Inteligencia emocional, la llave del liderazgo efectivo

Daniel Goleman, una de las mentes más brillantes de la psicología clínica y social, lo tiene muy claro: “No importa lo que los líderes se propongan hacer, ya sea crear una estrategia o movilizar equipos para la acción, su éxito depende de cómo lo hagan”. Lo dice el mayor divulgador científico en el campo de la inteligencia emocional.

Y esto se debe a que en el caso de que hubiesen hecho todo lo que era considerado correcto desde el punto de vista técnico, si fracasan en la manera en que gestionan sus emociones y en cómo ayudan a conducir las emociones que determinan las conductas del personal, nada de lo que hagan funcionará tan bien como podría o debería.

Después de treinta años en los que la doctrina del liderazgo se enriqueciera y potenciara con todos los estudios e investigaciones que se han llevado a cabo sobre inteligencia emocional, es hora de hacer un breve balance para saber en dónde se encuentra, a nuestro modesto entender, la evolución de la doctrina sobre liderazgo e inteligencia emocional.

No cabe duda que los sentimientos, entre los que destacan los estados de ánimo y las emociones, son parte esencial en el proceso de liderazgo. La manera en que el líder interpreta las emociones y esos estados de ánimo de su personal, le facilitan comprender muchos más aspectos que tienen que ver con los intereses personales de los miembros de sus respectivos equipos y/o departamentos.

Esto es lo que le da proximidad con el personal, al mismo tiempo que fomenta en lo que se llama ‘estructura de personalidad’ de cada uno de esos miembros, un nivel de satisfacción y compromiso con la dirección. Esto implica proyectar un sentimiento de estar comprometido con la marca y la empresa. Sentir lo que técnicamente se conoce como ‘orgullo de pertenencia’.

Todos estos aspectos descritos hacen mucho más transitable el arduo camino del liderazgo efectivo.

Existen cuatro manifestaciones claras de las emociones en la doctrina:

1) La evaluación y expresión de la emoción.

2) El uso de la emoción para mejorar los procesos cognitivos y la toma de decisiones.

3) El conocimiento sobre las emociones.

4) La gestión de las emociones.

Los valores del liderazgo efectivo tienen un rol esencial para impulsar la buena gestión de las emociones de parte de cada una de las personas de una organización.

La técnica no lo es todo

Hemos dicho reiteradamente desde esta tribuna que la técnica no lo es todo. Que hoy día, dentro de las habilidades directivas que buscan las organizaciones para sus nuevos líderes, tienen un papel preponderante las emociones.

¿Por qué? Señalaremos algunas razones en las que la efectividad del líder influye decididamente en la conducta del personal:

– Para la fijación de metas y objetivos.

– La manera en que se inculca en las personas que sepan valorar la importancia de su trabajo.

– Cómo se enseña la importancia de generar confianza, tanto a nivel interno de la organización como en las relaciones externas.

– Buscando en el personal el grado de satisfacción, mentalidad positiva, entusiasmo y cooperación para crear ambientes libres de tensiones.

– Enseñar a ser flexibles en las posiciones tanto técnicas como profesionales, teniendo en cuenta que todas ellas tienen un nivel de influencia para la adaptación al cambio y la toma de decisiones.

Relaciones interpersonales

Un aspecto central en la evolución de la doctrina sobre la materia nos hace diferenciar entre la gestión de las emociones y la propia relación interpersonal, que también lleva intrínseca un grado de emoción determinado. Lo que lleva a comprender y estudiar mejor los comportamientos interpersonales específicos orientados a provocar, cambiar o modular el afecto en las personas de un mismo ámbito laboral, o también en su relación con terceros.

De ahí que la regulación de la emoción interpersonal utilizada por los líderes del equipo sea particularmente sensible, porque una posición destacada dentro de la empresa, y especialmente su autoridad moral y técnica, hace que tengan mejor conocimiento y presten la debida atención al comportamiento y requerimientos de sus miembros.

En personas que podrían haber tenido un papel relevante por sus condiciones de líder, la forma en que hicieron el trabajo y se comunicaron con sus empleados fue un problema. Desde falta de respeto, hasta una manifiesta insensibilidad por lo que las personas de un equipo sienten o necesitan. Lo que se pone en jaque es el cumplimiento de los objetivos de todo un departamento y/o equipo. Así de simple.

Con esas condiciones, lo habitual es encontrar ámbitos laborales en los que se trabaja lo justo para mantener el puesto, para llegar a fin de mes sin sobresaltos y sin comprometerse para nada. Pero no es tan simple para la psicología individual de cada persona, porque por más que aplique ese mecanismo minimalista, la realidad es que está totalmente insatisfecho y desmotivado. Ni hablar de comprometido.

Por ello, cuando el líder transmite aprecio, respeto, entusiasmo y compromiso –y si además pone estos valores en contexto junto al apoyo emocional y el reconocimiento a la labor realizada por los empleados-, se produce una especie de fiebre contagiosa positiva que todo lo inunda. Ambientes más en línea con lo que también hemos explicado en artículos anteriores sobre wellbeing.

No existen dudas tampoco, por parte de la doctrina, de que el pensamiento positivo genere actitudes también del mismo signo; del mismo modo, las emociones están fuertemente correlacionadas con el rendimiento y la productividad. Cualquier equipo cuyos miembros se sienten emocionalmente apoyados y apreciados a través de sus desafíos y éxitos, es matemático que tenderán a ser más felices y más productivos.

Cohesión y productividad

La comprensión y gestión emocional efectiva ayudará a los miembros del equipo a ser coherentes, más productivos, sentirse más valorados y comprendidos. Se obtendrá una mayor cohesión de los miembros y repercutirá directamente en la productividad.

Los líderes efectivos tienen la tendencia casi inconsciente de mejorar, incluso en circunstancias adversas, el rendimiento de sus equipos. Lo que requiere menos aspectos materiales y más intangibles, como la inteligencia emocional.

No es que no sea valorado un bonus de beneficio en el proyecto en el que están trabajando. Lo que sí es seguro es que el esfuerzo de formación, transmisión de la visión al equipo y preocupación a nivel individual de grupo humano de parte del líder, terminan teniendo un impacto mucho mayor en los resultados o, para los escépticos sobre la inteligencia emocional, ayudan de manea significativa a que los buenos resultados se alcancen.

Los investigadores de Jack Zenger y Joseph Folkman, cofundadores de la firma de capacitación y desarrollo de liderazgo Zenger Folkman, reunieron más de 100.000 informes sobre la opinión que tenían empleados de sus líderes en cientos de organizaciones diferentes. Encontraron nueve rasgos clave que poseen los líderes más exitosos. Algunos de ellos que son los que más se relacionan con la inteligencia emocional:

– Trabajan para inspirar y motivar a quienes los rodean.

– Existe una colaboración entre los miembros del equipo, lo que crea sinergia y una mejor experiencia para los empleados.

– Se facilitan relaciones interpersonales honestas e íntegras. También muy directas y sinceras.

Se genera confianza, lo que es síntoma de credibilidad en el líder.

– Desarrollan y apoyan a diferentes personas a las cuales se les brinda la oportunidad de participar de un proyecto.

Celebran el éxito con su personal.

– Alientan a los empleados a capacitarse y desarrollar sus habilidades.

 

Artículo coordinado por José Luis Zunni, director de ecofin.es y vicepresidente de Foro ECOFIN, en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN, y Antonio Alonso, presidente de la AEEN (Asociación Española de Escuela de Negocios) y secretario general de EUPHE (European Union of Private Higher Education).

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