¿Es la IA superior a la inteligencia humana?

En 1996, Garry Kasparov, campeón mundial de ajedrez, tuvo quizás su más importante lucha en el tablero, ya que su oponente no era otro maestro internacional de ajedrez, sino la supercomputadora de IBM Deep Blue. Fue una dura batalla que constaba de 6 partidas. Estos encuentros son referidos también con la expresión de “El hombre contra la máquina”, debido a la naturaleza del evento. El primer match se jugó en febrero de 1996 en Filadelfia, (Pensilvania). Kasparov lo ganó 4–2, perdiendo una partida, empatando 2 y ganando 3.

En 1997 se disputó un segundo match, que fue llamado “el más espectacular duelo de ajedrez de la historia”. En esa ocasión, la supercomputadora Deep Blue, que había sido mejorada desde el anterior encuentro, ganó a Kasparov 3½–2½.

 

¿Qué es lo que había ocurrido entre un match y otro?

En estas especiales olimpíadas de ajedrez entre el campeón ruso y la ingeniería informática del gigante azul, no le habían vencido en la segunda ocasión a Kasparov su creatividad y capacidad de imaginar movimientos, que la inteligencia humana había demostrado en el primer match que había sido capaz de vencer al superordenador. En realidad, era la capacidad tecnológica, ya que IBM introdujo una serie de nuevos algoritmos y la mayor velocidad de la máquina que hacía del todo imposible poder dar respuesta tan rápido a las miles de posibilidades de jugadas que tiene el juego ciencia, teniendo en cuenta también las miles de posibilidades de jugadas que ante una movida de las blancas tienen las piezas negras. ¿Era este el fin del dilema en cuanto a quién es superior? ¿Había perdido en las quinielas la inteligencia humana frente a las máquinas de tercera, cuarta, quinta generación y siguientes?

 

Vayamos un poco atrás en el tiempo

Si rescatamos por un instante al que se considera uno de los padres de la IA, John McCarthy (1927-2011), la define como “la ciencia y la ingeniería de fabricar máquinas inteligentes”. John McCarthy fue un informático y científico cognitivo estadounidense. Fue uno de los fundadores de la disciplina de la inteligencia artificial y coautor del documento que acuñó el término “inteligencia artificial” (IA), desarrolló la familia de lenguajes de programación Lisp, influyó significativamente en el diseño del lenguaje ALGOL, popularizó el tiempo compartido e inventó la recolección de basura.

McCarthy pasó la mayor parte de su carrera en la Universidad de Stanford. Recibió muchos elogios y honores, como el Premio Turing de 1971 por sus contribuciones al tema de la IA, la Medalla Nacional de Ciencias de los Estados Unidos y el Premio Kyoto.

Pero cuando se quiere saber quién es el verdadero padre de la IA, tenemos que poner en cabeza al británico Alan Turing (1912-1954), que no solo es considerado el auténtico progenitor de la inteligencia artificial, sino como el precursor de la informática moderna. Fue un matemático, lógico, informático teórico, criptógrafo, filósofo y biólogo teórico, que es considerado como uno de los padres de la ciencia de la computación.

Tuvo un papel fundamental en lo que respecta a poner en el lugar que le corresponden hoy, por ejemplo, al famoso algoritmo de Google, ya que proporcionó una formalización decisiva e influyente de los conceptos de algoritmo y computación: la máquina de Turing. Pero sin duda, su importante contribución durante la Segunda Guerra Mundial y que le ha hecho pasar a formar parte de la historia, se debió al trabajo para descifrar los códigos nazis, particularmente los de la máquina Enigma, y durante un tiempo fue el director de la sección Naval Enigma de Bletchley Park. Los historiadores y otros expertos de disciplinas vinculadas a las ciencias de la informática y las matemáticas, así como la física, consideran que gracias a sus investigaciones pudo acortarse la duración de la Segunda Guerra Mundial entre 2 y 4 años.

Tras la guerra, diseñó uno de las primeras computadoras electrónicas programables digitales en el Laboratorio Nacional de Física del Reino Unido y poco tiempo después construyó otra de las primeras máquinas en la Universidad de Mánchester.

