Ayer me encontré con mi nuevo paradigma

Esta es la historia de una persona que podría ser tanto un empresario, como un CEO, o también un sindicalista o quizás, un profesor universitario. Es muy evocadora, creativa y tiene varias capas de significado.

Antes que nada, tengamos bien en claro qué es un paradigma: es en esencia, un modelo, un marco de referencia o un conjunto de ideas, creencias y suposiciones que domina la forma en que una comunidad (o una persona) ve y entiende el mundo en un momento determinado.

También aclaremos, que esa comunidad, puede ser, por ejemplo, la comunidad científica internacional que opina sobre determinado fenómeno, caso de la crisis medio ambiental. Desde ya que no es propiedad de nadie, porque para la persona, o personas, u organizaciones o instituciones, diversos paradigmas tendrán sentidos también diferentes, según los objetivos organizacionales de cada uno de dichos actores.

Vayamos a un análisis completo de lo que nos sugiere este relato:

1º) El Significado Literal vs. el Figurativo

Literalmente, no te puedes “encontrar” con un paradigma como si fuera una persona en la calle. Un paradigma es nuestra manera de entender el mundo. Figurativamente, la expresión “encontrarse con” sugiere un encuentro casual e inesperado, la persona está describiendo un momento de revelación (una “epifanía”) de una forma muy humana y tangible.

2º) Veamos el poder de comunicación de nuestra historia

Es obvio, que la expresión tiene fuerza para transmitir un mensaje, tanto a nuestro “yo” interior (creemos preferentemente que es un proceso de introspección) como al exterior, en caso que decidamos “confesarnos” con un compañero de trabajo con el que formamos equipo diario.

Porque, si, por ejemplo, le dices a tu compañero, “ayer me encontré con mi nuevo paradigma” estás comunicando varias cosas a la vez, pero sin duda, en primer lugar, estás mostrando que se ha producido en tu manera de ver (cómo estás focalizando un problema y/o desafío), un cambio profundo y repentino.

No es algo que te ha sucedido de manera progresiva y metódica, sino algo que “te sucedió”: ocurrió sin más. Así de simple. Y esto es normal, porque las impresiones sobre las cosas en las que actuamos a diario, que exigen nuestra concentración y esfuerzo intelectual, nos concede con frecuencia un recreo, un espacio en el cual damos rienda suelta a nuestra capacidad de reflexión.

Sugiere que una nueva idea, una experiencia o una conversación te ha cambiado por completo la perspectiva de forma inesperada. Es como una personificación de una idea, con la particularidad que trata a este cambio de mentalidad como si fuera una entidad propia, casi una persona.

Esto tiene una ventaja: le da mucha fuerza a la idea; no es solo un pensamiento, es algo con lo que te has topado. Casi como una revelación, que generalmente surge de una fuente inspiradora, por ejemplo, si estás leyendo un libro que te tiene atrapado, sea una novela o el último que has encontrado en materia de liderazgo. La cuestión pasa entonces por saber qué es lo que te ha motivado. Qué es lo que te ha impulsado a creer que de verdad has descubierto tu nuevo paradigma, ese que estás dispuesto también a cambiar por el que te estaba guiando hasta el presente. Es un proceso natural, no hay que asustarse por ello.

3º) Un punto de inflexión

La frase marca un “antes” y un “después”. El “yo” de antes de ayer pensaba de una manera; el “yo” de hoy tiene un marco de referencia completamente nuevo. Porque lo que sí te ocurrirá frente a un supuesto como el que planteas, es que te surgirán posibles contextos y significados prácticos. Por ejemplo, en tu participación en un equipo multidisciplinar que está desarrollando un proyecto piloto en la organización en la que trabajas, podría haber ocurrido que has descubierto una nueva metodología de programación que revoluciona tanto tu puesto de trabajo como el del resto del equipo. ¿Qué ocurrió? Que estabas un poco atascado y de repente, leyendo un artículo, te encontraste con tu nuevo paradigma.

Si lo circunscribes a tu ámbito personal, podría haber sucedido que después de una conversación profunda con tu pareja, o después de haber llegado de un viaje que ha sido muy especial para ti, o simplemente de haber leído un libro, te ha abierto la mente como no lo habías experimentado en mucho tiempo. Es cuando alguien cambia su visión sobre el amor, el éxito o la felicidad.

En lo creativo ocurre, por ejemplo, cuando un artista descubre una nueva técnica o un nuevo enfoque que desbloquea su creatividad. Estaba en un período de sequía creativa y de repente, un impulso, ese “choque con el nuevo paradigma” que le despertó del letargo en su capacidad de creación y volvió a sentirse con esa capacidad de crear. Dicen que los artistas pueden llegar a estar muy obsesionados con perder ese don.

Si le damos un toque de humor, también puede usarse de forma irónica o exagerada para describir un cambio menor, como descubrir una nueva forma de hacer café por la mañana. Pero este no es el sentido que le damos en nuestra aportación de hoy, ya que, en cuanto al tono y el estilo, no cabe duda que el uso de la palabra “paradigma” no es común en el lenguaje cotidiano. Sugiere que la persona que lo dice es reflexiva, le gusta pensar en términos abstractos o tiene un buen nivel cultural.

