La revolución del aprendizaje

Cuando un modelo educativo se desmonta, es porque hay otro mejor que lo sustituya. Sin embargo, vivimos tiempos VUCA donde oímos más de ‘desaprender’ que de aprender. Y, para colmo, vamos a vivir una reforma educativa nueva en España basada en destruir las capacidades humanistas para el desarrollo del juicio crítico, así como los referentes intelectuales de nuestra historia. Y recuerden que más sabía el Diablo por viejo, que por Diablo.

¿Los líderes aprenden? No podría ser de otro modo. Tenemos un amigo que siempre nos dice que necesita al menos 3 horas diarias de aprendizaje (lecturas seleccionadas e investigación de temas) para poder sentirse bien. Es decir, que mientras algunos directivos no pueden vivir sin su media hora de gimnasio o su partido semanal de padel; para otros tanto o más importante es el cultivo de su mente, ¡el aprendizaje!

El rol del aprendizaje

Las iniciativas como la que hemos puesto en marcha con esta modesta, pero para nosotros importante contribución a la doctrina del liderazgo, no ha sido como suele decirse “coser y cantar”. Venimos discutiendo este auténtico desafío intelectual desde hace al menos cinco años, pero ahora ya está en la recta final, lo cual eleva nuestro grado de responsabilidad con todos nuestros colegas académicos, profesionales liberales, directivos, emprendedores, estudiantes de postgrado y graduados universitarios que están justamente entrando en ese largo camino que es la trayectoria profesional a lo largo de una vida.

Nuestra obsesión ha sido siempre cuál es el rol del aprendizaje en un mundo globalizado, y muy especialmente cómo se han ido adaptando a este proceso los líderes empresariales y políticos.

La globalización de la economía y el efecto de internacionalización de los negocios ha tenido consecuencias en todas las organizaciones a escala mundial, sean públicas o privadas, por tanto, la sociedad en su conjunto se ha visto afectada. No en pocas ocasiones podemos afirmar que muchas sociedades, especialmente de terceros países, se han visto seriamente alteradas.

La evolución científica y tecnológica es la fuerza impulsora que viene cambiando aceleradamente en las últimas dos décadas nuestra forma de vida. El desafío es cómo prepararse para neutralizar sus efectos negativos y cómo hacerlo para aprovechar todos aquellos efectos (que son muchos) beneficiosos para las sociedades modernas y democráticas.

Es evidente que todo este impulso renovador y transformador desde la tecnología ha tenido consecuencias de dos tipos, en primer lugar, a nivel macroeconómico y social, las que clasificamos como consecuencias directas:

– En los gobiernos y en sus esferas de decisión.

– En los niveles de decisión de las diferentes instituciones internacionales que regulan el comportamiento socio-económico mundial.

– En las corporaciones industriales y financieras multinacionales.

En segundo lugar y no por ello menos trascendente, las que llamamos consecuencias indirectas, que corresponden a todas las políticas de gobiernos que afectan a los ciudadanos y las decisiones de mercado influenciadas por la manera en que compiten en el mercado las empresas, cuya consecuencia también afecta a ciudadanos en su calidad de consumidores.

¿Por qué decimos que éstas consecuencias son indirectas? Porque llegan a través de los mecanismos de mercado y de políticas económicas y sociales. O sea que si bien, una decisión económica repercute en el consumidor y ciudadano, primero ha tenido que pasar por los filtros que el orden económico y social ha establecido, que son las organizaciones, las cuales en un libre mercado fijan los precios de sus productos, mientras que las garantías de un país estable emanan desde la esfera política y benefician a los consumidores porque tendrán una inflación baja y políticas económicas de medio y largo plazo, no cambios drásticos en la coyuntura.

Al mismo tiempo, las instituciones públicas que son las encargadas de aplicar las políticas de gobierno (fiscales, sociales, de apoyo al crecimiento de una determinada región, etc.) también son filtros que hacen que tales medidas lleguen cada una en la forma que deben llegar al bolsillo del ciudadano, o sea, su nivel de vida.

Pero, aunque llegan indirectamente, cualquier medida que se tome siempre termina llegando y para el ciudadano y consumidor es un impacto positivo o negativo directo no solo a su calidad de vida, sino a las expectativas que tenga sobre su futuro. Mejores posibilidades de empleo, acceso a una vivienda, etc. Por ello, a fines estrictamente del análisis macro, las consecuencias indirectas entonces impactan en:

– Los mecanismos de generación de riqueza y distribución de la misma.