 

Entrar en las entrañas de una disciplina

Lo que siempre debemos hacer cuando nos adentramos en las profundidades de una disciplina, es además de analizar cuáles son las bases sobre las que se asienta el conocimiento científico que la determina y condiciona (sus entrañas, coloquialmente hablando), tenemos que abordar el impacto que significa hacia el exterior los avances que de ella se hagan.

En el caso de la IA tenemos que hacer un enfoque que nos explique lo que se necesita para el desarrollo de un mejor sistema de IA, como el procesamiento y el razonamiento de la información, y referido a la materia que abordamos hoy sobre si prevalece una inteligencia como la humana sobre la artificial, o ésta sobre la cognitiva y creativa de nuestra especie, estamos en el punto de crisis sobre lo que se está debatiendo en todo el mundo en este momento.

Si decimos que la IA ya convive con nosotros hace décadas, puede a muchos llamarle la atención esta afirmación. Pero en realidad es así. La cuestión es el grado de desarrollo que dicha IA tenía hace diez años, o el que ostentaba hace dos décadas atrás. Lo que sí es cierto que lleva mucho tiempo impactando en nuestra vida diaria, una vez que ha salido del ámbito del laboratorio.

En cuanto a las virtudes que se le atribuyen, sin duda la más destacada es la capacidad de analizar múltiples capas de información para tomar decisiones. Y el grado de evolución que ha tenido en el último lustro, del cual hemos visto además en los últimos meses reclamos a viva voz de personalidades importantísimas de la ciencia y la tecnología llegar a exigir una veda sobre las investigaciones que de la IA se vienen haciendo.

Este reclamo se ha estado pidiendo a gritos desde diferentes estamentos de la sociedad a escala global, desde centros de investigación, pasando por catedráticos hasta algunos gobiernos, que se aplace durante 6 meses todo tipo de avance en su desarrollo, es más que significativo que justamente es en este momento en el que se hacen oír voces autorizadas, coincide en el tiempo con una manifiesta preocupación sobre si finalmente va a ser capaz la IA de reemplazar a la actividad mental humana.

Ha surgido con fuerza en la sociedad mundial una duda generalizada de si finalmente seremos reemplazados por robots que configurarán un mundo absolutamente diferente al que estamos viviendo. Estas dudas que se manifiestan de diversa fórmula y también los temores derivados a partir de ellas, son parte de las impresiones que han producido en todo el mundo, incluso en la propia comunidad científica, imágenes de personas perfectas, que pasan por humanas, pero que son creadas por IA.

A tal punto ha preocupado este avance, que uno de los motivos por los que se llevó a cabo una huelga bastante larga en los guionistas de Hollywood, era el temor que había surgido en este poderoso colectivo, al que se le sumaron en sus reclamos el colectivo de actores, por estar preocupados porque la IA empezara a reemplazar determinadas funciones tanto de guionistas como actores.

Es más, actores de la talla de Tom Hanks estaban muy pendientes de cómo iban a derivar estas últimas informaciones sobre caras humanas que no eran más que copias exactas de personas hechas por la IA; o, sin ser una copia, una nueva creación que parecía humana, que realmente como en otras tantas situaciones en los que se había levantado Hollywood por un reclamo de la sociedad, su voz se hizo escuchar.

Con respecto a estas caras que todos hemos visto en diferentes programas de televisión en los que se analizaba este fenómeno, la primera impresión es que parece ciencia ficción al principio, pero en realidad, estas tecnologías están impactando la forma en que realizamos negocios e incluso cómo nos movemos por nuestros propios hogares.

 

¿Inteligencia artificial versus inteligencia humana?

Queramos o no, seguimos siendo los seres humanos los que aún somos responsables de diseñar y codificar los algoritmos. Los algoritmos matemáticos son como las células de un organismo vivo que cumplen millones de funciones diversas para hacer posible la vida. En las máquinas, los algoritmos permiten a los sistemas informáticos gestionar problemas complejos y aprender del entorno, lo que hace que la IA sea más versátil.

Sin embargo, cuando se trata de multitarea, creatividad, imaginación, interacciones sociales y autoconciencia, el intelecto humano es mucho más avanzado en comparación con la IA. Un pequeño detalle: la IA no tiene ningún parámetro conocido como coeficiente intelectual, típico de la autonomía de la mente humana, ya que sigue las instrucciones que le dan los humanos para una tarea específica.

