La UE y su libertad económica y política: conculcada y huérfana de liderazgo

En los últimos tiempos, la doctrina está un poco revolucionada en cuanto a la relación que existe entre el liderazgo y la geopolítica. ¿Es que una condiciona a la otra? O, acaso… ¿la geopolítica ha asumido, con más intensidad que nunca antes, el estudio de en qué latitud del planeta se encuentra determinado territorio, los recursos con los que cuenta, sus características climáticas, así como la geografía humana? Es obvio que, de las respuestas que nos den cada una de las diferentes regiones que analicemos a las preguntas referidas, nos encontraremos con un claro condicionante para el poder de los estados, lo que también es esencial para comprender y anticipar los movimientos en el plano internacional, sea en los ámbitos estrictamente de las relaciones institucionales, comerciales, políticas regionales, etc.

Este conocimiento de parte de los gobiernos permite también anticiparse a determinados conflictos armados; por ejemplo, neutralizándolos mediante alianzas estratégicas entre diferentes bloques y/o países. Un caso paradigmático es el de Ucrania, en el que, si no fuera por la ayuda económica de la UE, además del armamento, no podría haberse mantenido en pie, y menos aún ofrecer una dura resistencia como la que está ejerciendo al gigante ruso.

Si nos vamos al caso de la actual Guerra de Irán, lo que están en juego es el control de las rutas comerciales de navegación por el Estrecho de Ormuz, que también se convierten en una barrera al desarrollo de los países que, dada la necesaria innovación tecnológica que tiene que llegar a sus puertos de destino, ven cómo sus importaciones quedan bloqueadas en algún puerto de origen o intermedio.

Lo que sí está claro es que esta ciencia social, que tiene entre sus nutrientes mucho de ciencia política y de análisis macroeconómicos, así como de mercados y de competencia, resulta clave para una variedad de actores, desde gobiernos hasta empresas, pero cada uno con sus particularidades funcionales, además de cuáles son los propósitos específicos tanto en la coyuntura como en el medio y largo plazo. Y este último, el plazo a más de dos años, es fundamental para que, en el caso de los gobiernos, estén en mejores condiciones para diseñar cuáles van a ser sus prioridades en materia de política exterior, del mismo modo, si mantienen los niveles de gasto en defensa del ejercicio anterior, o tienen que hacer un ajuste sustancial.

Por tanto, para los líderes políticos, ya correspondan al Hemisferio Occidental o al Oriental, es esencial para sus respectivas economías asegurar el suministro de materias primas vitales (como el petróleo, el gas o los semiconductores), proteger las fronteras, proyectar influencia en zonas estratégicas y anticipar amenazas. Es un tejido típico de telaraña en el que quedan atrapadas todas las principales variables que sirven para lo que se conoce como “buena gobernanza” de los países.

En el caso de las organizaciones privadas, especialmente para aquellas que entran en la categoría de multinacionales, es fundamental para evaluar riesgos antes dirigir sus inversiones extranjeras a determinados países en cualquiera de los continentes, además de estar al tanto en cuanto a cómo hay que incidir y el nivel de influencia política que tengan por su poderío económico para gestionar cadenas de suministro globales.

Es frecuente que, en las juntas directivas y consejos de administración de estas compañías, se haya incorporado en los últimos cinco años la geopolítica y los miembros de dichos comités le traten del mismo modo y con la misma naturalidad con la que tratan el presupuesto de inversión anual o la cuenta de explotación del ejercicio en curso. Tienen que estar alertas respecto a cómo es el nivel de tensión entre potencias y regiones en referencia a cualquier cambio regulatorio que puedan afectar tanto sus finanzas en el presente, como su capacidad de seguir siendo rentables y sostenibles más allá del año en curso. La planificación estratégica depende a gran escala de la geopolítica.

No menos importante es el lugar que debe atribuírsele al papel de la ciudadanía respecto a los intereses que la geopolítica defiende: ayuda a comprender cuál es el nivel de respuesta a los desafíos, además de desarrollar una mirada crítica sobre el tablero mundial, exigiendo a sus representantes políticos actuar en consecuencia. Porque no habrá excusas de parte de la clase política de ningún país si el gobierno de esa nación no comprende cuál es el verdadero trasfondo de los hechos internacionales que van marcando el ritmo de actividad, desde conflictos armados puntuales hasta guerras en toda regla que puedan afectar toda una región, caso Oriente Medio.

