Sin duda, en los últimos años se ha multiplicado la dedicación que autores de diferentes categorías han dado al concepto de felicidad. Desde ya que una cosa es la obra literaria y otra la técnica, que, por ejemplo, se refiere a qué es la felicidad en un equipo de trabajo, o también, cómo hacer que ese ambiente laboral facilite a que los empleados estén satisfechos con su trabajo, que mejoren las relaciones interpersonales y tener un claro sentido de bienestar por lo que están haciendo, que son reconocidos por sus tareas, que se les considera como corresponde hacerlo con las personas que contribuyen al éxito de la empresa.
Todas estas valoraciones que hacemos entran a formar parte de un gran intangible que pertenece al ámbito de los sentimientos y las emociones: la felicidad. Es posible mejorarla en el día a día, y de ello depende también que haya un liderazgo efectivo.
Pearl S. Buck sostenía que “el crecimiento personal contiene el germen de la felicidad”.
Cuando Pearl S. Buck (1892-1973) que fue una escritora estadounidense ganadora del Premio Nobel de Literatura en 1938 sostenía que “encontrar la felicidad en el trabajo es descubrir la fuente de la juventud”, no estaba para nada alejada del valor actual que se le atribuye a la felicidad en el trabajo. El cuidado de los ambientes laborales y las relaciones interpersonales.
¿Se refiere quizás a que todos los días tenemos que estar dando saltos de alegría por ir a trabajar? ¡No! Sencillamente que las personas que abrazan con pasión su profesión, saben que, aunque haya días complicados, de poco humor y mucha tensión, el final del camino, mejor dicho, el propio proceso de estar transitando hacia ese objetivo por el cual tienen la formación y la experiencia para ejercer la responsabilidad que han asumido, está siendo la fortificadora de esa felicidad que se transforma en la actitud frente a hechos, cosas y especialmente personas.
Esto lo hemos tratado en otras ocasiones desde esta tribuna, dándole el peso del valor que tiene el proceso que transitamos hasta cumplir los objetivos y llegar a una meta, que no es para nada menor que el logro en sí mismo. Porque durante ese recorrido, en el que insumiremos más o menos tiempo, nos está alimentando una energía que se basa en la satisfacción por compartir proyecto y trabajo dentro de un ambiente profesional que consideramos idóneo para nosotros, según nuestra formación y experiencia; no menos importante, la de estar preparándonos para el siguiente paso, que puede ser, por ejemplo, una promoción, ya que durante este proceso, si somos unos de los empleados o mandos intermedios más antiguos, tenemos la responsabilidad de ayudar, formar y colaborar con diferentes personas, especialmente aquellas que hay que entrenar y capacitar para que también asuman en breve responsabilidades de toma de decisiones.

Por ello, nos parece bien cuando esta autora nos señala que “no podemos ser algo que no sintamos, aunque podamos hacer el bien más allá de nuestros sentimientos”, lo que implica que independientemente de nuestras ganas y voluntad de hacer o cumplir con determinada tarea, antes que nuestros egoísmos y sentimientos posesivos hacia cosas y personas, debe guiarnos el bien. En la jerga del día a día de las empresas se traduce en colaboracionismo profesional. Y sin duda, es una de las reglas de oro de la coordinación y supervisión de equipos de trabajo.
Cuando afirma que no espera nada de los estados de ánimo, porque no se logra ni se realiza nada, también está incidiendo en la actitud y que debemos demostrar que tenemos la fuerza para centrarnos en el trabajo y en lo que debemos hacer. Para ella (lo suscribimos al 100%) es la actitud (nuestra determinación que es parte del ADN de nuestro carácter) la propia garantía de la alegría y la felicidad.
“Si quieres comprender el hoy debes bucear en el ayer”, en referencia a qué acciones, que pensamientos y también que actitudes hemos mantenido en el pasado que nos han llevado a este presente, del cual a veces renegamos o no comprendemos por qué nos suceden determinadas cosas, especialmente en nuestras emociones y sentimientos.
