Imperfecciones del liderazgo

Cuando Bill Treasurer, que es el fundador de Giant Leap Consulting, una consultora líder cuya misión es la creación de coraje para ayudar a las personas y las organizaciones a ser más valientes, afirma que “los líderes no deben ser juzgados según un estándar de perfección, porque es la voluntad de ser imperfecto lo que alimenta la capacidad de un líder para experimentar, innovar y evolucionar”, sin duda le está dando no solo realismo al liderazgo, al que ocurre todo los días, sino lo está haciendo más humano.

Y a continuación dice que “a menos que un líder tenga el coraje de probar cosas nuevas, donde los resultados perfectos no están garantizados, nunca crecerá. Cuando se trata de liderazgo, la imperfección es más importante que la perfección”.

Kasia Jamroz que es una relevante coach en liderazgo y miembro del consejo de la revista Forbes, que ayuda a individuos y organizaciones a expandir sus perspectivas para elevar sus posibilidades de éxito, dice que: “los líderes conscientemente imperfectos entienden que el cambio significa poder adaptarse y se incluyen en el proceso. Tienen integridad y hacen lo correcto incluso cuando nadie está mirando”.

Pero además agrega que cuando se manifiestan en sus acciones como que son conscientemente imperfectos, este tipo de líderes practican el juicio equilibrado, habiendo aprendido que la mente, ordena cosas en la vida y en los negocios que vale la pena hacer y cosas que dan resultado. Y llega al fondo de la cuestión (que obviamente compartimos), de que este nivel de consciencia de la imperfección reconoce la presencia del liderazgo (experiencia, sabiduría, nuevas ideas y compromiso) en todos los niveles de una organización y son estos líderes que se saben humanos e imperfectos, los que no tienen miedo de buscar dichos atributos en cualquier persona y función.

Ni mitos ni liderazgo infalible

Las personas cometen errores y los líderes también. Etimológicamente hablando, la palabra infalible significa que una persona nunca falla. Es evidente que la realidad es la que se termina imponiendo siempre en todos los ámbitos, pero también es cierto que es muy diferente según sean las circunstancias en las que ocurre en cada uno de ellos. Esto no puede excluir tampoco al liderazgo.

La clave es la lucha y la voluntad que ponemos en nuestras tareas y responsabilidades que ejercemos cada día. Nuestra actitud frente a la vida.

El liderazgo consiste en hacer las cosas y ayudar a las personas a alcanzar su potencial. Pero en ningún momento la doctrina habla de infalibilidad. Es más, cuando algún autor o experto se ha atrevido a siquiera aproximar algún concepto parecido en referencia al liderazgo efectivo, la crítica es contundente. Porque por más eficaz que se sea a la hora de dirigir personas y organizaciones, el error siempre aparece. La cuestión es cómo se gestiona.

¿Crees que las organizaciones que se esfuerzan para que las personas alcancen el máximo de su potencial están haciendo un buen trabajo? Esto depende. La cuestión radica en si están utilizando o no métodos que se han quedado un poco anticuados, lo que el liderazgo no perdona, ya que es una disciplina tremendamente dinámica y adaptable a los tiempos que corren. Y una cuestión vital cuando se debate sobre liderazgo, es admitir que habrá circunstancias inevitables en que se muestre la cara débil incluso del líder más efectivo.

Si tomásemos en cuenta las entradas en Yahoo y/o Google en la búsqueda del término liderazgo en todas las variantes que se nos pudieran ocurrir (liderazgo efectivo, multigeneracional, transformacional, personal, etc.), resultará que tendremos un auténtico espectro de liderazgo imposible de abarcar y del cual sólo hay que centrarse en cuestiones muy actuales de la materia que son las que interesan hoy. Este interés debería ser igual para organizaciones, instituciones (especialmente las de enseñanza de postgrado) y los propios líderes que ya están en ejercicio de posiciones de liderazgo o las/los jóvenes promesas profesionales que están desarrollando sus respectivas carreras y que aspiran también a ser líderes.

Al mismo tiempo en el mundo de los negocios, el término liderazgo es uno de los más utilizados y referidos, pero esto no garantiza que realmente sea comprendido en toda su extensión.

De ahí que como en otros campos del conocimiento, surjan ciertos mitos que en definitiva lo único que hacen es agregar más confusionismo, porque no dejan de ser apreciaciones que distan de la realidad. Por desgracia, estos mitos impiden con más frecuencia de la que nos gustaría, que las personas calificadas puedan llegar a la cima. Lo más grave de todo, es que querer imponer una falsa perfección al ejercicio del liderazgo, termina desnaturalizando hasta las acciones más puras y ortodoxas llevadas a cabo por un líder, porque se le está quitando la vestimenta humana.

Estas situaciones son las que crean los tópicos sobre liderazgo, que aportan más confusión a la cuestión.

Tal es el caso de esa afirmación que dice que “el liderazgo es una condición innata”. Menos mal que a esta altura de los acontecimientos, esta expresión ya ha quedado fuera de uso porque justamente la realidad demuestra lo contrario. Especialmente si el líder es claro acerca de cuáles son sus fortalezas y debilidades.

