Gratitud como medida de nuestro carácter

Dar las gracias y pedir perdón. Son dos viejos principios de la Humanidad especialmente consolidado en la cultura cristiana de Occidente. Son la receta de nuestras madres para ser buenas personas, buenos profesionales y alcanzar la Felicidad.

Sin embargo, hoy en día no parecen muy de moda frente a la cultura anglosajona de la búsqueda permanente del éxito, a cualquier precio. O incluso, frente a las corrientes más zen procedentes de Oriente que buscan más en el ensimismamiento de la persona y la desconexión con aquellos a los que dar las gracias o pedir perdón.

Quizá por ello, hoy más que nunca, es bueno hacer un alto en el camino para analizar las raíces del agradecimiento y su poder energético para un buen liderazgo transformacional.

Gracias, ¿por qué?

¿A que pocas veces has reflexionado sobre qué es la gratitud? Por supuesto que no lo has hecho, porque por lo general la damos por sobreentendida y como si nos costara expresar este sentimiento a la persona que debemos agradecerle. Porque la gratitud es una emoción positiva que implica estar agradecido y está asociada con varios beneficios para la salud mental y física.

Cuando una persona experimenta este sentimiento de agradecimiento y se lo hace saber a quién se lo transmite, no solo está transmitiendo gratitud, sino que se siente agradecido con ella misma en su fuero más íntimo, por alguna cuestión en particular de la cual se ha visto beneficiada, no solo económicamente, sino espiritualmente, caso de un reconocimiento.

También ocurre, cuando se trata de agradecerle a una persona en concreto por lo que ha hecho por nosotros, lo que exige que los sentimientos de proximidad, calidez y empatía se muestren sin reservas, para que la personas que nos ha dedicado tiempo y esfuerzo (a veces sacrificio personal) sea recompensada al menos también espiritualmente a través de unos sentimientos claros que debemos dibujar en nuestra cara, expresar con nuestros movimientos (comunicación gestual) y muy especialmente dejar claros en nuestras palabras justas y merecidas.

Tomar una dosis diaria de gratitud

Por eso no estaría de más la siguiente receta: toma una dosis de gratitud desde tu interior todas las mañanas. No te preocupes por las contraindicaciones, porque lo único que puede causar son cambios en la perspectiva, sentimientos de abundancia, disminución de los síntomas de miedo y ansiedad

En realidad, la gratitud es uno de esos componentes emocionales que nos ayudan a renovar nuestra energía y a traernos a veces sin proponérnoslo, más cosas que nos brindan satisfacción y alegrías. Cuanto más agradezcamos lo que tenemos más recibiremos, porque existe una fuerza invisible de atracción hacia aquello que caracteriza la generosidad y bondad del ser humano. En otros términos: la maldad requiere casi una planificación para ejercerla y la gratitud es un acto espontáneo, casi inconsciente de las buenas personas.

¿Por qué será que nos cuesta conjugar el verbo “agradecer”? Coloquialmente cuando decimos “es de bien nacido ser agradecido” refleja en el fondo la tremenda carencia de gratitud que en general existe en las personas. Pero no en aquellos mil millones de ciudadanos del planeta que están bajo el umbral de la pobreza. ¡NO! Estos inmerecidos condenados del mundo, son siempre los primeros en echar una sonrisa y mostrar unos ojos grandes y llenos de vida a pesar del hambre que puedan estar pasando.

La ingratitud del desarrollo

La ingratitud es más de las sociedades desarrolladas, en las que parece que no hay tiempo para dar unas gracias en el momento oportuno. Las sociedades cuánto más frías son por su grado de desarrollo, más les cuesta a sus ciudadanos expresar sentimientos de gratitud. Aunque en realidad existe una paradoja que es que la gente exitosa tiene un sentido de gratitud y los más desposeídos de la tierra también. Los polos opuestos se tocan una vez más. O sea, lo que queda en medio, una gran mayoría de personas que tienen ciertas reticencias a la hora de agradecer o cualquier otro gesto que sea una expresión clara de gratitud.

