Cómo construir equipos de éxito

Piense por un instante en lo que más se repite una y otra vez en los medios de comunicación sobre fútbol: la explicación de los periodistas deportivos que dan los motivos por el cual nuestro equipo favorito ha perdido ese partido del cual se estaba tan necesitado de victoria.

A veces se escuchan frases como “el problema es que había muchos suplentes por bajas por lesiones” o que “la presión de nuestro oponente en el medio campo no nos dejó armar nuestro juego”. O sea, los que no jugaron (valores individuales fundamentales para ese partido) o los que no supieron cómo responder a la presión del contrario (con que uno de los jugadores de medio campo no funcionara a pleno rendimiento flaqueaba todo el equipo), en ambas circunstancias, el valor individual de un miembro está condicionando el resultado final del equipo.

Pero cualquiera puede decir que igualmente al ser un equipo, que una persona no esté bien ese día no significa nada. Pero justamente, si el puesto es clave, sí que es importante, porque facilita la estrategia del adversario y le hace más fuerte.

En todo caso, la valía del equipo depende de sus miembros. En las organizaciones y en los laboratorios de investigación ocurre tres cuartos de lo mismo. Siempre hay gente que no sólo conforman un gran equipo, sino que benefician a toda la organización con sus habilidades y características únicas.

En términos generales todos tenemos una clara idea de lo que es una persona valiosa para una empresa, en cualquier puesto de trabajo: además de su capacitación profesional, no pierde el tiempo, no genera conflictos, contribuye positivamente al grupo y se muestra colaborativo con sus compañeros.

El valor individual de un miembro está condicionando el resultado final del equipo.

No venimos a decir que hay que lograr que cada uno de los miembros del equipo sean empleados perfectos, porque en realidad esta tipología no existe. Cada persona tiene sus virtudes y defectos (puntos débiles y fuertes en su capacitación, formación y experiencia), pero lo que interesa es que el equipo se nutra de personas similares aunque con sus diferencias, porque para la coordinación del equipo está el líder, que sabrá aprovechar las bondades de cada uno de sus miembros.

En las organizaciones, se ha superado aquella opinión que se escuchaba que la mayoría de los empleados eran parte de un equipo. Hoy día se puede afirmar que toda la plantilla forma un equipo, con sus particularidades individuales por departamentos y funciones, pero equipos al fin.

¿Qué cualidades son las que sobresalen en equipos de alto rendimiento?

Tanto de parte del jefe de equipo como de sus miembros, lo que se le pide es:

– Honestidad.

Dar incluso malas noticias, pero aferrarse a la verdad.

– Humildad.

Qué nadie quiera estar por delante de otro miembro. La fuerza de la cohesión no tiene paralelo alguno para la eficacia individual de las personas.

– Distribución equitativa del trabajo.

Un buen miembro del equipo hace su parte justa del trabajo. Hay un sentido de equidad en el buen miembro del equipo. Fomentar este tipo de actitudes, es esencial para que surja la motivación de todos y cada uno de los miembros del equipo.

– Aprovechar las fortalezas de los miembros.

Saber equilibrar las habilidades y capacidades de los miembros, es una de las características más claras del líder efectivo. Compartir esfuerzos no es sólo lo que importa, sino tener el convencimiento que dicha distribución de la carga de trabajo es fundamental para la aplicación de los recursos y experiencia acumulada de manera efectiva para la obtención de los mejores resultados. Es evidente que la habilidad de unos y la experiencia de otros, así como de ambas en algunos de los miembros, es esencial para la eficiencia global de ese grupo.

Para que estas cualidades se manifiesten de manera natural y no forzada, es fundamental la actitud positiva en ambos sentidos, desde los miembros al líder y viceversa, condicionados siempre y de manera casi excluyente de una actitud positiva. Excluyente porque el líder efectivo no da lugar a la negatividad y sólo cuando se enfrentan en equipo de manera ordenada y cohesionada, pueden asumirla sin riesgos de perder la motivación y el compromiso.

A pesar de que todo líder tiende a buscar ese equilibrio, consideramos de interés comprender mejor qué tipologías individuales pueden mejorar el rendimiento de los grupos de trabajo.

1º) Personalidad autónoma

Trabaja siguiendo las líneas maestras que el jefe de equipo ha trazado para cumplir con los objetivos previstos, pero en ningún caso necesita de instrucciones constantes ni supervisión permanente, ya que es una personalidad que toma la iniciativa.