Los líderes imperfectos tienen una profunda conciencia de sí mismos. Y al conocerse tan bien, sentirse humanos y vulnerables, saben perfectamente en qué se destacan y en qué circunstancias necesitan ayuda. No solo es comprender bien en dónde se sienten seguros y qué cosas les genera inseguridad, sino que también comprenden sus modos y motivaciones predeterminados. Y en el momento en que se produce el error, si además el líder se ha comportado demostrando que es una persona auténtica, podrá empatizar mucho más con su personal, volver a impulsar el compromiso y la motivación, porque ha asumido en primera persona no solo el cambio, sino las consecuencias que éste produjo, por ejemplo, un cálculo erróneo que finalmente se ha ajustado y que todos asumen como una cuestión operativa más, no como una hecatombe. Claro está, esto depende de qué tipo de errores estamos hablando.

Eso de que ciertos dones han sido recibidos sólo por algunas personas privilegiadas por la naturaleza, es algo que aún hoy forma parte de uno los tópicos más comunes. Nada más alejado de la realidad.

Ya hemos sostenido en ocasiones anteriores, que cualquier persona que tenga la formación adecuada y se capacite en perfeccionar ciertas habilidades directivas, reunirá las mismas condiciones que aquellas personas que ya son refutadas como líderes. La cuestión subyace en que cuando se tiene el potencial, el problema es que, a pesar de contar con dichas habilidades, se necesita tiempo, entrenamiento y no dejar nunca de formarse. Pero esto siempre ha llevado a considerar –equivocadamente- que dominando ciertas técnicas se puede liderar. No es así.

Una de las claves es que la persona que ya está mostrando signos claros de que es un líder en potencia (su bagaje de experiencia y conocimientos), es el que muestra su predisposición y capacidad de ponerse en el lugar de los demás. Sensibilidad y flexibilidad. Empatía y comprensión. Obviamente estos atributos corresponden al ámbito de las competencias emocionales. Y en esto hay que formarse y entrenarse, independientemente de ciertas características de la personalidad que le hagan más fácil la relación con el resto de personas. Y esta cualidad tan beneficiosa para las relaciones interpersonales que es la empatía, admite dentro de sí comprender y asumir el error.

Ser carismático no significa estar exento de errores

También otro mantra que hemos escuchado durante años de que todo líder se caracteriza por ser carismático, esta afirmación, por contario de lo que puede pensarse, corresponde a una minoría de personas que han llegado a ocupar posiciones de liderazgo.

En la medida que un líder esté trabajando sin perder de vista cuál es el propósito de su misión, entonces, dirigiendo sus acciones hacia una meta, le convierta en carismático. El carisma como su empatía y capacidad de relaciones sociales, son atributos de la personalidad, que pueden perfeccionarse.

Las personas carismáticas tienen una facilidad asombrosa para tratar con las personas, caer simpáticos, ser escuchados, al mismo tiempo que generan un seguimiento que les permite llevar a cabo cualquier iniciativa.

El carisma hace que los demás no duden en seguir al líder, porque se interesan por sus puntos de vista, visión y un gran porcentaje de seguidores si bien no pueden creer en la infalibilidad al 100%, sí están seguros que su líder es una garantía para que las cosas se hagan bien. También, cuando se equivoca el líder, su carisma que sin duda es el que le siempre le ha abierto las puertas para facilitarle que su palabra y opinión sea escuchada atentamente y considerada, al producirse ese revés inesperado, también ayudará a que se consoliden los equipos como una piña alrededor del líder, porque se ha explicado qué es lo que ocurrió.

¿Qué es lo importante de cómo se reacciona? Se ha determinado el curso de acción de respuesta al problema acaecido, por lo que el error quedará subsumido por la acción correctiva y lo más importante, que no surgirán de manera espontánea juicios negativos hacia la persona del líder, ya que prevalecerá la capacidad de reacción y cómo ha sido la respuesta dada ante el infortunio producido, con el aditamento de que el personal está más comprometido con la dirección y su líder.

¿Por qué surge más compromiso? Porque todo el personal ha visto que esa autenticidad en la aceptación de la realidad que no era favorable, en vez de empecinarse en que prevaleciera su voz y opinión, ha hecho que el peso pase por el menor daño posible a la organización y que la operatoria siga normalmente.

El magnetismo personal y contar con una atracción especial es sin duda un don con el que algunas personas adornan su personalidad desde que tienen uso de razón. Pero la capacidad innata no puede ser menos, de hecho, no es bueno, que la adquirida. El desarrollo de la personalidad se produce a lo largo de toda la vida, a diferencia del carácter que es innato. Pero las acciones que van realizando desde su posición de líderes son las que finalmente cuentan a la hora de que sí se crea que es un ser carismático.