– Los hábitos de consumo y nivel de poder adquisitivo de los habitantes.

– El nivel de percepción que los ciudadanos tienen de las organizaciones y de los agentes económicos y sociales en general.

O sea, que se produce un efecto doble en el impacto: el material en sí mismo que afecta la capacidad de compra y las posibilidades que cada familia tiene con los ingresos actuales y sus expectativas también futuras; el inmaterial, pero no menos importante, que es la confianza y credibilidad que la medida (por ende, el gobierno) le merece, o por, sea el caso, la política comercial que una gran superficie ha adoptado para la venta a su clientela.

La revolución tecnológica que se inicia desde finales de los 80, especialmente en el sector de las telecomunicaciones es uno de los factores determinantes del proceso de globalización de los mercados e internacionalización de los negocios, y se inicia un largo ciclo histórico en el que las grandes corporaciones y grupos industriales y financieros configuran un nuevo tipo de mercado a escala planetaria que se caracteriza en los últimos años por elementos que se vienen repitiendo también a escala global:

La inestabilidad permanente de los mercados y consecuentemente un cierto nivel de inestabilidad política en las decisiones de los gobiernos, más inclinadas a apagar incendios en el corto plazo (trabajar para la coyuntura) que para atender el medio y largo.

La incertidumbre respecto al futuro, cuyo grado de negatividad se incrementó sustancialmente durante 2020 como consecuencia del Covid-19.

– La debilidad estructural de las economías de los terceros países.

– La mayor presencia en el comercio mundial de los primeros países y bloques económicos, caso de la UE, o Asia-Pacífico en detrimento de los países en vías de desarrollo y subdesarrollados.

Todo este ciclo de globalización arrancó con un proceso de evolución económica del primer mundo que para nada fue acompañado de un crecimiento similar en el resto de países, generándose grandes desequilibrios tanto en las estructuras básicas de las economías como en los aspectos de cuenta corriente (Balanzas de Pago y Comerciales).

Todo este proceso terminó estallando en la gran Crisis Financiera Internacional de 2008-2009, para lo cual han influido:

– Los movimientos financieros especulativos y de inversiones extranjeras de corto plazo.

– Los capitales inversores que se han aprovechado de regulaciones demasiado frágiles, especialmente en terceros países.

– O aún, existiendo regulaciones más severas, se han impuesto más por urgencia para atender crisis económicas y sociales que por un procedimiento pensado en las reales necesidades del país o región en cuestión.

Esta situación anómala que se ha ido generando como un virus en el tejido productivo, afectado por aquella especulación que llevó a niveles de descontrol por parte de las mismas autoridades monetarias que se suponían debían velar para evitar los efectos burbujas, una vez producida la corrección que toda gran crisis hace en una economía globalmente deteriorada, la pregunta era si ¿estaban las organizaciones empresariales preocupadas de la misma forma que lo estaban las instituciones internacionales y los diferentes gobiernos? Obviamente los intereses son distintos, ya que los beneficios en el corto plazo para distribuir beneficios mediante dividendos a los accionistas frente planes de mediano y largo plazo para desarrollar un país o región, poco tenían que ver hasta antes de la Crisis Internacional referida.

Pero a partir de la misma se aceleró aquel principio que ya estaba vigente pero que en rigor nadie lo ponía en marcha: el impacto social y la contribución que se supone una organización debe tener en la comunidad en la que opera, especialmente las empresas punteras y muy en particular, las grandes marcas multinacionales dedicadas a los productos de consumo. En otros términos: ahora había llegado el tiempo en que las empresas cuidaban su valor de marca y los ciudadanos querían saber que, al adquirir determinado producto, no se estaba beneficiando a un grupo inescrupuloso con los derechos humanos o con el medioambiente.

Y llegaba el tiempo de la formación de nuevos líderes

Puede afirmarse que el nivel de preocupación de las organizaciones empresariales por la formación es directamente proporcional al nivel de desarrollo del país o región en la que opera. En los países desarrollados la iniciativa parte de las organizaciones en respuesta a un mercado cada vez más exigente y competitivo, en cambio, en los países subdesarrollados y en vías de desarrollo la respuesta parte de las políticas de apoyo que los gobiernos locales, especialmente a través de los instrumentos que los organismos multilaterales de crédito, como el FMI, el BID (Banco Interamericano de Desarrollo, etc.) conceden a dichos gobiernos para que instrumenten políticas de apoyo a sus empresas nacionales. Aún así, a pesar de los apoyos, no necesariamente se incrementaban los esfuerzos financieros y económicos en la formación del personal.

