¿Por qué tememos a fracasar?

Lo admitamos o no, a nadie le gusta decir que ha fracasado. Da igual que la sensación de fracasar se derive de no haber aprobado el examen de oposición al que se ha presentado, o que el equipo del que forma parte en la empresa que trabaja no haya podido cumplir con el plazo exigido por la dirección para la entrega de un proyecto.

En ambas situaciones, o en cualquier otra que se nos presenta con esa fuerza de la carga negativa que tiene más de emociones que de racionalidad, nos cuesta mostrar en nuestro rostro simplemente el hecho de que hemos fallado. Más bien, lo tenemos tenso porque nuestra piel y la expresión que dibujamos con ojos y músculos de la cara es más de circunstancia, de admitir en parte y no admitir del todo que hemos tenido un tropiezo.

¿A qué se debe esta obsesión por no fracasar? ¿A qué se debe este miedo a contar la verdad? ¿Es que el pensamiento “la verdad os hará libres” no va con nosotros? ¿O no va desde el momento en que no hemos dado la talla que creíamos podíamos dar?

Y esto es no solo frustrante para nuestra psicología personal, sino para nuestro ámbito mayor de la psicología social que compartimos, porque nos gusta hablar de nuestros logros, de lo que tenemos entre manos. Y, cuando hay que dar un paso atrás (un relato que precisamente no es de éxito), nos fastidia, nos pone de mal humor.

¿De dónde surge ese temor a fracasar?

Vamos a poner negro sobre blanco: el miedo al fracaso es una emoción común a todas las personas; no es un sentimiento excepcional. Surge por diversos factores psicológicos, sociales y personales, convirtiéndose en una “espada de Damocles” que puede influir negativamente en nuestra vida, ya que estamos siempre pendientes de la posibilidad de que fracasemos en lo que tenemos entre manos, aunque técnicamente no exista posibilidad de que ello ocurra.

¿Por qué afirmamos esto? Porque se supone que, por ejemplo, eres un experto en tu especialidad y así se te reconoce en el puesto de trabajo que ocupas en la empresa. Pero el miedo potencial está presente porque lo vamos alimentando con nuestra propia exigencia. Y desde ya que nos limita nuestras acciones y decisiones.

Perfeccionistas

En cuanto a los factores psicológicos, pueden darse los que correspondan a personas perfeccionistas (en caso de que lo seamos), porque este tipo de personalidad establece estándares muy altos y rígidos para sí mismas. Esto genera una gran ansiedad al pensar que cualquier error equivale a un fracaso total.

Baja autoestima

También puede darse que la personas tenga una baja autoestima, o sea, una percepción negativa de sí misma que puede hacer que se sienta incapaz de enfrentar desafíos, temiendo que el fracaso confirme sus inseguridades.

Autocrítica excesiva

No menos importante en el plano psicológico individual, es el de la autocrítica excesiva, por la que una persona se centra constantemente en los errores y se culpa por ellos, lo que le lleva a alimentar su inseguridad y tener miedo a repetir experiencias negativas.

Se dan circunstancias en que las personas llegan a tener una visión catastrofista, por la que exageran las posibles consecuencias del fracaso, lo que lleva a evitar situaciones desafiantes por miedo a no estar a la altura.

Ámbito social

Ya en el plano social cultural siempre estamos sometidos, nos guste o no, a la presión social, porque las expectativas impuestas por la sociedad, familiares o amigos pueden generar un temor intenso a decepcionar a los demás. Y ese es el punto crítico en el que nos autogeneramos una exigencia más allá de lo razonable. Que, en realidad, no tiene razón de ser.

Estigma del fracaso

No cabe duda de que, cuando utilizamos la palabra estigma, solo escuchándola nos da vibraciones negativas, porque es como una mancha que se extiende cuando se nos cae aceite en el suelo de la cocina. En muchas culturas, fracasar se percibe como algo negativo o vergonzoso, lo que refuerza el miedo a equivocarse. Y eso de tener el estigma de fracasado, creyendo que el resto de personas nos va a etiquetar así, nos hace que el día a día se nos haga muy complicado de llevar con un mínimo de serenidad, porque aquel temor a ser catalogados como fracasados nos provoca ansiedad.

Sabemos que cuando a su vez las personas tienen la tendencia a comparar con los demás, en este caso, si se compara con los éxitos ajenos, puede llevarnos a sentir insuficiencia y temor al fracaso personal.

