Cuando Arquímides (287-212 a. C.) expresó su pensamiento “dadme un punto de apoyo y moveré el mundo” es que había descubierto que una palanca imaginaria y sin límite de medida: apoyada en un punto, podría mover cualquier peso por enorme que este fuera. La palanca del genial físico, ingeniero, inventor, astrónomo y matemático griego podemos considerarla después de 22 siglos como uno de los grandes saltos que el conocimiento ha experimentado a lo largo de la historia de nuestra civilización. La palanca de Arquímedes puede refutarse hoy como la irrupción de las nuevas tecnologías, el Big Data y especialmente la revolución tecnológica que implica la IA (inteligencia artificial).
¿Y todo este exponencial desarrollo realmente nos importa en el liderazgo actual? ¡Pues claro que sí! No es una cuestión de moda, sino de supervivencia de nuestro modelo de vida, de sostenibilidad de organizaciones, gobiernos y familias, que están todos ellos condicionados de manera directa e indirecta por el tremendo poder de la tecnología.
Desde el punto de vista sociológico y en la Teoría de las Organizaciones ya se ha venido hablando en las últimas dos décadas de lo que se conoce como “determinismo tecnológico”, ya que todo… absolutamente todo está condicionado hoy día por la innovación tecnológica. Y no exageramos cuando la expresión referida introduce el vocablo “determinismo”, que nos viene a significar que es firme e inexorablemente condicionante de todas las actividades humanas a escala global.
La acción del hombre, como la hemos definido en más de una ocasión desde este Foro y desde el Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), ha tenido que hacer ingentes esfuerzos para evolucionar a través de las diferentes etapas históricas. Pero, casualmente, los grandes cambios que se produjeron en los ámbitos económicos y sociales siempre estuvieron presididas por grandes saltos tecnológicos que marcaron un cambio de época.
Debemos tomar consciencia que cada minuto el mundo digital genera 2,5 trillones de bytes de datos, un gigantesco océano casi inconquistable en el que los líderes tecnológicos tienen la responsabilidad de navegar y dominar. ¡Pero ojo al dato! Se sabe que alrededor del 75% de los líderes empresariales reconocen que la transformación digital es un componente crítico para implementar sus estrategias corporativas. Y en ellas se necesita que se sumen los profesionales expertos en NT’s, los nuevos líderes tecnológicos que son los que coadyuvan con sus conocimientos al liderazgo que el líder efectivo (el CEO) ha dispuesto para dicha organización.
No reemplazan al CEO, sino que trabajan junto a él. No reemplazan a los directores departamentales ni a los miembros de la junta directiva, sino que ayudan a que tanto los mandos intermedios como los miembros de los consejos estén cada vez más persuadidos de la importancia de gestionar datos e información de manera no solo fidedigna, sino también segura.
El líder tecnológico cubre tareas diversas que abarcan una amplia gama de responsabilidades que son esenciales para impulsar la dirección tecnológica y estratégica de una organización. O sea, que prioritariamente tiene que desarrollar al mismo tiempo que supervisarla implementación de la estrategia tecnológica que debe estar forzosamente alineada tanto con los objetivos como con la visión de la alta dirección.
En definitiva, si comparamos, por ejemplo, con un director financiero o uno de marketing, también cualquiera de ellos tiene que alinearse con las políticas emanadas de la dirección. La cuestión es que, en el caso del responsable tecnológico, no solo tiene que estar al día con los últimos avances y tendencias tecnológicas para garantizar que la organización siga siendo competitiva e innovadora, sino que tiene que formar y ayudar en la capacitación del personal, para que el cambio de cultura sea lo menos traumática posible. Esto implica también asumir la responsabilidad de la gestión de la infraestructura tecnológica, en cuanto a qué tipo de recursos son necesarios para el desarrollo y mantenimiento de los sistemas de TI. Garantizar su seguridad, confiabilidad y eficacia se convierte en una prioridad que deben asumir tanto el CEO, como la junta directiva y el consejo de administración, dando la tranquilidad y estabilidad necesaria para que la organización y su capital intelectual, así como su know operativo estén a buen resguardo de cualquiera amenaza cibernética.