La alegría empieza en ti. Ni con tus relaciones, o el trabajo o el dinero. Tampoco con tus circunstancias…porque nace en ti…en tu actitud. Actitud frente a esas relaciones. De qué manera condicionas tu forma de actuar en el trabajo o cómo es también tu posición frente al dinero. En síntesis, a pesar del peso tremendo de las circunstancias, más aún lo tiene esa actitud que te caracteriza, que determina tu carácter, que hace que los demás te respeten y admiren.
La esencia de la vida
Cuántas veces hemos leído y/o escuchado eso que se dice respecto a la esencia de la vida, a qué es y qué la representa. Pero te aseguramos que no se encuentra ni en las grandes victorias ni en los sonados fracasos, pero sí en las pequeñas alegrías.
La vida no requiere que seamos siempre los mejores y haciendo lo mejor, sino demostrando que intentamos paso a paso dar lo mejor de nosotros mismos. Esto incluye nuestro día a día en el trabajo, compartiendo tiempo de nuestra vida (un 33% aproximadamente) con personas que nos son nuestra familia, pero que terminamos todos juntos como perteneciendo a una gran familia, la del trabajo.
El paso del tiempo tiene un peso importante en la actitud de toda persona
Madurar significa que una cantidad de cosas por las que hablábamos y nos preocupábamos no requieren ahora comentario alguno. Porque nuestra propia evolución nos enseña, a tal punto que cuando tomamos consciencia de que si hiciéramos todas aquellas cosas de las que somos capaces de hacer, en realidad nos asombraríamos. Nos quitaríamos de un plumazo muchos traumas y problemas. Combatiríamos con buenos resultados nuestras angustias, porque estaríamos también asegurando que esa actitud que nos caracteriza permanece con nosotros como sello de identidad.
Lamentarse, es estar apostando lamentablemente en contra de uno mismo. La auténtica transformación significa literalmente hablando, ir más allá de las formas, costumbres e incluso hábitos a los que estamos acostumbrados.
La sensibilidad de Buck se pone de manifiesto también cuando invade el ámbito social con sus pensamientos, porque por más que pueda parecer una autora muy próxima a la persona, le preocupa ésta en su entorno.
Nuestra coincidencia también es total en este punto, ya que no entendemos un nivel de satisfacción y de felicidad, si no somos totalmente conscientes de cómo se comporta nuestro entorno, el más próximo en el que vivimos a diario dentro y fuera de la empresa, o aquel más lejano al cual debemos adaptarnos, porque es el mercado el que manda.
¡Qué casualidad que todos los grandes autores trascendieron la persona y se preocuparon por la relación persona-sociedad! Lo que marcaba su tiempo y época. Por ello dice que “nuestra sociedad debe hacerlo bien y posible para la gente mayor, no sentir miedo de los jóvenes o ser olvidados por ellos, porque la prueba de cualquier civilización es cómo se hace el camino para cuidar de las personas más desprotegidas”. En nuestro lenguaje moderno, nos referimos permanentemente a la exclusión social y personas que están marginadas y desprotegidas.
Sociedades modernas y evolucionadas como la española, tenemos también esta preocupación, o más bien, debería ser el desiderátum de los puntos más importantes de acción política de cualquier gobierno.
El pensamiento y los sentimientos de Buck son extremadamente sensibles. Nos ha dejado una buena impronta literaria y siguen siendo muy actuales sus posiciones de las que hoy nos hacemos eco. Ayudan a que mantengamos incólume nuestra actitud en momentos de desesperanza, porque mientras sigamos luchando y creciendo, especialmente en el sentido de crecimiento personal (no material), encontraremos el germen de esa felicidad que generalmente ignoramos e incluso despreciamos.
Nos dejamos llevar por hechos, cosas y pensamientos que nos hacen perder la sensibilidad necesaria para descubrir que la alegría y la felicidad está mucho más próxima de nosotros de lo que habitualmente suponemos. Cuando descubrimos esto, es ese síntoma de madurez al que nos referíamos más arriba. Es importante no olvidarlo.
Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y también autor del libro ‘El Cubo del Líder’.













