El Orden Mundial que Trump pone en riesgo

Desde el Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) no estamos ajenos a lo que está provocando sobresaltos en gobiernos, mercados, organizaciones y ciudadanías de ambos hemisferios.  Nuestra responsabilidad en el momento actual, en que estamos cerrando una importante obra de investigación en materia de Management & Leadership, es no solo comprender el presente, sino ver el alcance de los cambios que se están operando, quién los promueve, si vamos directamente a estrellarnos contra un muro o si, por el contario, la sensatez vuelve a los altos niveles de la política internacional y, al igual que la moratoria de 90 días que ha dado el presidente Trump, pueda convertirse en una política de acuerdos entre países y bloques, por más complicado que ello resulte.

Si estuviéramos en Venecia en 1480, la DEUDA MUNDIAL GLOBAL tendría las correspondientes partidas de activos globales que la sustentasen. La persona encargada de hacer los registros contables de finales del siglo XV en Venecia tenía como función registrar todos y cada uno de los movimientos de manera correcta y sin omisiones. No se hacían estimaciones de los valores de mercado futuro. Solamente las partidas se registraban a su valor real por el cual se había realizado la transacción mercantil. Eran los orígenes de la contabilidad.

La primera pregunta sin respuesta es ¿trabajamos hoy día con la certeza de que los valores son reales? Pues va a ser que no. A partir de la Conferencia de Bretton Woods (1944), una vez que se abandona el patrón oro, ¿quién controla que el dinero que se emite guarde una correlación sustentable con la capacidad de generar bienes y servicios equivalentes, que den cobertura a esa emisión?

Se aprecia una gran burbuja de dinero escondido en forma de derivados, bonos y una variedad muy grande de instrumentos financieros como los Hedge Funds, Fondos de monedas y Commodities, etc., que podrían no tener hoy una contrapartida equivalente de activos que los sustenten. ¿Tenemos un auténtico agujero sin fondo? La pregunta no es exagerada, más bien es pertinente que se les haga a los líderes mundiales.

Se ha generado una economía mundial de deuda sin respaldo

Los líderes políticos deben, en primer lugar, esforzarse en entender la importancia que tiene que se haya creado en forma de deudas, derivados sin activos subyacentes suficientes, etc., un dinero excedente sin respaldo, que, si quisiéramos generar su contrapartida, esto es, bienes y recursos susceptibles de comercialización, no serían -a nuestro juicio- suficientes para compensar aquellas partidas.

En segundo lugar, tienen que comprender que, llegado el caso, tener activos que compensen dichas partidas de deuda exigiría una explotación que excedería el límite de lo racional e iría contra la estabilidad ecológica del planeta. Esto impediría producirlos a una escala sustentable con la propia dinámica natural de reposición reversible.

Puede haber muchos Kyotos –que también suscribimos- pero la nueva fase que hay que comprender al mismo tiempo que corregir del sistema capitalista, es la del consumismo exacerbado que nos ha llevado a la crisis actual. Y en este punto entra la política de endeudamiento exagerado.

La tentación política de crear moneda

Ante una política desequilibrada de creciente endeudamiento como mecanismo para impulsar crecimiento económico (inversión pública y privada), la creación de moneda siempre ha sido una gran tentación para cualquier político, porque es una herramienta que tienen a mano y muchas veces quisieran apelar a ella para salir de atolladeros temporales de iliquidez y depresión económica.

El problema es cuando la exigencia temporal se transforma en mal hábito de financiación de la economía. Una de las causas de la crisis que hemos vivido en la eurozona.

Ben Bernanke, expresidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, en 2002 aludió a la posibilidad de “usar la impresora de billetes” y “tirar dinero desde un helicóptero” si aparecía la amenaza de una depresión. Esto se debe a que la activación de la máquina de imprimir dinero, si bien provoca en el corto plazo un efecto positivo, en el largo plazo podría llevarnos a una inflación desbocada o a una parálisis productiva. Como decía Keynes “A largo plazo, todos muertos”.

La encrucijada actual en que se encuentra el mundo

Presidentes de naciones, premios Nobel de Economía, analistas, políticos, y no menos importante, los que tienen la gestión de las relaciones diplomáticas entre países, se están empeñando a fondo, primero para comprender lo que está en la mente del presidente de la primera potencia del mundo; después, ver el alcance del supuesto daño que se iba a producir si todas los aranceles hubieran sido aplicados, cuestión que, gracias a la presión de empresarios muy representativos de los mercados de valores, como Warren Buffett, además de Elon Musk y otros billonarios, le han dicho a Trump que había que negociar.

