ser bueno para ti

La adversidad nos hace cada vez más fuertes y eso de encontrar un camino sin obstáculos no solo es ficción literaria, sino que no nos provee de la capacidad necesaria para enfrentarnos a la negatividad. Es como la vacuna, que si se tiene en el organismo el Covid-19 en principio no es letal, salvo problemas de salud preexistentes de esa persona.

Con cada contratiempo y sumando una nueva pérdida, sin duda afecta, pero se produce luego una especie de regreso a una mentalidad de crecimiento optimizando, mejorando y preparándonos mejor para tener éxito.

Además, cada vez que se pierde, por más que nos hunda durante días (a veces más tiempo lo que requiere apoyo) nos hace ganar (es una lección de humildad). Nos genera ese sentimiento de empatía y a la comprensión de lo que significa la pérdida no solo para nosotros, sino también para los demás.

Cuando perdemos debemos estar pensando en cómo vamos a darle el botón de replay (cómo volver a la casilla de salida). Digamos, que la reflexión es un reseteo de la mente, porque cuando se pierde nos impulsa a esa reflexión, cosa que cuando se gana, generalmente no se toma el tiempo para optimizar y corregir las áreas más débiles que afloraron durante la pérdida. En cambio, al perder, como estamos reflexionando y haciéndonos las preguntas de qué es lo que ha sucedido, este mirarnos hacia dentro nos hace comprender mejor las razones del error, al mismo tiempo que crear mejoras en el proceso para apuntalar esas debilidades.

O sea que perder es una forma de feedback, pero lo hacemos después del trauma vivido porque nos ha afectado, aunque lo estamos haciendo de manera más objetiva y realista, porque ya habremos aprendido que no hay que buscar justificaciones ni paliativos.

Artículo coordinado por José Luis Zunni, director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN, y Antonio Alonso, presidente de la AEEN (Asociación Española de Escuela de Negocios) y secretario general de EUPHE (European Union of Private Higher Education).

, , , , ,

Pin It on Pinterest

Share This