Las enseñanzas de Davos

Los grandes guionistas del futuro político y económico del mundo tienen una cita anual en Davos. Allí escriben las líneas de la transformación de los próximos años. Los grandes líderes no van a debatir, van a trasmitir. El guión está escrito. Las sorpresas son frecuentes (también este año). Y emergen nuevos paradigmas para la economía global que guioniza este escaso centenar de líderes del caucus de Davos. Los jefes de las tribus del mundo han hablado.

Cada año que se celebra un nuevo encuentro del (WEF) World Economic Forum se esperan con mucho interés las declaraciones de los más importantes líderes mundiales, tanto de la política como de la economía. También cada año está abanderado por un eslogan que pretende sintetizar el espíritu del WEF para el nuevo ejercicio que se inicia.

En 2018 se ha dispuesto que sea “Crear un futuro compartido en un mundo fracturado”. ¿Aspiraciones no más? ¿No serán en cambio pautas concretas que debemos exigirle al liderazgo?

Siendo muy realistas, los encuentros mundiales, caso del de “Cumbre de Cambio Climático” de Paris, aspiran siempre a promover aquellas transformaciones que la comunidad internacional está esperando. Al mismo tiempo, la mayor velocidad en la información y las nuevas tecnologías han puesto a disposición de cualquier persona la capacidad de opinar, así como de hacerse notar aquellos grupos que representan colectivos que exigen determinados derechos, caso del de LGBT (Lesbianas, gays, bisexuales y transgénero).

World Economic Forum.

Lo que se pretende es que también puedan estar representados por diferentes líderes, organizaciones de las más diversas, como ONG’s cuya acción mundial en países en desarrollo y subdesarrollados les avala en sus exigencias globales al liderazgo actual que está manifiestamente en horas bajas, al menos en Europa. Esto lo decíamos en esta tribuna el pasado viernes 19 en nuestro artículo “¿Dónde están los líderes de Europa?

Pero Davos 2018 ha sorprendido una vez más, gracias a personalidades como el primer ministro de la India, Narendra Modi, que ha exhibido la agenda de reformas de su gobierno, que según una encuesta mundial de directores ejecutivos ha posicionado al gran subcontinente asiático, como entre los cinco mejores destinos de inversión deseables en la actualidad. Estos datos provienen de la 21ª encuesta de CEO’s de PwC 2018, en la que casi una décima parte de los 1.300 encuestados de 85 ciudades eligieron a la India.

Pero con Modi no acabaron las sorpresas, sino que ya se habían anticipado cuando los ministros europeos de cultura fueron invitados los días 21 y 22 de enero pasado por el presidente de la Confederación Suiza, que adoptaron antes de asistir a la reunión, una declaración que destaca los caminos para promover política y estratégicamente el concepto de Baukultur (construcción de cultura en alemán) de alta calidad en Europa.

Siempre hay nostálgicos que recuerdan cuando se trataba de una reunión más pequeña y más íntima en la que realmente se podían hacer negocios. El impacto mediático que actualmente tiene Davos, es consecuencia de crecientes problemas a los que a veces asistimos desconcertados, como la crisis de los refugiados en Europa o el cambio climático, cuando no la consciencia de grandes líderes mundiales que, por ejemplo en Davos 2006, daban cuenta del problema de la desigualdad en la distribución de la riqueza mundial.

En ese año se insistió en ella al ser considerada como una de las razones más graves que había que atajar desde los gobiernos, en respuesta al fenómeno que estaba produciendo de que cada vez seguían aumentando los niveles de pobreza, mientras que el crecimiento del PIB mundial continuaba en ascenso positivo. Estas son las paradojas que debemos denunciar y combatir. Davos, al menos ha planteado con transparencia cada año las cuestiones que realmente nos siguen sonrojando.

Cuando la problemática de la desigualdad se hizo notar, nos dio a todos los analistas que venimos tratando el problema del liderazgo y los necesarios procesos de humanización de las organizaciones, un alivio, ya que por fin se ponían sobre una mesa de debate de gran trascendencia, los problemas reales a los que el liderazgo debe enfrentarse. Cuando se apela al humanismo, a mejores conductas éticas y a políticas que vayan en la misma línea, terminan beneficiándose empresas, ciudadanos y gobiernos.

El WEF (World Economic Forum) tiene como objetivo primordial abordar los desafíos políticos, económicos y sociales más importantes que están en las agendas de los líderes más influyentes de la comunidad internacional. En 2018 vuelve la globalización ha asumir una vez más un rol protagónico esencial, en un momento en que las políticas nacionales en Europa están haciendo retroceder lo que muchos perciben como una de las principales causas de desigualdad, estancamiento salarial y pérdida de empleos en los países ricos.

Afirmar que el contexto global viene cambiando en los últimos años es una tautología. Lo que sí no lo es, lamentablemente, es la falta de respuesta a los nuevos escenarios que van mutando año tras año. Algunos países como China e India, que están tirando del carro del crecimiento y transformación de sus respectivas sociedades, se están distanciando de Europa a pasos agigantados, no porque los ciudadanos europeos hayan abandonado la idea del desarrollo y el crecimiento, sino porque su clase dirigente no ha estado a la altura de este desafío, amén de tener que estar luchando en muchos de los estados miembros de la UE, contra los populismos, que a decir de la canciller Angela Merkel, “son un veneno para Europa”.