La preocupación está directamente relacionada con los beneficios

Finalmente, las organizaciones, especialmente las que son punteras y multinacionales, si bien sabían perfectamente la importancia de la formación para capacitar a su personal (de hecho siempre fueron exigentes con los perfiles de los candidatos a tener responsabilidades en la toma de decisiones), la aceleración que la transformación digital fue imponiendo y las facilidades con las que cuatro técnicos especialistas, por ejemplo, en diseños de APP’s para telefonía móvil tenían para crear un strart-up fuera de las reglas convencionales de lo que se consideraba la creación de una empresa, entonces también las grandes corporaciones y las pymes (obligadas por las circunstancias) comprendieron que a mayor nivel de formación y conocimiento mejores posibilidades de competir.

Pero no como una regla básica, sino como un imperativo de especialización tanto en la cuestión técnica (el know-how de ese ingeniero en sistemas, diseñador de sistemas organizativos, expertos en reingeniería administrativa, etc.) como en la capacitación en habilidades directivas. Éstas empezaron a convertirse en las más buscadas por los reclutadores de personal que estuviera capacitado para tomar decisiones en este nuevo paradigma de mercado, que soportaba simultáneamente la competición de grandes marcas convencionales con nuevas iniciativas de empresas que, sin grandes activos, tenían muy buenos beneficios y a su vez cotizaban en bolsa de manera también sorprendente. Se empezó a dar una situación de mercados bursátiles en la que los inversionistas valoraban la capacidad de generar beneficios futuros de estas nuevas empresas tecnológicas, de ahí que las capitalizaciones bursátiles de muchas start-ups superaran a las de históricas corporaciones industriales.

A la fuerza también lo han tenido que comprender las empresas nacionales más importantes de cada país. Y aún más: dado el tipo de mercado actual, puede decirse que el único camino para ser competitivos y mantenerse en el mercado es la formación y capacitación tanto de la clase directiva como del personal. En este punto, la pandemia y los confinamientos en todos los países, tuvieron su cuota de responsabilidad ya que se aceleraron los procesos de transformación digital, especialmente en los sectores pymes que venía muy aletargada.

Aquí nos formularemos una primera pregunta

¿Están los directivos actuales de las organizaciones y la clase política en general, preparados para actuar frente a la incertidumbre y el cambio permanente? ¿Pueden tomar decisiones estratégicas? Desde ya que pueden tomarlas, la cuestión es qué es lo que deciden, los por qué y el cuándo. No menos importante, es el cómo.

Los puntos de encuentro de la formación y la capacitación de nuevos líderes

La universidad y las escuelas de negocio en general, deben volver a ser el “punto de encuentro del conocimiento” y pueden y deben asumir la iniciativa en el apoyo a este tipo de programas en busca de la formación, especialmente en las regiones más postergadas. Creemos que trabajar con y para las organizaciones potenciando los niveles de capacitación y formación de las personas disponibles según sus perfiles para los puestos ofrecidos, tendrá un beneficio a medio plazo en la sociedad, o sea, una mejora en las condiciones de vida, ya que si bien habría nuevos puestos de trabajo que requieran otro tipo de habilidades en base a la disrupción tecnológica a la que estamos asistiendo, también habrá una nueva clase de empleados, mandos intermedios y directivos formados en este nuevo paradigma que entre todos, países y organizaciones, estamos construyendo.

De ahí que es de vital importancia que, también la clase política reciba los mejores niveles de formación y capacitación para poder comprender mejor el entorno en el que hay que tomar decisiones, legislar y aspirar a reducir la desigualdad económica y la injusticia social. Esto no es una quimera, sino que es posible hacerlo gracias a que las sociedades y las organizaciones pongan los recursos necesarios para este tránsito hacia un nuevo liderazgo.

Se requiere de organizaciones PRO-ACTIVAS y gobiernos más sensibles a las demandas ciudadanas. Además, las universidades y las escuelas de negocio tienen que estar muy próximas a la realidad social y económica de las regiones en las que operan. No basta la enseñanza, sino lo que falta es el compromiso con la formación hacia esta nueva clase de liderazgo.

