Valores e inteligencia emocional

Siempre es conveniente tomar nota sobre los valores y la forma de conducirse de importantes líderes empresariales, para que se nos pegue algo de ellos. Por ejemplo, es el caso de Chip Conley, fundador de Joie de Vivre Hospitality que es una empresa de hoteles y restaurantes con sede en San Francisco, California, y el segundo operador más grande de hoteles boutique en los Estados Unidos, que escribió sobre los CEO’s que demuestran altos grados de inteligencia emocional. Escogió varias compañías de Fortune 500 y entrevistó a empleados, estudió discursos y publicó escritos, y evaluó lo que llamó la configuración del “termostato emocional” de estos líderes.

Algunos aspectos destacados que encontró fue, por ejemplo, que, en el caso de Jeff Bezos de Amazon, es un obsesionado con los corazones y las mentes de sus clientes, porque Bezos tiene una perspectiva a largo plazo sobre la estrategia comercial y las relaciones con los clientes y entre los empleados. Tiene una clara perspectiva sobre el futuro y cómo anticiparse para ir encajando en él.

En el caso de Howard Schultz de Starbucks, que estuvo lejos de de la compañía durante ocho años, afirma el propio Schultz que la razón principal por la que regresó fue el amor por la empresa y su personal, así como la clientela. Pero estos son claros ejemplos de inteligencia emocional y altísimo rendimiento empresarial que estos líderes inculcaron a sus empleados en general, con más o menos responsabilidad en sus puestos de trabajo.

Nuestras emociones generalmente tienen un fuerte impacto en la forma en que nos comportamos

¿Es esto una premisa? ¿Tiene valor axiomático? Por supuesto que sí, porque de la forma en que gestionamos nuestras emociones y sentimientos, resultan estados de ánimo más o menos agradables, flexibles, empáticos, etc. O sea que, dependiendo de cómo gestionemos las emociones pueden tener más o menos impacto en la forma en que nos conducimos en la vida.

Si estructuramos estos conceptos en una sola pregunta puede ser: ¿cómo pueden las emociones influir en nuestro comportamiento?

Las emociones tienen una influencia sustancial en los procesos cognitivos de los seres humanos, incluida la percepción, la atención, el aprendizaje, la memoria, el razonamiento y la resolución de problemas. Especialmente es muy fuerte la influencia de las emociones cuanto estamos atentos (prestando atención), que nos lleva a su vez a modular la intensidad de la atención que estamos mostrando y nos motiva en cuanto a las acciones que emprendamos (nuestra reacción ante hechos, palabras, etc.), y por supuesto que condiciona nuestro comportamiento.

Es el caso cuando un jefe de equipo se dirige al grupo que coordina y explica las nuevas responsabilidades que tendrán que asumir en un proyecto que se pone en marcha. Sin duda, si en ese momento uno de los miembros del equipo no tiene confianza en que finalmente permaneceré en este grupo de trabajo y que pueda ser trasladado a otro sector de la empresa, o incluso, miedo a que rescindan su contrato, su nivel de atención estará muy restringido porque en el momento en que presta atención a lo que explica el jefe, se está llenando su mente de posibles situaciones que se le van a presentar (pensamientos negativos) que le están condicionando sus emociones.

Es un caso típico en el que se manifiesta cierta tensión porque la persona en estas circunstancias tiene una inseguridad sobre su futuro, lo que le crea un estado de ansiedad que no es bueno justamente para poder prestar toda la atención que requiere el momento.

¿Cómo influyen las emociones en nuestras acciones y decisiones?

La toma de decisiones emocionales puede afectar no solo el resultado de la decisión, sino también la velocidad a la que se toma. Los estados emocionales de enojo (y en general estados de ánimo negativos) pueden conducir a la impaciencia, con el agravante de que nos precipitemos al tomar la decisión, no contando con todos los datos.

Y esto es lo que hace tomar decisiones sin haber considerado todas las consecuencias (implicaciones tanto nuestras como la de otras personas de nuestro entorno). Lo que sí es cierto, es que, si somos una persona con gran confianza en uno mismo y en nuestro futuro, sea un motivo de precipitar con frecuencia la toma de decisiones porque nos sentimos seguros de lo que hacemos.

En este tipo de situaciones está pesando nuestra experiencia y conocimiento del trabajo, circunstancias que se han dado en el pasado, etc. Pero igualmente, deberíamos siempre sopesar la toma de decisiones cuando una cuota importante de las mismas se basa en emociones y no tanto en elementos racionales como datos, información, opiniones de expertos, etc.

Generalmente nos guiamos por nuestras metas y valores

Afirmamos con frecuencia que generalmente nos guiamos por nuestras metas y valores. Vamos a aclarar qué entendemos por valores, un tema excesivamente tratado y no necesariamente bien explicado para que puedas comprender el papel que realmente juegan los principios y valores, no solo en la toma de decisiones, sino en toda nuestra vida.

