Si se hace una búsqueda en Internet referida a si la inteligencia artificial puede reemplazar a la humana, vamos a encontrarnos con una multitud de estudios e investigaciones, así como opiniones de profesores de importantes universidades, además de la de técnicos expertos en la materia. Pero, en términos generales, hay una opinión bastante consensuada y coincidente ante la pregunta más generalista y difundida de todas: “¿Puede la inteligencia artificial reemplazar a la inteligencia humana?” La respuesta corta y directa es que ‘no’.
En todas las épocas de la historia, siempre la evolución que nuestra civilización hacía en ese momento, era criticada y con frecuencia temida por una gran mayoría. Ejemplos tan simples como la máquina a vapor que llevó a la construcción de las primeras locomotoras a vapor, auténticos gigantes de hierro de la Revolución Industrial, que cuando circulaban por sus rieles atravesando los campos pitando y echando humo, los críticos decían que iban a “meterle miedo a las vacas”, y como consecuencia de ello no iban a dar más leche. Era una época de una Inglaterra absolutamente rural y dependiente de la economía primaria.
Pero los ingleses, gracias a este ingenio de la época, construyeron también otra cosa mucho más importante: el vasto Imperio Británico que llevó el ferrocarril a los territorios más lejanos, desde la India hasta Estados Unidos pasando por Argentina.
Ni las vacas dejaron de dar leche por ello, por contrario, significó el más importante avance para transportar producción de granos y carne desde las explotaciones agropecuarias hasta los grandes puertos de los que salían los barcos en el inicio de la primera globalización que se conoce, por la trascendencia de lo que la tecnología había logrado hacer para que los productos se pudieran comercializar más rápidamente en cualquier parte del mundo.
Por tanto, afirmemos que una cosa es considerar a la IA como una herramienta, poderosa, pero herramienta al fin, y otra muy diferente atribuirle que goza de las mismas funciones que nuestro hemisferio derecho cerebral, dónde radica la intuición, las emociones y la creatividad.
Rotundamente estamos del lado de los que opinan, que “no puede reemplazar por completo la inteligencia humana”. Lo que sí hace es que puede realizar ciertas tareas con mayor rapidez y precisión que los humanos, pero un pequeñísimo e importante dato: carece del mismo nivel de inteligencia general, creatividad y comprensión social que poseen los humanos. ¡Y ésta es la clave!
Claro está que esta tecnología que lo está revolucionando todo, permite a las máquinas realizar tareas que normalmente requerirían inteligencia humana, como reconocer patrones, tomar decisiones y procesar el lenguaje natural.
¿De qué se vale entonces, si no es una inteligencia humana? Simplemente, la IA suele funcionar con algoritmos de aprendizaje automático, que permiten que el sistema aprenda y mejore con el tiempo. Y este también es un dato clave. Pero de ahí a que nos supere en cuanto a creatividad e imaginación, lo siguen dudando las inteligencias más importantes del mundo en la actualidad.
Es el caso de Andrew Ng, cofundador de Google Brain y fundador de deeplearning.ai, que afirma de manera tajante que “es difícil pensar en una industria importante que la IA no transforme. Esto incluye la atención médica, la educación, el transporte, el comercio minorista, las comunicaciones y la agricultura. Hay caminos sorprendentemente claros para que la IA marque una gran diferencia en estas industrias”. Pero todos los beneficios a los que refiere en ningún momento dan lugar a que nos reemplaza la actividad de nuestras neuronas.
La IA conoce claramente los límites a lo que puede hacer. Porque si partimos que es una herramienta de la más alta generación desde el punto de vista tecnológico, justamente su limitación, por la propia definición de que es un instrumento, es que está limitada de manera importante en cuanto a los datos por los que dicha IA piensa o a partir de los cuales puede elaborar un algoritmo que sirva para ordenarlos y poder tomar una decisión.
También, muchas de estas decisiones, perfectamente controladas, las toma directamente la máquina, pero siguen habiendo las decisiones esenciales de todo proceso industrial y creativo, que pertenecen exclusivamente a nuestra especie humana. Si los datos están sesgados o son incompletos, el sistema de IA reflejará esos sesgos y limitaciones.
