Seguro que no eres así. Si tiras una moneda al aire, ¿esperas a que caiga?
Sabes que pueden pasar varias cosas:
1.- Sale la cara que querías para tu satisfacción y autoestima. ¡Estoy en racha!
2.- Sale la cruz que no querías, para tu superación y resiliencia. ¡Ya tengo identificado al enemigo!
3.- Sale ‘borracho’, porque no quedó plana la moneda. Es esperanza y lucha. ¡Aún tengo la oportunidad!
4.- Después de lanzarla al aire no la encuentras, porque cayó en arena, río, charca, rejilla… o fue robo o extravío. Exige fortaleza y compromiso. ¡Estaba escrito que esto lo tengo que solucionar yo, no el azar!
5.- Pasas y ni buscas la moneda para ver el resultado. Es soberbia y autocomplacencia. ¡Si quieren algo, que me busquen!
Quizá os habréis sorprendido con la opción 4; pero seguro que os habréis reído con la opción 5 y habréis pensado: ¡valiente cretino, que hijo del gran Ego!

Sin embargo, si os paráis a pensarlo, la mayor parte de las decisiones que habéis tomado en las últimas 24 ó 48 horas se han regido por este paradigma: antes de recibir la pregunta, ya dimos la contestación.
En la oficina nos pasa que los informes, opiniones del equipo y las propuestas de proveedores llegan a nuestra mente después de tener tomada la decisión.
En la familia decimos que escuchamos; pero solo si validan lo que queríamos conseguir. En caso contrario, lo refutamos vehementemente.
Y hasta con el camarero o el taxista nos aflora el pensamiento negativo del ya sabía yo que se iba a equivocar.
En resumen, no lancemos monedas al aire, si no estamos dispuestos a fortalecernos con su augurio, cualquiera que éste sea, porque siempre hay una interpretación positiva del mismo.
Y sobre todo, aprendamos a escuchar, que es un proceso mental de aceptación y humildad que además de preguntar, exige comprometerse con la respuesta del otro.
Sea feliz y aumente su escucha interior.
(Artículo publicado en La Razón)
Salvador Molina, presidente de Foro ECOFIN y de Telemadrid.