Es evidente que la gran diferencia entre ambas está en quién es dueña de la creatividad y la programación que se haga: la mente humana. Pero ¡ojo al dato! Cuando nos encontramos con situaciones en las que es la propia inteligencia de las máquinas la que crea nuevas situaciones, no deja de ser originada por una programación, en este caso con la ventaja de que se hace con una velocidad asombrosa, pero siempre dentro de determinados parámetros (los mismos límites que la programación le permite), aunque pueda incorporar (saber hacer elecciones y toma de decisiones más complejas) porque el propio sistema que a su vez ha tenido un desarrollo más complejo y detallado, le habilita a dicha máquina, computadora o lo que fuere, a aproximarse casi al nivel de la mente humana.

Y este es el problema: el temor que infunde, aunque cuando nos detenemos a analizar en profundidad la realidad de lo que es y para qué sirve, dicho temor se desvanece.

Estamos también muy acostumbrados a escuchar recientemente, que tanto el término IA como inteligencia humana a menudo se usan indistintamente, sin embargo, son cosas separadas. Pero su diferencia esencial subyace en que la IA incluye tecnologías que permiten a las computadoras imitar procesos cognitivos como el aprendizaje y la resolución de problemas, en cambio, nuestra actividad mental humana es una colección de rasgos mentales comunes como la creatividad, la percepción y la memoria, que se compatibilizan simultáneamente a también la capacidad humana para lograr siempre mejores niveles de aprendizaje, desarrollo evolutivo de nuestras capacidades mentales, y un entrenamiento casi intuitivo para la resolución de problemas (sin software previo), más que la auténtica posibilidad de interconexión neuronal que el cerebro nos da para establecer nuevas situaciones antes las que hay previstas una respuesta idónea.

 

Veamos algunos de los parámetros de la inteligencia humana y la artificial

Si nos referimos a la evolución, en cuanto a la humana, se corresponde con las capacidades cognitivas para pensar, razonar, evaluar, etc., que forman parte (están integradas) dentro de nuestra actividad mental de almacenar datos en nuestra memoria, reconocer, percibir, etc. por nuestra propia naturaleza. Desde ya que es evolutiva, porque desde que nacemos, el cerebro evoluciona y aunque parezca difícil de asumir, sigue incrementándose la actividad mental durante toda la vida.

De ahí, que, existen una serie de procedimientos terapéuticos totalmente experimentadas por la medicina, para que enfermos de Alzheimer, o que tienen otros tipo de enfermedades degenerativas, como es la que se conoce como “deterioro cognitivo”, por la que se busca activar la actividad mental de esa persona, no solo para frenar el deterioro en el proceso mental de razonar, conocer a otras personas, etc., sino incluso recuperar funciones cerebrales que se habían perdido.

En cuanto a la evolución desde el ángulo de la IA, Norbert Wiener, que fue un matemático y filósofo estadounidense, conocido como el fundador de la cibernética, acuñó el término en su libro “Cibernética o el control y comunicación en animales y máquinas”, publicado en 1948. Él planteó la hipótesis de los mecanismos de crítica, por lo que se le atribuye una importante contribución temprana al desarrollo de la IA.

Si nos atenemos a su naturaleza, a lo que es la esencia de ambas inteligencias, la humana tiene una característica propia única y superior a cualquier especie viva: la de combinar una variedad de actividades cognitivas para adaptarse a nuevas circunstancias. Es por ello, que cuando hemos definido en varias ocasiones desde esta tribuna al referirnos a la inteligencia emocional, y hemos profundizado en la esencia de la inteligencia humana, siempre hemos coincidido con una parte de la doctrina que sostiene que la inteligencia, independientemente de los procesos cognitivos que la conforman, hay uno que la distingue: la capacidad de adaptación al cambio y saber cómo actuar, qué hacer y decir bajo nuevos parámetros que estén condicionando en cada momento nuestra vida, sea personal o laboral.

En cambio, la esencia de la IA es la capacidad de crear computadoras que sean capaces de comportarse como humanos y realizar tareas que los humanos normalmente harían.

