La obediencia impuesta es posible (de hecho funcionan así la mayor parte de las organizaciones), pero sólo a nivel epidérmico, superficial. Únicamente se obedece seriamente (ob-audire: se escucha con interés, y con deseos de poner voluntariamente aquellas indicaciones por obra) a quien se lo gana. Éstos son los maestros, aquellos a quienes merece la pena seguir, a pesar de las dificultades.
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