Felicidades por añorar aún un mundo perfecto

Cada vez que nos deseamos paz, salud, prosperidad y felicidad, en nuestro interior se produce una especie de revolución, porque con frecuencia, y especialmente desde que irrumpiera en nuestras vidas la pandemia, no nos llegamos a creer que uno año más esto va a ser posible. En cuanto a la paz, porque aún hay bombardeos y muertes cada día en dos guerras como las de Ucrania y Gaza; en cuanto a la salud, porque siempre en nuestro entorno familiar o en el profesional hemos visto cómo alguien se sometía a una operación o había tenido un susto de esos que te hacen cambiar el ritmo de vida; en lo referido a la prosperidad, lamentablemente seguimos en manos de unos líderes internacionales, especialmente los europeos, que no se han destacado precisamente por acertar en las más importantes decisiones de las que derivan el bienestar de sus ciudadanos; por último, en cuanto a la felicidad, la tenemos como contenida y comprometida por aquello de que estamos muy pendientes de todo lo anterior, que cuando uno de los tres factores falla en algo, nuestro nivel de satisfacción y, por supuesto, de estabilidad, baja, lo que no nos hace sentir demasiado optimistas, afectando nuestra felicidad.

Pero a pesar de ello queremos saludarlos un año más desde este Foro en el que también hemos dedicado muchas de nuestras contribuciones al bienestar personal y la felicidad. O sea, no vayan a pensar, queridos lectores/as, que en el inicio de nuestro último artículo del año hemos entrado con una fuerte dosis de pesimismo. ¡De ninguna manea! Lo que sí, como siempre hacemos, es no engañar, sino tratar de hacer reflexionar a quienes nos leen.

Cuando Carl Sagan se preguntaba con toda intencionalidad ¿quién habla en nombre de la Tierra? se refería al arsenal “obsceno” de armas nucleares que aún estaban en manos de los países que habían logrado fabricar bombas atómicas. Lo dijo en 1980, aunque lamentablemente aún hoy, si Sagan viviera, ratificaría la idea.

La preocupación del gran cosmólogo estadounidense, estaba en la paradoja a la que nos condujo a la civilización, el desarrollo científico y tecnológico: poder ir adentrándose en la realidad del cosmos para conocer cada vez más sus secretos, mientras que el desarrollo de armamento nuclear tenía capacidad suficiente para destruir 50 veces el planeta.

Sagan fue el que puso la voz de alarma, al mismo tiempo que ha sido durante toda su vida un firme defensor de la investigación aeroespacial y la exploración del cosmos, que quedaron inmortalizadas en su serie televisiva “Cosmos”, cuando afirmaba: “Cuanto más conozcamos del cosmos…más podremos conocer de nosotros mismos. Somos polvo de estrellas que buscamos conocer a las estrellas”.

Para los que llevamos años ejerciendo la labor de formadores (no en el plano científico, pero sí en el empresarial), nos ha guiado el espíritu investigador de Sagan y lo hemos llevado a las aulas con los videos de su serie. Y la gran mayoría de las veces, estupefactos los alumnos (incluidos los de Master), empezaban primero a formular preguntas y después a formulárselas ellos mismos, sobre cuál es -o mejor dicho- debe ser nuestra misión en la tierra.

Atrapados en el futuro

¿Saben por qué hoy también nuestros lectores/as se preguntarán la finalidad de nuestro artículo de felicitaciones Navideñas? Porque estamos viviendo atrapados en un futuro que vive en nosotros cada día a gran velocidad y que caracteriza a una generación en todos los rincones del mundo, con escaso tiempo para la reflexión y la meditación. 

Es más, si Ud. se detiene en un seminario que está dando a empresarios y les dice: “pongan su mente en blanco y dediquemos dos minutos a reflexionar sobre esta cuestión”, más de uno, por no decir todos, pueden tildarlo de que el formador ha perdido el juicio.