Esto operó como una red para la caída y hubo una recuperación en las últimas 24 horas. Pero lo que es sorprendente es cómo están pensando en la Casa Blanca. Por ejemplo, el director del Consejo Económico Nacional, Kevin Hassett, ha insistido en que las negociaciones de acuerdos comerciales con algunos países están muy avanzadas. En declaraciones a la CNBC, Hassett afirmó que “hay muchos acuerdos en proceso”. ¿Qué fue esta declaración? ¿Una gran sombrilla de contención?

Como buen político, negó que el mercado de bonos obligara a la Casa Blanca a retrasar 90 días sus nuevos aranceles (excluyendo a China). La posición que sostuvo ante los medios es que efectivamente, los funcionarios discutieron si se iba anunciar una pausa general o algunos acuerdos que ya estaban “casi finalizados”, pero finalmente se decidió por la moratoria.

Sorprende que dijera que “era el mercado de bonos el que había dado la señal” como si fuera una persona, que estaba dando señales tales como que “probablemente ya era hora de actuar”, que para Hasset es sin duda lo que habría contribuido, al menos en parte, a esa idea. O sea, le da solo un porcentaje.

También sorprende su insistencia en que la política de la Casa Blanca es que tiene un protocolo para definir los cambios que solicita para mejorar las relaciones comerciales. Y que este proceso permitirá que las negociaciones avancen de forma muy ordenada, lo que está seguro que será “muy tranquilizador” para los mercados.

Estas declaraciones y lo acontecido en las últimas 72 horas es lo que ha llevado a muchos economistas norteamericanos a afirmar que el enfoque de Trump en el déficit comercial les produce desconcierto, ya que tras los nuevos aranceles se esconde un objetivo tan ambicioso como irrealista: eliminar el déficit comercial bilateral con todos los socios comerciales de Estados Unidos.

¿Se está vislumbrando la necesidad de un nuevo orden internacional?

Esta es una pregunta que se viene haciendo la doctrina, tanto en los ámbitos de la ciencia económica como en la del liderazgo, especialmente este último en su ámbito que más duramente se ha visto castigado en las últimas dos décadas, que es en el de la política.

Sin duda, está en el centro del discurso global actual, ya que existen sólidos argumentos que sugieren que en los últimos tiempos se vienen dando las condiciones para definir un nuevo orden mundial. Creemos que hay que ser un poco más precisos, ya que el nivel de debate se agudizó mucho más aún a partir de la Crisis Financiera Internacional de 2008-2009, cuando los líderes mundiales de ese momento se dieron cuenta de que era una necesidad establecer este nuevo orden, que se entendía que ya había cumplido su razón de ser histórica porque había sido construido en gran medida después de la Segunda Guerra Mundial y consolidado tras la Guerra Fría. Y que, desde esta gran Crisis Financiera Internacional de hace 17 años, al que hay que sumar la crisis sanitaria mundial del Covid-19, dicho nuevo orden mundial que se exigía también se estaba poniendo a prueba en múltiples frentes, incluso antes de que se pudiera llevar a la práctica. De hecho, aún persiste el viejo orden, pero ante una nueva realidad, que, a su vez, se transforma y multiplica como el monstruo de los videojuegos que no permite acabar nunca con él.

Por qué el orden actual se siente obsoleto

Algunas de las razones para que se produzca esta percepción:

– Cambios de poder:

El poder es algo complejo, y mucho más lo es que haya una especie de equilibrio de poder global, que mantenga la tensión en algunas regiones, incluso con guerras, pero a escala global, que no vuelva a derivarse en una nueva conflagración mundial de consecuencias devastadoras para nuestra especie. Pero el cambio se viene produciendo, especialmente con el auge de China, India y otras economías emergentes.

Estados Unidos y Europa ya no son los líderes indiscutibles del sistema internacional. Esto genera un nuevo espacio geopolítico que las tres grandes potencias quieren ocupar, independientemente de factor Guerra de Ucrania o de la de Gaza. Es más, llevamos días en los que ni se habla de ambos conflictos en los que lamentablemente no ha habido moratoria para los muertos.

