Siempre se supone que impacta más a los lectores/as cuando iniciamos nuestra contribución de hoy con una pregunta, tal como ¿vamos a ser testigos en 2025 de sociedades más tecnológicas, pero al mismo tiempo más humanas? Resulta difícil, por supuesto, dar una respuesta. Pero desde este Foro siempre estamos estudiando e investigando, especialmente en cuanto a qué tiene que decir la doctrina actual en cualquiera de las temáticas que abordamos.
Somos conscientes de lo que significa (no estamos persuadidos que la clase política mundial lo sea) estar entrando en el último año del primer cuarto de este siglo XXI. Los que tenemos el privilegio de haber vivido también de adultos una parte del siglo XX, nos sentimos como si dos personas distintas cohabitaran nuestra mente. Resulta extraño solo pensar en ello, pero los cambios de los que hemos sido testigos los que tenemos esta condición de ser partícipes activos del siglo XX y del XXI, han sido tan abrumadores, que nos cuesta incluso, pensar en cómo eran determinadas cosas, por ejemplo, en 1998.
Este adaptarse constante a nuevas circunstancias, cada vez de manera más rápida y también darnos cuenta que aquellas eran más complejas, nos ha nutrido de una experiencia única que nos permite ver un poco más allá del próximo año, nos referimos…a lo que está por venir de aquí al final de la década.
Nuestro afán y responsabilidad que hemos asumido desde esta tribuna, es que estas reflexiones que hacemos con periodicidad semanal, os ayuden a tener una mejor visión del mundo que nos ha tocado vivir, y muy especialmente, ese horizonte que está lejos aún, pero que se nos viene encima a pasos agigantados…que no sabemos que nos deparará con tanta innovación tecnológica.
Vayamos por partes:
– Cuando escuchamos la frase “el futuro ya está entre nosotros”, nos invita a reflexionar sobre cómo los cambios actuales están moldeando nuestras vidas y cómo podemos adaptarnos a ellos. Ese concepto distante…ese horizonte al que referimos más arriba, no es solo una imagen que toma vida y se nos acerca cargada de cosas que tenemos que comprender y digerir para adaptarnos mejor, sino que en realidad es un futuro real que estamos construyendo activamente todos los días con nuestras decisiones y acciones.
– Aconsejamos que debéis incrementar vuestra capacidad de percepción de la realidad, desarrollando una intuición más fuerte y profunda, permitiendo percibir situaciones y energías que normalmente no son visibles. Porque estamos expuestos a cambios que son tangibles y otros que están pululando a nuestro alrededor, que son auténticos intangibles, pero que tienen una gran influencia en el comportamiento de la sociedad (cambios culturales y sociales que la propia tecnología se ha ocupado de moldear).
– Hay que estimular la imaginación y la capacidad creativa, porque mucho de lo que hoy está entre nosotros (formas de trabajo, manera de pensar, etc.) ya no formará parte de nuestro día a día, quizás en no más de 2 a 3 años.
Los cambios sociales en el futuro inmediato se perfilan como profundos y multifacéticos
Van a abarcar diversos aspectos de nuestra vida cotidiana y estructura social. Estarán impulsados por avances tecnológicos cada vez más rápidos y profundos, así como por desafíos globales y nuevas dinámicas sociales.
Esta adaptación a cambios cada vez más profundos, nos exigirá nuevas formas de educación y formación continua. De manera simultánea, veremos que se van a producir cambios en la estructura social, ya que se anticipan modificaciones importantes en cómo nos relacionamos y organizamos, lo que nos induce a pensar que veremos un deterioro potencial de la sociabilidad tradicional y seguirán naciendo otras formas de interacción social, así como un aumento del autoritarismo y posibles restricciones a las libertades individuales.
La contrapartida negativa para personas y sociedades, es que habrá una mayor vulnerabilidad personal y fragilidad estructural en las sociedades.
Transformaciones políticas y geopolíticas
Si algo nos ha puesto de manifiesto, primero la Guerra de Ucrania y después la de Gaza, es que el panorama político global está experimentando cambios significativos, y no vemos que éste vaya a simplificarse…más bien lo contrario. Porque la polarización y radicalización en lo político e ideológico también nos llevará a nuevos movimientos (muchos de ellos aún no se han creado) en el ámbito geopolítico y económico. Y no es de extrañar que afloren desafíos a los sistemas democráticos tradicionales.
