¿Desafiar el crecimiento personal?

Si por un minuto crees que eres capaz de desafiar tu crecimiento personal, pues te damos la bienvenida al “club”. Porque a todos/as siempre nos ha fascinado la idea de crecer, como personas, como profesionales… incluso cuántas veces nos hemos visto reflejados al ver en las noticias al creador de Amazon, Jeff Bezos, como una imagen a la que, aun sabiendo que es inalcanzable, nos sirve de guía y de estímulo.

El crecimiento personal. También podemos referirnos a él como “desarrollo personal”, ya que es un proceso en el que efectivamente se capacitan y entran todas aquellas nuevas habilidades, actitudes, así como acciones y/o reacciones que van a marcar a fuego cómo vamos a sentirnos. O sea, un impacto que, depende de cómo las gestionemos, serán positivas o quizás no tanto, pero lo que sí es seguro es que van a tener consecuencias directas en nuestro bienestar. En ese sentirse bien.

Es que nos percatamos con plena consciencia de ese día que física y mentalmente estamos a tope, en óptimas condiciones. Y es justamente el crecimiento personal cuando le damos rienda suelta, cuando está haciendo su trabajo en nuestra personalidad y conformando nuestra conducta con la que actuamos a diario, la que marcará nuestra diferencia del resto.

Esa creencia estúpida de que todos somos iguales no la compartimos. Desde ya que todas las personas deben tener las mismas oportunidades. Es decir, partimos que la justicia (por llamarlo de alguna manera que se entienda) será la correcta cuando en una sociedad todas las personas gocen de las mismas oportunidades. Por ejemplo, el de tener acceso a la Universidad. Si bien compartimos lo que podemos llamar “casilla de salida”, desde ya que no compartimos la que podríamos llamar “casilla de llegada” o meta, porque si hubo equidad en la salida, pues entonces que haya méritos suficientes para poder cruzar la línea de llegada.

Hay muchos aspectos de la vida que las personas podrían querer mejorar y, aunque pueden ser en diferentes áreas, el camino para llegar allí es muy similar. Por ello, es importante tener un plan, saber elaborarlo para que el crecimiento ni sea una tarea ciclópea, ni tampoco imposible. Lo importante es no perder de vista lo que significa: un acto para desarrollarse como persona.

Esto puede referirse también para describir el desarrollo personal en varias áreas, incluida la salud mental, física y emocional. Porque ellas no son compartimientos estancos, sino somos como personas una realidad unívoca de cuerpo, mente y espíritu. Todas ellas están interconectadas y el objetivo final de cada paso de crecimiento personal será enriquecer todas las áreas de nuestra vida.

La ayuda a que seamos mejores personas

No hay que dar lugar a confusión alguna: una cuestión es que un proceso planificado de crecimiento personal te ayudará a convertirte en una mejor persona, que va a beneficiar tu salud física y mental, y otra cosa es que porque una persona que no tiene escrúpulos ni valores y menos principios, por el solo hecho de incrementar su desarrollo personal le convierta en mejor persona cuando su naturaleza nos dice todo lo contrario. O sea, si no se tiene integridad, poco podrá aportar el desarrollo personal para transformar dicha personalidad.

Por ello, hablamos siempre de enriquecimiento personal, de ganar en seguridad y confianza, de generar esa autoconfianza que es tan importante para asumir puestos de responsabilidad y, por ejemplo, tener mucho personal a cargo.

Veamos algunos ejemplos de crecimiento personal

– Aprender a controlar la ira y las reacciones fuera de contexto.

– Mejorar en las relaciones interpersonales, tanto en las que tenemos con personas de nuestro mismo nivel en la empresa como con los jefes.

– Si somos autónomos, mejorar en cuanto a la capacidad de relación con potenciales nuevos clientes y desde ya que con los actuales.

– Aprender a superar lo que se llama procrastinación, dejando siempre, como dice el refrán, “para mañana lo que puedes hacer hoy”.

– Aprender no solo las mejores formas para comunicarse y relacionarse con los demás, sea en el entorno más próximo de trabajo como en otros ámbitos, sino demostrando siempre una corrección y educación a prueba de bombas.

– No solo convertirse en una persona más responsable, sino en que el resto de personas con las que tratamos a diario tengan esa percepción de nosotros como personas serias, responsables, cumplidoras, que, en definitiva, somos de fiar.

