El síndrome del impostor

A veces en el ámbito de la doctrina, en cualquier campo de conocimiento, nos encontramos con algunas teorías sobre las que posteriores investigaciones y la evidencia científica terminan convirtiéndolas en herramientas de aplicación. En el amplio espacio del Management y el liderazgo, una gran parte de las teorías que son probadas en el día a día de las organizaciones ha partido de situaciones que se producían en ambientes de trabajo.

Pero en particular, el que hoy abordamos, parece que corresponde al terreno exclusivo de la psicología en su ámbito clínico y por supuesto, al tener implicancia en los equipos de trabajo y en general en cualquier posición que se tenga en una empresa, también implica a la psicología social, en concreto logrando una especialización importante como la sociología de las organizaciones. De hecho, no existe ninguna vida social sin la existencia de organizaciones y de instituciones. Es por ello de sumo interés, que comprendamos en profundidad cómo es el funcionamiento de esta vida colectiva y de las formas de cooperación a las que da lugar, lo que constituye el objeto de la sociología de las organizaciones.

Pero ambos campos de conocimiento, la psicología social y la clínica, son disciplinas que se suman permanentemente a la propia evolución que experimenta la Teoría de las Organizaciones.

¿A qué se llama síndrome del impostor?

Tener un sentimiento de que estamos engañando o que estamos fingiendo, desde ya que no es agradable. Pero te aseguramos, que si en algún momento has sentido lo que vamos a explicar a continuación, no estás solo.

¿Cuál es el síntoma más común del síndrome del impostor?

Personas que están trabajando, incluso en posiciones de liderazgo, y gracias al esfuerzo y dedicación han logrado un buen resultado, no necesariamente lo procesan como un éxito personal, sino más bien como una culpa. O sea, si sobreviene la preocupación de que te sientas culpable a pesar del buen logro obtenido, hay que reflexionar y tomárselo con calma, porque puedes estar experimentando el síndrome del impostor.

¿Tienen que ver este sentimiento con la inseguridad?

Por supuesto que sí. De ahí que es frecuente que todas las personas inseguras que están cómodas en su zona de confort, muchas de ellas (no podemos generalizar) estén experimentando este síndrome.

¿Cómo llevas la tensión del día a día?

Veamos que pasa en una jornada ordinaria cualquiera, en la que en tu empresa se suceden reuniones, tareas de un equipo que se están pasando de plazo para la entrega del informe, etc., todos ingredientes para generar estrés y un poco de tensión en el ambiente, incluso aunque exista un well-being destacable. Es evidente que tú podrías ser cualquiera de esas personas, corresponda tu función a la de jefe de equipo o quizás la de director de departamento. Sin duda, estás ampliamente preparado a esta altura de partido para jornadas largas en las que se vayan sucediendo reuniones con clientes, presentaciones a la junta directiva, coordinación del departamento, etc., pero ello no invalida el hecho de que te produzca estrés.

Aunque sea del de tipo positivo. El estrás como se dice coloquialmente “estar está”. Y finalmente, suponiendo que eres la persona responsable directa del avance del proyecto, ves al cabo del día que todo ha salido bien, pero se inicia en tu fuero íntimo (la voz de tu consciencia) la que te juega una mala pasada: empieza a enviarte un mensaje de que tu éxito se debe en parte o en su totalidad a la suerte, no a mérito tuyo. Quizás la mejor parte de esta sensación sea que el equipo queda exento de responsabilidad para este auto-reflejo de consciencia. Pero tú no te lo perdonas y te sientes culpable. Has entrado sin habértelo propuesto en una zona gris y peligrosa: el síndrome del impostor.

Lo increíble, por sorprendente que parezca, es que por más que tus compañeros de equipo (muchos de los cuales por el respeto que te tienen te lo hacen saber) expresamente te felicitan por tu intervención, más cuando saliste en defensa de uno de los miembros que se quedó un poco trabado en la explicación (estas cosas ocurren).

¿Qué es lo que percibes? ¿Qué es lo que pasa por tu cabeza?

Por lo general, las personas que entraron en este conflicto personal (una lucha con su propia psicología), están temiendo por su futuro próximo, eso de no estar a la altura de las expectativas futuras que la dirección tenga en ti. Y ciertamente es un elemento muy destructivo. Lo que habitualmente decimos de un amigo o un compañero por algunas cosas que le hemos escuchado decir, que se “¡monta cada película!”. Pues sí, pero éstas películas te las montas tu solo por una cuestión indisolublemente vinculada a la falta de seguridad.