La IA también es incapaz de generar verdadera creatividad o innovación
Y también otra explicación que está perfectamente consensuada por la comunidad científica, es que, si bien la IA puede generar nuevas ideas y soluciones basadas en datos existentes, no puede pensar fuera de lo común y crear ideas originales. Esto se debe a que la IA se basa en algoritmos y patrones, mientras que la creatividad humana está impulsada por la intuición, la inspiración y la imaginación. Por tanto, la IA puede ser una herramienta valiosa para aumentar el ingenio humano, pero nunca podrá reemplazarlo. Como está de modo decirlo coloquialmente: ¡Blanco y en Botella!
Karim Lakhani es profesor de la Escuela de Negocios de Harvard y se especializa en tecnología en el lugar de trabajo y, en particular, en inteligencia artificial. Ha realizado un trabajo pionero en la identificación de cómo la transformación digital ha rehecho el mundo de los negocios y es coautor del libro “Competing in the Age of AI” (2020). Los clientes esperarán experiencias mejoradas por la IA con las empresas, afirma, por lo que los líderes empresariales deben experimentar, crear entornos sandbox, ejecutar campamentos de entrenamiento internos y desarrollar casos de uso de la IA no sólo para los trabajadores tecnológicos, sino para todos los empleados. El cambio y la gestión del cambio son habilidades que ya no son opcionales para las organizaciones modernas.
Pero, justamente su pensamiento que más fuerza tiene en este panorama, a veces convulso y confuso sobre el alcance de la IA, es el que dice: “la IA no reemplazará a los humanos, pero los humanos con IA reemplazarán a los humanos sin IA”.
¿Qué conclusión se puede sacar de esta afirmación tan rotunda?
Que al igual que el miedo que los británicos decían iban a tener las vacas cuando pasaran los gigantes de hierro pitando y echando humo, que no iban a dar leche, Karim Lakhani nos indica algo similar: podrá meternos miedo, pero en términos del temor de la época de finales del siglo XVIII en el gran despegue de la Revolución Industrial, no dejaremos de dar leche, o sea, solo reemplazará a aquellas organizaciones y personas que hayan rechazado o que se hayan opuesto a la IA, que no hayan comprendido su alcance, para qué sirve, etc.
Cada vez que la innovación tecnológica provoca un cambio evolutivo en un proceso industrial o de otro tipo, siempre hay rechazo, por ejemplo, en el personal de una empresa que sabe que la nueva línea de montaje va a dejar sin trabajo a 7 operarios en la fábrica.
La cuestión es que tenemos que tener el liderazgo suficiente en las organizaciones, especialmente en los gobiernos de los países, para ir preparándonos para este cambio que es imparable, por lo que habrá que formar y capacitar al personal de esa empresa de nuestro ejemplo, y el de todas las organizaciones, si queremos pasar a nuevos estadios de desarrollo tecnológico y que este progreso redunde en beneficio de todos los ciudadanos.
Una cosa es lo que la IA nos permite hacer, especialmente agilizar los procesos decisorios y el manejo de grandes cantidades de información, y otra cosa muy diferente es cómo hay que ejercer el liderazgo desde gobiernos y organizaciones para que dicho tránsito no solo no sea traumático, sino que sea percibido por empleados de cualquier empresa y por ciudadanos en general, que lo que se está introduciendo, ese mantra del cambio, es un beneficio para poder vivir mejor. Que es para nuestro bienestar y no para destruir nuestra forma de vida y los puestos de trabajo.
Por ello, Karim Lakhani sostiene que “así como Internet ha reducido drásticamente el coste de la transmisión de información, la IA reducirá el costo de la cognición”. Recordemos que cognición es la capacidad del ser humano para conocer por medio de la percepción y las diferentes funciones que también están procesadas y guardadas en nuestro cerebro.

Estamos siendo testigos de una época de evolución tecnológica sin precedentes. ¿No le suena la palabra desarrollo tecnológico exponencial? Entonces, puedes preguntarte ¿Qué es una tecnología exponencial? Por definición, una tecnología exponencial es aquella que duplica su capacidad o rendimiento en un corto período de tiempo. Estos tipos de tecnología representan formas innovadoras de trabajar y operar. Un buen ejemplo del pasado es el transporte. Un claro ejemplo del presente es la aparición de la IA y la aplicación en todo tipo de procesos para mejorarlos, hacerlos más eficientes, reducir los costes, mejorar las prestaciones que se ofrecen a través de dichos productos y/o servicios, etc.
Para una gran mayoría de analistas, “La Cuarta Revolución Industrial o Industria 4.0” está marcando el comienzo de una era que nos presenta una gama completamente nueva de tecnologías que están influyendo en nuestra vida personal y profesional.
