El iceberg como metáfora del éxito

¿La fórmula del éxito? Por supuesto, tome nota. Vamos a desgranar dónde reside esa fórmula secreta que todos perseguimos: éxito y felicidad.

El éxito sucede cuando los sueños se hacen mayores que las excusas y los miedos. Vencer éstos últimos, es ya una medida de éxito. ¿Cuál es la mayor preocupación en el ámbito organizacional respecto a si están o no bien encaminadas las políticas hacia el éxito? Pues, que las personas están demasiado resignadas para soportar una mejora tanto personal como empresarial.

La única manera de desmontar el sentimiento de desesperanza reside en con seguir que las personas de la organización y su líder estén llenos de pasión. La pasión se percibe de la misma forma que el aire acondicionado en los días calurosos de verano. Produce un efecto de relajación y de confort, al mismo tiempo que de seguridad.

Las emociones negativas son aquellas que se expresan a través de sentimientos de frustración, celos enfermizos, tristeza, vergüenza, miedo, sentido de culpa, depresión, desesperanza, envidia y duda. Esta descripción es meramente enunciativa, hay más; pero a las que hemos recurrido son suficientes para hacernos imaginar por un instante la carga de la negatividad emocional.

Romper con esta corriente negativa está en cada uno de nosotros. El buen líder puede ayudar mucho a que estos sentimientos desaparezcan o se neutralicen para evitar que se altere el ambiente de trabajo. ¿Cómo lo hace? Utilizando la herramienta emocional que es la empatía.

Es un sentimiento que aflora en personas positivas, idealistas y también soñadoras. Es frecuente que muchas personas que han padecido algún tipo de depresión por su situación en el trabajo, llegasen a convencerse a sí mismos que jamás podrían volver a ser las mismas personas que eran antes.

Ese sentimiento de que eran respetados y que hoy no lo perciben igual, les lleva a un bajón de rendimiento y autoestima. Son conscientes de ello y les afecta porque nunca dejaron de ser responsables.

Para esta tipología de personalidad, la única ayuda concreta es la de ese líder que valora su capacidad técnica; pero especialmente su condición humana. La empatía que transmite y la forma en que lo hace, les ayuda a reencaminar su trabajo incluso instándoles a asumir nuevas responsabilidades. Sin que se hayan percatado, empiezan a vislumbrar algo de luz y a volver a tener la sensación de que el mundo a su alrededor puede cambiar y que son parte inevitable de ese cambio.

Como los icerbergs, las relaciones humanas también tienen una parte visible y otra que realmente no lo es, pero que antes o después aflora. Como el ‘Titanic’, se puede chocar con cada una de las cuestiones que subyacen en la realidad de los mercados y organizaciones; aunque no se las perciba.

En el plano de la psicología individual, también operan de la misma manera: lo que queremos dejar ver a los demás, y lo que realmente está pesando en nuestro ánimo y comportamiento.

Desde fuera se pueden ver los logros de una empresa de éxito en sus productos. Hay mucho esfuerzo, sacrificio, riesgos, planes, errores, ajustes, etc., así como también una buena focalización de los problemas a los que se enfrenta la organización. Como en el iceberg, lo que está bajo el nivel de flotación.

El éxito jamás llega solo ni puede adquirirse en ninguna tienda especializada. Tampoco está tan lejano como muchos creen ni tan cercano como para que sea algo corriente. Digamos que se encuentra en el punto equidistante entre las metas alcanzadas y los fracasos del pasado o más recientes. Todos estos acontecimientos nos condujeron hasta ese momento en el que la prueba es superada. Ni está en la cima del Everest ni en las profundidades de los océanos.

El éxito está en cada uno de nosotros en la medida que hayamos comprendido que la dedicación responsable a nuestros trabajos nos produce un bienestar especial porque cerramos el círculo entre esfuerzo, sacrifico y satisfacción.

Esta forma simple de ver la vida es la que nos augura medidas razonables de éxito y no la conquista del mundo. Como estando en la proa de ese transatlántico que se aseguraba que no podía hundirse y gritar: “I’m the king of the world” (soy el rey del mundo).

No es necesario querer ser rey porque el mejor reinado de cada persona está en el equilibrio entre lo que hace y dedica cada día. Sin duda el balance entre vida familiar y laboral es también una dosis más grande o más pequeña de éxito.

Finalmente el éxito cuando se alcanza por personas corrientes no lo gritan a los cuatro vientos; sino que dejan que los demás, especialmente la dirección, lo valore.

También en el plano personal, cuanto más estable emocionalmente sea una persona, menos importancia dará al éxito. Lo dejará en la parte invisible del iceberg y poco a poco la gente vera como asoma por encima de la línea de flotación; pero no porque haya querido exhibirlo, sino porque los demás lo han podido ver.

Artículo realizado por José Luis Zunni, director de ecofin.es y vicepresidente de Foro ECOFIN.

 

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