En medio de toda esta endeble ingeniería de circunstancias permanentemente cambiantes, afloran crisis energéticas, problemas étnicos y religiosos, etc. Desde ya que, en cuanto a la competencia tecnológica entre bloques, el buen o mal aliado de la geopolítica será la mejor o peor capacidad de liderazgo de los líderes políticos. Tres cuartos de lo mismo, para los empresariales.

Lo que nos dejó la última Cumbre de la OTAN

Hace una semana y media hemos visto en la Cumbre de la OTAN de Ankara, Turquía, en la que los treinta y dos miembros del Tratado del Atlántico Norte, en realidad reían las gracias y salidas de tono del presidente Trump, en vez de asumir una posición sólida y unificada, así como un espacio político y económico con voz solvente como debería ser la UE. Pero lamentablemente el liderazgo se ha rendido a la geopolítica, lo cual es una manifestación por enésima vez de la pérdida de liderazgo de Bruselas en el concierto internacional.

Del viejo al nuevo orden mundial

Cuando se produce en el año 1944 el acuerdo de Bretton Woods ,del cual surgen de esta cumbre en Estados Unidos cuál iba a ser el “Nuevo Orden Mundial” después de la Segunda Guerra Mundial, este diseño duró hasta que surgiera el contrapeso de los BRICS, que le hacía perder hegemonía a los Estados Unidos en el comercio internacional y en la preminencia del dólar como moneda divisa para el 85% de todas las transacciones mundiales.

Entonces, en los últimos años, cuando Estados Unidos, especialmente en la presidencia de Biden, pierde la hegemonía frente al otro bloque, es Trump quien pretende devolver ese poder económico y geopolítico que siempre ostentara. De ahí que su campaña tuviera como eslogan “Make America Great Again”. Pero, desde el punto de vista de liderazgo, esto tiene un inconveniente: le somete a la geopolítica fundada solo en la fuerza a las armas y, por supuesto, un poderío militar único. Entonces, han dejado de tener sentido los fines por los cuales se creó a partir de la “Sociedad de las Naciones”, al final de la Segunda Guerra Mundial, lo que es hoy Naciones Unidas, que nació oficialmente el 24 de octubre de 1945 tras la entrada en vigor de su Carta fundacional, y que hoy, lamentablemente, parece un testigo presencial sin voz ni voto.

Cuando se compromete a diario el equilibrio mundial

En el panorama actual surgen situaciones que están comprometiendo no solo a la paz mundial, sino el equilibrio económico, caso de la guerra de Irán, en el cual Estados Unidos ya no sabe cómo salir de ella, mientras tanto alterando todos los grandes indicadores económicos y provocando una gran inestabilidad e incertidumbre, que se suma a la ya de por sí precariedad que existe en la estabilidad de los mercados como consecuencia de la disrupción tecnológica. O sea, que de ese cuadro de desorden geopolítico y de falta de respuesta idónea de gobiernos e instituciones supranacionales, estén o no en la misma alianza y/o bloque, termina haciendo que las variables no controlables (que siempre las hay en toda planificación estratégica) no lleguen ni gobiernos ni organizaciones a un punto de control más o menos razonable. Lo habitual es convivir en medio de dicha incertidumbre y aún esperar más grados de la misma, porque ese desorden geopolítico no es capaz de lograr unos mínimos necesarios para una convivencia pacífica de las naciones.

A tal punto esto es así que, durante los últimos dos meses, cada vez que Trump decía que la Guerra de Irán estaba a punto de finalizar, que se avenía “el país de los Ayatolas” a firmar un armisticio, estos anuncios los hacía en fin de semana con la única finalidad de que el lunes abrieran las bolsas y mercados en positivo, tanto para el petróleo como para los más importantes valores financieros para los inversores.