– Que empecemos a incorporar como un buen hábito aprender cosas nuevas y desarrollar nuevas habilidades.

– Que estemos capacitados no solo para el aprendizaje de cosas más complejas, sino que el propio proceso de desarrollo nos haya insuflado una capacidad de pensar críticamente (pensamiento crítico) y al mismo tiempo demostrar al resto de personas que tenemos una mentalidad abierta, que estamos abierto al diálogo.

– El crecimiento personal exitoso requiere motivación, deseo de mejorar y voluntad de esforzarse por realizar cambios.

¿Es que vamos a dar saltos de alegría todos los días por ir a trabajar?

Desde ya que no, pero lo que sí es seguro es que será mucho más agradable. Incluso esperaremos con ilusión una reunión de departamento en las que nos toca exponer el último proyecto en el que estamos trabajando, para explicar tanto avances como los desafíos a los que nos estamos enfrentando.

Sencillamente que las personas que abrazan con pasión su profesión, saben que, aunque haya días complicados, de poco humor y mucha tensión, el final del camino, mejor dicho, el propio proceso de estar transitando hacia ese objetivo por el cual tienen la formación y la experiencia para ejercer la responsabilidad que han asumido, les está resultando gratificante. Valoran el proceso tanto como llegar a la meta. Porque su crecimiento personal les ha inculcado estos nuevos valores. Han transformado malos hábitos en otro tipo de actitudes frente a hechos, cosas y especialmente personas.

También no podemos ser algo que no sintamos, aunque podamos hacer el bien más allá de nuestros sentimientos, lo que implica que independientemente de nuestras ganas y voluntad de hacer o cumplir con determinada tarea, antes que nuestros egoísmos y sentimientos posesivos hacia cosas y personas, debe guiarnos el bien. Cómo decíamos más arriba: hacer honor a esa buena persona que a su vez la mejora todo proceso de crecimiento personal.

Crecimiento personal implica incidir en la actitud

Debemos demostrar que tenemos la fuerza para centrarnos en el trabajo y en lo que debemos hacer. Para ello la actitud (nuestra determinación que es parte del ADN de nuestro carácter) es la propia garantía de nuestra voluntad de querer superarnos día a día. Esto es crecer.

Otra manera de decirlo es que, si quieres comprender el hoy, debes buscarlo en el ayer, en referencia a qué acciones, qué pensamientos y también qué actitudes hemos mantenido en el pasado que nos han llevado a este presente, del cual a veces renegamos o no comprendemos por qué nos suceden determinadas cosas, especialmente en nuestras emociones y sentimientos.

Crecer empieza en ti

Ni con tus relaciones, o el trabajo o el dinero. Tampoco con tus circunstancias… porque nace en ti… en tu actitud. Actitud frente a esas relaciones. De qué manera condicionas tu forma de actuar en el trabajo o cómo es también tu posición frente al dinero. En síntesis, a pesar del peso tremendo de las circunstancias, más aún lo tiene esa actitud que te caracteriza, que determina tu carácter, que hace que los demás te respeten y admiren.

La esencia de la vida no está ni en las grandes victorias ni en los sonados fracasos, pero sí en las pequeñas alegrías, que sin duda muchas de ellas vienen dadas por haberle prestado toda nuestra atención a ese crecimiento personal.

La vida no requiere que seamos siempre los mejores y haciendo lo mejor, sino demostrando que intentamos paso a paso dar lo mejor de nosotros mismos.

El paso del tiempo tiene un peso importante en la actitud de toda persona. Madurar significa que una cantidad de cosas por las que hablábamos y nos preocupábamos no requieren ahora comentario alguno. Porque nuestra propia evolución nos enseña, a tal punto que cuando tomamos consciencia de que si hiciéramos todas aquellas cosas de las que somos capaces de hacer, en realidad nos asombraríamos.

Nos quitaríamos de un plumazo muchos traumas y problemas. Combatiríamos con buenos resultados nuestras angustias, porque estaríamos también asegurando que esa actitud que nos caracteriza permanece con nosotros como sello de identidad.

Lamentarse, es estar apostando lamentablemente en contra de uno mismo. La auténtica transformación significa literalmente hablando, ir más allá de las formas, costumbres e incluso hábitos a los que estamos acostumbrados. Y a esto lo llamamos crecimiento personal.

 

Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y también autor del libro ‘El Cubo del Líder’.

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