Para que esto pueda llevarse a cabo eficazmente se requiere de personal altamente capacitado, por lo que entre las responsabilidades del líder tecnológico está la de liderar y desarrollar el equipo de TI. Esto incluye contratar profesionales capacitados, administrar su desempeño y fomentar una cultura de aprendizaje e innovación continuos. Orientar a sus equipos, de manera de ayudar a sus miembros a crecer profesional y personalmente. Orgánica y funcionalmente también pasan a tener una buena cuota de responsabilidad en la gestión del presupuesto global, lo que garantiza que las inversiones en tecnología brinden el mejor retorno de la inversión, por lo que deberán asignar recursos de manera eficiente a diferentes proyectos e iniciativas. Esto les exige buscar un equilibrio entre costes actuales y beneficios futuros en un área (la tecnológica) en el que con frecuencia los costes futuros de renovación tienen entre sus componentes elementos muy volátiles, o que se ven fácilmente alterados por circunstancias de mercado, caso del bloqueo de contenedores producido en China y su impacto en el comercio internacional.
Desde ya que tiene que evitar pensar desde la óptica de costes hundidos, que en términos económicos se corresponde con costes irrecuperables que son aquellos en los que ya se ha incurrido y no se pueden recuperar, por lo que no deberían ser un factor en la toma de decisiones actuales.
No menos importante es la cuota de co-responsabilidad que tienen en cuanto a las implicaciones éticas de las implementaciones tecnológicas, asegurándose de que sus prácticas se ajusten a los estándares legales y morales, en particular en materia de privacidad de datos y normas de conducta para la utilización responsable de la IA, ya que el impacto normativo y ético no solo debe alcanzar al departamento que dirigen, sino a toda la organización, lo que redunda en un beneficio a nivel macro social y económico mayor, como que la sociedad en su conjunto no se vea afectada negativamente por conductas dudosas e inapropiadas que afecten tanto la seguridad individual como los derechos de los ciudadanos.
¿Qué papel desempeña la visión estratégica en el liderazgo tecnológico?
Cada vez que nos hemos referido a la visión en el liderazgo efectivo, le hemos dado una importancia de entre 9 y 10 puntos sobre una escala de diez. Pero ¿qué pasa si la visión a la que referimos entra en la categoría de estratégica? Vayamos por partes:
Si pensamos en tener la visión, así no más, a secas (en lenguaje coloquial) dista un mundo de lo que dicha visión implica si es estratégica.
La principal diferencia entre ambas radica en su alcance, enfoque y aplicabilidad:
– Alcance: fuera del ámbito del liderazgo efectivo, por ejemplo, ese ideal o sueño de una persona que desea lograr determinada cosa en el futuro, aunque no tiene claro cómo alcanzarlo. Cuando dicha visión entra en la categoría de estratégica, va más allá del simple ideal, incorporando un plan y una ruta clara para alcanzar esa visión, considerando factores y obstáculos del entorno.
– Enfoque: para esa manera de ver con ilusión el futuro, más en línea con lo que coloquialmente se llama “voluntarista”, al estar carente de la técnica adecuada, no tendrá detalles específicos sobre su implementación, cuando la estratégica es siempre concreta y orientada a la acción, lo que incluye, por supuesto, objetivos tangibles y medibles.
– Aplicabilidad: para la personalidad soñadora e idealista, seguramente se quedará en un nivel netamente de aspiraciones incumplidas, y sin necesariamente traducirse en acciones concretas, cuando en la estratégica no se entiende si no se acompaña de una planificación estratégica técnicamente factible y que asegura el logro de dicha visión, convirtiéndola en una herramienta práctica de gestión.
Si nos circunscribimos en cuanto a las características, cualquier visión que no sea profesional, puede darse el lujo de ser más flexible y menos estructurada, aunque cuando se hace desde una posición estratégica como hábito de pensamiento del liderazgo efectivo, posee características específicas como señalar una dirección clara, ser aspiracional y motivadora, estar alineada con los valores de la empresa, y ser precisa. Y algo que marca la diferencia esencial, es en la no profesional que puede (a veces) proporcionar una guía general, pero no necesariamente que sirva de ayuda en la toma de decisiones específicas, cuando en el ámbito del liderazgo efectivo, la estratégica sirve como una herramienta valiosa para la administración, ofreciendo un sentido de dirección claro y ayuda en la toma de decisiones estratégicas.
¿Qué pasa en el ámbito tecnológico?