Todos los grandes líderes reconocidos por su carisma, aquellos que han sobresalido notoriamente del resto de líderes, sean en el plano político o en el empresarial, siempre han salido fortalecidos de los errores, porque los han considerado como algo natural, y han actuado en consecuencia dando humanismo, mostrando sus vulnerabilidades, lo que siempre termina reforzando el seguimiento que se hace del líder.

Los errores en sí mismos no crean confianza, aunque sí la forma en qué se gestionan. Si no, basta preguntarle a Tomás Alva Edison, cuando tuvo que hacer cientos de pruebas para finalmente demostrar que su invento de la bombilla eléctrica terminara funcionando. Sin duda, el error y la prueba y error, son la auténtica naturaleza de la ciencia.

Liderar es admitir la imperfección, aunque sí intentar crear equipos perfectos

Al ser conscientes de sus limitaciones y de la probabilidad para cometer errores, no dudarán los líderes imperfectos en empoderar personas y equipos. Allá dónde los puntos débiles sean propicios para que se genere un error, serán los espacios que más cuidará, proveyéndolos de personas que justamente sus fortalezas suplanten aquellos puntos débiles que los líderes conocen de sí mismos.

No van a nombrar personas que tengan que ser la imagen de ellos mismos. Este error no lo cometen. Buscan, por contario, equilibrar la balanza diaria de las operaciones que deben realizar, sabiendo delegar tareas y responsabilidades, cuidando qué aspectos también del control pueden ser delegados. En todo momento, la imperfección siempre latente forzará el proceso de retroalimentación, invitando a aceptar cambios y saber plantarse frente a los retos.

Elegir la conexión sobre la perfección

Cuando un jefe se planta frente a su equipo, supongamos que es uno que se supone de alto rendimiento, de tipo multidisciplinar y ha sido recién constituido, lo primero que va a hacer después de las presentaciones, es no meterse de lleno en el proyecto que tienen entre manos, ni hablar de tiempos de ejecución y otras cuestiones técnicas. Lo que sí hará es afirmar qué espera de ellos, no les dirá que sean perfectos, aunque sí dejará en el aire que buscarán como equipo la excelencia. No insistirá en la perfección individual, sino en la máxima reducción posible de los errores del equipo. Siempre prevalecerá el grupo y la eficiencia por encima de los miembros. Les invitará a que busquen la perfección pero que no se obsesionen, porque se cometerán errores que en conjunto los solucionarán.

Aunque, dado el nivel competitivo que tiene el equipo, es lógico que cada uno de ellos busque la perfección, pero el jefe, tiene que advertirles que espera de ellos lo mejor, incluso la perfección cuando sea posible hacerlo, pero siendo conscientes de la natural capacidad que los humanos tienen para el error. El ejercicio de la confianza en los demás, justamente es humanizar el grupo.

Delegar y no aferrarse a tareas que no hacen el mejor uso de las habilidades del líder

Delegar activamente las tareas a las que se aferra el líder, que son justamente las que muestran sus puntos flacos, es neutralizar el cometer errores, porque pasan esas tareas y supervisiones a personas más capacitadas técnicamente que el propio líder. Hemos dicho reiteradamente desde este Foro, que en lo que no se tiene que empecinar un líder efectivo, es en saberlo todo, justamente, lo contario, saber orquestar el funcionamiento de los expertos en sus equipos y departamentos que son los que garantizan el alto nivel de calidad de los procedimientos aplicados. El líder efectivo, como el director de una sinfónica, sabe música, pero no puede tocar todos los instrumentos. Sí su dirección es la que provoca ese sonido único de una sinfónica bien dirigida.

La imperfección también puede manifestarse en cierta resistencia que el líder tenga en delegar. Pero, como es un buen líder y consciente de sí mismo, en cuanto observe que está resistiéndose deberá actuar de inmediato dando las instrucciones para delegar.

La sensación de hacerlo por primera vez

Una manera idónea de dirigir personas y equipos, es hacerles sentir que el propio líder lo está haciendo por primera vez. Es decir, mantener el interés y la ambición del primer día. Ser siempre un principiante en algo ayuda a replantear y al mismo tiempo, actualizar los conocimientos sobre la materia de lo tratado. Cuando se vuelve a pensar porque hay que reactualizar el conocimiento, se produce el aprendizaje, no solo para el equipo, sino para el propio líder.

Y lo que este líder imperfecto tiene que tener en cuenta en su día a día, es que es la propia imperfección la que lo hace posible todo, porque si se hace una lista de todo aquello que el perfeccionamiento hace imposible, se termina aceptando por parte de líderes y empleados, que, para innovar, experimentar, delegar y comprometerse, se requiere de una exposición al error, una sensibilidad hacia la imperfección porque es algo natural, un rechazo a la soberbia y la exigencia sobre el perfeccionismo, además de una cultura hacia desmenuzar cualquier acción como que es humana, por tanto perfectible.

Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL) y también autor del libro ‘El Cubo del Líder’, y Antonio Alonso, presidente de la AEEN (Asociación Española de Escuela de Negocios) y vicepresidente segundo de EUPHE (European Union of Private Higher Education).

, , ,

Pin It on Pinterest

Share This