– Multipolaridad:

Estamos observando un alejamiento de un mundo unipolar (dominado por Estados Unidos) o incluso bipolar (Estados Unidos vs. China), hacia uno más multipolar donde han surgido con claridad varias potencias económicas regionales que están ejerciendo su influencia tanto en los ámbitos económicos como políticos, caso de Brasil, Turquía, Irán, etc.

– Obsolescencia institucional:

Instituciones supranacionales cuestionadas en su operatoria, y peor aún, en su vigencia como organismos de referencia, tales como la ONU, la OMC y la OMS, que suelen ser criticadas por ser obsoletas, lentas o incapaces de afrontar los desafíos modernos, desde pandemias hasta el cambio climático y las ciber amenazas.

– Crisis globales e inacción:

El cambio climático, la gobernanza de la IA, las pandemias, las crisis migratorias y las guerras (Ucrania, Gaza, Sudán, etc.) muestran lo fragmentado y reactivo que es el sistema actual. La cooperación a menudo se estanca debido, tanto a las rivalidades regionales o de los diferentes apoyos que algunos países tienen de las potencias, caso de lo ocurrido en Siria, así como los problemas directamente derivados de normas obsoletas, a veces de complicada aplicación en la práctica.

– División ideológica:

Democracia vs. autoritarismo, derechos individuales vs. control estatal: las divisiones ideológicas se están ampliando de nuevo, reconfigurando las alianzas y las normas internacionales.

¿Cómo podría ser un “Nuevo Orden”? Gobernanza más inclusiva:

Las potencias emergentes buscan no solo tener una voz más fuerte, sino que tenga efecto en los hechos, como reformar el Consejo de Seguridad de la ONU o dar más influencia al Sur Global en instituciones financieras como el FMI o el Banco Mundial. Y los ejes sobre los que se asienta el cambio que proponen los nuevos operadores mundiales, caso India, pasa por:

– Poder descentralizado:

En lugar de una única potencia dominante, podríamos ver la formación de coaliciones o bloques en torno a temas específicos (como los BRICS+, el Quad, que es el “Diálogo de Seguridad Cuadrilateral” (Quadrilateral Security Dialogue) (Quad), que es una coalición internacional formada por Japón, Australia, India y Estados Unidos. Este foro estratégico no es una alianza militar formal, sino un frente unido ante los desafíos comunes que enfrenta la región. Su origen se remonta a la cooperación conjunta de estos cuatro países, durante el tsunami de 2004 en Indonesia. También las coaliciones climáticas son alianzas formadas por distintos actores —como gobiernos, organizaciones no gubernamentales (ONG), empresas, instituciones académicas y comunidades— que se unen con el objetivo común de enfrentar el cambio climático. Todos estos movimientos nos muestran la necesidad de una cooperación más flexible y centrada en temas específicos.

– Gobernanza digital y climática:

Se necesitan nuevas normas para cuestiones como la soberanía de los datos, la ética de la IA y la responsabilidad ambiental global.

– Reequilibrio económico:

Existe un impulso detrás de la desdolarización, los sistemas de pago alternativos y las nuevas rutas comerciales que desafían el marco económico liderado por Occidente.

Los nuevos pasos marítimos por el ártico

​El fenómeno climático de un deshielo progresivo que se viene dando en las últimas tres décadas en la región ártica, como consecuencia del proceso de calentamiento global, ha contribuido a que se hayan ido abriendo nuevas rutas marítimas que podrían transformar el comercio internacional y la geopolítica, tanto regional como mundial por los efectos que tales rutas generarían.

Las principales rutas emergentes son:​

Ruta del Mar del Norte (Northern Sea Route) que bordea la costa septentrional de Rusia, conectando el océano Atlántico con el océano Pacífico. Su apertura ofrece una alternativa más corta al Canal de Suez, reduciendo significativamente los tiempos de navegación entre Europa y Asia. ​

Paso del Noroeste (Northwest Passage): esta ruta atraviesa el archipiélago ártico canadiense, enlazando el Atlántico con el Pacífico. Aunque históricamente ha estado bloqueada por el hielo, el deshielo ha permitido su navegación en ciertas épocas del año, ofreciendo una conexión más directa entre la costa este de Norteamérica y Asia. ​

Ruta Transpolar: esta ruta atraviesa directamente el océano Ártico, pasando cerca del Polo Norte. Aunque aún es menos accesible que las anteriores, se prevé que en el futuro pueda convertirse en una opción viable para el transporte marítimo internacional. ​

Implicaciones de estas nuevas rutas:

Económicas: si bien la reducción en las distancias de navegación puede disminuir los costes de transporte y las emisiones de carbono, la infraestructura necesaria para operar en estas rutas aún está en desarrollo. ​

Geopolíticas: Rusia, Estados Unidos, Canadá y China están mostrando un interés creciente en el Ártico debido a su potencial estratégico y económico. Rusia, por ejemplo, está invirtiendo en infraestructuras y presencia militar para consolidar su control sobre la Ruta del Mar del Norte. ​

Ambientales: aunque las nuevas rutas tienen consecuencias directas en la reducción de las emisiones al acortar distancias, la actividad humana y el incremento de su presencia en áreas previamente inaccesibles, podría tener impactos negativos en ecosistemas que son muy frágiles. ​

Es esencial que la comunidad internacional colabore para garantizar que la apertura de estas rutas se gestione de manera sostenible y pacífica, equilibrando los intereses económicos con la protección del medio ambiente y la estabilidad geopolítica.

Entonces… ¿Se necesita un nuevo orden?

Ante esta pregunta, serían muchas las voces desde los ámbitos políticos como del de las organizaciones privadas, que argumentarían que sí, que ya es hora de que se vea una transformación desde las propias estructuras orgánicas de las instituciones supranacionales, hasta en los efectos que se buscan para que, desmantelando el orden actual, se haga “con lo cabeza y no con los pies”, ya que si el pretendido reemplazo de un viejo orden por el nuevo no se hace con la prudencia y profundidad requerida, así como con la máxima participación cohesionada de bloques político económicos, podría generarse un caos en el que como se dice coloquialmente, “el remedio puede ser peor que la enfermedad”.

La verdadera pregunta podría no ser si se necesita un nuevo orden, sino cómo gestionamos la transición. Y esta es una cuestión estrictamente del ámbito del liderazgo político mundial, que precisamente no está atravesando en el último lustro su mejor momento histórico.

¿Qué tipo de liderazgo político requiere una tendencia económica proteccionista?

Cuando la manera de focalizar el pretendido despegue económico de un país o región, se hace desde la óptica proteccionista, generalmente requiere un liderazgo político asertivo, que implica comunicarse de manera clara y directa, expresando opiniones y expectativas de forma respetuosa, pero tiene que ser estratégico y, a menudo, dispuesto a desafiar las normas e instituciones globales.

Este tipo de liderazgo suele presentar varias características y enfoques clave:

  1. Liderazgo nacionalista o centrado en la soberanía:

Las políticas proteccionistas suelen alinearse con posiciones políticas que están alimentadas por una ideología nacionalista, caso de la insistencia que Trump siempre ha hecho en sus discursos, tanto para llegar a ocupar su primer mandato como en el actual, en el que promete y promete firmemente “Make America great again” (Hacer grande América otra vez). Sin duda su retórica es nacionalista, y es el ejemplo de cómo desde ésta posición doctrinaria económica, los líderes políticos priorizan la autosuficiencia nacional, las industrias nacionales y el empleo por encima de la cooperación global.

Por tanto, los planes económicos de muy corto plazo se centrarán en priorizar la tasa de empleo junto a la capacidad de lograr ser una economía que produce lo que consume. Simultáneamente este tipo de gobiernos populistas con eslóganes políticos, instan a la ciudadanía a lo que coloquialmente se denomina “compre nacional”. Al respecto se ha visto en las últimas semanas cómo los consumidores canadienses empezaban a rechazar productos etiquetados de Estados Unidos ante la promesa de poner aranceles al vecino del norte.

La finalidad del proteccionismo, como su nombre lo indica, es proteger el interés nacional de la “gran amenaza” que para él representa el comercio global que los defensores del mismo en determinado país, quieren evitar que afecte los intereses económicos y sociales, por lo que pasa a ser una barrera defensiva de la industria nacional, pero por encima de cualquier otra consideración, del empleo.

Cuando ven esta amenaza del comercio global como cierta para los intereses nacionales o los trabajadores, la única respuesta que dan es abogar por un mayor control sobre las políticas comerciales.

Ejemplo: Líderes como Donald Trump (Estados Unidos) y Viktor Orbán (Hungría) suelen ser vistos como defensores de políticas proteccionistas que buscan reducir la dependencia de los mercados internacionales e impulsar las industrias nacionales.

