Demagogia 2022

“Quienes alcanzan el poder con demagogia, terminan haciéndole pagar al país un precio muy alto”. Y esta frase no es nuestra, sino de una víctima de esa plaga: Adolfo Suárez, el presidente de la Transición española a la Democracia.

¿Les suena? Al recibir un whatsapp o escuchar las noticias seguro que han pensado más de una vez que alguien estaba manipulándoles para conseguir el poder político apelando a prejuicios, emociones, miedos y esperanzas con el fin de ganar su apoyo -el apoyo popular-, mediante el uso de la retórica, la desinformación, la agnotología y la propaganda política. Pues bien, esa es la definición de Demagogia, es de libro. Es la última moda de la política del siglo XXI, las redes sociales, la globalización de las noticias y la gestión online de la desinformación, la propaganda, los fakes y los influencers en nómina de los lobbies del Poder.

¡Hay que revelarse ante los demagogos! Recuerde la advertencia de H.L. Mencken: “Un demagogo es aquel que predica doctrinas que sabe que son falsas a personas que sabe que son idiotas”. Así que cuando sienta el engaño de un vendedor, ya sea empresario o político, no tenga la menor duda de que está llamándole ‘idiota’ a la cara y que, por lo tanto, no hay que tener el menor escrúpulo en desenmascararlo, contradecirlo, estigmatizarlo y expulsarlo de las responsabilidades de Gobierno que ocupe, por muy altas instancias que represente.

“La Demagogia es la capacidad de vestir las ideas menores con las palabras mayores”, decía Abraham Lincoln. Y aunque la habilidad técnica se admire como en los sofistas y los demagogos antiguos; la repugnancia ética no puede esconder el pestilente olor que provoca naúseas.

Recetas políticas y demagogia

En un mundo en el que están de moda los programas de competición culinaria, no puede extrañar lo que significa el vocablo “receta”. Pero, sin duda, en los ámbitos en los que más ha sido desvirtuada esta palabra es en el de la política y la economía.

Justamente un Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, hacía referencia a la diferencia entre lo que él considera los auténticos economistas e investigadores de la realidad económica y aquellos a los que define como “vendedores de políticas”. Y lo dice sencillamente al describir una situación casi normal en los gobiernos, que desoyendo los consejos de la doctrina se inclinan por unas recetas que les ha dado el economista próximo al Poder Ejecutivo, y que parte de la necesidad de ese gobierno de tomar ciertas medidas que el ciudadano valore positivamente, y que determinados asesores (esos vendedores de recetas) convencen a ese gobierno de las bondades de la aplicación de sus políticas.

Y la realidad que es la que pone todo a prueba, terminará evidenciando que dichas medidas oportunistas, muchas veces tomadas con nocturnidad, terminan siendo lesivas para el interés general, además de resquebrajar la confianza ciudadana en el gobierno.

Democracias, Oligarquías, Tiranías, Gerontocracias… estos son los líderes del G20.

La confrontación entre doctrina política y económica con la realidad imperante, ha sido más que un ejercicio intelectual académico, una imperiosa necesidad de constatación de si la una (la doctrina) superaba a la otra (la realidad) o viceversa. Lamentamos informar a nuestros lectores/as que más bien es la realidad la que excede por más de una cabeza (dicho coloquialmente) a las corrientes doctrinarias políticas y económicas.

Esto significa que, por ejemplo, cuando una determinada medida entra en vigor, el problema que pretendía resolver no lo resuelve, y lo que es peor aún, agrava el estado de situación previo a la existencia de esta medida. Esto se verifica, por ejemplo, con determinadas políticas de subsidios, que en vez de ser un paliativo terminan siendo devorados por la realidad. Caso concreto de los precios cuando se entra en una espiral inflacionaria.

Desde este Foro hemos sostenido en los últimos diez años, que el tejido fundamental que establece el funcionamiento ordenado de las sociedades modernas y democráticas, se fundamenta en la libertad política, económica y social. Formamos parte de una Unión Europea que es el último bastión de la defensa de las democracias liberales. Estamos asistiendo a una prueba irrefutable del sentido de libertad y tolerancia que arrancaba en la Revolución Francesa y de cuya herencia hemos logrado una convivencia razonable durante 75 años desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial.

Hasta ahora la doctrina imperante en el Viejo Continente, como miembro fundador de lo que es Occidente, ha sido el crecimiento y el desarrollo de las economías como garantes de la paz. Y así ha sido hasta hoy. No significa que este status-quo no esté en riesgo de recibir las primeras fisuras a partir de la Guerra de Ucrania.

Lo que vemos hoy como preocupación principal de los gobiernos de todos los miembros de la UE, es hasta cuándo la crisis energética derivada de la contienda, estrangulará aún más las economías que hasta hace dos meses estaban cerrando el capítulo Covid-19. Sin duda, Rusia eligió el momento de mayor debilidad de Europa y Estados Unidos porque se estaba saliendo de una crisis de salud que lo había cambiado todo, pero especialmente, había debilitado la fuerza económica de los países porque cientos de miles de empresas cerraron y millones de puestos de trabajo se perdieron.