La visión estratégica desempeña un papel crucial en el liderazgo tecnológico, ya que actúa como piedra angular para impulsar tres factores básicos en el Change Management y en el liderazgo efectivo:
– la innovación.
– el crecimiento.
– la ventaja competitiva.
Implica alinear las iniciativas tecnológicas con objetivos de negocio para que tengan capacidad de ampliarse para crear valor a largo plazo, lo que determina y garantiza la sostenibilidad en el tiempo.
Una visión estratégica clara permite a los líderes tecnológicos y al líder (CEO):
– Establecer una dirección: ya que proporciona una hoja de ruta para la organización, que guía la toma de decisiones y la asignación de recursos. La tecnología no va por separado, tampoco se integra como una herramienta auxiliar, sino que va como parte indisoluble de cualquier posición estratégica que se asuma.
– Inspirar y motivar: una visión convincente actúa como un punto de encuentro, fomentando la unidad, el compromiso y la motivación entre los miembros de los diferentes departamentos y/o equipos. Cuando se ha integrado como algo natural en la cultura corporativa, la propia transformación digital y todas las continuas innovaciones que sea necesario implementar, se convertirán como parte inseparable del pensamiento estratégico de la alta dirección, juntas directivas, consejos de administración y demás partes interesadas.
– Impulsar la innovación: al anticipar las tendencias e identificar oportunidades, los líderes visionarios pueden dirigir sus organizaciones hacia avances de vanguardia. Aquí en este punto se suman la disrupción tecnológica que tanto el CEO sabe que hay que depender de ella si se quiere seguir compitiendo en condiciones similares a las que trajo hasta el día de hoy a la empresa, pero con las adaptaciones necesarias que el líder tecnológico precise como imprescindibles para cada etapa de transformación que se deba implementar.
– Alinear los recursos: la visión estratégica ayuda a alinear las inversiones tecnológicas con los objetivos de negocio, lo que garantiza el máximo rendimiento de las inversiones. Se empieza a concienciar el mantenimiento del valor del capital como garantía del valor de la compañía, por ejemplo, si cotiza en el mercado de valores, porque hay sobrados ejemplos tanto a nivel de España como en nuestro entorno europeo, de compañías que en poco menos de tres años, a pesar de los esfuerzos de inyección de capital adicional para solventar pérdidas operativas, estas iniciativas terminan resultando por lo general inertes en cuanto a la nueva valoración del capital que hacen los inversionistas, porque saben que lo único seguro es que sigan en números rojos, que la organización no se ha adaptado a los cambios que la transformación digital exigía, menos aún el modelo de negocio, lo que condena al capital a quedar reducido a un valor meramente simbólico.
– Mejorar la ventaja competitiva: al aprovechar la tecnología estratégicamente, los líderes pueden diferenciar sus organizaciones en el mercado.
– Fomentar la adaptabilidad: una visión sólida permite a los líderes sortear las incertidumbres y cambiar las estrategias según sea necesario ante los rápidos cambios tecnológicos.
– Fomentar el pensamiento a largo plazo: la visión estratégica alienta a los líderes a equilibrar la planificación futura con la resolución de los desafíos actuales.
Para cultivar la visión estratégica, los líderes tecnológicos deben priorizar el tiempo para el pensamiento estratégico, considerar diferentes perspectivas y asociarse con expertos en la materia para ampliar su comprensión. Debemos aclarar que, a fines de no sobrecargar expresiones y definiciones, cuando nos referimos en este reporte a líderes tecnológicos, va de suyo que están alineados en lo que siempre hemos defendido desde este Foro respecto a lo que se considera liderazgo efectivo. Y tanto lo tiene que ser el director de RRHH, como el de fábrica, o el de marketing o el financiero.
Al aplicar de manera eficaz y constante todos estos principios referidos, todas las personas que estén en posición de liderazgo en la estructura organizativa, pueden mejorar su mentalidad estratégica y contribuir significativamente a su eficacia a la hora de impulsar los avances tecnológicos y el éxito empresarial.
¿Cómo puede un líder efectivo en aras de mejorar la capacidad tecnológica de la organización, comunicar eficazmente su visión estratégica?