El síndrome ya tiene medio siglo de historia

El síndrome del impostor fue identificado por primera vez por psicólogos que entrevistaron a mujeres ejecutivas en 1978, cuando no era habitual que la mujer ocupase puestos de alta dirección. Parece ser que lo que la ciencia ha confirmado se originó como ese sentimiento de extrañeza justamente porque la personas se sienten diferentes (en este caso la posición de liderazgo y ser mujer) a los demás. Como si fuera un peso que oprime su energía de trabajo y también de pensamiento. Porque ocupa un espacio en el que el que lo padece (ese sentimiento negativo) está siendo subsumido por un sentido de culpa. Esa culpa auto-infligida que especialmente se daba en sus orígenes en mujeres cuyas responsabilidades eran muy destacadas y también únicas. No había otras ni en la organización ni en el mercado. Los sentimientos de impostura con frecuencia se desencadenan por la sensación de ser diferente o un extraño.

Los que han estudiado el comportamiento de este síndrome, lo dicen claramente: no trae felicidad. Y las personas que lo padecen, una vez que les ocurre por primera vez, están ya pensando si van a encontrarse en breve en una situación similar, en la que la duda sobre la autenticidad de su trabajo y el éxito se convierten en una lápida de un tremendo peso por una culpa que solo está en su cabeza.

Personas que venían con una carrera imparable, pero que ante estas circunstancias en las cuales para evitar que las cosas salgan mal y demostrar su capacidad e inteligencia hacia el resto de miembros del equipo, o en el caso de sus subordinados, se esfuerzan llegando a límites que jamás habían siquiera pensado que podían sobrepasar. Trabajando hasta altas horas, seguir con el trabajo en casa, llegar a primerísima hora por la mañana abriendo la oficina, porque el temor a que el éxito logrado se disipe pronto en cuanto sepan que de alguna manera está fingiendo o engañando a los demás, o sea, un auténtico sentimiento de impostor, termina siendo el motor que les impulsa a un trabajo y dedicación fuera de lo normal.

Lo que se convierte en negativo para la salud física, especialmente para la mental, creyendo que su preparación, su trabajo para el reporte que tienen que presentar a dirección, buscando y buscando más información, preparándose para un supuesto tribunal que no le va a interpelar, lo único que produce en la psicología individual es una sensación terrible de derrota. Que no se es capaz de salir airoso y que no le están diciendo nada por no ofender su trabajo, pero que en realidad piensan que no es una persona competente. Por eso se entra en una fase en la cual no se puede relajar en absoluto. Todo es trabajo y temor a lo que van a decir o a entender los demás, aunque la realidad es que el resto de personas, incluyendo jefes y la propia dirección ni piensan eso y menos van a decir nada. Y que, si hay una felicitación por el logro obtenido, es real.

Por ello, aquellas personas que, por circunstancias similares a las descritas, padecieron en algún momento el síndrome del impostor, saben perfectamente que el éxito no les brinda felicidad.

Declaraciones de mujeres en posiciones de liderazgo que han manifestado que “estaba subiendo rápidamente en la escalera, pero cada vez que obtenía un nuevo ascenso, la celebración de ese éxito se disipaba de inmediato”, son declaraciones habituales que conforman con un patrón de comportamiento de los que han sufrido el síndrome. Tales pensamientos como, por ejemplo, “estaba empezando a pensar y me hacía la pregunta una y otra vez si en esta ocasión ¿voy a volver a tropezar con el temor a engañar a los demás? Entonces voy a trabajar mucho más duro que nunca”.

¿Es posible reconocernos a nosotros mismos si hemos caído en el síndrome?

Para que podamos actuar a tiempo es conveniente abrirnos a los demás y solicitar ayuda, que puede provenir de un amigo o de un coach de la propia empresa. Pero no está demás reflexionar y tomar debida nota de qué cosas nos están pasando, cuáles son los temores, qué es lo que más nos abruma, etc. Cuando nos miramos a nosotros mismos, el proceso de introspección es siempre una herramienta esencial para corregir nuestros sentimientos negativos.

Dentro de esta búsqueda de cuáles son las cosas que nos afectan, puede incluir profundizar en conocimientos que el actual proyecto requiere y que, si bien es parte de nuestra formación, los teníamos olvidados. A lo mejor, con una simple lectura calmada se puede disipar ese sentimiento negativo y darnos más seguridad en nosotros mismos.