  1. Disposición a desafiar las instituciones comerciales globales:

Los líderes políticos que apoyan el proteccionismo pueden estar inclinados a desafiar o retirarse de los acuerdos e instituciones comerciales globales, como la Organización Mundial del Comercio (OMC) o los acuerdos comerciales regionales. Para ellos existe un argumento común que es que estos marcos perjudican a las industrias de su propio país o no protegen adecuadamente los intereses nacionales.

Ejemplo: la retirada de Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico (TPP) durante el gobierno de Trump o el referéndum del Brexit en el Reino Unido, que implicó el deseo de acuerdos comerciales más independientes.

  1. Enfoque en las ganancias económicas a corto plazo para sectores específicos

El liderazgo proteccionista a menudo implica un enfoque en la preservación o el impulso de industrias específicas que se consideran vitales para la seguridad nacional o la economía, como la manufactura, la agricultura o la producción de acero. Los líderes pueden estar dispuestos a implementar aranceles, subsidios o cuotas para proteger estas industrias, incluso a costa de mayores precios al consumidor o represalias internacionales.

Ejemplo: la imposición de aranceles al acero por parte de la administración Trump o la protección de China a su sector tecnológico nacional mediante subsidios.

  1. Toma de decisiones autoritaria o centralizada

En algunas circunstancias una posición proteccionista puede asociarse con una forma de gobierno más autoritaria o centralizada, que, a su vez, su eficacia dependerá de un liderazgo fuerte y centralizado que permita una rápida respuesta frente a los diferentes retos, facilitando que decisiones más rápidas permitan implementar medidas proteccionistas como aranceles, subsidios o restricciones a la inversión extranjera, sin pérdidas de tiempo como consecuencia de procesos burocráticos y/o legislativos.

Ejemplo: el sistema de toma de decisiones centralizado de China bajo el liderazgo de Xi Jinping permite al gobierno implementar estrategias proteccionistas de forma más coordinada y estratégica, especialmente en áreas como la tecnología y los minerales de tierras raras.

  1. Populismo económico

Las políticas proteccionistas suelen estar vinculadas a la retórica populista, que apela directamente a la clase trabajadora, afirmando “recuperar el control” de las élites, las corporaciones multinacionales y los gobiernos extranjeros. Este tipo de liderazgo enfatiza la necesidad de políticas que beneficien a la mayoría de ciudadanos, pero muy especialmente señalan y defienden que, gracias a este proceder proteccionista, se protegen industrias que están perdiendo terreno frente a la mano de obra extranjera más barata o las importaciones.

Ejemplo: líderes como el senador Bernie Sanders en Estados Unidos o Marine Le Pen en Francia han utilizado políticas proteccionistas para atraer a la clase trabajadora, a menudo abogando por barreras comerciales para proteger empleos y salarios.

  1. Liderazgo tolerante al riesgo

El proteccionismo a menudo conlleva riesgos, como guerras comerciales, aranceles de represalia y aislamiento económico. Los líderes políticos que impulsan políticas proteccionistas deben estar dispuestos a asumir estos riesgos y, a veces, incluso presentarlos como necesarios para el beneficio nacional a largo plazo.

Ejemplo: la guerra comercial entre EE. UU. y China, bajo el gobierno de Trump, se intensificó hasta llegar a aranceles sobre cientos de miles de millones de dólares en bienes, lo que planteó riesgos significativos para la economía global.

  1. Énfasis en la innovación y la autosuficiencia nacionales:

El liderazgo proteccionista también puede ser progresista, centrándose en fomentar la innovación y la inversión en las industrias nacionales. La idea es reducir la dependencia de la producción extranjera e impulsar las capacidades nacionales mediante inversiones en infraestructura, educación e investigación y desarrollo.

Ejemplo: algunos líderes proteccionistas enfatizan las campañas “Hecho en Estados Unidos” o “Compra Local”, fomentando la producción nacional de bienes que tradicionalmente se obtienen en el extranjero, como semiconductores o productos farmacéuticos.

  1. Maniobras Diplomáticas y Acuerdos Comerciales Bilaterales

Los líderes que implementan políticas proteccionistas tienen la tendencia a fomentar todo tipo de acuerdos comerciales bilaterales que favorezcan sus intereses nacionales, en lugar de acuerdos multilaterales. Este enfoque implica negociaciones directas con socios comerciales clave para asegurar condiciones favorables, a menudo con el objetivo de reducir los déficits comerciales o proteger industrias específicas.

