Desde que el pasado 20 de enero Donald Trump se instalara por segunda vez en la Casa Blanca, se ha producido en el ambiente en general, esa sensación extraña que todo… absolutamente todo, está sucediendo cada vez más rápido.
Desde ya que lo sabíamos, y siempre en esta tribuna nos hemos referido en varias ocasiones al fenómeno de lo que Alvin Toffler denominaba “la aceleración del tiempo histórico”. También, ya en la década de los 80 del siglo pasado, afirmaba el gran sociólogo estadounidense que “lo preocupante no es solo la velocidad a la que se produce el cambio, sino la profundidad de este”.
¿No tienes tú, querido lector/a, una rara sensación de vértigo por la velocidad a la que ocurren las cosas? ¿No te impresionas cada día, como nos sucede a estos autores, por la ingente cantidad de noticias e informaciones diversas que llegan a nuestros dispositivos móviles? Lo que se convierte en casi espeluznante es que algunos de ellos los volvemos a ver en los telediarios por la noche y, entonces, la percepción general es que los del día de ayer ya son viejos. ¿Nos olvidamos de ellos? ¿No te parece que el presidente Trump hubiera asumido hace ya varios meses, cuando ha transcurrido solo un mes en convertirse en el nuevo inquilino de la Casa Blanca?
Pero todo esto es producto de la locura de la época que vivimos, alimentada principalmente por una máquina tecnológica que habría que llamarla, como lo hizo magistralmente H.G.Wells en su inmortal obra “La máquina del tiempo”, porque son las nuevas tecnologías y los diferentes impactos que producen en la sociedad, la que nos está empujando. ¿A un abismo… tal vez?
Basta ver lo que cuesta parar las guerras una vez que se desatan, para comprender que los abismos existen y pueden atraparnos. Pero, si no nos detenemos un poco a reflexionar todo esto que sucede, aunque no caigamos en el peligroso vacío, lo que sí es seguro es que estamos en riesgo de perder el norte.
No vamos a referirnos a las consecuencias de este giro de 180 grados en la política tanto exterior como interior de Estados Unidos. Hoy pretendemos compartir con nuestros lectores/as esta misma sensación de vértigo, porque realmente tenemos que tener motivos más que suficientes para estar preocupados.
Vamos al lío
1º) Velocidad… de esto se trata.
Todo, sean medias de política de un gobierno o la decisión de una empresa privada de lanzar determinado producto al mercado, se hace cada vez más rápido. El tiempo de la planificación se ha visto invadido en todos los ámbitos por el de la acción. Casi no hay excepciones, siendo, por supuesto, casi la única un tipo de tratamiento médico o una operación y el tiempo de respuesta del paciente, que son valores a los que no se les puede meter prisa, excepto que una nueva tecnología, como es la robótica, en este caso, facilite el proceso quirúrgico y reduzca de manera sustancial los riesgos de la operación.
En este campo del conocimiento estamos de acuerdo en que la celeridad bien entendida es para garantizar recuperaciones de pacientes y salvaguardar vidas.
En todo lo demás, la velocidad quita espacio a la reflexión. Disminuye la capacidad de analizar alternativas de acción que también pueden ser válidas para dar respuesta a un problema o a determinado desafío.
2º) Velocidad en todos los ámbitos sociales
La velocidad que se imprime a todas las acciones, sean privadas o públicas, de empresas o de políticos, vemos, un día sí y al otro también, que forma parte del cambio. Ya son un mismo factor cambio y velocidad. Que este binomio se ha incorporado a nuestras vidas (empresas, familias y gobiernos) como un proceso natural. Estar completamente persuadidos y al mismo tiempo atentos a esta realidad es necesario para que tengamos mejor capacidad de adaptación al mismo, lo que implica también una mayor calidad en la respuesta. Que esté en línea con el objetivo que queríamos cumplir. Que también forme parte del pensamiento estratégico, que no solo sea respuesta inmediata y automática sin capacidad reflexiva.
De ahí que lo que realmente preocupa sobre este ritmo vertiginoso en el que estamos todos metidos es que va a llegar un momento en el que no podamos dar respuesta ni al problema a resolver o el reto que se nos plantea, si, más allá de la velocidad y nuestra capacidad de hacerlo rápido gracias a la innovación tecnológica, nos lleva por el camino de un automatismo de respuesta y pensamiento que elimine la reflexión y los procesos de análisis de nuestra actividad mental.