El alcance de un paradigma

Podemos utilizar la metáfora de las “gafas invisibles” que es que hay que pensar como si las llevásemos puestas. O sea que, no somos conscientes de que las llevamos, pero colorean y dan forma a todo lo que vemos.

El paradigma define varias cuestiones que a todos nos preocupan, o en sentido más práctico, son las que marcan nuestra forma de conducirnos en la vida, tales como tener muy internalizadas cuáles son las preguntas que consideramos válidas, al mismo tiempo que cuáles son las respuestas que consideramos aceptables; también qué problemas se consideran importantes de resolver, como también cuáles deben ser las soluciones y lo más importante, cómo y dónde buscarlas.

¿No te suenan todas estas cuestiones a ámbitos comunes, digamos, del liderazgo efectivo? ¡Por supuesto que sí!

El Origen del concepto moderno que le atribuimos

Aunque la palabra es antigua, su significado moderno fue popularizado por el filósofo e historiador de la ciencia Thomas Kuhn en su influyente libro de 1962, “La estructura de las revoluciones científicas”.

Kuhn observó que la ciencia no avanza de manera lineal y acumulativa (sumando conocimiento poco a poco), sino a través de revoluciones o “cambios de paradigma”. Por lo que, según Kuhn, hay determinadas fases de un paradigma, que consisten en incorporar el concepto en sus ámbitos naturales, caso de la ciencia en todos los campos del conocimiento científico, en el que la mayoría del tiempo, los científicos trabajan dentro de un paradigma aceptado.

Se dedican a resolver los “puzles” o problemas que el paradigma permite ver, sin cuestionar las reglas fundamentales del juego. Pero justamente Kuhn señala que pueden empezar a surgir problemas o resultados que el paradigma actual no puede explicar (anomalías) que son como si se produjeran grietas al sistema.

Pero a medida que las anomalías se acumulan, la confianza en el paradigma actual se debilita. Y sobrevienen crisis, en las que la comunidad científica entra en un estado de confusión y debate. Y entonces, se entra en una etapa en la que se va produciendo un cambio de paradigma, más lento o más rápido, pero cambio al fin, que determina entonces lo que es una revolución científica.

Emerge un nuevo paradigma, una teoría completamente nueva que no solo explica lo que el viejo modelo explicaba, sino que también resuelve las anomalías. Este cambio es disruptivo, no es una simple mejora. El mundo se ve de una manera completamente diferente.

Nueva ciencia normal

El nuevo paradigma es aceptado y se convierte en el nuevo marco de referencia. El ciclo vuelve a empezar. Para comprender esto mejor, debes mirar este cambio no solo como una teoría, sino que, en realidad, un paradigma implica una cosmovisión. Comprender una realidad que es mucho más grande que el alcance al que habitualmente damos a las cosas con las que trabajamos, que tratamos y/o que pensamos.

Qué sucede con el ejemplo clásico del paradigma científico

Viejo Paradigma (Geocentrismo – Ptolomeo) en el que la Tierra es el centro del universo y todo gira a su alrededor. Este modelo funcionó durante siglos para predecir el movimiento de los planetas, aunque requería cálculos cada vez más complejos (epiciclos).

 

Cambio de Paradigma (Heliocentrismo – Copérnico/Galileo): El sol es el centro del sistema solar. Esto no fue una “mejora” del modelo anterior; fue una forma radicalmente nueva de ver el cosmos. Al principio, fue rechazada por ser herética e ir en contra del sentido común.

Qué ocurre con el paradigma tecnológico

Existía el viejo paradigma de que los ordenadores eran máquinas enormes, carísimas y complejas (mainframes) que solo usaban las grandes corporaciones y gobiernos. Finalmente, este paradigma dio paso al nuevo, en el que el ordenador personal se fundamentaba en la idea de que cada individuo podría tener un ordenador en su escritorio o en su casa, lo que la hacía revolucionaria y cambió por completo la industria y la sociedad.

 

En el terreno de los paradigmas empresariales

Existía el viejo paradigma (Blockbuster) por el que las personas iban a una tienda física para alquilar una copia de una película. El negocio se basaba en la escasez y en las penalizaciones por retraso. Frente a un cambio de 180 grados en el que, por ejemplo, Netflix significa el nuevo paradigma en el que cualquier persona tiene acceso instantáneo y bajo demanda a un catálogo ilimitado de contenido a través de internet (streaming). El modelo de negocio se basa en la suscripción y la abundancia.

En el ámbito personal

La expresión “encontrarme con mi nuevo paradigma” lleva este concepto al terreno personal. Porque hay un viejo paradigma que dice que “para tener éxito en la vida, necesito trabajar sin descanso, ganar mucho dinero y acumular posesiones”, cuando el nuevo paradigma tras una revelación, dice que “el verdadero éxito consiste en tener un buen equilibrio entre el trabajo y la vida personal, cuidar la salud mental y cultivar relaciones significativas”.

Este cambio no es solo “cambiar de opinión”; es reestructurar por completo tus valores, tus prioridades y la forma en que tomas decisiones cada día.

No está de más apelar al símil de un sistema informático, en el que el paradigma es el sistema operativo de nuestro pensamiento. Y un “cambio de paradigma” es como instalar un sistema operativo completamente nuevo: las reglas, la interfaz y las posibilidades cambian drásticamente.

 

Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y también autor del libro ‘El Cubo del Líder’.

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