Lamentablemente la realidad es muy distinta, ya que el juicio colectivo se ha ido desviando -al igual que el eje de rotación de la tierra- de su categoría original en la que las personas tenían tiempo para preguntarse los por qué. Hoy parece que interesa el para qué, o sea cómo funciona, por ejemplo, este teléfono móvil y para qué cosas sirve.

La sociedad ha entrado en una mecánica funcional peligrosa, en la que los procesos sinérgicos de la misma se deben a una especie de circuitos programados que conducen nuestros actos. Cuando alguien se detiene a hacer las preguntas por qué, cuál es la razón, etc., es inmediatamente cuestionado por un sistema que no deja capacidad para la reflexión.

El colmo de los colmos lo tenemos en la política. Se ha erigido una clase política que cree -amparándose en su poder- que lo que dice y hace es el gran maná que requiere la ciudadanía para lograr su bienestar. Las evidencias nos indican justamente lo contrario. ¡Pero quién le pone el cascabel al gato!

Nosotros nos preguntamos en este epílogo de 2024, si por fin en 2025 aquellos factores señalados de paz, salud, prosperidad y felicidad tendrán mejores opciones para que en cada alma puedan tener más peso específico y mejorar nuestra calidad de vida.

Más que una afirmación es un deseo, porque, si algo hemos inculcado desde esta tribuna durante más de diez años, es que a la esperanza hay que fortificarla con la voluntad. Y este binomio también hace la personalidad de un líder efectivo.

Sagan se preocupó por indagar como pocos, en cuáles habían sido los estadios de evolución de nuestra especie, pero muy especialmente de nuestro cerebro. Famosa es su alocución de que “en el lóbulo frontal subyace nuestra civilización”. Porque es en la parte más moderna de nuestro cerebro en la que se produce la “revolución” del conocimiento.

A todos los que nos siguen les instamos en estas fiestas, a hacer un ejercicio –corto, pero efectivo- de reflexión sobre hacia dónde vamos, quiénes somos y qué se espera de nosotros. Al mismo tiempo, preguntarse qué está haciendo la clase política en general, desde ya más preocupados por la responsable de los destinos de la Unión Europea y en lo que concierte a nuestra casa más privada, España, que la clase política asuma la más importante de las responsabilidades, que es no perder de vista la perspectiva histórica de lo que hemos sido como nación y de lo que se supone debemos seguir siendo en el futuro.

Un momento para reflexionar

Es el momento de la reflexión de la ciudadanía. Lo que Sagan se refería a la gran memoria colectiva que anticipara con la visión de los grandes precursores, lo que hoy es el mundo de las redes sociales a los que la clase política tiene pánico.

Y esta nueva revolución tecnológica a la que estamos asistiendo, tendrá consecuencias en la estructuración de una nueva sociedad que ya está entre nosotros, no como algunos creen que estará por venir.

No bajemos la guardia en cuanto a la educación y la investigación. Pero, sobre todo, no renunciemos a nuestra natural capacidad de curiosidad humana que es la que nos ha llevado a la conquista del espacio.

Ahora tenemos que conquistar el otro espacio, el nuestro de cada día, para que reflexionando con seriedad sobre lo que tenemos que hacer y cómo hacerlo, veamos si los que reciben nuestro mandato como políticos, demuestran que están a la altura de las circunstancias.

Al hilo de esta reflexión recordamos hoy una frase de D.H.Thoreau, el escritor y filósofo del siglo XIX, autor de Walden: “Lo que un hombre piensa de sí mismo, más que cualquier otra cosa, es lo que determina su destino”.

Es el derrotismo actual lo que nos hace vivir por debajo de nuestras posibilidades, perdiendo o malgastando esos 1440 minutos diarios que todos tenemos, borrachos de teoría, perdiendo la oportunidad de la experiencia que supone no insultar a la eternidad matando el tiempo con los mecanismos y métodos que nos imponen. “Las cosas no cambian; cambiamos nosotros”, decía Thoreau, y es una excelente reflexión de la que Occidente debería tomar nota para diseñar el futuro.

Felicidades a los lectores/as de siempre.

Felicidades a los nuevo/as.

 

Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y también autor del libro ‘El Cubo del Líder’.

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