Digamos que una excesiva simplificación de las cosas gracias a la tecnología puede terminar inhibiéndonos con el tiempo nuestra capacidad crítica de razonamiento. O, en otros términos: dejar en manos del automatismo cada vez más capacidad decisoria, porque nos facilita la vida.
Veamos, por ejemplo, el comandante de un Boeing 747 que está haciendo un vuelo transatlántico, junto al copiloto. Cuentan con diversos tipos de sensores y electrónica de vanguardia que, en combinación con las computadoras, realizan estas operaciones de monitoreo y ajuste de motores, sistemas hidráulico, eléctrico y electrónico, presurización, combustible, ambiente de a bordo y desempeño, entre otros, por lo que también, en este caso, bienvenida la tecnología. Pero un detalle: ante un problema, por ejemplo, que el radar de este Boeing en un vuelo de varias horas, y que está volando a una altitud de 8.000 metros, le está indicando que a unas pocas millas náuticas siguiendo el curso actual se encontrarán con un frente de tormenta con carga eléctrica, lo que el comandante se verá en la obligación de cambiar el curso de navegación determinados grados y muy probablemente subir a 10.000 metros para evitar por completo dicha tormenta. O sea, todo el soporte de automatización a bordo le ha facilitado tomar la decisión, pero esta sigue siendo humana.
3º) Hay suficientes estudios sobre la evolución de los sistemas biológicos de diferentes especies de animales
Y su adaptación a los procesos evolutivos que se han dado en nuestro planeta, que demuestran que inexorablemente, con el paso del tiempo, los seres vivos experimentan mejoras y/o cambios para adaptarse a circunstancias medioambientales. Digamos que la evolución de la especie humana como es hoy empezó hace unos 7 millones de años, por lo que los tiempos evolutivos biológicos no son los mismos que los tiempos de la disrupción tecnológica. Lo que venimos a decir es que debemos separar lo que es evolución de nuestro entorno por la tecnología de lo que es nuestra propia evolución. Y cuando esta diferencia no se tiene en cuenta en la acción política de los gobiernos, se termina regulando no acorde con la sensibilidad humana requerida.
Y si los tiempos biológicos son tan lentos, pero desde ya que inexorables, por qué no controlamos un poco mejor, por ejemplo, que la inteligencia artificial se está disparando como proceso evolutivo tecnológico, cuyas consecuencias van a alterar -si no la controlamos como es debido- nuestra forma de vida, lo que afectaría puestos de trabajo, procedimientos para hacer determinadas tareas, etc. Impactará en gran cantidad de acciones y decisiones que serán ejecutadas de manera automática.
Lo que nos preocupa es que no estamos separando, o, mejor dicho, no vemos que la clase dirigente, política y empresarial, esté haciendo especial hincapié en esta necesaria diferencia entre lo que es la acción humana y, muy en particular, la decisión humana, de la imparable apisonadora tecnológica.
Es imperativo que el liderazgo político a escala global tenga una especial sensibilidad y empatía por la manera en cómo se están adaptando las respectivas sociedades que lideran; del mismo modo, los líderes empresariales deben velar por el mínimo daño posible a sus plantillas en cuanto a prescindir de personas, porque de lo que se trata es de capacitar empleados para un nuevo tiempo de conocimientos y experiencias. También las medidas de políticas de gobiernos tienen que esforzarse en cuidar los estamentos de la sociedad que sean más vulnerables a determinados cambios que puedan afectar su vida.
Algunas recomendaciones para ti en el plano personal
– Aprende a disfrutar un poco más el presente, ese día a día, en el que vas con el piloto automático puesto y, cuando te quieres acordar, ya es hora de acostarte para por la mañana iniciar nuevo día.
– Valora tu tiempo, para lo cual debes recordar que el tiempo es más valioso que el dinero. Las personas que priorizan el tiempo sobre el dinero generalmente disfrutan de un mayor bienestar subjetivo, mejores conexiones sociales y mayor satisfacción laboral. Cuando implementas estas estrategias, no solo “comprarás” más tiempo, sino que también mejorarás tu calidad de vida y reducirás el estrés. La clave está en identificar las áreas donde puedes invertir recursos para liberar tiempo y usarlo en actividades que realmente valoras.
¿Qué hábitos diarios pueden ayudarte a ahorrar tiempo y no tener la sensación que se te escurre entre los dedos?
En la medida que puedas ahorrar tiempo en tu vida diaria, vas a limitar mucho esta sensación de que se te escurre entre los dedos.