Desde el punto de vista mecanicista, o sea, cómo funcionamos, los humanos hacemos uso de la memoria más una cantidad infinita de capacidades de procesamiento de los inputs de información que introducimos en nuestro cerebro (lo que percibimos y lo que captamos), que, con el proceso cognitivo interno de nuestra actividad mental, ordenamos, priorizamos, diferenciamos, etc., lo que nos hace llevar a cabo las tomas de decisiones y pasar a la acción.

En cambio, este proceso funcional de la IA a diferencia de la humana, es el procesamiento de datos y comandos dependientes de la programación que a dicha computadora y/o máquina los humanos le hemos provisto, o sea, sin ese software no puede tener ni la más mínima actividad funcional ningún dispositivo mecánico. El impulso esencial de la IA es que sus programas sean incorporados por la actividad humana y haga funcionar sus dispositivos.

 

La complejidad de la inteligencia humana y qué es el proceso cognitivo

Imaginemos que estamos sentados cómodamente en el salón de nuestra casa leyendo un libro. Nuestra inteligencia es la que es capaz de permitirnos en ese momento transformar las series de líneas de palabras escritas en cada página, pasándolas ordenadamente mientras ejercemos la acción de la lectura, a nuestra parte de procesamiento de la información, que es nuestra capacidad de obtener, procesar y aplicar conocimientos para pensar, resolver problemas y tomar decisiones. Esta secuencia es el proceso cognitivo que implica fases diferentes, pero que en el caso de nuestra lectura se dan simultáneamente, ya que implica percepción, durante la cual recibimos información del entorno y de nuestros sentidos, en nuestro momento de esparcimiento, leyendo este libro.

Pero después está el razonamiento y la lógica, que es la capacidad de pensar lógicamente y sacar conclusiones. Es la fase en la que nuestra actividad mental nos permite resolver problemas, porque ejercemos la actividad del llamado pensamiento crítico. Sin duda, hay otras dos funciones fundamentales de nuestro cerebro, que corresponden a la capacidad de almacenar información (nuestra memoria) y la de crear nuevas situaciones, tanto mentales como de apoyo a actividades en las que hay una creación física, como dibujar o pintar, lo que corresponde a una de las más características habilidades humanas: la creatividad. Nos permite tener ideas genuinas y abordar los problemas desde diferentes perspectivas. Y, lo más importante, que vienen en nuestro ADN desde el mismo momento en que venimos al mundo.

Lo importante es que también se pueden incentivar y mejorar su desarrollo durante el resto de nuestra existencia. En este punto, vemos una ventaja significativa de la inteligencia humana frene a la IA, ya que habrá límites de programación y de algoritmos, que, en algún momento de su desarrollo, por más posibilidades de gestión de Big Data y toma de decisiones que tenga una máquina, por más que incluso cree nuevas situaciones, siempre carecerá del proceso creativo imaginativo de la inteligencia humana.

 

La inteligencia humana en la vida cotidiana

A veces no somos conscientes de que las personas diariamente contamos con miles de habilidades para resolver problemas, tomar decisiones, hasta el punto que nuestras interacciones sociales también dependen de nuestra inteligencia, ya que podemos leer las emociones de las personas y responder en consecuencia o comportarnos de cierta manera según las normas sociales. Y existe un nivel más elevado aún, como es el de la inteligencia emocional, que nos ayuda a comprender cómo se sienten los demás y a empatizar con ellos, construyendo así relaciones. Pero para construir toda esta gama de relaciones posibles que nos da nuestra actividad mental, requiere no solo que leamos el libro, que tengamos una percepción al mirar una cosa o una persona, que descubramos un recuerdo almacenado en nuestra memoria al oler un perfume, que sintamos una cierta tranquilidad al escuchar determinada voz de otra persona, etc., sino que también hagamos uso del atributo del lenguaje, que también es un indicador de inteligencia ya que lo utilizamos para expresar nuestros pensamientos e ideas.

 

¿Qué tan similares son la IA y la inteligencia humana?

Aquí entramos a un punto crucial de nuestro análisis: el proceso de información. Desde ya que la IA puede procesar información tal como lo hace la inteligencia humana. ¿Es posible? ¿Hay ciertos límites? Lo que sí es cierto, es que los sistemas de inteligencia artificial que han sido programados y experimentados para hacer un aprendizaje automático, tienen la capacidad de gestionar con eficiencia (sin margen de error) grandes cantidades de datos. Pero es que, además, están en condiciones de predecir resultados como lo hacemos los humanos para comprender el mundo que nos rodea. Un ejemplo claro de ello, es el reconocimiento de imágenes. La IA procesa imágenes para encontrar patrones e identificar los objetos y sujetos retratados. Hacemos lo mismo cuando miramos una imagen y podemos reconocer inmediatamente rostros, paisajes, objetos y seres vivos porque la procesión visual llega a nosotros sin esfuerzo.

