Václav Havel (1936-2011) es uno de los políticos e intelectuales más significativos del siglo XX. Ejerció como dramaturgo, escritor, pensador, disidente político y estadista.
Ocupó el puesto de último presidente de Checoslovaquia (1989-1992) y el primero de la República Checa (1993-2003). Previamente, era reconocido como una de las figuras fundamentales de la Revolución de Terciopelo de 1989, que acabó pacíficamente con el sanguinario régimen comunista checoslovaco. Brilló como uno de los autores clave de la Carta 77, movimiento de defensa de los derechos humanos. Como escritor teatral alcanzó notable prestigio con obras como La fiesta en el jardín o El memorándum.
Havel estaba convencido de que un régimen autoritario no se sostiene exclusivamente mediante la fuerza. Precisa de la cooperación cotidiana de individuos que aceptan vivir en la mentira. ¡Qué actual resulta ese juicio en nuestro país! En su ensayo El poder de los sin poder (1978) defendió que la resistencia comienza cuando una persona decide vivir de acuerdo con la verdad, aunque carezca de poder ejecutivo.
Havel no concebía el liderazgo como dominio, sino como autoridad moral, responsabilidad, autenticidad y servicio a la comunidad.
Su trayectoria se distribuye, al cabo, en tres etapas:
- El intelectual
Antes de ser político, fue dramaturgo y ensayista. Su crítica al comunismo surgió de su defensa de la libertad y de la dignidad humana.
- El disidente
Perseguido y encarcelado por el régimen comunista. Portavoz de la oposición democrática, padeció varios años de prisión.
- El gobernante
En diciembre de 1989, tras la Revolución de Terciopelo, fue elegido presidente de Checoslovaquia. Posteriormente presidió la nueva República Checa hasta 2003.
Viajé por primera vez a Praga en 1990. Acudí a pronunciar una conferencia en un congreso. Me acompañaba mi buen amigo Ricardo Yepes Stork. En aquella ocasión conocí a una profesora universitaria, Vlasta Hladiscovà. La sintonía fue total. Ella me animó en mi iniciativa de poner en marcha un centro de formación económica y empresarial en Checoslovaquia en el que se difundiera el pensamiento liberal. Detectaba con claridad que el comunismo había cortado las alas a millones de compatriotas. Vivían anestesiados.
Los años sucesivos dediqué mucho tiempo y esfuerzo a hacer realidad aquel proyecto: la Praha Business School. Para lanzarlo convoqué el apoyo financiero de un inversor vallisoletano y del propietario de un centro de formación de marketing madrileño. El desarrollo, que implicó docenas de viajes a Praga, lo piloté en primera persona desde el inicio hasta su venta. Capté también a un emprendedor suizo, de raíces checoslovacas. Con él visité en diversas ocasiones el campo de concentración de Terezín, donde su padre había estado prisionero en manos de los comunistas.
La iniciativa era pionera y atrajo la atención del presidente del país. Havel me manifestó su profundo interés a través de la embajada. Más adelante, quiso conocerme y charlar. Así sucedió con ocasión de su viaje oficial a España en diciembre de 1990. Acordamos vernos durante la recepción oficial del rey Juan Carlos I, en el palacio de El Pardo.
La gratísima conversación arrancó con sus manifestaciones de profundo agradecimiento por el interés en su tierra. Enseguida me trasladó su petición de que en los programas fueran admitidos tanto checos como eslovacos. En el horizonte se vislumbraban tormentas de independentismo alimentado por un excomunista, probablemente miembro del KGB, que estaba empeñado en ser el presidente de una futurible república eslovaca: Michal Kováč (1930–2016).
El provincianismo, fruto bastardo del nacionalismo, no nos limitó. En las sucesivas ediciones de los programas que yo timoneé, hasta que el 31 de diciembre de 1992 el país fue divido, aceptamos alumnos de todo el territorio.
A lo largo de 1993, otros designios solicitaron mi completa atención y traspasé la Praha Business School al inversor suizo que, por entonces, había trasladado su residencia de Zürich a Praga. El empresario vallisoletano cumplió con todos sus compromisos. El pozuelero, desafortunadamente, carecía de palabra.
Javier Fernández Aguado, socio director de MindValue y experto en liderazgo.














