En una sociedad en la que se ha extendido la falta de pudor en sus misceláneas acepciones, resulta frecuente encontrarse en entornos en los que no queda más remedio que oír conversaciones ajenas. ¡Cuántos parlotean a gritos por sus móviles en autobuses, trenes o por la calle!
Muchos coloquios son lamentos sobre la salud, los políticos, los servicios públicos o sobre decisiones de terceros que son descalificados con expresiones carentes de mesura y fineza.
En mi larga vida, he interactuado con miles de profesionales en docenas de países: desde China a Filipinas, pasando por Egipto, Marruecos, la práctica totalidad de Europa y de América tanto del norte como del sur. Acumulo, velis nolis, un amplio espectro de vivencias. En total, más de diez años fuera de España y 51 países visitados. He charlado con presidentes de gobierno, ministros, algún papa, cardenales, innumerables CEO de entidades financieras y mercantiles, por no mencionar a los innúmeros expertos de dispares niveles y sectores.
He encontrado gente extraordinariamente buena y algunos destacadamente perversos. La mayoría eran, al cabo, criaturas que procuraban obrar bien en términos generales, aunque no falten las fragilidades en momentos puntuales. En cuántas ocasiones me ha parecido leer entre líneas: ¿por qué no permitirse por la tarde llevarse la contraria sobre lo que se afirmó por la mañana?
Entre quienes más han llamado la atención en el bando de los buenos, se encuentra Pau B., empresario de éxito y luego arruinado por una mezcla de exceso de audacia y mala suerte. Transitó de verse obligado a esquivar a prójimos que querían asociarse con él hasta confesarme: eres el único amigo que me ha quedado. Él fue siempre el mismo. El triunfo atrajo a cientos de moscardones que, al cabo, huyeron de la chamusquina, abandonándole. Sólo el presidente de uno de los grandes bancos, que había buscado mi asesoramiento, tuvo a bien acogerle con afecto en una cena compartida por los tres. Aquel financiero había sido, vueltas de la vida, subordinado del ahora descalabrado. ¡Qué velada entrañable! Tiempo más tarde, Pau murió muy solo. Era bueno.
En el otro lado del platillo se encuentran dos Alfonso y un Antonio. Prepotentes, irrespetuosos, imbuidos de un orgullo desmedido, provocaron mucho dolor tras su adarve de títulos nobiliarios o académicos. Dos crían malvas. Pocos les lloraron.
En la balanza de quienes intentan no dañar a nadie y ayudar a quien está en su mano destaca mi progenitor, siempre dispuesto a contribuir al desarrollo de quienes más arduo lo tenían. Tanto desde su cátedra como desde la empresa que fundó y eficazmente dirigió. ¡Durante décadas -falleció hace más de 30 años- me he encontrado incontables amigos suyos en cuantiosos rincones de la geografía!
¿Qué decir de Ramón? Nacido en el noreste español, viajó a Brasil desde donde tuvo que regresar por graves motivos médicos. Transcurrió el resto de su existencia en España, ayudando a multitud de personas a encontrar el sentido de una vida equilibrada y armónica.
Todo esto y mucho más lo narro con detalle en mis Memorias, que esperan mansamente su publicación.
Me han venido estos sucesos a la cabeza con ocasión de la presentación del libro “Qué vale nuestro trabajo. 5000 años de historia de la retribución” (Kolima, 2025), que Josep Capell y yo hemos presentado los días 22 y 23 de enero de la mano de nuestra excepcional editora, Marta Prieto. Ana Cristina Sánchez, que ha colaborado en el texto aportando la perspectiva azteca, nos apoya desde Monterrey.
Sentirse bien acompañado en un proyecto es elemento cardinal de la felicidad en esta tierra. Encontrar un equipazo como el que ha participado en este ensayo es algo grande. Lo más importante en la vida no es a dónde vamos, sino con quién.
El sentimiento de satisfacción se incrementó, si cabe, el viernes 23 de enero. La presentación fue en esa ocasión en Sagardoy School, coordinada por la inigualable Noemí Boza y su excelente equipo de Canal CEO. Vanessa Izquierdo, directora general de la Escuela facilitó que todo fluyese. Isabel Roselló capturó los mejores momentos de la sesión. Las empresas Lucca y Refruiting apadrinaron.
Josep y yo ya estamos pergeñando nuestro siguiente libro para dentro de unos meses.
Javier Fernández Aguado, experto en Management y coautor de ‘Qué vale nuestro trabajo. 5000 años de historia de la retribución’.