En la física hay leyes que explican el ordenamiento y función del universo. Pero en el otro universo, el llamado micro universo que conformamos personas, familias, ciudadanos, organizaciones e instituciones públicas, cada factor integrante es un flujo dinámico de cambio en sí mismo, que altera y da forma definitiva a lo que se va convirtiendo el cambio social que terminamos aceptando como nuevo y legítimo. Ejemplo de ello, las redes sociales y todas las nuevas formas de comunicación humana que la tecnología nos permite.
Cambios sociales que están a su vez, impulsando entornos más fluidos y flexibles, tanto en el ámbito doméstico como en el laboral. Y cuando se toca la fibra de lo íntimo, el espacio de las familias, que también está directamente condicionado por cómo encaja cada persona y familia en el ámbito laboral, entonces, el futuro inmediato se perfila como más complejo y dinámico, requiriendo una adaptación constante y una mayor resiliencia por parte de los individuos e instituciones.
La Sociedad 5.0 se perfila como un nuevo paradigma social
Estamos contribuyendo sin ser conscientes del todo, a construir una nueva sociedad 5.0 cuyas características distintivas son esencialmente dos: integrar cada vez más la tecnología avanzada en la vida de las personas; gracias a este proceso integrativo, se va a mejorar la calidad de vida de la ciudadanía.
Todo lo que hemos venido defendiendo estos años sobre la humanización de las organizaciones, nos exige que la integración cada vez más compleja y rápida sea no solo la fusión del mundo físico y digital, sino poniendo siempre a la persona en el centro de cada nuevo escenario que se vaya creando, porque el gran cambio de paradigma, es que, entre tanta convergencia entre el ciberespacio y el espacio real, la última decisión del proceso decisorio seguirá siendo humana.
¡Y prestar atención! Decimos cambio de paradigma, porque aún hay muchos expertos que equivocadamente sostienen que habrá un momento en este proceso evolutivo tecnológico y social, que los robots y procesos de inteligencia artificial que se regenera a sí misma, terminarán reemplazando nuestros hemisferios izquierdo y derecho del cerebro. ¡Craso error!
Por tanto, aquí tendrá que jugar un rol capital el liderazgo efectivo tanto en los ámbitos públicos como privados, porque lo que sí exigirá todo este proceso evolutivo es una integración armoniosa de la tecnología en todos los aspectos de la vida cotidiana, para facilitarnos la vida y no para deshumanizarnos.
Todo salto evolutivo desde hace 200.000 años que surgió en África el Homo Sapiens, está inevitablemente vinculado a los seres humanos. Fue su inteligencia la que aceleró el paso de las cavernas hasta los grandes conglomerados urbanos.
No hay robots ni inteligencia artificial capaz de tener un ADN depurado por millones de años de proceso evolutivo. Esta pequeña, pero gigantesca distinción entre lo humano y la máquina, es la que nos permitirá seguir diseñando nuevas ciudades, viajando a los planetas de nuestro sistema solar y seguir disfrutando de espectáculos como finales de Champion o de Juegos Olímpicos, en los que la tecnología estará al servicio de una sociedad diferente, pero seguirá siendo gobernada por humanos, a pesar que, en estos saltos tecnológicos, exista una contribución necesaria de las máquinas.
Lo definía magistralmente Carl Sagan al afirmar que “somos polvo de estrellas” porque formamos parte del espíritu del cosmos, no somos ajenos a él. Y ya que en el orden universal del cosmos hay complejidades de leyes físicas que se cumplen armoniosamente, es hora que aprendamos a que también podemos poner un orden especial en nuestro cosmos diario en el que vivimos. Solo sí en la visión de los responsables de las políticas a escala global, asumen por fin la posición de que los seres humanos lo seguiremos siendo siempre y cuando asumamos que tenemos que ser el centro de nuestras preocupaciones, estaremos garantizando la continuación de nuestra especie. No es una visión apocalíptica, sino realista de la capacidad autodestructiva que tienen las civilizaciones tecnológicamente avanzadas.
Y este destino es el que deberíamos evitar a que sometan nuestros descendientes. Es justo que así sea. Es imperativo liderar un proceso medular de transformación humanista del que dependan todas las otras mutaciones a la que la disrupción tecnológica, especialmente la IA va a ir introduciendo.
Tendremos que legislar y adecuarnos a una evolución imparable, pero jamás deberemos renunciar a nuestra esencia humana, sellando definitivamente con una especie de “branding homo sapiens” que es la mejor etiqueta que podremos esgrimir en el futuro cercano.
Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y también autor del libro ‘El Cubo del Líder’.