Obviamente, este no es el camino. A su vez, los líderes europeos divididos en cuanto a los que le pasan la mano por el hombro al presidente norteamericano y los que están en contra. Y lo que parece una flagrante violación de los valores occidentales, como es negociar con China, en realidad todo el mundo (todas las multinacionales y todos los países) tienen relaciones con China porque es la fábrica del mundo.

Las relaciones comerciales e institucionales deben estar abiertas a todas las naciones

No nos parece inadecuado que un país como España, que es la cuarta potencia europea, abra sus relaciones comerciales a todas las naciones, sin negar por supuesto su pertenencia a Occidente y los valores que representa. La cuestión no es si el presidente Sánchez está en una liga anti-Trump: lo que sí es relevante es que no se puede permitir que, por tener el poder de las armas y el control de la política mundial a través de la injerencia en las principales instituciones supranacionales, vamos a estar soportando los europeos un día sí otro también amenazas, potenciales aranceles que pueden afectar productos importantes de nuestra economía, etc. Si lo limitamos solo a la posición técnica que exige el liderazgo efectivo, reaccionar en contra de esa soberbia de Washington no necesariamente es convertirnos en un país antioccidental, discurso este que hemos escuchado estos días. ¡Esto es falso! Que sería si no reaccionásemos como país frente a este tipo de advertencias, que pasan a amenazas y que generan malestar.

Las relaciones entre países no pueden basarse en la química personal entre dos personas, sino en los intereses de los ciudadanos de ambos Estados, los lazos históricos, culturales, etc. que les unen, independientemente de si la balanza comercial es deficitaria o no. Este es el punto crítico en el cual el liderazgo debe corregir a la geopolítica. No podemos estar sometidos a las veleidades del presidente Putin y sus aspiraciones imperialistas, pero tampoco Europa puede seguir siendo sometida al imperialismo estadounidense. No es cuestión de ideología, sino de realidad.

Las palabras ‘fascista’ y ‘antifascista’, que se están diciendo un día sí y otro también con total irresponsabilidad, no reflejan la realidad de cuál es la auténtica naturaleza de los actos que están transcurriendo. El liderazgo efectivo es un instrumento clave de la geopolítica, pero no como herramienta, sino como aglutinador de proyectos, ideas de país, vocación de progreso y desarrollo para las próximas generaciones, así como defensor del estado de derecho, la paz y seguridad mundial. Es tiempo en el que tienen que elevar su voz las instituciones más importantes, y estas lo harán a través del liderazgo efectivo, no mediante la geopolítica. Esta es la llave para que Europa tenga presencia firme y seria entre los dos grandes bloques (asiático con China a la cabeza y Estados Unidos), por lo que hay que hacer cambios sustanciales en las estructuras orgánicas de las organizaciones e instituciones supranacionales.

La UE que hemos creado

Si la Unión Europea hubiese tenido un peso político importante en los últimos años, se podría haber abierto esta vía en la que pesarían de verdad las resoluciones de Naciones Unidas para hacer legítima o no una intervención armada en una región del planeta. O sea, que todo lo que estamos escuchando (que, si Trump dijo tal cosa o que si nos ha insultado), igualmente no dejan de ser fuegos de artificio que no conducen a nada, porque el fondo de la cuestión es mucho más profundo: subyace en la propia estructura que hemos creado en la Unión Europea y, por supuesto, en la funcionalidad y objetivos que cumplen (o mejor dicho no cumplen) las instituciones supranacionales.

La estructura que hemos creado de la Unión Europea es altamente compleja y genera un debate constante en cuanto a su exceso de burocracia y la lentitud en la toma de decisiones, pero también hay que tener en cuenta que no es nada fácil compatibilizar (más bien equilibrar) los intereses individuales de los 27 estados miembros que la conforman. En muchas decisiones, por ejemplo, en áreas clave como la política exterior, se requiere unanimidad en el Consejo Europeo, lo que con frecuencia ralentiza decisiones que seguramente en el resto de naciones importantes del orbe se toman a mayor velocidad. Es que la necesidad de consensuar normativas entre múltiples instituciones (Comisión, Consejo y Parlamento Europeo) ralentiza el proceso legislativo y crea un exceso de regulación administrativa.