No espera que se le diga, sino que va por delante. Se anticipa. Tiene una idea clara de lo que es el proyecto que tiene entre manos junto al resto, e incluso, ayudará a los otros miembros a que comprendan las distintas fases del mismo. Será una especie de co-formador junto al líder, haciendo de la colaboración y ayuda a los demás su característica personal más importante y que beneficia al rendimiento global de equipo y organización.

Es un tipo de personalidad que está motivado por sus propios deseos e intereses, pero respetando los objetivos y metas que tiene el equipo. Es ambicioso, pero sabe que su ambición no puede exceder más allá de lo que se considere “políticamente correcto” en cuanto a capacidad de iniciativa y empuje, haciendo que los demás vean que su interés personal nunca supera al interés del equipo.

En algunas organizaciones, este tipo de personalidades tendrá la autonomía suficiente para poner en marcha sus propias ideas y proyectos porque se sabe que es un impulsor de negocios (típico de las empresas que están en el sector de las NT’s) y cuya capacidad de programación, por ejemplo, requiere de cierta libertad de acción, para que finalmente con su iniciativa y después el apoyo de otros miembros, salga adelante ese software novedoso que terminarán vendiendo, a lo mejor, a un operador telefónico para sus aplicaciones de móviles.

2º) Personalidad comprometida

Además de mostrar una permanente actitud positiva en todo momento, no importando lo que suceda, incluso en circunstancias críticas, tiene una tendencia natural a acaparar más tareas (tanto realizadas por él mismo o en apoyo de otros compañeros), porque su nivel de responsabilidad y compromiso con la organización, así se lo imponen.

Es él quien se impone un nivel de exigencia a sí mismo que no se lo pide ni siquiera el líder, pero no puede dar menos. Su nivel de motivación va más allá del equipo. Piensa primero en el futuro de la organización y después en el suyo personal. Quiere hacer carrera en la empresa y está convencido que trabajar al límite de sus posibilidades es fundamental para que todo salga bien: éxito organizacional y éxito personal.

3º) Personalidad match point

Como en las grandes finales de tenis en que que un gran campeón levante dos puntos de match y finalmente gana el partido, los miembros de un equipo que tengan esta personalidad, no darán jamás una batalla por perdida. No es cuestión de mero positivismo (actitud) o de optimismo (aunque sea realista). ¡No! Es el no entregarse nunca.

No darse por vencidos, caso de los ambientes de ventas y comercialización en mercados altamente competitivos y con productos y/o servicios que son similares en prestaciones. Los equipos de las empresas competidoras que a su vez son “adversarias” en el mercado, llevan a cabo auténticas batallas de promoción y ventas y no cesan en su empeño hasta que la “pizarra” del departamento de ventas señale a los miembros que más han vendido durante ese mes. Pero además, compararán su cuota de mercado con la de su competidor más próximo, instando a mayores esfuerzos al resto de compañeros cuando cree que es posible aún romper el récord del mes anterior.

En épocas de recesión económica y larga salida de la crisis como la que hemos padecido, esta tipología personal prácticamente se convierte en los hechos en el jefe o líder de equipo. Un buen líder sabe que tiene siempre otro que le pisa los talones, pero justamente porque conoces su potencialidad y virtudes y cómo está beneficiando a la empresa porque arrastra al resto, le dejará margen de maniobra suficiente. No le limitará. Sólo le orientará y coordinará para que no se malogre tanta energía demostrada que tiene.

Es una personalidad ganadora, el que mete goles y que provoca contagio de ánimo positivo y que se puede mejorar lo que ya se ha hecho a todos los demás.

Cuánto mejor conozcamos las tipologías de personalidad de los miembros de nuestro equipo, mucho más eficiente éste será en el cumplimiento de los objetivos. Gana el equipo y la organización. Pero no nos olvidemos de una cosa: ganan todos y cada uno de sus miembros.

Artículo coordinado por José Luis Zunni, director de ecofin.es y vicepresidente de Foro ECOFIN, en colaboración con Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN; Javier Espina Hellín, miembro de ECOFIN Business Schools Group, y Ximo Salas, miembro del ECOFIN Management & Leadership de ECOFIN.

 

Pin It on Pinterest

Share This