Puedes considerar incorporar los siguientes hábitos:
– Planifica tu día la noche anterior: dedica un minuto cada noche a planificar el día siguiente para reducir la ansiedad y mejorar tu enfoque. Anota tres prioridades para el día siguiente antes de dormir. Y te recomendamos algo importante: que cuando estés cenando no veas informativos televisivos que te invadan con sucesos negativos, sean policiales, políticos o cualquier información que te esté privando de una conversación con los tuyos. En caso de que vivas solo, es recomendable entonces que compartas ese tiempo íntimo con una película que te apetezca o que escuches música que te atraiga.
– Identifica y aprovecha tu “zona verde”: esto tiene sentido para que determines cuáles son a tu entender las horas en las que eres más productivo y dedica ese tiempo a las tareas más importantes.
– Establece límites de tiempo: usa un temporizador para completar tareas rápidamente y diviértete venciendo al reloj. Por ejemplo, pon un temporizador de 10 minutos para responder correos o limpiar tu escritorio.
– Agrupa tareas similares: completa tareas similares juntas para ahorrar tiempo y evitar distracciones constantes.
– Delega tareas: aprende a delegar tareas para liberar tiempo. Considera contratar ayuda para tareas administrativas o utilizar servicios como limpieza profesional.
– Crea sistemas: establece sistemas para tareas repetitivas para ahorrar tiempo y reducir el estrés.
– Asigna lugares fijos para todo: debes darle a cada objeto un lugar fijo para evitar perder tiempo buscando cosas.
– Simplifica tu vida: adopta hábitos minimalistas para ganar más tiempo y libertad. Deshazte de una cosa cada día para simplificar tu vida y liberarte de posesiones innecesarias.
– Automatiza tus finanzas: configura pagos mensuales automáticos y elimina suscripciones no utilizadas para ahorrar tiempo y reducir el estrés.
– Aplica la regla de los dos minutos: si puedes completar una tarea en menos de dos minutos, hazla de inmediato para evitar que las tareas pequeñas se acumulen.
– Controla el tiempo que dedicas a las actividades: haz un seguimiento del tiempo que dedicas a las distintas actividades para identificar las tareas que te ocupan demasiado tiempo y descubrir cómo ser más eficiente.
– Programa descansos: programa pausas para mantener la productividad y evitar el agotamiento. Divide tu trabajo en intervalos. Por ejemplo, trabaja 25 minutos y luego tómate un descanso de cinco minutos.
¿Sabes qué es peor que se te escurra el tiempo por los dedos?
Te damos la respuesta: que no tengas un sentido de propósito. Que lo que haces cada día lo estás haciendo por obligación, pero no encuentras ninguna pasión en ello. Ves el día pasar como dos partes separadas, la que dedicas toda la jornada a tu trabajo y la que te resta dependiendo del día que hayas tenido, para ti y los tuyos. Pero no tienes un objetivo diferente, no hay un plan en tu vida de mejora, de cambiar la situación, etc.
Entonces, si se te escurre el tiempo entre los dedos, se te hace largo porque tu obligación laboral no te hace disfrutar, no ves que vaya a cambiar en dos o tres años vista. Va a ser cada día de tu vida -en un futuro más próximo y más lejano- todo igual. Digamos que, si bien no vas a estar aburrido porque siempre tendrás las tareas diarias del día, sí experimentarás bastante aburrimiento, lo que se llama hastío; o sea, que ya es a nivel de tu propia piel que, si bien haces tu trabajo, lo estás simultáneamente rechazando.
Entonces, también estás frente a un proceso de cambio, porque, aunque no seas consciente de ello, ante este tipo de situaciones, las personas empiezan a hacer un plan de cambio en su vida, o, en otros términos: un plan de vida diferente.
Te aseguramos que, si sigues estos consejos, no te engañes que igualmente siempre se nos termina escurriendo entre los dedos el tiempo, porque es ley natural. La diferencia con haberte mentalizado sobre el particular, buscar un sentido de propósito y no temer a un cambio para dar sentido a tu vida, te hará más feliz y dejar de estar viendo cada día el tiempo pasar y diciéndote a ti mismo ‘no tiene mucho sentido mi vida’. Y este pensamiento es justamente el que jamás debe aflorar en tu mente. Evita escurrir el tiempo como el agua entre los dedos: cambia tu actitud. ¡Puedes hacerlo!
Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y también autor del libro ‘El Cubo del Líder’.