¿Qué es una doctrina política?

Entendemos que se refiere a cualquier antecedente que obre en poder de un gobierno, o de instituciones, o de asociaciones, sobre cuáles han sido las medidas de política que se adoptaron en el pasado sobre determinas cuestiones que hoy requieren volver a tratarse y /o legislarse. Al igual que cuando un Tribunal Superior de Justicia de un país está sentando jurisprudencia y posteriormente se hace referencia a ella como la “doctrina de ese Tribunal”, en la ciencia política, básicamente la doctrina se establece a partir de la aplicación práctica y análisis de resultados sobre experiencias habidas.

Desde ya, que los ciudadanos no son los alumnos de un aula universitaria, ni de una escuela de negocio. Pero en los hechos, son los auténticos verificadores de la implicancia que una medida política tiene en sus vidas.

Las ciencias sociales y la contradicción de la ciencia política como no aplicada

Cada vez que alguien formula la pregunta si la ciencia política es una ciencia aplicada, se entra inevitablemente en una contradicción. Porque las ciencias sociales comprenden todas aquellas disciplinas (antropología, economía, geografía, ciencias políticas, psicología y sociología) que aplican métodos científicos al estudio del comportamiento humano. Es un campo de estudio separado de las ciencias naturales, que abarcan temas como la física, la biología y la química.

Es obvio que todas las ciencias sociales en sus respectivos campos de aplicación intentan dar una comprensión y explicación de la actividad humana en el contexto de las relaciones sociales, los grupos sociales y las instituciones. Sin duda, la economía, la política y la sociología son las disciplinas más arraigadas en la esfera de las decisiones políticas de los gobiernos e instituciones. Porque ayudan a explicar cómo funciona la sociedad, explorando todo, desde los desencadenantes del crecimiento económico y las causas del desempleo hasta lo que hace feliz a las personas, aplicando ya otros campos de las ciencias sociales como son la psicología clínica y la psicología social.

Cuando las naciones cuentan con este tipo de información ordenada y sistemática, se convierte en un elemento vital para la toma de decisiones de gobierno, de organizaciones privadas, etc., pudiéndose utilizar para muchos propósitos. Entre otras cosas, ayuda a dar forma a las estrategias corporativas y las políticas gubernamentales. O sea, sin datos basados en encuestas, estadísticas, estudios de opinión, etc. no se pueden definir los tipos de estrategias que deben aplicarse.

Las ciencias sociales en general, aplican métodos científicos al estudio del comportamiento humano, examinando relaciones entre los individuos y las sociedades, así como su desarrollo y funcionamiento, y a diferencia de las métricas exactas que requieren las ciencias exactas y naturales, como es la física o la química, las sociales se basan más en la interpretación y las metodologías de investigación cualitativa. Porque su objetivo primigenio es responder a diferentes preguntas y problemas sobre la sociedad y la condición humana y cómo mejorarla. Evidentemente, en el ámbito de la política, la ciudadanía tiene en el presente la ventaja de poder ser un tribunal permanente de opinión gracias a la velocidad e inmediatez de las redes sociales.

El estudio, análisis e investigación en este campo tan amplio que es la ciencia política, proporciona información vital para gobiernos y formuladores de políticas, autoridades locales, organizaciones no gubernamentales y otros. La importancia que se le atribuyen a las ciencias sociales es porque gracias a su profundización, tanto desde la doctrina como cuáles han sido las consecuencias de las medidas adoptadas en la práctica, ambas son las que favorecen la creación de mejores instituciones y sistemas que afectan la vida de las personas todos los días.

Las ciencias sociales ayudan a las personas a comprender cómo interactuar con el mundo social, cómo influir en las políticas, desarrollar redes, aumentar la responsabilidad del gobierno y promover la democracia. Y son estos desafíos los que, para millones de personas en todo el mundo, perciben sus resultados de manera inmediata, al mismo tiempo que la forma en cómo se han resuelto determinados problemas sociales y/o económicas, marcan una gran diferencia en la vida de las personas, lo que termina redundando en niveles de satisfacción o de crispación, que en definitiva deben retroalimentar aquellas decisiones políticas mal implementadas o quizás buenas en sí mismas, pero inoportunas.

Las ciencias sociales son vitales para una sociedad moderna saludable. Nos ayudan a comprender nuestro mundo y los cambios necesarios para abordar el cambio climático, así como la lucha contra la desigualdad económica, o incluso, las más modernas reivindicaciones en materia de igualdad de género, igualdad de oportunidades e inclusión. Por eso es importante no solo contar con buenos datos y estadísticas, sino saber interpretarlos adecuadamente.

Por todo lo dicho, la ciencia política como doctrina en nuestra opinión, al igual que la economía y la sociología, sin dejar de pertenecer al ámbito de conocimiento científico de las ciencias sociales, no por ello dejan las tres de tener un valor de aplicación de igual manera que la física pueda estudiar los problemas de ondas gravitacionales y las ponga a prueba en un acelerador de partículas.