Angela Merkel.

Probablemente esa ilusión de encuentros en Davos de hace algunos años, cuando los acuciantes problemas de desigualdad no se habían planteado, tanto los organizadores como los conferenciantes en representación de países y grandes multinacionales, perseguían con sinceridad una mejora en el estado del mundo. ¿Ha servido Davos para este fin? Siempre los encuentros internacionales tienen elevados objetivos, aunque la cuestión es cómo se plasman a posteriori en acciones políticas. Este es el punto en el que fallan casi siempre, a pesar, que si no se produjesen, los problemas y desafíos con seguridad irían a peor, porque no habría toma de consciencia de los asuntos que preocupan y hay que resolver en la comunidad internacional.

Por ejemplo, Merkel sin mencionar ni por error al presidente Trump, sí manifestó estar en contra de los que se oponen a la globalización rechazando el multilateralismo, ya que ella está convencida que pensar de manera global debe ser la doctrina imperante en este tiempo. Merkel condenó en Davos toda forma de “egoísmo nacional” (así lo dijo), ya que no se podían ignorar “las lecciones de los grandes conflictos del siglo XX”, en referencia clara a toda forma de nacionalismos populistas que tanto sufrimiento y dolor provocaron en Europa.

Nuestra coincidencia con Merkel es absoluta, porque como muestra basta un botón, el jefe de estado español, el Rey Felipe VI, que representando muy dignamente los intereses de España en Davos, compitiendo con los más importantes líderes mundiales, ha destacado el necesario sometimiento a la ley y al estado de derecho, mientras un grupo de políticos delirantes en Catalunya creen en contra de la tendencia global mundial, que el aislamiento les será favorable. Obviamente Davos no es el foro para planteos de política interna de las naciones, pero sí se justifica la actitud de Felipe VI cuando la deriva independentista en Catalunya va contra toda regla económica y tendencia de por dónde va el mundo. Basta escuchar al primer ministro de la India para desmontar argumentos nacionalistas falaces que como Merkel dice, son veneno para las naciones.

La respuesta que damos desde esta tribuna, junto a una líder como Merkel, es destacar estas cuestiones en las que ha profundizado, tales como que “la lección que sacamos de la formación de las Naciones Unidas después de la Segunda Guerra Mundial, fue una de multilateralismo, o sea una respuesta de cooperación”. El mundo camina de la mano de la colaboración, no del aislamiento. Pero lo peor que le puede suceder a un país, que esperamos no nos suceda en España, es que la creencia absolutamente equivocada de que a una región económicamente próspera como Catalunya le puede ir bien fuera de España y de Europa, es una política anti-natura que no podría jamás ser siquiera respondida por un alumno de introducción a la economía en primer curso de económicas, ante la pregunta de si una Europa de 200 naciones es posible. Y esto ha sucedido cuando una profesora en la Universidad de Copenhague le formulaba de manera contundente al Sr. Puigdemont sobre si esa Europa la creía viable.

Narenda Modi fue aún a más en esta defensa del orden mundial actual, afirmando que “el proteccionismo es tan peligroso como el terrorismo”, sosteniendo que el interés de su gobierno es seguir cooperando a nivel internacional para fortalecer el proceso de globalización.

Los autores siempre hemos manifestado nuestra condena y repulsa a cualquier forma de terrorismo. Esto debe estar fuera de toda duda. Lo que sí es nuestro deber es matizar las palabras del primer ministro Modi, en que en nuestra opinión quiso medir el alcance de los falsos nacionalismos y el daño que le hacen a los países, pero no fue muy feliz la frase al compararlo con el terrorismo, que no tiene reglas ni principios.

El presidente francés Emmanuel Macron en línea con esta posición global, afirmó que “se necesita una Europa más fuerte” para evitar problemas con personas que se sienten que han sido olvidadas y dejadas atrás”. Digamos que Macron está dando con este pensamiento, nuevo oxígeno al liderazgo europeo tan vapuleado y criticado (también por nosotros), porque el hecho de estar conformando la región más desarrollada política, económica y socialmente del planeta, no nos da carta de garantía que nuestro estatus se mantenga sine die. Por contra, asistimos continuamente a la pérdida de posiciones en ámbitos de la economía y la tecnología en los que el grupo de países que conforman ASEAN (Asia-Pacífico) nos van ganando al menos por un cuerpo de ventaja.

Es evidente que Macron está exigiendo un liderazgo europeo que está en cierto sentido perdido y que se debe recuperar en todos los ámbitos, empezando por tener claras las ideas en cuanto a qué significa ser europeo, qué es Europa para Occidente y por qué no podemos darnos el lujo de caer en sueños trasnochados de nacionalismos que crean ilusiones ficticias imposibles de cumplir.

Artículo coordinado por José Luis Zunni, director de ecofin.es y vicepresidente de Foro ECOFIN, en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN; Javier Espina Hellín, miembro de ECOFIN Business Schools Group, y Ximo Salas, miembro del ECOFIN Management & Leadership de ECOFIN.

 

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