Ejemplo: la renegociación del TLCAN por parte de Trump para convertirlo en el T-MEC (Tratado Estados Unidos-México-Canadá) es un ejemplo de un acuerdo comercial más proteccionista y específico para cada país, que reemplaza acuerdos comerciales multilaterales más amplios.

  1. Adaptación a la Opinión Pública Nacional

Las medidas proteccionistas a menudo reflejan la opinión pública en ciertos países, en particular entre quienes se sienten marginados por la globalización, como los votantes de clase trabajadora en regiones desindustrializadas. Los líderes políticos que defienden el proteccionismo suelen posicionarse como defensores de estos grupos, respondiendo a sus preocupaciones sobre la pérdida de empleos, el estancamiento salarial y la erosión de las economías locales debido a la competencia extranjera.

Lo que el líder proteccionista busca

Las posiciones económicas desde el proteccionismo, impactan en la conformación de las decisiones políticas de ese gobierno, por lo que requiere de un liderazgo pragmático, nacionalista y que esté dispuesto a desafiar las normas comerciales globales. Pero este tipo de liderazgo tiene que tener la fuerza suficiente para ser capaz de gestionar tanto las presiones internas como las consecuencias internacionales, equilibrando los intereses de las industrias nacionales con los riesgos del aislamiento económico. El estilo de liderazgo se caracteriza típicamente, por la asertividad, el enfoque en la soberanía nacional, el populismo y la asunción de riesgos estratégicos.

¿Cuáles son las ventajas del multilateralismo?

El multilateralismo es una manera de entender las relaciones internacionales desde la cooperación y coordinación entre tres o más países, con la finalidad de abordar problemas comunes y poder alcanzar objetivos para los miembros de dichos acuerdos.

Por tanto, se basa en principios de negociación, consenso y reciprocidad, y suele manifestarse a través de tratados, conferencias, organizaciones internacionales y acuerdos multilaterales, sometiéndose a unos principios fundamentales de actuación que se caracterizan por la indivisibilidad de intereses, por la que los participantes reconocen que los problemas comunes requieren soluciones colectivas. Se establecen normas universales que guían las acciones de los estados, sin priorizar intereses particulares.

El multilateralismo tiene varias ventajas clave, especialmente en el contexto de las relaciones internacionales y la gobernanza global.

Estas son algunas de las principales:

  1. Responsabilidad compartida

Los desafíos globales (como el cambio climático, las pandemias y el terrorismo) son demasiado grandes para que puedan ser abordadas por un solo país, por lo que evidencia que el beneficio del multilateralismo es el de distribuir la responsabilidad y permitir a los países aunar recursos, conocimientos y capacidades.

  1. Paz y estabilidad

La cooperación internacional inclusiva reduce la probabilidad de conflicto, además de promover el diálogo, la diplomacia y el compromiso, contribuyendo al mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales.

  1. Eficiencia económica

Los sistemas comerciales y financieros están profundamente interconectados, por lo que los acuerdos comerciales multilaterales (como los de la OMC) crean normas predecibles, reducen las barreras comerciales e impulsan el crecimiento económico mundial. Cuando se dan acciones y/o normas que son predecibles, tienen la virtud de neutralizar e incluso, eliminar grandes dosis de incertidumbre.

  1. Legitimidad y Equidad

Cuando las decisiones se toman colectivamente, es más probable que se consideren legítimas, pero es que además se fomenta la equidad al dar voz a las naciones más pequeñas o menos poderosas.

  1. Coherencia y Previsibilidad

Las naciones necesitan un entorno internacional estable y predecible, siendo las instituciones multilaterales las que tienen la responsabilidad de crear normas y marcos consensuados que guían el comportamiento internacional.

  1. Capacidad para la resolución de problemas

Algunos problemas no respetan fronteras (por ejemplo, el cambio climático y las ciberamenazas), para lo cual es el multilateralismo el enfoque que reúne diversas perspectivas y conocimientos para encontrar soluciones mejores y más integrales.

  1. Promueve un orden basado en normas

Un sistema internacional basado en normas evita el caos y la dominación unilateral.

Beneficio: Fomenta la adhesión al derecho internacional, los derechos humanos y las normas de cooperación.

 

Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y también autor del libro ‘El Cubo del Líder’; y Antonio Alonso, presidente de la AEEN (Asociación Española de Escuela de Negocios) y vicepresidente segundo de EUPHE (European Union of Private Higher Education).

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