Posibles acciones de respuesta para neutralizar el síndrome

Las posibles respuestas a dar pueden pertenecer al ámbito exclusivo de la persona o corresponder a lo que la propia organización puede hacer para combatirlo.

1º) Crear el entorno adecuado

La respuesta para superar el síndrome del impostor, visto desde el ángulo de la dirección, no es tanto apoyar a las personas que lo padecen (cuestión que está fuera de toda duda) sino de crear un entorno que fomente varios estilos de liderazgo diferentes y donde la diversidad de identidades raciales, étnicas y de género se considere tan profesional como el modelo que impera actualmente en esa organización.

2º) No caer cada vez más profundo

Cada acción que socava tu trabajo simultáneamente también está socavando tu confianza en ti mismo. Esto provoca una profunda ansiedad, incluso en situaciones muy extremas. La persona llega a odiarse y lo que siente que es un fraude para los demás se convierte en un sentido de culpa con el cual no puede sobrellevar mínimamente bien el trabajo y responsabilidades que tiene. Cree que le van a exigir mucho más aún y que le pondrán a prueba. Que lo que salió bien finalmente se verá que era pura casualidad.

En todo momento hay que tratar de ser lo más objetivo posible para analizar ese entorno que nos está generando las dudas y creando una personalidad dudosa que en realidad no es la que nos corresponde, ni por la propia psicología personal ni por la experiencia y menos por la formación.

El esfuerzo por ser objetivos es el que tiene que romper con ese sentimiento que le dice al sintomático que el reconocimiento que se hizo de su trabajo no estaba soportado por evidencia, sino por haberle ayudado y que en el fondo las cosas no se hicieron bien. Es el momento en el que el sintomático recurre a la frase hecha de “tuve suerte” o “esto lo pudo haber hecho cualquier otro miembro del equipo”.

3º) Evitar que el nerviosismo inicial termine en trauma

Esa sensación de que eres un fraude para los demás se inició con un poco de nervios, pero pasó a convertirse en un auténtico trauma. Por eso, cuando se pasa de esas primeras preguntas tales como ¿voy a encajar en este equipo con este nuevo nombramiento?, a otras típicas ¿cómo les voy a caer a mis subordinados como persona y como jefe?, o peor aún ¿estoy en condiciones de hacer bien mi trabajo y asumir las responsabilidades que me han asignado?, te estás auto infligiendo tal nivel de duda y negatividad, que empieza a convertirse en algo estructural, pasando a ser un trauma y no una cosa puntual.

4º) No caer en la inseguridad de dudar de tus habilidades

El síndrome del impostor se define vagamente como dudar de tus habilidades y sentirte como un fraude. Afecta de manera desproporcionada a las personas de alto rendimiento, a quienes les resulta difícil aceptar sus logros. Muchos se preguntan si merecen elogios.

Las psicólogas Pauline Rose Clance y Suzanne Imes desarrollaron en 1978 su tesis que se llama “The imposter phenomenon in high achieving women: Dynamics and therapeutic intervention. Psychotherapy: Theory, Research & Practice”. (El fenómeno impostor en mujeres de alto rendimiento: dinámica e intervención terapéutica. Psicoterapia: teoría, investigación y práctica).

La síntesis que presentan de su trabajo es muy elocuente: “El término “fenómeno del impostor” se utiliza para designar una experiencia interna de falsedad intelectual que parece ser particularmente frecuente e intensa entre una muestra selecta de mujeres de alto rendimiento. Ciertas dinámicas familiares tempranas y la introyección posterior de los estereotipos sociales de roles sexuales parecen contribuir significativamente al desarrollo del fenómeno del impostor. A pesar de sus destacados logros académicos y profesionales, las mujeres que experimentan el fenómeno del impostor persisten en creer que en realidad no son brillantes y han engañado a cualquiera que piense lo contrario. Numerosos logros, de los que uno podría esperar que proporcionen una amplia evidencia objetiva de un funcionamiento intelectual superior, no parecen afectar la creencia del impostor”.

Pero desde esta tribuna queremos afirmar, que, si bien en sus inicios se trató principalmente de un síndrome que afectaba a mujeres por su posición jerárquica, lo que se ha descubierto a lo largo de estas décadas es que puede afectar a cualquiera, hombre o mujer, y en cualquier posición, cargo y función en una empresa o en la sociedad en general, por ejemplo, un artista.

5º) Reconocer los elogios ajenos

Incluso cuando otros elogian tus talentos, descartas tus éxitos por el tiempo y la buena suerte. No crees que te los has ganado por tus propios méritos, y temes que otros eventualmente se den cuenta de lo mismo.