Siempre hemos defendido desde esta tribuna la libertad y el mínimo intervencionismo del estado en la economía, lo que no significa una falta de sensibilidad para los sectores y personas que en determinado momento se consideran vulnerables. Pero en este momento se hace imprescindible asumir una posición institucional europea que sea unánime, para evitar que la disfuncionalidad de estas instituciones nos conduzca a una posición futura irrelevante en las decisiones mundiales.

Lo sorprendente ha sido que el presidente Trump, en pocas horas del encontronazo con España, le concedió “el perdón” alabando su compromiso con la OTAN. Parece de chiste, pero esto en el fondo es muy grave. Esperemos que los líderes europeos y desde el Gobierno de España se siga manteniendo la mano derecha e izquierda necesaria para que no se perjudiquen sectores importantes de la economía española ni se agudicen los procesos de desinversión estadounidense que efectivamente han ocurrido en los últimos dos años.

Este es un punto también importante a tener en cuenta: cuando las empresas invierten en otros países el liderazgo de ambos es el que garantiza la seguridad jurídica y el cumplimiento de los compromisos. España tradicionalmente siempre ha cumplido a nivel internacional con sus obligaciones. Y pongamos por ejemplo lo que ha sucedido en Reino Unido los últimos días: ¿es acaso que vamos a dudar del nivel de compromiso de este país por una cuestión eminentemente de política local y especialmente partidista? ¡De ninguna manera! El prestigio de Reino Unido está por encima de los movimientos de los partidos. Tres cuartos de lo mismo tiene que suceder con España: los problemas de la política doméstica no pueden alterar las grandes líneas de actuación en materia exterior, inversiones, colaboración al desarrollo y, muy especialmente, ese gran espacio geográfico que es Iberoamérica, cuya lengua común, el español, une a 750 millones de hispanoparlantes, incluyendo los cincuenta y siete millones que viven en Estados Unidos. Esto nos da una fuerza tremenda en el espacio geopolítico, pero requiere de la capacidad de liderazgo, como hemos dicho anteriormente.

¿Prevalece actualmente la geopolítica sobre el liderazgo efectivo o es en sentido inverso?

Al inicio de nuestra aportación de hoy hacíamos referencia a que “la doctrina está un poco revolucionada en cuanto a la relación que existe entre el liderazgo y la geopolítica”. Y es lógico que así sea, ya que lo que se ha producido, ha sido especialmente después de la crisis pandémica 2020-2021, pero mucho más aún en los últimos dos años, a partir de que entrara con fuerza un actor decisivo como es la IA.

Entonces, la relación entre ambos campos de conocimiento se ha tensionado y es quizás una de las “fuerzas de cambio” (en términos de la física convencional) de más impacto y la que también más condicionantes pone sobre el “tablero de mando”, sea de países o de organizaciones. Porque no existe posibilidad alguna para que un país cualquiera o también en el caso de una organización multinacional, pueda resistir tantas tensiones si no hay una hoja de ruta que le permita a ambos líderes (políticos y empresariales) poder mantener el buen rumbo de la nave. Navegar en las aguas actuales es una tarea no solo complicada, a veces casi de temerarios. El liderazgo no puede dar una respuesta única y debe ofrecer alternativas. La dinámica de poder ha cambiado en los últimos años, y como venimos diciendo, esta transformación se ha acelerado y hecho mucho más profunda en los últimos 24 meses.

Si consideramos que entre los dos campos de conocimiento aplicados prevalece la geopolítica, la razón para ello es que tanto la gobernanza de las naciones como el liderazgo de las empresas están “siendo cautivos” de la fuerza de los recursos naturales, capacidades derivadas de una posición geográfica privilegiada o de una geografía humana envidiable. ¡Sí! Se produce esta dependencia y la geopolítica en los consejos de ministros y en las juntas directivas va imponiendo su orden.