No es la felicidad las que nos da la gratitud, sino es justamente cualquier manifestación de agradecimiento la que nos hace en definitiva poder gozar de una felicidad razonable.

Robert Holden, uno de los psicólogos norteamericanos más leídos con sus obras sobre la felicidad, dice que: “el verdadero don de gratitud es que cuanto más agradecido eres, más presente te vuelves”. Significa que tu presencia se nota y también tu ausencia. Que realmente importas.

La virtud que demostremos al ver la belleza y lo bueno en otras personas, así como las posibilidades de acometer determinadas acciones, será proporcional al nivel de gratitud que abracemos cada día. Algo así como dar y recibir.

DeepakChopra (1946) es un médico indio de Nueva Dheli, experto en la espiritualidad y poder de la mente, que afirma que “la gratitud abre la puerta al poder, la sabiduría y la creatividad del universo. Y tú abres la puerta mediante la gratitud”. Nos estimulan estas palabras a abrir nuestras puertas del alma a los demás. Los gestos y actos de gratitud están imbuidos de paz y concordia. Las batallas de las personas terminan cuando la sensibilidad, la compasión y especialmente la gratitud aparecen en escena.

Lo que falta decir es que la simplicidad en nuestra vida, el que no queramos complicar las cosas sino hacerlas siempre más fáciles para los demás (los seres queridos y las otras personas que nos rodean), tiene a su vez el poder de cambiarnos la vida a mejor. Y en este punto, comprender también el tremendo poder que tiene la gratitud. Nos hace personas más positivas y al mismo tiempo más productivas en todos los ámbitos en los que nos movamos: trabajo y personales.

Si tenemos que dar las gracias, esta acción no tiene que ser difícil en absoluto. Por contrario, las palabras tienen que expresarse de manera sincera mostrando que nuestra gratitud se manifiesta a su vez en unas pequeñas acciones que hacemos en beneficio de esa persona.

Todos podemos tener un mal día, pero ese amigo que nos dedica tiempo para ayudarnos a comprender que no todo está perdido, que hay una solución para afrontar nuestro problema, finalmente tiene que recibir nuestra gratitud y nuestra promesa de ayuda en momentos en los que él lo necesite. Por todo ello es conveniente que tomemos consciencia de todas aquellas cosas buenas que recibimos, los que en las religiones se refieren como dones.

Un método que es de utilidad para que sepamos valorar la gratitud, es identificar de manera clara y precisa aquellas cosas por las que cada día debemos dar gracias. No tiene por qué ser un bochorno pensar en agradecer, levantar la mirada al cielo y respirar profundo como en un acto de humildad frente a la naturaleza que nos permite estar disfrutando de su oxígeno, belleza y vida.

Lo cotidiano en nuestra vida es lo realmente profundo porque nos condiciona este camino que transitamos en nuestra existencia. Cuántos más agradables sean los días por las pequeñas cosas que disfrutamos, más armonía y felicidad tendremos en nuestra vida. El agradecimiento como verbo y la gratitud como atributo, son tanto un medio como un fin en sí mismos. Y esto se da pocas veces.

José Luis Zunni. Director de ECOFIN Business School y coordinador de ECOFIN Management & Leadership. Director del Centro de Liderazgo de la EEN (Escuela Europea de Negocios) y coordinador académico de la Red e Latam del grupo media-tics.com. Miembro de la Junta Directiva de Governance2014. Conferenciante. Ponente de Seminarios de Liderazgo y Management de la EEN y coordinador del FORO DE MANAGEMENT Y NUEVA ECONOMÍA DE LA EEN. Autor de ‘Inteligencia Emocional para la Gestión. Un nuevo liderazgo empresarial’, coautor de ‘Liderar es sencillo. Management & Liderazgo’ y coautor con Ximo Salas de ‘Leader’s time (Tiempo del líder)’.

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