Para comunicar eficazmente su visión estratégica, un CEO debe emplear varias estrategias clave con la finalidad de que la comunicación sea clara y directa, suficientemente informada y al mismo tiempo concisa, de manera de que se pueda articular la visión, ser comprendida por todos los cuadros, evitando la jerga y la terminología compleja. Para ello, hay que aprovechar múltiples canales de comunicación y utilizar varios formatos de medios como vídeos, presentaciones, correos electrónicos e incluso productos de marca para reforzar el mensaje de manera consistente. Este enfoque multicanal garantiza que la visión llegue a todos los empleados de manera eficaz.
Un aspecto también esencial en el proceso es la alineación con los objetivos de negocio, es que el líder tecnológico alineado con la dirección, debe asegurarse que la visión tecnológica que está transmitiendo y en la que además está formando a su personal, esté claramente vinculada a las prioridades y objetivos de negocio más amplios, para que de esta forma ayude a todas las partes interesadas, a comprender la relevancia e importancia de la visión.
Una vez comunicada la visión hay que ofrecer instrucciones claras, paso a paso, sobre cómo los empleados pueden contribuir a hacerla realidad. Esto ayuda a los miembros del equipo a comprender su papel en el logro de la visión.
Sabemos que la tecnología es un proceso “non-stop”, por lo que también es necesario repetir y reforzar la comunicación de la visión de manera consistente en varias plataformas y ocasiones, asegurándose de que permanezca en la mente de los empleados. Pero es que, además, se logra otro objetivo fundamental para ese líder tecnológico: garantizar que su visión estratégica sea comprendida y apoyada por todos los niveles de la organización. Es seguro que tendrá el invalorable apoyo del CEO, que, en su rol de máximo líder de la compañía, influirá en el resto de mandos intermedios en generar ese ambiente de gran colaboracionismo profesional, en el que la suma requiere de esfuerzos diarios y los resultados se van acumulando en tiempo y forma. La diferencia es que cuando en vez de sumar se resta, porque no ha habido ni coincidencias ni voluntad en ir en la misma línea que el liderazgo tecnológico estaba imponiendo con el beneplácito de la dirección, la caída sí que se notará inmediatamente. No solo en números, sino en pérdida de mercado, o en no acudir en tiempo y forma a oportunidades de negocio en las que habría que haber estado.
En fin, cuando hay mandos intermedios, incluso personal que tienen reticencias sobre las funciones e importancia que las nuevas tecnologías y su eficacia en la gestión tienen para el futuro, esos cargos y otros profesionales que no fueron capaces de asumir la transformación, terminan siendo despedidos, o en el mejor de los casos jubilados anticipadamente.
Esto hace que además de haberse preocupado el líder efectivo por simplificar y aclarar los mensajes, así como de comunicarse de manera consistente a través de múltiples canales, pueda participar (altamente conveniente) en interacciones personales manteniendo conversaciones individuales y discusiones en grupos pequeños para crear conexiones y fortificar las relaciones interpersonales entre todos los equipos y departamentos, lo que permite el feedback y facilita que se hagan preguntas y se busquen respuestas sin temores de ningún tipo, cuestión que siempre preocupa al personal. Cuando se hace este liderazgo abierto y transparente, se está fomentando una cultura de innovación que recompensa el pensamiento y las ideas innovadoras que se alineen con la visión estratégica.
Liderazgo tecnológico
Hasta aquí hemos hecho consideraciones netamente cuestiones orgánicas y funcionales. Pero vayamos más al concepto, porque es de tal magnitud el impacto que este liderazgo está teniendo en las organizaciones de todo tipo, también en los gobiernos de los países, que falta tiempo para que cada pieza de este puzle gigante funcione adecuadamente.
Desde el punto de vista de lo que siempre hemos defendido como liderazgo efectivo, entendemos que el liderazgo tecnológico dada la relevancia que tiene en el futuro de las organizaciones, entra a formar parte de una de las responsabilidades primigenias de los CEO’s.
Lógicamente, las compañías tienen que tener su departamento específico para llevar a cabo no solo la transformación digital, sino para estar en condiciones de operar dentro de uno o dos años, habida cuenta del impacto que, por ejemplo, tiene la IA en la gestión de Big Data y toma de decisiones.
Hay que destacar entonces que el líder tecnológico abarca entre sus responsabilidades la forma en que debe enseñar a utilizar la tecnología durante su gestión cotidiana, cuidando con recelo tanto las tareas y responsabilidades que son inherentes a su cargo, como que aplica el máximo nivel de auto-exigencia para guiar a otras personas y/o equipos para que también puedan cumplir eficazmente con las tareas y responsabilidades que se les haya asignado.