Este error en la expresión de que las ciencias exactas son de aplicación y las sociales no, queda en evidencia desde el momento en que un gobierno tiene que aplicar una medida, por ejemplo, de contención de precios por un brote inflacionario, o de otorgar subsidios a determinado sector productivo que se ha visto afectado por una catástrofe natural, etc.

La ciencia política se centra en la teoría y la práctica del gobierno, tanto en sus manifestaciones de políticas locales, estatales o regionales, y también teniendo en cuenta si son a nivel nacional o internacional.

Desde la doctrina política y económica se han perfeccionado las instituciones, que, por ejemplo, conforman el sustrato institucional de la Unión Europea, lo que le permite a ésta a través de sus instituciones, implementar acciones y relaciones entre los ciudadanos y aquellas, que constituyen la vida pública y la convivencia de la ciudadanía.

Una vez más doctrina generada en base a la experimentación de los ciudadanos europeos en materia, por ejemplo, educativa, que con el transcurso de un nuevo ciclo universitario llegan a probarse si tales medidas, por ejemplo, en la equiparación de titulaciones, están teniendo el resultado esperado. Claro está, que la medida tomada se tiene que basar en las experiencias pasadas más las realidades actuales, caso de cuál es el mercado de trabajo después de la pandemia, qué tipo de ofertas de trabajo están llenando el mercado europeo, etc.

O sea que, el marco teórico en la política, la economía y la sociología, se ha visto continuamente reforzado por los resultados de acciones emprendidas por los gobiernos en cada uno de estos ámbitos, de manera que han sido refrendados a lo largo de los años como los mecanismos más idóneos para el crecimiento y el bienestar de los pueblos. Por ejemplo, la jubilación, pensiones, sistema sanitario, sistema judicial, sistema educativo, etc.

Las implicancias de las buenas políticas implementadas

Una política puede ser buena en sí misma, pero por un error de implementación, se convierte al poco de ser implementada, en irrelevante para resolver el problema que pretendía corregir, o que surgen conflictos con sectores sociales que se creía iban a beneficiar y por el contrario no resultaban beneficiados por la medida.

La teoría política como doctrina se ocupa principalmente de los fundamentos que determinada comunidad y/o instituciones políticas de la misma requieren, ya sea con carácter estable o para afrontar determinas circunstancias excepcionales, caso de la pandemia.

Se centra en la naturaleza humana y los propósitos morales de la asociación política. La búsqueda del beneficio y el bien común, pero fundamentalmente se basa su evolución en la consideración precisa e irrefutable de lo que ha sido la investigación empírica, sobre la forma en que funcionan las instituciones políticas en la práctica y el nivel de satisfacción y/o contestación social de los ciudadanos. O sea, un barómetro permanente que está indicando a los gobiernos los diferentes niveles de respuesta hacia las medidas adoptadas.

Y aquí entra el liderazgo político

Cuando los gobernantes trazan planes y aplican políticas teniendo en cuenta lo que la doctrina en los campos referidos les señala, es más que probable si existen buenos datos, fiabilidad de estudios y prevalencia del interés general sobre cualquier interés particular, que ese líder político tenga un porcentaje de acierto importante en las medidas que tome.

Cada vez que las medidas de políticas en vez de estar inspiradas en la doctrina referida que siempre se va actualizando (jurisprudencia, opiniones autorizadas de instituciones, autores y tratadistas relevantes, investigadores, etc.), así como de la propia experiencia de la institución que tiene que tomar la medida, por ejemplo, Ministerio de Agricultura, se derivan de corrientes de opinión interna de un partido político y solo les cubre el cuerpo de tal medida lo que se llama “vestimenta ideológica”, o sea, ideologización, antes o después terminará sufriendo el desgaste y la inutilidad de la misma, porque no tuvo en cuenta ni datos, ni realidades ni interés general.

Liderar con efectividad desde la política implica que no haya que llegar a este tipo de desgastes ni insatisfacciones. O sea, el líder creíble y confiable buscará siempre el mayor apoyo a las medidas que pretende implementar, pero no porque se nutra de aires populistas de algunos colectivos que, también influidos ideológicamente por dicho partido, muestran una euforia, utilizando la propaganda para mostrar una realidad beneficiosa que no es tal. O sea, lo que se llama la “focalización con una lente opaca” con la finalidad de que se vea solo lo que se quiere dejar ver.

Estamos en un tiempo en que la apertura de las bibliotecas (una forma de decirlo) y el conocimiento científico en todos los ámbitos de las ciencias, muy especialmente en las sociales que son las que determinan nuestro día a día como ciudadanos, son las que exigen responsabilidad a los gobernantes para que no nos “vendan gato por liebre” muy típicas de aquellos vendedores de recetas medicinales de que un determinado elixir sirve para curar todas las enfermedades.

Artículo coordinado por José Luis Zunni, director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN.

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