En los momentos en los que tenemos que hacer un análisis crítico de un problema sobrevenido que hay que resolver en el departamento porque corresponde a una de nuestras funciones, y se nos está pidiendo que quede resuelto esta cuestión antes del mediodía que es lo que se ha comprometido (la empresa) con el cliente, es evidente que en este tipo de decisiones hay una carga emocional aunque mínima, porque la cuota mayoritaria de decisión está condicionada por elementos tangibles como producto, servicio, servicio post-venta, atención al cliente, etc.

Sin duda, que tener un límite de hora para resolver la situación genera tensión y puede ponernos nerviosos. Aquí es en donde entran los factores emocionales, por lo que nuestro estado de ánimo dependerá de cómo estamos racionalizando la respuesta que debemos dar (nuestro know-how sobre la materia) y la confianza que tienen en nosotros por haber resuelto una infinidad de situaciones similares en el pasado.

O sea, que como se dice coloquialmente “nuestras ondas son positivas” porque responden a que no estamos teniendo esos pensamientos negativos que nos dicen “¿estaremos en condiciones de terminar en hora y con todo bien resuelto?”.

Pero hasta aquí hemos actuado según conocimientos, experiencia, formación y capacidad resolutoria (el nivel de autonomía que nos da la empresa) y gestionado bastante bien las emociones, por las razones ya señaladas.

Pero ¿cuál es el rol entonces de los valores? En primer lugar, debemos de tener bien claro qué son los valores. Pueden definirse como que son las cosas que creemos que son importantes en nuestra vida, en la forma que nos comportamos, nuestra responsabilidad hacia la familia y el trabajo, todas estas señas de identidad que determina el carácter de una persona. No solo en cuanto a la acepción del término “esta persona goza siempre de buen carácter”, sino que es mucho más profundo: es cómo somos percibidos por los demás, más próximos a nosotros (familia y amigos) o los que corresponden a nuestro entorno laboral (compañeros, jefes, etc.).

Cómo nos ven: si nos están viendo como una persona seria, responsable, que siempre tiene buen humor, que se comunica bien con los demás (buenas relaciones interpersonales), y que además se nos conoce como una persona de palabra, que no miente, que es de confianza. O sea, la personalidad que está siendo percibida por los demás y que la consideran (la nuestra) que es confiable, sensible, que se preocupa por el trabajo y los compañeros, que tiene un compromiso con la empresa, etc.

Estos valores en los que nosotros creemos que son los que deberían determinar nuestras prioridades y, en el fondo, son probablemente las medidas que usemos para saber si nuestra vida está saliendo como queremos que salga.

Cuando las cosas que hacemos y la forma en que nos comportamos coinciden con nuestros valores, la vida suele ser buena. Nos sentimos satisfechos y contentos. Pero cuando lo que hacemos y decimos no se alinean con nuestros valores personales, por el motivo que sea, es cuando las cosas terminan haciéndonos sentir mal, también pudiendo afectar a personas de nuestro entorno, lo que sin duda puede ser una verdadera fuente de infelicidad.

Por eso es tan importante hacer un esfuerzo consciente para identificar nuestros valores. Y los valores que tenemos, que están en ese “mapa mental” que opera en nuestra cabeza, no solo deben existir, sino que tienen que ser reconocidos por nosotros en todo momento, para actuar en consecuencia. La vida puede ser mucho más fácil cuando reconocemos nuestros valores y cuando hacemos planes y tomamos decisiones que los respetan.

Es evidente que toda persona valora a su familia. Pero también es cierto que tiene que trabajar muchas horas por semana porque justamente asume siempre la responsabilidad y seriedad en su trabajo para dar lo mejor a esa familia que venera. También es verdad que cuando debemos emplear tantas horas de trabajo fuera de casa, sumándole quizás viajes, nos tiene que producir un conflicto personal (aunque no lo demostremos) por no poder estar dedicándole el tiempo que quisiéramos a los nuestros.

Es un conflicto interno. Tenemos que procurar superarlo pensando positivamente que el esfuerzo que estamos haciendo hoy será recompensado mañana, no solo por nuestra empresa, sino lo más importante para nosotros es que lo haga nuestra familia. Esas cosas que no se dicen, pero se sienten.

Comprender nuestros valores nos será de gran ayuda

En este tipo de situaciones, comprender nuestros valores realmente puede ayudarnos. Cuando conocemos nuestros propios valores, podemos usarlos para tomar decisiones sobre cómo vivir nuestra vida y podemos responder preguntas como estas:

– ¿Debemos realmente seguir este ritmo de trabajo y por cuánto tiempo? O ¿quizás no sea prudente aceptar la promoción que me están ofreciendo porque alterará aún más, el poco tiempo que le dedico a la familia?

– A lo mejor debemos plantearnos si es tiempo de iniciar nuestro propio negocio, lo que nos de esa libertad que nos está faltando y que nuestros valores nos están exigiendo.