Por supuesto que esto tiene un elemento de garantía de parte del liderazgo tecnológico, que es que el personal en todos los niveles de la estructura tenga la formación y capacitación adecuada para usar las tecnologías necesarias para completar sus tareas. La consecuencia directa es que las personas incrementarán su compromiso, nivel de motivación, y especialmente al estar alineados con la dirección, lograrán niveles de rendimiento operativo óptimo.
Los efectos prácticos del beneficio de la tecnología en el ejercicio del liderazgo
Disponer de todos los recursos tecnológicos para que se puedan llevar a cabo reuniones sin tener que preocuparse por dónde realizarlas, es un beneficio evidente. Cuando se hacen encuentros online con varios miembros de departamentos y/o equipos, que pertenecen a diferentes delegaciones, se pueden grabar sus reuniones y los líderes pueden verlas más tarde para ver si se omitió algo, de modo que cuando se realice la próxima reunión, se puedan abordar los elementos faltantes. Y todo esto es posible gracias a que la evolución explosiva de las nuevas tecnologías ha sido mucho más que propiciadores de cambios en los modelos de negocio: se convirtieron en impulsoras críticas para acelerar el crecimiento sostenible e inclusivo.
Veamos el caso de la prestigiosa consultora McKinsey, una de las líderes mundiales en este campo. Ella dice en McKinsey Technology, que ofrece transformaciones tecnológicas de extremo a extremo centrándose en tres prioridades fundamentales:
- Re-imaginar el papel de la tecnología.
- Reinventar la entrega de tecnología.
- Preparar las bases para el futuro.
Para a) afirma que “desarrollamos una estrategia empresarial con tecnología de vanguardia, implementamos un enfoque integrado para la tecnología empresarial y nos centramos en la experiencia digital del usuario”.
Para b) afirma que “ayudamos a las organizaciones a adoptar un enfoque ágil para la entrega de software, instalar una infraestructura de última generación, lograr la excelencia en ingeniería con los mejores talentos y desarrollar un ecosistema de asociaciones tecnológicas”.
Para c) afirma que “trabajamos con organizaciones para establecer una arquitectura respaldada por el negocio, garantizar la ubicuidad de los datos, aprovechar los análisis avanzados y configurar defensas cibernéticas y de privacidad de datos que se anticipen a las amenazas en evolución”.
Liderando tecnológicamente desde arriba
El liderazgo tecnológico es una de las formas más destacadas de liderar desde arriba, donde el CEO, pudiendo coincidir su rol de máximo líder con el de haber sido el creador y fundador, no solo promueve el uso de la tecnología, sino que también participa en su creación y desarrollo. Estas personas son reconocidas no solo por sus posiciones y roles en sus respectivas empresas, sino también por la influencia que las innovaciones y acciones que han tomado han excedido el impacto esperado en los resultados de su organización y han tenido también un eco importante, al ayudar inspirando a otros líderes a promover el desarrollo y avance de las tecnologías en sus respectivas industrias.
Algunos datos de interés
¿Sabías que solo el 10% de las personas son consideradas líderes “naturales” y más del 77% de las organizaciones informan que su liderazgo es deficiente? También las encuestas y estudios recientes nos indican que el 83% de las empresas cree que es importante desarrollar líderes en todos los niveles de la organización y el 86% de las personas esperan que los líderes empresariales los guíen en los problemas sociales que los afectan, más que los líderes públicos. O sea, más confianza en el liderazgo de las organizaciones privadas que en la propia clase política. Por tanto, dentro de este panorama, los líderes tecnológicos se destacan no solo en su propia empresa y sector al que pertenecen, sino generalmente en una plataforma global, porque están impulsando la innovación o generando cambios de impacto global, caso del coloso Amazon.
De cómo la visión estratégica anticipa el futuro
La única diferencia real entre los mecanismos decisorios tradicionales y los que ahora impone forzosamente el liderazgo tecnológico si se quiere sobrevivir en el mercado, es que todo el esfuerzo se centrará en el enfoque en la tecnología para las soluciones tanto para los retos como los problemas, de manera que se puedan alcanzar nuevas metas impulsando la innovación, con la peculiaridad que se va en busca de ella, en lugar de esperar a que esté disponible en el mercado a través del trabajo de alguien más.