Sin duda, las escuelas de negocio, por su gran servicio que prestan a la sociedad por la importancia que reviste la formación de postgrado para elevar el nivel de productividad de una región y consecuentemente también el nivel de vida de sus habitantes, deben formar parte ineludible de las políticas de gobierno no solo en el plano educativo, sino también, en la contribución a la formación de una base de empleo de calidad, necesario para asumir este tramo complicado de transformación digital que nos tocará hasta 2030.

Objetivos en el corto plazo

1º) La incorporación de trabajadores que han sido expulsados del mercado de trabajo a pesar de que tenían una formación adecuada, y que ahora se han visto perjudicados en la etapa post Covid-19, o porque la empresa en la que trabajaban ya no está operativa, o porque su nueva función requiere una capacitación que no tienen, por lo que deben reciclarse inmediatamente para volver a ocupar un puesto de capacitación similar, o prepararse para otro puesto que requiera otras capacidades y habilidades.

2º) Para los empleados que están en riesgo de exclusión total, se deben crear las condiciones para la reinserción, tanto de parte de gobiernos como organizaciones, coordinando una acción conjunta formativa y subsidiando de manera equilibrada para repartir el coste social que no caiga solo en las empresas ni tampoco solo en los presupuestos de los gobiernos, excepto cuando provienen de aquellos fondos europeos, que expresamente están destinados a la transformación digital y todo lo atinente a gestión del conocimiento y NT’s en general.

3º) Hay que potenciar el desarrollo de programas de microcréditos y emprendedores, así como capacitarlos en NT’s y procesos para que puedan integrarse rápidamente al esquema del mercado global que la actualidad globalizadora exige.

Objetivos en el mediano plazo

1º) Preparar una nueva clase dirigente que asuma la nueva filosofía imperante en las organizaciones más importantes del mundo: que el activo más valioso siguen siendo LAS PERSONAS, ya que es más propio que referirlos como siempre se hace llamándolos RECURSOS HUMANOS.

2º) Con la preparación adecuada se garantizarán las tomas de decisiones estratégicas tanto en la esfera pública como privada, orientadas a las necesidades actuales de la región (pensamiento político) y del mercado local (pensamiento empresarial) pero que van de la mano en cuanto a la contribución que con una equilibrada convergencia pueden favorecer la creación de puestos de trabajo estables y mejoras del entorno social.

Aquí surge en este punto preciso, el de la necesaria convergencia entre las políticas de gobierno y las acciones que a diario lleven a cabo las organizaciones. La brecha entre política y la realidad diaria se ha abierto demasiado ya en la última década y también desde nuestros ámbitos de trabajo académico sobre liderazgo, ya se viene tratando en los últimos cinco años esta necesidad de converger entre decisiones políticas de gobierno y gobernanza privada para lograr escalar de verdad en la lucha contra la desigualdad económica y la injusticia social.

La innovación tecnológica permanente, por un lado, y los desempleados de larga duración por el otro, son un cocktail mortífero para cualquier sociedad y economía. Por tanto, el objetivo inmediato es reinsertar desempleados vía programas especiales en los que se evite lo que se da en llamar riesgo de exclusión total, lo que lo convertiría en un marginado definitivo.

Y lo que se conoce en economía como “transferencia horizontal” para que los desempleados de un sector pasen a cubrir puestos de trabajo en otro sector de la economía que está ofreciendo puestos de trabajo, necesariamente requiere de programas formativos para que los desempleados puedan tener oportunidades de volver a emplearse. Por tanto, los modelos de aprendizaje deben ser rápidos en cuanto a respuesta y profundos en cuanto a la adaptación de los contenidos curriculares para dar respuesta a tanta innovación tecnológica.

La aceleración del tiempo histórico

Estamos inmersos en un período de cambio permanente con las características que señala Alvin Toffler de “la aceleración del tiempo histórico. Esto implica que los procesos de fabricación, los métodos de trabajo, las normativas administrativas y financieras, todo, absolutamente todo se hace más rápido y también de manera diferente en una cantidad de situaciones.