Por tanto, debemos tomarnos el tiempo y muy seriamente para comprender las verdaderas prioridades en nuestra vida y podremos determinar la mejor dirección para nosotros y nuestras metas en la vida.

Y en el momento en el que nos detenemos a hacer una reflexión y querer redefinir nuestros valores para que no haya nada que en nuestra vida se nos escape, manteniendo los valores tradicionales (esos principios a los que nos aferramos) e incorporando nuevos que hemos ido descubriendo en los últimos tiempos, como que también son importantes para nosotros, es el momento en el que terminaremos descubriendo lo que es verdaderamente importante para nosotros. Una buena manera de comenzar a hacer esto es mirar hacia atrás en nuestra vida, para identificar cuándo nos hemos sentido realmente bien y seguros de que estábamos tomando buenas decisiones.

Para ello hay que saber dar unos pasos que nos serán de gran utilidad:

a) Identificar los momentos en los que fuimos más felices.

Esto debe abarcar tanto el ámbito personal como laboral. Tenemos que tener una serie de momentos inolvidables, llenos de alegrías que ocurrieron en nuestra vida profesional y en nuestra esfera privada. Debemos poner en nuestra memoria (visualizarla en el presente) cosas que ocurrieron que fueron motivo de alegría y esperanza, que nos reconfortaron el alma, que nos sentimos más unidos a los demás, y al traerlos estos recuerdos al día de hoy, se refleja una sonrisa en nuestra cara, que solo nosotros sabemos a qué se debe. Estamos recordando y viendo hoy al mismo tiempo, imágenes de cosas y personas que contribuyeron a nuestra felicidad.

b) Identificar los momentos en los que nos sentimos más orgullosos

Debemos recordar por qué estábamos orgullosos. También si compartimos este orgullo con otras personas de nuestro entorno. Qué otros factores recordamos que concurrieron para que tuviésemos ese sentimiento de orgullo.

c) Identificar los momentos en los que nos hemos sentido más realizados y satisfechos

¿Cuáles fueron los deseos que no se cumplieron y cuáles sí? ¿Qué necesidades recordamos que tuvimos en ese momento de orgullo y satisfacción que fueron cumplidas? ¿Cómo y por qué la experiencia vivida dio sentido a nuestra vida?

d) Determinar cuáles son nuestros valores principales teniendo en cuenta esas experiencias de satisfacción, orgullo y felicidad que tuvimos en el pasado

Si queremos preguntarnos a nosotros mismos ¿por qué cada experiencia es verdaderamente importante y memorable? solo encontraremos la respuesta a través de este proceso de identificación de nuestros valores, reacomodación de los mismos en función de experiencias del pasado e incorporando las del presente que requieren de un acomodamiento de nuestro mapa mental. En definitiva, a media que vayamos aprendiendo cada vez más nuestras habilidades de meditación y reflexión, más fácil nos será encontrar esos nuevos valores que deberemos incorporar a ese interior con el cual nos comunicamos, para que también se combinen con los nuestros (los valores tradicionales que poseemos).

e) Prioricemos nuestros valores principales

Este paso es probablemente el más difícil, porque tendremos que mirar muy dentro de nosotros. También es el paso más importante, porque, al tomar una decisión, tendremos que elegir entre las soluciones que puedan satisfacer diferentes valores. Aquí es cuando debemos saber qué valor es más importante para nosotros.

Un buen ejercicio intelectual que podemos hacer es escribir en una lista los que a fecha de hoy consideramos nuestros valores principales, aunque estén en una lista de manera desordenada y no siguiendo ningún orden de prevalencia. Pero lo importante es que los tenemos inventariados, los que de verdad creemos que son importantes en nuestra vida. Entonces, debemos tomar dos de ellos, por ejemplo, los dos primeros que pusimos en la lista y preguntarnos: “¿si pudiéramos satisfacer solo uno de estos, ¿cuál elegiríamos?”

Estamos de esta manera sacando partido a nuestra visualización de los valores, desde ya a nuestras prioridades, porque tenemos claro la importancia de cada uno en nuestra vida. De esta manera podremos tomar una decisión muy ajustada a nuestros principios y valores, pero fundamentalmente acompañada por emociones positivas (estado de ánimo favorable porque estamos confiados y seguros de cómo estamos procediendo).

f) Consolidar nuestros valores de manera peramente

Ya que hemos sido capaces de seguir todos los pasos en cuanto a la identificación y posterior priorización de nuestros valores, es conveniente que nos aseguremos en todas las acciones que hagamos en nuestra vida de ahora en más, que siempre estemos convencidos y con la firme determinación de que esos valores elegidos deben mantenerse y aún ampliarse cuándo se justifique para que en todo momento encajen bien en nuestra vida, y que podamos mantener también una buena visión de nosotros mismos y del entorno. No perder nunca la perspectiva de nuestra vida.

Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y también autor del libro ‘El Cubo del Líder’.

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