Pudo haber habido experiencias previas

Las experiencias que hayamos tenido de fracasos anteriores y todo tipo de vivencias negativas, como errores en el ámbito académico, laboral o personal, pueden dejar cicatrices emocionales que dificultan enfrentar nuevos retos. No menos impactante para nuestra psicología individual serán las críticas y por supuesto, las humillaciones. Es que haber sido juzgado severamente por errores previos puede aumentar la ansiedad ante la posibilidad de repetir esos fracasos.

¿Hay solución? ¡Por supuesto que sí!

Todo depende de cómo interpretemos a nivel personal nuestro fracaso, ya que muchas personas asocian el fracaso con su valor como individuos, creyendo erróneamente que fallar en una tarea las define como “fracasadas”. Esta manera de pensar tan simplista ignora la complejidad del aprendizaje y el crecimiento personal.

Entonces, para poder superar este miedo hay que esforzarse y aprender a cambiar nuestra perspectiva hacia una más constructiva, viendo los fracasos como oportunidades de aprendizaje y desarrollo.

Cómo podemos superar el miedo al fracaso

Superar el miedo al fracaso requiere un cambio de perspectiva y la implementación de estrategias prácticas que ayuden a gestionar esta emoción de manera constructiva. Una persona que esté atravesando un momento en el que recién acaba de fracasar de verdad en algo (no es una ilusión), pueden hacer uso de diversas técnicas basadas en los resultados obtenidos:

  1. Cambiar su percepción del fracaso

Para considerar y con éxito que el fracaso se va a convertir en una oportunidad para poder aprender y crecer, tendrá que hacer una reflexión sobre lo que salió mal, identificar áreas de mejora y aplicar esos aprendizajes en el futuro.

El fracaso no te define como persona, es solo un evento temporal que forma parte del camino hacia el éxito.

  1. Establecer metas realistas

Para lo cual deben fijarse objetivos alcanzables y hay que dividirlos en pasos más pequeños, de manera de reducir la presión y aumentar la confianza en tus capacidades, evitando expectativas poco realistas que puedan generar una frustración innecesaria.

  1. Reconocer y analizar tus emociones

Aceptar que sientes miedo y explorar las razones detrás de él. Identificar la fuente específica de tu temor te permitirá abordarlo de manera más efectiva. Siempre debes reflexionar sobre tus pensamientos negativos y cuestionar su validez. Muchas veces, estos temores son irracionales o exagerados.

  1. Aprender a relativizar el fracaso

No pienses en términos absolutos como “éxito” o “fracaso”. Reconoce los matices y busca los aspectos positivos incluso en los errores. Debes de tener en cuenta que muchas personas exitosas han enfrentado fracasos antes de lograr sus metas.

  1. Refuerza tu motivación

Visualiza tus logros futuros y cómo te sentirás al alcanzarlos, ya que sto puede ayudarte a mantenerte enfocado y motivado. Por tanto, debes buscar todo el posible apoyo emocional en amigos, familiares o mentores que puedan ayudarte a superar tus miedos.

  1. Practica la tolerancia a la frustración

Acepta que no todo saldrá perfecto a la primera, por lo que debes aprender a gestionar la frustración como parte del proceso de mejora continua. Es altamente conveniente que te enfoques en el progreso, no en la perfección, y celebra cada pequeño avance como un éxito personal.

  1. Debes disponer siempre de un plan alternativo

Diseña un plan B para reducir la ansiedad ante posibles errores, porque cuando sabes que dispones de opciones, esto te ayudará a enfrentar los desafíos con mayor seguridad.

Al aplicar estas estrategias, puedes transformar el miedo al fracaso en una herramienta para el crecimiento personal y profesional, y tendrás el mérito de haber convertido al fracaso de un obstáculo en una parte esencial del aprendizaje y el éxito.

Cómo puedo establecer metas realistas para reducir el miedo al fracaso

Para establecer metas realistas que reduzcan el miedo al fracaso, es fundamental combinar planificación estratégica con autoconocimiento.

  1. Aplica el método SMART

Define metas específicas, medibles, alcanzables, relevantes y con tiempo definido.

  1. Desglosa objetivos en pasos manejables

Divide metas grandes en micro-metas diarias o semanales

  1. Evalúa tus recursos actuales

Analiza herramientas, tiempo y habilidades disponibles.

  1. Prioriza el proceso sobre el resultado.
  2. Incorpora flexibilidad y planes alternativos.
  3. Celebra logros intermedios

Reconoce cada avance, incluso los pequeños.

  1. Revisa y ajusta periódicamente

Realiza evaluaciones mensuales para corregir desviaciones.

 

Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y también autor del libro ‘El Cubo del Líder’.

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