Esto ha determinado un espacio tiempo geográfico reducido a escala planetaria, convirtiendo la gran mayoría de las variables que eran controlables por parte de las organizaciones y de los gobiernos de los países, en un sinnúmero de elementos y comportamientos nuevos desconocidos hasta ayer. Y este proceso provoca el surgimiento de necesidades formativas adecuadas a estos nuevos escenarios.

Crisis social de contenidos

La sociedad está inmersa en una verdadera crisis de contenidos. Basta observar unos minutos de cualquier día de la semana, un programa de televisión elegido al azar o escuchar en algunas tertulias radiofónicas cuáles son los debates nacionales y quiénes son los que habitualmente tienen acceso a los micrófonos y las cámaras, más allá de los políticos.

Estamos invadidos por lo superfluo, lo frívolo, lo impactante, lo urgente en vez de lo importante. La mediocridad ha tomado la calle. Y toda esta cara visible del desmérito, de la falta de rigor, de haber perdido el espíritu de esfuerzo y sacrificio, tiene consecuencias en las políticas de gobierno y en la calidad de los dirigentes.

Estamos en una época en la que hay que desarrollar nuevos conceptos para afrontar problemas, que como los de la pandemia, no se sabía cómo podían manifestarse a escala global y el impacto que podían tener en los países, empresas y ciudadanos. Obviamente la lección se ha aprendido, tanto por parte de gobiernos como empresas, claro está que a un coste difícilmente asumible para otra pandemia que esperamos no se de en unos cuantos años.

En las organizaciones no se ha desarrollado el concepto de “management preventivo” ni tampoco en el ámbito de la política. Se actúa siempre ex – POST y no ex – ANTE, y esto se debe a la falta de ejercicio de una planificación conveniente a las circunstancias del mercado por parte de muchas pymes que están con agujeros formativos y de adaptación al cambio, pero especialmente preocupante es la falta de previsión de los gobiernos.

La brecha tecnológica que ha separado a Europa de Estados Unidos se ha acortado sustancialmente en las últimas dos décadas. ¿Por qué se produce? Sencillamente es una cuestión de formación. Sin formación no hay investigación y sin ésta no hay tecnología, y esto nos lleva hacia un nuevo y urgente paradigma que los políticos deben comprender, que es que la diferencia de desarrollo educacional es igual a diferencia de desarrollo económico y social, y esta ecuación en términos macroeconómicos es una igualdad a la que necesariamente deben ceñirse los gobiernos en el ejercicio presupuestario como arma fundamental de la participación justa (no abusiva) del estado en la economía y la sociedad.

Es importante concienciarse de que el mercado como tal no existe, que estamos inmersos en un número infinito de mercados que responden a otro número infinitamente superior de circunstancias empresariales y particulares, solamente así, podremos entrar en lo que damos en llamar “formación de respuesta”, para poder responder desde el gobierno y de los servicios que ofrecen las organizaciones al interés general.

¿Cómo se responde al interés particular y al interés del Grupo?

Con una metodología que más que enseñarles contenidos técnicos y herramientas en cada campo de conocimiento, les enseñe metodología de estudio, de reflexión, técnicas cognoscitivas, etc. Este es el papel fundamental que las escuelas de negocio deben cubrir en la sociedad actual. Que de hecho vienen haciendo una gran labor e incluso, la formación de postgrado ha sido uno de los sectores que mejor se adaptó al impacto del Covid-19 porque ya hacía años que la educación de postgrado había pasado el examen de la metodología online.

El desarrollo tecnológico que impulsa el aprendizaje actual

Cuando los astronautas se preparan para una misión en la estación espacial internacional se someten a los más duros trabajos de entrenamiento, desde la ingravidez hasta pruebas de inmovilidad que rompen los normales límites humanos: el fin es pasar la misma frontera del hombre.

Los diferentes materiales y procedimientos utilizados en la carrera espacial en los últimos cincuenta años, son hoy muchos de los materiales y componentes utilizados en la vida cotidiana, sea en electrodomésticos, en telefonía, en materiales textiles, etc. pero son de serie y están al alcance de todos.

Las pruebas de ingravidez y todas esas experiencias que llevan al ser humano al límite de sus posibilidades físicas y mentales, han servido para experimentar nuevos fármacos, nuevos procedimientos terapéuticos, en suma: nos ha dado una visión física diferente y una lección de que ya casi no hay barreras a la tecnología humana.