Estamos en una Revolución del nivel 5.0, quizás más acorde con los smartphones y la tecnología 5G y 6G. La IA y todo desarrollo científico y tecnológico está afectando no solo el mundo de la fabricación, sino también en toda la industria. Y ojo al dato: también está afectando nuestra forma de pensar, de cómo vamos a tener que planificar estratégicamente, de cómo será nuestra nueva visión, etc.
¿Quieres conocer una característica común de esta Revolución?
¿Te das cuenta que todo este Tsunami de nuevas tecnologías está cada vez más fácilmente disponible en nuestra vida personal y profesional? Cada día las personas gozan de mejor disponibilidad, además de poder integrar mejor la tecnología en nuestro día a día.
Observa todos los dispositivos portátiles (Apple Watches, Fitbits, etc.) en los que muchos de nosotros confiamos para obtener información sobre nuestra salud, comunicación y más. Podemos decir que nos encontramos al final de una etapa de desarrollo económico y tecnológico, que nos está abriendo la puerta a una nueva era de alcance aún desconocido para la gran mayoría de personas. Que cada día nos sorprendemos con cada nuevo invento o dispositivo que aparece en el mercado. Cada momento en el que una nueva tecnología está disponible, cumple alguna finalidad para hacernos la vida más simple y mejor.
Los beneficios de productividad de la IA deben aumentar ingresos, no solo reducir costes
Es evidente que lo que está en la mente de los líderes empresariales, así como de políticos que tienen que definir programas de acción política, además de consultores, profesores, investigadores de los centros de investigación más importantes del mundo, es el alcance que está tomando la IA.
Sin duda, se ha incrementado el entusiasmo por la inteligencia artificial “generativa”, que es la que utiliza modelos informáticos potentes para producir texto, imágenes y otros contenidos de alta calidad, en función de los datos con los que fueron programados. Y a partir de este punto, en todos los ámbitos, especialmente en el organizacional, surge la pregunta si esta tecnología podría suponer un momento decisivo en la productividad laboral, similar a las invenciones de la máquina de vapor y la electricidad.
No hay históricamente hablando una correlación lineal entre la irrupción de una nueva NT y su correspondiente incremento en la productividad. Es frecuente que estas consecuencias queden relegadas en el tiempo debido a una multiplicidad de factores.
La característica de tipo universal que reúne la tecnología hoy día es la de que ha establecido una gran red (las llamadas autopistas de la comunicación), que es lo que hace disponer de Internet a millones de personas en el mundo, más las redes sociales y poder hacer preguntas, por ejemplo, al ChatGPT. Tengamos en cuenta un dato que es muy revelador: de acuerdo con el informe Digital 2023, el número de usuarios de Internet era de 5.160 millones de personas, lo que representaba al 64,4% de la población mundial. El número de internautas se incrementó un 1,9% respecto de 2022 (98 millones de personas), un ritmo algo inferior al de los años anteriores. Pero igual no deja de ser apabullante, que nos exige pensar en el futuro de esta gran herramienta, y consecuentemente la derivada de su implementación cada vez mayor que es la productividad agregada a los países.
Especialmente debe preocuparnos cómo va a ser la distribución del mercado laboral, porque sin duda, habrá un impacto, que dependiendo de qué medidas políticas se tomen, podrá haber más o menos desigualdades que preocupen en cuanto a bienestar social y económico.
Los atributos básicos de la IA que son la accesibilidad y versatilidad, sugieren que una implementación amplia de GenAI podría encontrar menos obstáculos que los avances tecnológicos anteriores y, por tanto, proporcionar un impulso genuino a la producción de bienes y servicios.
Pero habrá que seguir muy de cerca su evolución, para garantizar que se despliegue todo el potencial de la tecnología de IA y se hagan los esfuerzos por evitar diversos efectos negativos, lo que conduce a una necesaria implementación combinada de acciones regulatorias (legales y normativas) de parte de gobiernos, así como a nivel empresarial.
De ciertas limitaciones a las que se enfrentará la economía global en las próximas décadas, tales como el envejecimiento de la población en las economías avanzadas, habrá que estar muy atentos también de la baja productividad en las economías en desarrollo. Por tanto, el reto de la IA para ayudar en ambos aspectos seguirá siendo cada vez más relevante.