Y todo este “empacho” de las nuevas tecnologías que hace diez años sonaba como novedad, hace tres nos parecía conveniente ir haciendo la transformación digital, y en el presente, hasta en las salas de juntas directivas y consejos de administración, que siempre han sido estratégicamente centros de decisión, actualmente tienen que adoptar el liderazgo tecnológico no como parte meramente testimonial (o sea, ser informados de los avances en la aplicación de las nuevas tecnologías), sino se ven obligados a comprender, estudiar y tomar decisiones en medio de las complejidades y oportunidades de la frontera digital.
Es por ello, que más allá de que se aproveche lo más que se pueda el poder de la tecnología, no hay que mirarla solo como una necesaria herramienta de negocio para los también nuevos modelos que se creen: deberá pensarse como una especie de mandato para el crecimiento sostenible y la ventaja competitiva. Y cuando las acciones son realizadas a medias o sin el convencimiento que requieren, el castigo terminará siendo de parte de inversores, consumidores y otras partes interesadas en los resultados y, especialmente, la capacidad de seguir generando beneficios en el futuro que tenga la organización.
El liderazgo tecnológico no queda solo limitado al ámbito de los departamentos de TI, porque en el presente hay una consciencia clara que es una responsabilidad central de todo el equipo de liderazgo esté en la posición orgánica que sea, porque su cuota parte de aquella carga de ser responsable se convierte en crítica. Por ello, las juntas directivas están teniendo hoy día un papel crucial. A medida que la tecnología se entrelaza con todos los diferentes aspectos del negocio, los miembros de la junta tienen la tarea de comprender su impacto potencial, guiar las decisiones estratégicas y garantizar que sus organizaciones sigan siendo ágiles y adaptables frente a las disrupciones tecnológicas.
Capacidad en el proceso de toma de decisiones
Contar con la capacidad para la toma de decisiones involucra sumar conocimiento y experiencia a los recursos tecnológicos de los que se dispone. No solo contar con ellos, sino cómo se hace uso de su capacidad tecnológica. Esta es la piedra angular de un liderazgo tecnológico eficaz, especialmente cuando se está bajo presión, lo que exige la toma de decisiones cada vez más rápidas, que requieren acciones con frecuencia no esperadas para aprovechar las oportunidades tecnológicas o mitigar los riesgos. Toda buena decisión se genera en base a la convergencia de intuición, una dosis razonable de experiencia, así como capacidad análisis y comprensión de cuál es el entorno tecnológico actual y de qué manera impactará en los procesos futuros, si la empresa no los atiende hoy de acuerdo a lo que en su escala le competa incorporar y/o actualizar.
Mejor gestión de datos, mejores decisiones
La época de los líderes intuitivos se acabó hace varios años. Siempre nos sorprendieron esos líderes empresariales con una intuición única para generar negocios donde la gran mayoría siquiera veía que en ese lugar y con esos mimbres había un camino de éxito. Hoy más que nunca se requieren datos e información. El entorno es competitivo y complejo y, como se dice en la Teoría de Juegos, cuando hay dos competidores en el mercado, se supone que cada uno de ellos toma decisiones racionales. Claro está que, hoy día, lo racional no solo pasa por el conocimiento en la aplicación de un modelo, sino en cómo alimentamos dicho modelo.
Entonces, un enfoque basado en datos es el fundamento para que el proceso de toma de decisiones aumente las posibilidades de éxito, pero con la característica bien definida que el proceso de captación, filtrado, análisis, elección de alternativas posibles y fiables además de factibles, sea transparente y efectivo, lo que redunda en una sustancial reducción del nivel de riesgo que siempre nos pone delante el entorno.
Información que sea útil para los resultados potenciales que son objetivo para el período en curso, además que ayuda a la dirección y mandos intermedios a prepararse para diversas contingencias. Tener una comprensión profunda del alcance de los cambios y auténticos avances que se van produciendo en la industria tecnológica, dará unos puntos de ventaja importantes para el grado de influencia que la organización pueda ejercer en el mercado. Ese concepto de ser un referente para los consumidores como para sus competidores.
Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y también autor del libro ‘El Cubo del Líder’; y Antonio Alonso, presidente de la AEEN (Asociación Española de Escuela de Negocios) y vicepresidente segundo de EUPHE (European Union of Private Higher Education).














