El victimismo debilita al líder

“¡Esto es una injusticia!”. Era la frase favorita de aquel pollito negro con gorro de cascarón llamado Calimero. Es el prototipo de victimista llorón para muchas generaciones. “Nadie me quiere”, repetía una y otra vez. Una emotividad negativa que temporalmente todos hemos padecido; pero que nunca debería hacerse crónica, pues el líder Calimero se debilita y pierde fuerza a cada paso.

Steve Maraboli es un reconocido autor, conferenciante y experto en el comportamiento humano. Es uno de los motivadores más reputados sobre nuestras acciones y conductas. Afirma cosas como no confundir tomar malas decisiones con el destino”. Y añade: “Asuma la responsabilidad porque rezando, queriendo o esperando el cambio, no es suficiente; el deseo no cambia la vida, el comportamiento sí”.

Su filosofía se centra en la acción del hombre para cambiar su mundo personal y contribuir al cambio del otro mundo, uno mucho mayor que le rodea y en el que debe luchar y convivir.

Uno de los ejes centrales de su mensaje se refiere a la mentalidad victimista que configura una personalidad que se ampara en transmitir ese sentimiento de víctima a los demás. En ciertas ocasiones también carga la responsabilidad sobre sus desgracias.

¿Alguna vez  han experimentado ese sentimiento de víctima? Esto no es malo en sí mismo, lo que sí es negativo son las circunstancias que nos llevan a ver un problema menor como un mundo. Casi siempre este sentimiento nos causa angustia.

Pero se convierte en una patología clara cuando endosamos la supuesta culpa de lo que nos pasa hacia otras personas que en realidad no tienen nada que ver o no son directamente responsables con lo que nos sucede.

¿Afán de protagonismo? Sin duda una personalidad victimista asume un rol protagonista importante. También su forma de expresarse y sus gestos acompañan una manera de comportarse típica de quién se siente víctima aunque en realidad no lo sea.

Pero uno de los peores escenarios en el que actúan las personalidades victimistas es cuando sabemos que su sentimiento de derrota es algo crónico, ya que se encuentran en una especie de estado permanente de disconformidad, insatisfacción y queja. Se convierten en personas que muy difícilmente pueden transmitir emociones positivas.

En realidad asumen el victimismo como una especie de capa protectora de sus propios fracasos e inseguridades. Se acostumbran a ello y no son capaces de renunciar porque se sienten cómodas en esa posición. No les preocupa en cuánto puedan intoxicar el ambiente de trabajo o incluso el nivel personal en una relación, porque son egocéntricas y ejercen de manera constante un rol que para que se fije la atención en ellas.

También es cierto que algunas personas adoptan esta actitud de manera inconsciente, pero no es el caso de los victimistas crónicos. Para ellos es su manera de dirigir la vida. De este modo se liberan de cualquier responsabilidad en sus acciones y culpabilizan al resto de lo que les ocurre.

Cuando del victimismo se pasa al pesimismo

Una de las consecuencias más directas del estado victimista es tener  una visión pesimista de la vida. Cuando aflora la desconfianza a su propio trabajo y acciones, tratando de tirar balones fuera buscando responsables en otros compañeros o jefes, lo que se logra es un ambiente inestable. Surgen las palabras inadecuadas y como siempre la falta de oportunidad en una respuesta que complica la situación de inestabilidad emocional.

Cuando la personalidad victimista se instala y convive en la psicología de un individuo termina transformándolo en sus sentimientos más profundos alimentando, por ejemplo, la ira. Este sentimiento puede terminar en actitudes más agresivas en sus relaciones interpersonales. La intolerancia, así como el desprecio, son piezas comunes en la relación hacia algunas personas que son consideradas culpables y/o responsables de los supuestos males que está padeciendo quién ha desatado este sentimiento.

La víctima puede tener un sentimiento de dolor e impotencia pero es su actitud la que genera ciertas circunstancias como eludir la situación y la responsabilidad que trata que caiga en otra u otras personas.

El victimismo más que una acción es una actitud

No importa quién actúa y las responsabilidades que tiene. La cuestión es en qué afecta lo que dice y hace el victimista.

La búsqueda de la atención de los demás sobre la personalidad del victimista es una muestra de experiencias traumáticas pasadas no superadas, del mismo modo, que la necesidad imperiosa de una búsqueda de protección.

En nuestras actitudes diarias estamos a disgusto por algo que nos ha salido mal. Pero en realidad nos estamos culpando en nuestro interior porque sabemos que somos responsables de lo sucedido. Como una defensa natural de nuestra mente preferimos sentirnos víctimas en vez de afrontar ese sentimiento de culpa interna. Sería mucho más fácil hablar de ello y aprender a convivir con la culpa en casos que realmente sean graves o que hayan tenido un impacto en nuestra vida.

En definitiva, echar balones fuera culpando a los demás de nuestro supuesto mal destino es una búsqueda inconsciente de querer calmar esa sensación de culpa para estar en paz con nosotros mismos. En la medida que nuestra lucidez nos permita ser conscientes de la situación debemos objetivar bien el problema para poder erradicarlo pero nunca llevarlo al terreno del victimismo que terminará haciéndonos daño a nosotros mismos y a muchas personas de nuestro entorno.

Artículo realizado por José Luis Zunni, director de ecofin.es y vicepresidente de Foro ECOFIN.

 

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