Es evidente que las fuerzas laborales se van a ir reduciendo en muchos países más rápido que en otros, dependiendo de su nivel de desarrollo industrial y posibilidades de automatización que les haya dado la disrupción tecnológica en los últimos años.
Esto va a determinar en términos de cada país, a nivel macroeconómico, que se produzcan saltos en las curvas de productividad laboral, con la finalidad de que se puedan ir acompasando al nivel de crecimiento que tenían antes de la pandemia.
En el mundo de los terceros países (en desarrollo y subdesarrollado) el panorama es sustancialmente distinto, ya que las poblaciones muy jóvenes en edad de trabajar siguen expandiéndose, en general, y en algunos casos muy rápidamente. Este efecto positivo de renovación generacional que tanta falta haría, por ejemplo, en Europa, tiene su contrapartida negativa que se corresponde con los niveles de habilidades y educación que en promedio tienden a ser limitados, en comparación con las economías avanzadas, que es perfectamente medible como un PIB más bajo en relación a las horas trabajadas.
Por tanto, es importante tomar consciencia de parte de organizaciones y gobiernos, que lo primero que deberá cuidarse es que la tecnología se utilice como complemento de la mano de obra, no en sustitución de ella. Pero, además, habrá que focalizar más en el talento humano, especialmente habilidades como creatividad, una manera apropiada de relaciones sociales e interpersonales, por lo que el común denominador para que esto sea posible es la empatía.
Otro aspecto esencial que tendrán que tener en cuenta los diseñadores de políticas de gobierno, por supuesto, es la de una coordinación con el ámbito empresarial a través de las correspondientes cámaras asociativas, para que las medidas que se vayan tomando fomenten la difusión de la IA en toda la economía.
Es probable que la regulación en torno al acceso a los datos para capacitar o implementar tecnología especializada desempeñe un papel crítico, y es necesario abordar cuestiones relacionadas con la seguridad, la privacidad y la ética.
Los puntos de vista antagónicos
Siempre que hay un salto evolutivo en cualquier sociedad, surgen voces a favor y en contra, los que ven el lado bueno y los que no. Pero, en síntesis, en este proceso explosivo de la IA, se enfrentan los optimistas de siempre que consideran que la IA es realmente una auténtica revolución, mientras que los escépticos responden que este proceso imparable no deja de ser una burbuja.
Todos los informes y estudios recientes, o sea, entre 2023 y lo que va de este 2024, indican que, si bien por delante hay un camino incierto, hay fuerzas poderosas que podrían impulsarla. Por tanto, es necesario que, en los diferentes ámbitos de la sociedad, desde ya que especialmente en los gobiernos, se formulen algunas preguntas clave que despejarán en cuanto puedan responderse, un poco ese camino de incertidumbre que aún habita entre nosotros respecto a los efectos del impacto que la IA tendrá en los próximos dos a tres años:
– ¿Se tiene una aproximación a cuál será el incremento de productividad que se generará a través de la IA?
– Complementando la primera de las preguntas: ¿se tiene idea más o menos clara de a qué ritmo (velocidad de transformación inducida) podría darse?
– ¿Cuáles serán los efectos a corto y medio plazo en el mercado laboral, y consecuentemente, qué medidas habrá que prever desde las instituciones públicas y cómo coadyuvarán las empresas a que no se produzcan brechas que generen distancias inalcanzables y terminen afectando la distribución de la renta por haber impactado de lleno en el mercado de trabajo, no dando espacio para su redistribución, lo que significa un análisis en profundidad de qué puestos de trabajo podrían verse desplazados y cómo habría que responder desde la política y las empresas?
– ¿Cómo va a realizarse el ritmo de adopción de la IA en las empresas?
– ¿Cuál será el impacto social, especialmente en cuanto a los sectores más vulnerables? Lo que obliga tanto al sector público como privado a anticiparse para poder dar respuesta a los diferentes retos que la IA vaya planteando.
– ¿Qué tipo de planificación deberán hacer los gobiernos centrales, regionales y/o locales, en cuanto a apoyar la necesaria formación y capacitación laboral, de manera que la transición amortigüe todo lo que se pueda los efectos negativos del impacto de la IA, dada la profundidad y velocidad a la que se está dando este proceso?
Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y también autor del libro ‘El Cubo del Líder’; y Antonio Alonso, presidente de la AEEN (Asociación Española de Escuela de Negocios) y vicepresidente segundo de EUPHE (European Union of Private Higher Education).