 

¿Cuál es la diferencia?

La capacidad de analizar, por ejemplo, el telescopio James Webb millones de imágenes del cosmos más antiguo, galaxias que fueron creadas no más de 200 millones de años después del Big Bang, proceso deductivo que es imposible hacer por la mente humana por los millones de datos que pueden procesarse por minuto.

Esto nos excluye a los humanos de esta lucha por la interpretación del origen del cosmos. ¡De ninguna manera! La interpretación la hacen científicos, sea de la NASA o de la Agencia Espacial Europea, pero requieren de los datos de análisis, incluso muchos vienen ya depurados y ordenados para facilitar entonces que la mente humana, una vez más, imagine, razone, interprete y se anticipe. Sacar conclusiones es más propio de la inteligencia humana que de la IA. No debemos confundir tener millones de datos y poder hacer determinadas tareas programadas que el hombre podría hacer, pero que la máquina lo hace en segundos.

 

El aprendizaje automático

El aprendizaje automático ayuda a los sistemas de IA a mejorar sus procesos y mejorar la calidad de los servicios que dan a medida que transcurre el tiempo y se introducen mejoras. Los sistemas cuentan con un tipo de memoria que les permite retener información pasada y lo más importante, tener la capacidad de combinarla con nuevos conocimientos para a su vez, cambiar su comportamiento. Y sumado a todo ello: una gran velocidad de procesamiento, pudiendo almacenar millones de datos de Internet y recuperarlos.

Nuestro mecanismo natural como seres humanos es que, a partir de experiencias pasadas, nuestra actividad mental mejora una vez que las vuelve a procesar, tomar ese conocimiento pasado y aprender cosas nuevas todo el tiempo. También podemos recordar gracias a la memoria, lo que hemos aprendido, hacer conexiones entre la información y mejorar nuestra comprensión del mundo.

Por tanto, afirmemos que una cosa es considerar a la IA como una herramienta, poderosa, pero herramienta al fin, y otra muy diferente atribuirle que goza de las mismas funciones que nuestro hemisferio derecho cerebral, dónde radica la intuición, las emociones y la creatividad.

Rotundamente estamos del lado de los que opinan, que “no puede reemplazar por completo la inteligencia humana”. Lo que sí hace es que puede realizar ciertas tareas con mayor rapidez y precisión que los humanos, pero un pequeñísimo e importante dato: carece del mismo nivel de inteligencia general, creatividad y comprensión social que poseen los humanos. ¡Y ésta es la clave!

Claro está que esta tecnología que lo está revolucionando todo, permite a las máquinas realizar tareas que normalmente requerirían inteligencia humana, como reconocer patrones, tomar decisiones y procesar el lenguaje natural.

 

¿De qué se vale entonces, si no es una inteligencia humana?

Simplemente, la IA suele funcionar con algoritmos de aprendizaje automático, que permiten que el sistema aprenda y mejore con el tiempo. Y este también es un dato clave. Pero de ahí a que nos supere en cuanto a creatividad e imaginación, lo siguen dudando las inteligencias más importantes del mundo en la actualidad.

Es el caso de Andrew Ng, cofundador de Google Brain y fundador de deeplearning.ai, que afirma de manera tajante que “es difícil pensar en una industria importante que la IA no transforme. Esto incluye la atención médica, la educación, el transporte, el comercio minorista, las comunicaciones y la agricultura. Hay caminos sorprendentemente claros para que la IA marque una gran diferencia en estas industrias”. Pero todos los beneficios a los que refiere en ningún momento dan lugar a que nos reemplaza la actividad de nuestras neuronas.

Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y también autor del libro ‘El Cubo del Líder’, y Antonio Alonso, presidente de la AEEN (Asociación Española de Escuela de Negocios) y vicepresidente segundo de EUPHE (European Union of Private Higher Education).

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