Cuando países como Estados Unidos dedicaron durante décadas ingentes esfuerzos presupuestarios a sus investigaciones y misiones espaciales, sabían que lo que hoy era una prueba, mañana estaría en el mercado. Algo así como la Fórmula 1 pero de dimensiones gigantescas.

Pero después de observar todos los sectores ¿podemos responder positivamente a la pregunta de si ha evolucionado todo a la misma velocidad con el cambio tecnológico? Desde ya que no. Pero la limitación proviene de un solo factor: la tecnología provoca cambios en la forma de pensar y hacer, para lo cual hay que adaptar los métodos y procedimientos que hasta ayer eran válidos. O sea, mucho más pensamiento creativo e imaginación. Aunque hay que tener en cuenta que para que hoy disfrutemos de determinada tecnología, debió de existir previamente un pensamiento inteligente aplicado a un fin concreto.

Este es el caso de las visiones Newtoniana y Einstaniana de la Teoría de la Gravedad. Diferentes ámbitos de aplicación y ambas igualmente válidas. Sin la máquina de vapor no habría habido Revolución Industrial, y sin Revolución Industrial no habría habido un pensamiento Económico Clásico del siglo XIX.

Las aplicaciones industriales partían de una concepción diferente de la fábrica. Había una primera visión por aquella época de lo que puede considerarse hoy una empresa u organización moderna. Pero la máquina de vapor y otros telares e instrumentos partían de un plano y de una idea, porque toda acción humana es la consecuencia de la aplicación de un pensamiento inteligente en alguna materia y con algún fin.

Siempre que el fin sea un plano, un invento, una máquina, un avión, etc. es sencillo entender la evolución de la tecnología y el desarrollo de la humanidad. Lo que no es tan fácil de comprender es cuando no vemos materialmente el dibujo de esa máquina voladora en un plano y tenemos que explicar y formar a los ciudadanos en los beneficios de determinadas medidas que como siempre ha ocurrido a lo largo de la historia, encuentran resistencia porque los ciudadanos no están por el cambio y siempre han preferido la estrechez de lo conocido por encima de la virtud de ambiciones realizables, pero con un alto grado de riesgo.

Es entonces aquí donde aparece el rol fundamental del liderazgo político y empresarial. Aquellos hombres y mujeres que ven en donde otros no ven; donde unos pocos toman acción donde la mayoría no encuentra posibilidad alguna de hacer nada; dónde unos pocos líderes creen que con una idea y soportada por principios válidos podrán cambiar no solo el estadio actual de la tecnología (caso de la máquina de vapor) sino posibilitar la gran transformación como la que la Revolución Industrial provocó en el mundo del siglo XVIII.

Pero no solo fue con la máquina y el hierro, sino con las ideas que surgieron como consecuencia de este drástico cambio que transformaba la economía y la sociedad, por lo que había que regularla y comprenderla con la aparición de normas y conductas que estarían dadas en parte por el mercado y en parte por las regulaciones que los gobiernos iban imponiendo.

Sin duda, los siglos XVIII y XIX son abundantes en descubrimientos y avances tecnológicos. Y también fueron acompañados por las ideas que tenían que adecuarse a los tiempos, porque en el colectivo ciudadano surgía la necesidad de pensar diferente y actuar también de manera distinta. Se tenían otras posibilidades, había nuevos horizontes por descubrir, y también, las universidades como centros del conocimiento de la época, empezaban a ordenar y sistematizar el conocimiento.

Esta es la labor que entendemos no debe frenarse nunca. Más aún, gobiernos y organizaciones tienen que coordinar esfuerzos y destinar ingentes presupuestos para una economía digital y una sociedad digital que en no más de dos o tres años, nos mostrará una serie de puestos de trabajo, funciones y responsabilidades que aún hoy no existen o si ya han tomado cuerpo, no están del todo bien asentadas en nuestra sociedad. Este es el desafío de la clase política que siempre inexplicablemente va por detrás y no por delante de los acontecimientos. Se requiere que al menos haya una nueva clase política que sea capaz de ir al mismo ritmo de los acontecimientos. Este es un debate de liderazgo y de formación. Esta es la contra-revolución del aprendizaje.

Artículo coordinado por José Luis Zunni, director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN, y Antonio Alonso, presidente de la AEEN (Asociación Española de Escuela de Negocios) y secretario general de EUPHE (European Union of Private Higher Education).

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