Tus reacciones para reconocer si tienes o no el síndrome

Desde este Foro siempre hemos profesado una profunda consideración a la investigación científica y los nuevos aportes que de ella se derivan en las organizaciones, por ende, en el liderazgo.

Si estás entre las personas que pueden haberlo padecido o que a lo mejor lo estás padeciendo en el presente, tienes ciertas reacciones comunes, tales como:

– Evitar que los demás reconozcan tus defectos o fracasos.

– Quieres hacerte digno de los roles que crees que no mereces.

– Pretendes suplir lo que consideras tu falta de inteligencia.

– Estás empeñado en aliviar los sentimientos de culpa por “engañar” a las personas.

Pero como todo en la vida, formamos parte de procesos, en lo personal y en lo laboral. El trabajo que realizas tiene forzosamente que seguir su ciclo en marcha. Esta es tu responsabilidad en la empresa. Por tanto, tus logros posteriores no te tranquilizan, ya que los consideras nada más que el producto de tus esfuerzos por mantener la “ilusión” de tu éxito.

Y si te viene a la cabeza nuevamente la cuestión de si te has ganado algún reconocimiento de parte de compañeros o de la dirección, el sentimiento que aflora es el que llamas de simpatía o lástima y no de los méritos que realmente tienes.

Y a pesar de contar en tu haber de logros importantes, asumes toda la culpa de cualquier error que cometas. Incluso los errores menores refuerzan tu creencia en tu falta de inteligencia y habilidad. Con el tiempo, esto puede alimentar un ciclo de ansiedad, depresión y culpa.

Lo que la ciencia nos dice

La Dra. Valerie Young, que es una investigadora líder del síndrome del impostor afirma que “Todo el mundo pierde cuando la gente brillante juega en pequeño”.

Los estudios realizados por Gail Matthews, KMPG, Kajabi and Dropbox/School of Life han encontrado que entre un 70 y 84% de personas experimentan el síndrome del impostor, sean directores ejecutivos y profesionales principiantes, doctores y estudiantes universitarios de primer año, ingenieros, empresarios, enfermeros o artistas y muchos más, que surge claro de las investigaciones que han experimentado sentimientos de impostor en algún momento de su vida. El síndrome del impostor es especialmente común entre los grupos que experimentan estereotipos sociales sobre la competencia o la inteligencia y la presión de representar a todo su grupo.

La Dra. Valerie Young, describe cinco tipos principales de impostores en los que según ella reflejan sus creencias internas sobre lo que significa la competencia y por supuesto, competir.

a) El perfeccionista

Que se enfoca principalmente en cómo haces las cosas, a menudo hasta el punto en que exiges la perfección de ti mismo en todos los aspectos de la vida.

b) El genio natural

Has pasado tu vida adquiriendo nuevas habilidades con poco esfuerzo y crees que debes comprender nuevos materiales y procesos de inmediato. Crees que las personas competentes pueden gestionar cualquier cosa con poca dificultad lo que te lleva a sentirte como un fraude cuando se te presentan dificultades.

c) El individualista

Crees que deberías ser capaz de hacerlo y gestionarlo todo solo. Si no puedes lograr el éxito de forma independiente, te consideras indigno. De igual forma, indigna sería tu posición si pidieses ayuda a alguien, lo que sería una manifestación clara de fracaso y admitir tu falta de competencia.

d) El experto

Antes de que puedas considerar que tu trabajo es un éxito, deseas aprender todo lo que hay que saber sobre el tema. Es posible que pases tanto tiempo persiguiendo tu búsqueda de más información que termines teniendo que dedicar más tiempo a tu tarea principal.

e) El superhéroe

No haces más que vincular la competencia con tu capacidad para tener éxito en cada función que desempeñas: seas estudiante, amigo, empleado o padre. No poder navegar con éxito las demandas de estos roles simplemente demuestra, en tu opinión, tu insuficiencia.

Artículo coordinado por José Luis Zunni, presidente y CEO del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), director de ecofin.es, vicepresidente de Foro ECOFIN y autor del libro recién publicado ‘El Cubo del Líder’ (Ed. Kolima; disponible a la venta pinchando aquí), en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y presidente honorario del Instituto Europeo Ecofin de Liderazgo (IEEL), y Antonio Alonso, presidente de la AEEN (Asociación Española de Escuela de Negocios) y secretario general de EUPHE (European Union of Private Higher Education).

, , ,

Pin It on Pinterest

Share This