¿Hay razón para que sea esta imposición tan evidente? Desde ya que sí: en los últimos años, los niveles de competitividad y guerra comercial abierta entre Estados Unidos y China ha marcado el retorno a la política de bloques, y además hay que considerar la situación particular de Rusia en medio, lo que va tejiendo un espacio muy delicado en cuanto a que se mantengan las variables en juego de manera que sean más o menos controlables en una amplia mayoría. Y esto, en rigor, no es así; más bien, lo contrario.

Y tanto en el plano de la alta política como en el de las corporaciones privadas, es casi imposible que el líder efectivo que lo era hace siete años atrás, pueda seguir siéndolo cuando hoy tiene la necesidad de aliarse a algún bloque, no ignorar ninguna de las señales que nos brinda el entorno diariamente, porque lo que le va a seguir preocupando a ambos tipos de líderes, es que no se rompa la cadena de suministros, que ningún conflicto regional altere los precios de manera significativa en cuestión de semanas, etc. En los gobiernos están pendientes que los recursos críticos como los semiconductores y la energía estén escribiendo las agendas a nivel nacional.

Es por ello que el liderazgo queda atrapado en las garras de unas circunstancias absolutamente condicionadas por “la necesidad”, lo que hace que la realidad económica prevalezca sobre la política, cuando lo lógico sería que los diseños de política no pueden separarse de la economía, aunque sin prevalencia de una sobre la otra.

El dinero y el flujo operativo está por encima de la visión política (capacidad de liderazgo), lo que no excluye que un mal líder político no pueda hacer más daño a su país por no estar a la altura de estas circunstancias. O sea, defendemos que el liderazgo efectivo bien ejercido, si bien puede estar sometido a este aspecto eminentemente práctico del dinero y lo material que nos está imponiendo la geopolítica en 2026, no quedaría atrapado de manera de estar indefenso, porque el buen líder le habrá dotado a esa nación o esa organización de las herramientas necesarias para poder “seguir combatiendo” en condiciones razonables y competitivas que no alteren de manera sustancial el futuro inmediato y menos aún, el medio y largo plazo.

Por tanto, vemos como el liderazgo efectivo, tiene que salirse del guion del cortoplacismo de las cadenas de suministro, de la geografía humana y de las alianzas, para implementar acciones y acuerdos que garanticen que el valor futuro de las acciones de esa compañía no caiga abruptamente, o que ese país no quede en posición de desventaja competitiva por no haber previsto este panorama cambiante. Y es entonces cuando el tiempo del liderazgo prevalece sobre el de la geopolítica.

También es cierto que casi todos los conflictos como lo son actualmente la Guerra de Irán y la Guerra de Ucrania están anclados a una historia y raíces profundas que es imposible que un solo líder esté en condiciones de resolver. Está todo muy entrelazado y lo vemos en el estancamiento de ambos conflictos referidos. De ahí, que si bien siempre habrá líderes que se destaquen del resto por esa capacidad de encontrar una salida a la crisis, no es cuestión solo de voluntad, sino de factibilidad. Un líder puede ver, pero la geopolítica está tejiendo el entorno (escribiendo el guion).

La importancia del Factor Humano en todas las crisis

Si hay algún aspecto del liderazgo actual al que le hemos dedicado mucho tiempo desde esta tribuna en los últimos dos años, es justamente al del “Factor Humano”. Además, qué importancia tiene cómo actúa en momentos de crisis.

El caso del presidente ucraniano Zelenski que cuando Ucrania estaba en una posición de extrema debilidad, tanto como nación, como en su relación geopolítica con su entorno regional, su capacidad de liderazgo logró hacer un cambio de percepción del resto de dirigentes mundiales, lo que le ayudó a que Ucrania pudiera dar una respuesta bélica, lo que en sí mismo estaba alterando ese tablero de mando geopolítico de toda la región.

Esta circunstancia histórica de Ucrania ha puesto de relieve que, en materia de liderazgo, un líder individual (que no se siente solo, sino que realmente estaba solo), pueda, con su forma de hacer política y plantear los problemas, romper consensos establecidos y forzar a la geopolítica a adaptarse a estas nuevas circunstancias, y no en sentido inverso. Y la UE defendía, y lo sigue haciendo con su apoyo a Ucrania, que es Europa. Las circunstancias actuales fuerzan a gobiernos y organizaciones a que, debido a la geopolítica, se vaya reduciendo la capacidad de maniobra de los diferentes líderes.

Lo que ocurre y cómo se reacciona

En la geopolítica parece que prevalece el “qué ocurre”, mientras que en el liderazgo efectivo lo que importa es el “cómo se hace” (en referencia a qué tipo de acción y respuesta se espera de un gobierno o de la junta directiva de una organización).

Si bien hemos definido oportunamente desde este Foro qué se entiende por “determinismo tecnológico”, desde ya que las circunstancias lo han ido confirmando, al mismo tiempo, que también es cierto que podemos hablar de un “determinismo geopolítico”, por el cual no hay ningún líder que se precie que pueda ignorar las fronteras o las dependencias energéticas, ni los flujos comerciales a través de todos los pasos y canales del mundo. Y frente a esta realidad que marca a fuego la geopolítica, la respuesta del liderazgo efectivo es que cuánto más arriesgada es la apuesta por determinada acción geopolítica, mejor será la dosis de liderazgo efectivo necesaria para evitar una crisis o incluso, un colapso de la economía mundial o que se desate una guerra regional definitivamente incontrolable. De ahí que el liderazgo tiene que ser siempre llevado a cabo por líderes con visión y pensamiento estratégico, no para derrotar a la geopolítica, sino para que juntas sirvan a los intereses de países y organizaciones.

Si Europa quiere evitar caer en la irrelevancia ante dos gigantes económicos y políticos como Estados Unidos y China, tiene que hacer notar su presencia en el tablero mundial de la geopolítica. Pero para llevarlo a la práctica de manera eficaz debe demostrar que realmente posee una autonomía estratégica que le permite soslayar tanto los retos internos como externos en todas las materias, pero especialmente aquellos políticos y estructurales (orgánicos y funcionales) que le hacen lenta en las decisiones.

Esto debe incluir la menor dependencia en defensa, y desde todo punto de vista militar, de Estados Unidos, lo cual no puede hacer ni en uno ni en tres años, sino en una década. Pero, para ello, hay que tomar decisiones hoy; o, más bien, debieron haberse tomado hace diez años. Como si hubiera sido una gran empresa, la política europea decidió hace ya mucho tiempo “externalizar” los servicios de defensa en la OTAN, lo que nos ha obligado a una dependencia militar. Y no menos importante es el nivel de vulnerabilidad industrial y tecnológica, ya que también existe una dependencia crítica de terceros países en materias primas y tecnología. Una Europa más fuerte será un actor fundamental del multilateralismo y la defensa del derecho internacional. ¿O es que si esa UE soñada y fuerte hubiera sido así de relevante en 2022 Rusia se hubiera animado a la invasión de Ucrania? No lo podemos dar por seguro, pero lo que sí es cierto que las circunstancias hubieran sido otras que habrían facilitado un final a esta guerra.

Aunque la influencia militar directa de la UE es hoy limitada y depende de alianzas, sigue siendo una superpotencia económica, un líder regulador mundial (como en la legislación de IA) y un mediador diplomático clave con una enorme influencia normativa y comercial. Las crisis internas, la lentitud en la toma de decisiones por consenso y el auge de nuevas potencias han provocado un debate abierto sobre su declive relativo, buscando esa mayor “autonomía estratégica” a la que hacíamos referencia más arriba.

Por tanto, la UE puede haber perdido batallas comerciales y estratégicas frente a los otros dos grandes bloques, pero lo que tiene que evitar es, como hemos denunciado en nuestro título de hoy, es que, sin que nos demos cuenta, perdamos nuestra libertad económica y política porque estamos huérfanos de liderazgo. Y cuando el liderazgo efectivo desaparece frente a un exceso de regulaciones y decisiones controvertidas, falta de unanimidad y consenso, etc., la conculcación de ambas (libertad y política) es solo cuestión de tiempo. Solo el liderazgo efectivo puede devolvernos a ese prestigio que en lo tecnológico, industrial y militar hemos desaprovechado.

 

Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y también autor del libro ‘El Cubo del Líder’.

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